sábado, 20 de agosto de 2016

DIOSES. DAVID GONZÁLEZ



D I O S E S es el título del próximo proyecto del cineasta Barcelonés David González, quien hace pocos meses estrenaba La elección es tuya, con éxito de público y nominados en diferentes festivales.

Tras denunciar el abuso de las empresas en Una entrevista peculiar, tratar el tema de las infecciones de transmisión sexual de manera elegante y con un protagonista totalmente acertado, le llegó el turno a las drogas, con La elección es tuya, donde destaca una excelente interpretación por parte del elenco, una magnífica fotografía y una impecable realización detrás.

Ahora, el joven productor, guionista y director prepara algo totalmente distinto a lo anterior.


D I O S E S es un proyecto ambicioso de corte fantástico que supone todo un reto para el director debido a la trama de super héroes y a los efectos digitales.
González vuelve a contar con Raúl Pariente en la fotografía, con su productora Young Talents Films (cuyo último trabajo, Memorias de un parado, ha recibido excelentes críticas) para llevar adelante este cortometraje, que también contará con el apoyo de la Academia Iberoamericana de Cine Independiente con Jordi del Castillo y Laura Fernández a la cabeza.
En esta ocasión el protagonista es un completo desconocido en quien David ha puesto toda su confianza.

Un joven y apuesto actor Tarragonés, Manel Idiarte, será el encargado de dar vida a Elián, un extraordinario adolescente con el poder de teletransportarse, lo que puede convertir en la versión española adaptada de Jumper.

En el reparto vuelve a haber nombres desconocidos pero prometedores como el Almeriense Agus Ibarra, Mercedes Teruel, Aitor Cruz, Xavier Idrach, Eva Herrero entre varios más.

El rodaje tendrá lugar a principios de septiembre en Montornés de la Segarra, precioso y tranquilo pueblo del que el director se enamoró en una visita. 

La trama gira en torno a la aventura, comedia, acción y toques de romance. 

El guión, firmado nuevamente por González, muestra a un grupo de jóvenes con dones especiales irrumpiendo en la Tierra a través de un meteorito en busca de Elián.

Especialmente Dama Negra, una mujer con el don de controlar las mentes, será la villana de la historia, quien llegará hasta donde haga falta para cumplir su ansiado deseo, para el que necesitará al chico.
Se espera que el tráiler vea la luz a finales de año.

lunes, 8 de agosto de 2016

HUMANISMO SOLIDARIO. REMEDIOS SÁNCHEZ GARCÍA

Colección Visor Literario Nº 16

Humanismo solidario.

Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea

Selección de poemas de Marina Bianchi

Autor Remedios Sánchez García
Colección Visor Literario
Fecha de edición 2015
Nº páginas 228 páginas
Medidas 21 x 13,50 x 2,3 cm.
Acabado Tapa blanda
ISBN 978-84-9895-692-4

 AUTORES QUE PARTICIPAN EN EL LIBRO:

  1. JUAN CARLOS ABRIL
  2. CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL
  3. SERGIO ARLANDIS
  4. ALICIA AZA
  5. LUIS BAGUÉ QUILEZ
  6. EFRAÍN BARTOLOMÉ
  7. MARIO BOJÓRQUEZ
  8. PIEDAD BONNET
  9. JOSÉ CABRERA MARTOS
  10. ALÍ CALDERÓN
  11. GABRIEL CHÁVEZ CASAZOLA
  12. EDUARDO CHIRINOS
  13. ISLA CORREYERO
  14. ANDREA COTE BOTERO
  15. FEDERICO DÍAZ-GRANADOS
  16. MOHAMMED DOGGUI
  17. ABDERRAMAN EL FATHI
  18. PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ
  19. MANUEL GAHETE
  20. KHÉDIJA GADHOUM
  21. JORGE GALÁN
  22. FÁTIMA GALIA
  23. LUIS GARCÍA MONTERO
  24. GUADALUPE GRANDE
  25. NATHALIE HANDAL
  26. PEDRO LUIS IBAÑEZ LÉRIDA
  27. EDUARDO LANGAGNE
  28. RAQUEL LANSEROS
  29. ROXANA MÉNDEZ
  30. JUAN CARLOS MESTRE
  31. EDUARDO MOGA
  32. JOSÉ MARÍA MOLINA CABALLERO
  33. ÁNGELES MORA
  34. FRANCISCO MORALES LOMAS
  35. MANUEL MOYA
  36. FERNANDO OPERÉ
  37. XAVIER OQUENDO
  38. JULIA OTXOA
  39. BENJAMÍN PRADO
  40. JOSEP M. RODRÍGUEZ
  41. DANIEL RODRÍGUEZ MOYA
  42. JAVIER SALVAGO
  43. JOSÉ ANTONIO SANTANO
  44. JOSÉ SARRIA
  45. JUAN JOSÉ TÉLLEZ
  46. ALBERTO TORÉS
  47. FERNANDO VALVERDE
  48. JAVIER VELA
  49. MIGUEL ÁNGEL ZAPATA
En la situación actual de crisis socioeconómica y de valores donde vive inmersa la sociedad contemporánea ha irrumpido con pujanza un pensamiento cultural internacional que defiende, con apasionado entusiasmo y desde la heterodoxia estética, la importancia del compromiso con el hombre, su problemática y sus conflictos. Este libro, desde una postura serena y equilibrada, reúne a algunos de los poetas más relevantes de España, Hispanoamérica y en algunas zonas del Magreb nacidos a partir de 1950 que reivindican con su poesía, partiendo de disitintos planteamientos estéticos e ideológicos, la paz y solidaridad universales. 

Todo ello desde la conciencia compartida e imperiosa de volver la mirada al ser humano sin imposturas, de un deber real, un comportamiento ético y un posicionamiento reflexivo como eje transmisor y preservador de la fraternidad entre los individuos, constantemente manipulada y cercenada en estos tiempos de miseria moral en que los poderes fácticos pretenden degradar a la persona a mero espectador pasivo de su propia existencia.

   Esta antología, con un minucioso estudio previo en el que se analiza la poesía escrita en español desde los años sesenta hasta la actualidad, revela que el escritor es un ciudadano responsable que, cuando la injusticia y la deshumanización azotan, pone su sensibilidad, su inteligencia y su pluma al servicio de la sociedad plural revelando que es más lo que une a los poetas en lo ético que lo que los separa en lo estético. Porque el hombre y sus urgentes necesidades priman sobre cualquier querella literaria cuando lo que está en juego es el más preciado de nuestros bienes: la libertad.

viernes, 5 de agosto de 2016

EL HUMANISMO NO SE RESPIRA EN "TERTULIA CELIA VIÑAS"

EL HUMANISMO NO SE RESPIRA EN 
“Tertulia Celia Viñas”
Noviembre 12, 2009 de himilkone
Como era en un principio pero, sin ser igual ni semejante… tertulias que florecen rubricadas con ese apelativo pero parecidas más a sesiones de escuela .. con nombres, algunos, que desmerecen a quienes mencionan. Club social de tercera o cuarta edad mal dirigidos…justo por el hecho de estar dirigidos y no ser una bulliciosa reunión de mentes inquietas, oficios variados.. y algún que otro pícaro.  ”Celia Viñas” te plagian de la forma más torpe que puedas recordar. Sólo de impartir turno de palabra y sacarse un tema para la próxima reunión tienen estructura inmutable. Regida y corregida por una – reina-presidenta- asistida por una sonora campanilla.
Lo versátil ..la energía atractiva, viva, curiosa, contagiosa a tomado la torpe forma de con el sobrenombre que existe en la memoria (pero al que  le dan mal uso).  Nada hay que sobreviva a un orden de escuela. Más les valdría a esa forma de dirigir …hacer calceta..y dejar pensar y cuestionar porque monólogo por turno..y “temas para la próxima poesía”..en la próxima reunión no tienen nada de atractivo, vivo, bulliciosamente enriquecedor y no es así como la mente que comparte y gana, se enriquece y discute sino un alma dirigida como en escuela, No Respira, No Produce o Crea; es conducida..
Y lo conducido no es empático sugestivo, aliciente y alentador, espontáneo sin ser en su extremo una circo. Pero ese impersonal y mal asistido orden es un estanque.. no es un río que vaya al Océano, no es  enriquecedoramente personal , y natural y menos aún…humanista.
Si la escuela platónica de los Médici levantara la cabeza, si los que participaron activa e irregularmente en las charlas de gentes con inquietudes de reuniones no sólo de Perceval pero contando con su participación, levantaran la cabeza: mirarían ese orden..y respirarán entre sí …”esto parece un mal chiste” nada fluye por que una conversación no se dirige evoluciona y contagia. desnuda y enseña, instruye y alienta..más de un sabor..y sin estricto turno que la educación de escuchar con atención..ya se encargará de ..demostrarnos atentos y por ello callar para escuchar on mejor atención..y aprender algo… ¿HABRÁ QUE VOLVER AL PRINCIPIO visto lo visto?

Obituario a un espíritu tenaz, mi abuela. ADÁN PERCEVAL




OBITUARIO A UN ESPIRITU TENAZ, MI ABUELA



Cada mañana hasta los pájaros mas remolones sabían que el día comenzaba, su Voz imperiosa y firme, sus movimientos que la edad no mermaba, su espíritu que jamás se dejo rendida ni al dolor ni a una dolorosa tarea aún cuando temiera por otros, a quienes quería por muchos países que les separaran. Lo que habitaba en su corazón testarudo y fuerte, jamás menguaba.
Han pasado ya demasiados años de los que yo desearía, demasiados de los que deberían contarse, años han pasado sin que el temperamento eficaz y dinámico de mi Abuela, no asiste y da vida a mi primer hogar, mi hogar. Años que no debieron de pasar por que la realidad atestigua la imposibilidad de hijos de tan titánico ejemplo de fortaleza, mente clara, dinamismo, corazón y por qué no disciplina que hacía del hogar: fortaleza, taller y abrigo.



El tiempo ha pasado y no debió pasar pues espíritus de mariposas delicadas y de coleccionistas de objetos brillantes cual cuervos han desvencijado la presencia, solidez y hogar seguro que ella en espíritu de sí misma y de una familia bien dirigida dio a nietos. Paraíso entre jardines en el que fabulábamos historias de guiones improvisados, juegos de piratas y detectives, animalia cual antes pudiera ser toda la extensión original de la huerta de los Cámaras.
Pero los deseos del corazón se abrigan eternos en el corazón. La vida continua pero el ejemplo sólo quedó dentro de nosotros para quienes admirábamos su tenaz temperamento, su emotividad, su firme espíritu cordial, sus ojos casi grises y su descarnado sentido del humor.
Cada mañana el general formaba a la tropa, en el comedor cada asiento, un pequeño soldado, cada plato y en cada taza un dueño para evitar ardides maliciosos de espíritus inquietos y ..muy revoltosos. Todos desfilaban, con la necesaria premura, galletas con mantequilla, tostaditas de Jaén (lección de guerra aceite y azúcar), cola-cao y a los de delicados estómagos, Molico, .que mezclar con agua. Ante la clara visión de que sin desayuno no había ningún después fuese festivo o domingo, era igual, quien no se levantaba llegaría tarde para todo.



Y que queda de ese titán, como tantos que aprendieron de la dureza de un ayer inhóspito y de un amor por sus pequeños que jamás se rendía. Así alguna de ellas anduviera con mala compañía que pretendía más la amenaza del dolor que el cuidado de su hija. Y que ha quedado de tanto trabajo, tanta constancia, tanto valor , tanto corazón tan inestimable amiga de consejos que cada vez se demuestran premoniciones ha quedado, lo que el hogar de mi abuela atestigua visualmente a todas luces.



NADIE COMO ELLA habrá jamás. Luego, acaso no es un ejemplo, al que mis manos, corazón y ánimo jamás abandonarán al frío y distante tiempo. Ella esculpió mi corazón, ella me enseño bien, No mezclar churras con merina. Habrá que poner orden.. ABUELA..MI HOGAR NACIO EN TI …PERO CONMIGO PERVIVE..TE QUIERO ABUELA. Porque nada de lo que tu carácter y corazón me inculco quedo en saco roto , a otros les dieron ojos , a mi me enseñas te a mirar con ese robusto Corazón.
EL PASADO ES PRÓLOGO ABUELA. Por mucho te admiraba mi Abuelo por algo erais su musa. Hasta pronto Corazón.







SAJAR PERCEVAL

ANDRÉS ITURRI. Comenta la inauguración del dibujante ADAN PERCEVAL

UN DIBUJANTE CON ESPIRITU




Hace años ya que los gremios comenzaron a extinguirse y de esa voluntad y saber que se instruía y heredaba de padres a hijos, pocos quedan. Hace años que los artesanos, bien pocos, heredaron la destreza y por oficio de sus padres y los conservaron, vivos, activos. Pocos hay ya de los antiguos y nobles que por su destreza, experiencia, y conocimiento que inspiraron tal admiración y orgullo en sus pequeños que aun hoy e un presente de ordenadores y carreteras, de máquinas e imitación conservan vivo el saber inculcado y salen a delante.
El Saber de Nobles Artes, y de esforzados profesores que hacen del conocimiento, profesión, destreza y artesanía dándonos tal suerte de riqueza que sólo el saber del tiempo, al que han vencido, y la singularidad de la belleza de la creación lo hacen admirable,. …lo hacen …Arte.
En la escuela y Academia de un apasionado profesor. De madera y tizón, de piedra y minerales molidos en mortero para mezclar con yema de huevo, o para moldear con soplete y espátula estrecha, de experimentar con tintes, oleos y acuarela. Un espíritu joven ..Comienza camino. Adán Javier Pérez de Perceval.
En los bocetos, dibujos y miradas de este hoy dibujante…. Como todo iniciado en un Arte tan amplio y tan Somático e intimo como crear con las manos y tallar con la mente. Ha comenzado, de un Perceval Insigne, un aprendiz… muy dotado.


Admirémonos y ¡disfrutemos de la belleza y sencillez de su imaginación de su mirada joven¡ de sus miradas humanas o enamoradas, o ¡soñemos¡ como observadores la Humanidad de lo que nos mira con valentía y juventud a nuestro aliento.


Expone en el Faro de Roquetas Primera quincena de Julio


Andrés Iturri

2. –HACIA KART HADASH .- ADAN PERCEVAL

2. –HACIA KART HADASH-

Aún no habiendo atisbado el poblado, ya distinguía desde la altura de mi montura, desconocidos aromas, aromas con los que sólo esta tierra fértil y húmeda impregna. Dejando sobre las vestiduras gestos de dadivosa belleza, como presente o beso, sello u ornato, para que aquellos que marchasen de este poblado y hubiesen permanecido más de un hálito entre sus colinas o en la persistente presencia con la que se “bordaban” sobre los pliegues de los ropajes, esos fuertes olores provenientes del puerto en construcción.

Aromas de barro húmedo, de tierras llenas de una Gea exacerbadamente fértil y tentadora. Donde esencias de flores no más altas que mis rodillas acariciaban, invisible pero perceptiblemente con ese sutil tacto como textura en esos aromas, más dulces y sugerentes que cualquier ungüento, perfume, mercadería o fragancia ya fuere para aplicar sobre vivos o muertos.

Cual esencia femenina, quedaba prendida a la piel, sin apercibirse uno que te habían acariciado sus manos. Una piel nueva, húmeda, cálida y placenteramente dadivosa. Así, en una caricia que sin el tacto visible de sus yemas, envolvía la piel y ropas de los que aquí demoraban un mero instante sus quehaceres o su destino, en su camino. Sucedía: que las mujeres tornaban a desconfiar de sus señores, criados y esposos, mientras las chicas de entre las más jóvenes y más sabias, entre desconfianza y enturbiadas y adormecidos sus sentidos por las sensaciones que en ellas inspiraban, suplicaban o demandaban partir hacia el último lugar del que así venían, donde estuviese. Pues sabido es que no todos los hombres y muchachos tienen la misma sensibilidad y gusto para percibir y elegir lo sugerente de lo cotidiano, lo extraordinario de lo común. Deseaban en secreto, no desnudo; un cofre, un skiphoi, un recipiente que atesorase esos aromas para oradar, encantar y seducir a otros hombres y mujeres fueren o no con quienes fueron desposadas. Predilección lasciva en los jóvenes ávidos de resaltar sus dones y “afilar” sus armas con tan sugerentes aromas de las tierras por donde Gea y Diana, que aún casta, anda junto a la diosa por doquier excitadas.

En verdad esta tierra rojiza como atardecer o metal siendo bruñido, con tonos parduscos. Esa tierra me era conocida y en mi mente se despertaron atisbos fugaces de las llanuras próximas a Byrsa. Si, mi mente enamorada, revivía su primer amor y ese suave y proceloso perfume que sanaba mis pensamientos, a medida que nos aproximábamos más al poblado. Avivaba la añoranza de un amor como vuelto a conocer.. como una segunda oportunidad, como guiño de re-encontrarse con la juventud que bullía en mi en todos mis viajes y que ahora parecía sugerirme: “enamórate otra vez”.

Mi ser revoloteaba en mi interior y solo mis ojos vislumbraban a mis acompañantes lo que en mi había tomado posesión de mi ser y de mi mente, débil ante los sentidos que volvían de nuevo a recorrerme. Tomados, cabeza y corazón, al asalto , seductoramente a fuerza de añoranza, al reiniciar en mi aprensión una historia inacabada. Todo esta euforia me enseñaba como había llegado a atesorar la belleza de mi hogar, de tantos y tantos lugares, ciudades, puertos, pequeñas colonias asentadas en los altozanos de valles o salvaguardadas del viento y de los hostiles vecinos por la propia naturaleza de su localización, aun cuando el hogar natural de mi alma seguía siendo el mar.

Lo que el amor crea es un fuego que nos anima y empuja a actuar, sentir y luchar, el amor es lo que nos nutre para crear para dar algo personal junto con algo tangible, es lo que nos permite perseverar y capacita a nuestro coraje y a nuestra constancia de perseverancia. Yo , tan lejos me sentía aquí tan cerca como la distancia del vello femenino a la piel bajo el.

EL JARDINERO

Los soldados que me acompañaban, unos más dispuestos que otros, parecían sentir como algo embaucaba a su olfato y hubo alguno, un hombre recio de barba descuidada y uñas sucias que parecía ingerir esos aromas como si se tratase de vino si aguar, vino espeso. Así, no dejaba de inspirar profundamente, mientras mis dos acompañantes, a ambos lados de mi cabalgadura, sonreían para si hasta que el borrachín se dio cuenta una vez que abrió los ojos, y en un gesto de incomodidad volvió su rostro hacia uno de los que le observaban y molesto corrigió su respiración y avanzo desusadamente presuroso hasta que se distancio media legua; como queriendo “beber en soledad y no ser interrumpido”.

Este gracioso pero no simpático acompañante era un encargado de un señor que haciendo las veces de jardinero y por lo costosos de su manutención le había sido sugerido que un viaje sería beneficioso para ...”sus salud” y el pareció leer inmediatamente el sentido real de esa ..sugerencia y se unió a nuestro grupo. Otro de los detalles que le hacían distinguible entre truhanes es que portaba una generosa barriga y unos gruesos brazos que le hacia a uno preguntarse ..¿qué tipo de jardines habría cuidado semejante hombre tan recio , tan ..bien alimentado?. A lo mas se me ocurría imaginar que con esos brazos habría plantado arboledas en sus ratos libres pero al ver el aliento que respiraba su carácter, deseché la idea al ver que bien se servia de su gusto por el buen comer y cuan rezongón a cualquier actividad que requiriera tal vez sudar sin comer en el proceso, antes o durante. Este hombre mayor y poco dadivoso rondaba ya una edad muy avanzada, aunque sin combates ni reyertas difícilmente se corren riesgos, y su cuerpo y su carácter le habían “incapacitado” cuando no evitado esos malos tragos.

Convinimos el resto que visto que participaba de nuestras bolsas, pagase de algún modo, otro carácter no le habría resultado tan costoso a posteriori como el encontrarse entre nosotros, con esa actitud laxa. Por ello para que dispusiera sus fornidos brazos a nuestro fin, se le sugirió con un metal difícil de tragar, y sin haber rozado la piel de este hombre que su participación le seria compensada con la continuación de la vida y una mas generosa porción de nuestros alimentos y que las tentativa o pretensión de eludir su contraída deuda no seria evitada ni aun que considerara escamotear su ”gesto de cortesía para con sus atentos compañeros de viaje que habían protegido también ..su vida y que solo al termino de los trabajos encomendados, recibiría la misma generosa comida que sus compañeros estarían gustoso de facilitarle”. Este Ifías , sorprendido y consciente de ese ya conocido lenguaje de insinuaciones admitió el ingenio del trato, pero tras mirar al bies y comenzar a acicalar la oscura sustancia que había adquirido consistencia y parecía ya muy bien acomodado entre el borde de la uña y el cubículo de la suciedad sobre la carne tiznada por esa oscura vecina, desentraño nerviosamente su contenido, se nos quedó mirando y ..aceptó. Yo, para mi, murmullaba ¿qué jardines le habrían sobrevivido tras sus cuidados?. Deseche ese enigma y nos pusimos en marcha.

Se hallaba esta tierra próxima a un puerto natural – más rasgos de mi amada tierra madre- Dispuesto a en ambos brazos del camino un hilera de columnas de piedras informes clavadas en el suelo y en el que se distinguía la grafía de los fonemas : sigma, iota, zeta, mi, iota, el tallador había prolongado profusamente las terminaciones de los signos y sobre ellos inconfundiblemente, el disco plateado y el triangulo de la creación, TANIT había sido la conmemorada y evocada a la entrada de este poblado portuario. Y en entre esta protección , en la que también figuraban símbolos que yo no supe reconocer, nos adentramos en él.

Eran gentes acostumbradas a llevar a buen termino lo que emprendían, ya fuera actividad que requiriese años, silenciosamente, laboriosamente. Como si cualquier labor que aquí realizarán no fuera una señal del esfuerzo y constancia propios de cualquier actividad. Incluso las mujeres mas animosas que los hombres, no parecen dar muestras de cansancio decaimiento ante cualquier otra forma de trabajo duro. No insensibles, sino con una ociosidad que les hacia a nuestros ojos observarlos como indolentes ante tanto dedicación que sus labores requerían. Tal vez la eficacia de un trabajo conocido, tal vez la naturalidad en la que sus cuerpos parecían del todo aclimatados en sus quehaceres. Y , en las mujeres de edad, parecían guardar en sus miradas , miles de formas de sonrisas y las jóvenes formas no tan sutiles de seducción..

Así, casi a ras de tierra, inclinadas sin alzar sus ojos al cielo que se extendía a sus espaldas: peinaban, araban, removían, bañaban y con útiles ya arcaicos le daban a la tierra su sudor, su vida y su aliento, combatiendo con ella, esforzándose con ella por que en algún mañana no lejano quienes fueren sus hijos, o quienes nacieran de estos, hallasen alimento para todos sus sueños y sustancia para fortalecer sus menudos y a veces infantiles cuerpos. A veces contra lo probado, y lo conocido traían y sembraban simientes no propias de estas tiendas pero que podrían marcar una diferencia, un futuro tan original en sus principios que les permitiera ser quienes vendiesen y no tan solo otras familias mas que les compran a esos precios a las ya nutridas bolsas de quienes habían llegado antes, y no habían arriesgado, cediendo a los enriquecidos aduaneros y comerciantes, que de un modo irregular “imponían” las condiciones de cultivo cuando no la posesión de la `propia tierra y su precio., con todo la originalidad, la improvisación, la tentativa tendía con desigual naturalidad a demostrarse como un...intento a ciegas por mas de una sola circunstancia.

Ya en las tierras hacia poniente de Cartago, se había comprobado que no era mucha humedad lo que precisaba el olivo para prosperar provechosamente. Pero Enconno no pensaba contentarse ni atenerse a esas delicadas condiciones, quería comprobar si sus mas de 10 acémilas de simiente prosperarían también en este nuevo ambiente, en este nuevo emplazamiento aun a sabiendas de la gran salinidad de las tierras próximas a las costas. Pero el que ira cerciorarse cautamente y según su norma agraria(po9r llamarlo de alguna forma) “donde crece la vida todo puede sembrarse. En que grado se asemejaba esto a una incoherencia y en cual a una innovación, que por otro lado... podría hacerle rico.
Tras estar en camino de determinar nuestra misión, yo y Aoristo, exploramos con mayor detenimiento. En una forma soslayada quien nos envió a cumplir esta misión contaba también con nuestra natural disposición: la de un educador a aprender y la de un soldado del valle del Tarshion donde el caudaloso río se vuelca sobre el mar a una mas que conveniente frugalidad y aun así mantenerse atento a la disposición de las gentes y la localización en este terreno, del asentamiento en si.

Enconno , seguía discutiendo con un puñado de tierra sentado bajo el marco de su reducido hogar, leyendo y revisando en su memoria lo que aprendió cuando era él el que trabajaba bajo el peso del ya difunto esposo de una señora viuda, cuya toda posesión era su cuerpo, su posición entre los nobles una no tan reducida porción de tierras. Preocupado y mirando firmemente su notas y contando con sus dedos el precio los gastos y el tiempo que le llevaría esa férreo plan, comenzaba a escarbara los montones de tierras posiblemente extraídos de diferentes niveles de profundidad comparando, textura, humedad olor, ductilidad salinidad y si contenía gusanos o había una generosa porción de piedras pequeñas pertenecientes todas a su pequeño espacio. Y asi los tenia separados en diferentes saquitos que había realizados con la tela recia de lo que antes fuera una de las acémilas en la que ya no le fue posible guardar nada pues tenia tantos rotos y agujeros debidos al trasiego del viaje que impedían que lo cerrara con la seguridad de que no se escurriría por las “heridas abiertas” de las que adoleciera por doquier. Poco a poco los fue ordenando de tierras con poca humedad a tierras con suficiente humedad y sobre un leño plano a modo de tablilla de apoyo escribía sobre todo medio, piel o tela que le era propicio una suerte de marcas e indicaciones, mezclando para su orden la numeración babilónica con términos en fenicio, atestiguando las diferentes clases y usos y estaciones. No atendí bien a lo que escribía, en lo concerniente a su contenido, pero cuando menos en hiperactividad estaba desordenadamente dispuestos sobre el suelo próximo y en rededor a el., pero que como acopio de datos era lo inmediato que considero a realizar antes de abrir alguna de sus otras acémilas. Pero la profusión de señas soportes de anotaciones aducidos de memoria y transcritos con igual profusión, perdió al agricultor en su propio “mapa” de . lo que le hizo levantarse molesto e intentar primero: ordenar lo que tenia ante si mientras la tablilla que usaba como mesa cedían ante su presión quedando algunas anotaciones marcadas, por su reiterada inscripción sobre ella.

Aoristo, menos atento a lo que yo estaba observando, atendió al color de las vestiduras y mientras retiraba de su cabeza la protección que la cubría, se acercó hacia mi y me invito seguidamente a que me aproximara a donde el se encontraba. Y usando un jugon vacío como única comodidad sobre esa pizarra que a modo de mesa junto al que se había sentado. Me acerque y mientras descendía sobre un espacio que revise rápidamente antes de sentarme, él, reviso entre sus pliegues y en un cosido inusual en el trazo común de sus vestiduras, había echo acopio de objetos y guijarros, de los que yo no tenía conocimiento de que llevase consigo o hubiese recogido, como una pequeña bolsa asida al interior de su toga, pues nadie dio ni hallo antes a los pliegues es nuevo uso.

Me mostró restos que había hallado próximos al montículo donde nos hallábamos como así me indicaba y otro que había recogido en lugares mas próximos a la entrada del poblado. Restos dejados allí tal vez por haber dejado de ser útiles cuando estaban completos, cuando tenían naturaleza, o tal vez por descuido ó genio del comerciante o el la clientela que escatimaran el valor pedido por la pieza por observaciones de mala calidad o imperfecto acabado, ya en lo materiales o en las decoraciones. Comenzó a mostrar me mas detenidamente esquirlas y pedazos que le parecía haber visto cuando el estuvo en Rhodas, con una de sus hermanas, pero que jamás había hallado tan trabajados en el bullicioso mercado de Gades, sobre los cuales continuó exponiéndome lo que sigue:

  • Yo Aoristo, te puedo decir ahora, en confianza, parte de la razón de nuestro apresurado viaje, pues aun habrá cosas que no es menester que conozcas completamente. Pero en virtud a tu saber, al respeto de gente a quienes respeto y a tu designación por parte de Asdrúbal “el bueno” ha venir conmigo hasta estos lugares y sernos de utilidad, por ello te solicito- incidió demostrando en su voz que lo que me iba a referir lo hacia como amigo, no como exigencia carente de respeto o afecto para conmigo- Es por ello que tu saber me seria muy útil en todo aquello que pudiera discernir donde yo no alcance.

  • Aoristo, desde que te encargaron de nuestro cuidado y con ello de la seguridad de nuestro viaje, comenzaste a dejar de ser un desconocido, eso y que... tenemos los mismos gustos en mujeres- dije mientras hacia una pausa intencionada para traerme hacía mi aun mas su buen animo y que en tal disposición no se demorase ni dudase en lo que precisara consultarme o hacerme saber. Con esta firme confianza en mi que te ofrezco y como pago igual a tu firme voluntad de procurar nuestro bien, os afirmo que ni en Heracles hallarías brazos mas firmes y resueltos para ayudaros en lo que Baal disponga para esta renovada empresa. Hablad libremente, Aoristo, os escucho.

  • Baal , guarde tus pasos y nos permita ser los mejores para la labor que se nos ha encomendado.

  • Que Baal y la fortuna de Tanit nos ayude a que encontré, os el mejor e os fines para nuestro cometido.¿ Qué puedo hacer por ti, decidme, mi leal Aoristo?.

  • Avo , HIMILKON. ¿Veis estos pedazos, lascas para algunos del interior de las paredes de los skyphos, tan descuidados que ahora yacen descoloridos y que halle en la única vía por la que ricos, mercaderes, viajeros y mercancías, nos permitiría saber el “río” con el que el comercio ah abierto aquí otras de sus vías. He de deciros que tanto por la disposición de la entrada del mar en este emplazamiento y la más cuidad calidad de los materiales conforme se aproxima uno más al interior, cuyo uso dejó de ser ya seña de distinción y que el trasiego de bestias y carros, estos pedazos que ahora te mostraré. Conocido es ya desde que poenici y tartesios se encontraros, perdidos ya esos instantes, generaciones antes y el impetuoso deseo por comerciar hizo a ambos pueblos aliados, competidores y veces tantas parientes enfrentados por aquella misma necesidad e poseer y comerciar, cual hermanos celosos del provecho que pudiese prodigarle a uno u a otro la solícita riqueza de esta simiente y los “favores” que la Oikumene concedía al más hábil.
Pues atendiendo a las huellas y las señales que los ocupadas gentes no les interesa.

  • Disculpad, mi buen Aoristo, sed conciso, o el hambre por saber se diluirá entre las ropas con las que el cuerpo se abriga y dormido no podré seros tan útil, ni mi voz sería tan clara. Indicadme que “leéis” en esos guijarros pues yo quería examinarlas y participar y conocer de la historia que a ti te transfieren, qué de tal significación ambos sacaremos provecho.

  • Así procuro, pero para ser eficiente en nuestra indagación, debemos de reconocer o al menos comprender el como o por que estos restos los hemos hallado aquí, en este lugar de la Oikumene y así al advertir cambios, advertir igualmente inferencias de otros pueblos o consideraciones. Pero decís bien procurare ser más conciso.

No hubo terminado de hablar cuando, con la amplitud que le permitirán dos de sus dedos, empezó a prestar atención una porción de cerámica que con restos de tiznes oscuros y bandeada de uno a otro lado de su máxima longitud describía un glifo aferrado al material pues aún conservaba buena parte de su coloración del dibujo.

  • ¿Qué es lo que te interesa en ese pedazo, Aoristo?.

  • Aún admitiendo que esos colores no son para nada desconocidos no cejo de intentar situar donde he podido ver antes ese diseño. Es también de los que menos veces se repiten y eso indica su desuso o su exclusividad y alto precio. Pues como bien sabes, Himilkon, abundan siempre en lo despojos aquello de lo que se halla más sobrado o es fácilmente reemplazable, por el contrario, como los restos mas pequeños que este pero de mayor grosor que cubren el sendero a la entrada del poblado, lo cual también no deja el rastro de una ruta hacia las zonas más densas, previas al mercado.

  • Se a que zona te refieres , es aquella en la que el humor de la sal se hace tan intenso que aun desde aquí pueden distinguirse los puestos situados alrededor de él, en los que sus telas, toscas con las que cubren el cielo de sus puestos también parecen haber tomado del humor de la mañana y sobre ella reposasen decidas a dormir el día sobre las misma, dejando presencia nada más amanecer ese blanquecina presencia, reseca como espuma de trigo, que no os aconsejo probar, mortal como polvo de caliza ingerido, a no ser sobre las heridas de un esclavo o alguien a quien pretendas hacer hablar o dejar señal permanente sobre su carne y su espíritu.

Mis pies , Aoristo, han caminado sobre las aguas y he de indicaros que al igual que mi piel, mis ojos, conocen esta cerámica y las factorías donde son mercancía corriente en la espléndida Oikumene.

En la pequeña isla de Motya, allí donde aun sobreviven, inhóspitos y hábiles honderos, de donde todo caudillo o general ha hallado solícitos mercenarios, y a quienes el mar mantiene aislados y a salvo, ausentes de la revolución de la península de Roma. La cual estaba lo convenientemente distante como para que en su temeridad jamás hallan albergado la intención de poseerla e invadirla, como así parece suceder con la isla de Alalia que conocido es de las emisarios que estos han enviado a Roma para que se apropie de lo ajeno, acción que no han considerado correcto realizar, gentes honestas, o solo un instante de nobleza por parte del senado de Roma. Allí fue donde residí por 11 jornadas y pude reconocer en un etolio de nombre Xipo, como la ignorancia nos puede hacer pobres e indefensos cuando se trata con mercaderes mas experimentados, sino mas dotados para reconocer a una presa fácil, resultando de todo ello fué que adquirió por un precio exhorbitado un lote de 20 ánforas jónicas para aceite de textura porosa y dibujo más propio de un anciano que aquejase ese mal que destempla las manos y en el cual se podía ver como la manufactura era equiparablemente horrible a su tosco material. Material que hacia ya dos generaciones que ni fenicios , ni etruscos daban por la mas mínima cantidad de madera o especias que el había tenido que aportar para “convencer”, junto con doscientos shekels de plata, para adquirirlas. Xipo, un griego indefenso por ignorante. Allí vi mayor número de ánforas y aenoches con idéntico dibujo. Aunque....- musite sin atreverme a proseguir por si mi argumentación pudiese ser más inapropiada para ese instante..-

  • Y bien Himilkon?- expresó de modo inconcluso, como esperando a que continuase con aquello que consideraba ya , tal vez , inadecuado, por ser más una anécdota que un relato que pudiese aportar algo a nuestras pesquisas-

Yo conocía bien que no era apropiado, arropar lo claro con adornos o circunstancias que en aquella situación, aún pudiendo dar más rasgos sobre el suceso, no con ello aportaban nada enriquecedor o practico a mi parecer a lo inmediato. Pero para no desvanecer su activa curiosidad retomé las observaciones para eludir y relegar aquellos instantes de mi vida para otros momentos más solícitos y apropiados. Era una investigación una exploración... no era momento para “fábulas de Esopo” Para ello apartándome del todo de la silenciada referencia, argumenté.

  • Esas piezas, cuya cerámica robusta y tosca al tiempo... son ahora tan usuales en las casas y hogares de la Oikumene que llevan tiempo siendo usado su nombre para indicar una cerámica a tal uso, los aenoches, tan comunes como extendidos son ahora la palabra con la que ahora ciudadanos y señores asocian a las jarras para el vino., no habiendo con ello escisión entre el nombre original de las piezas y su uso. Pero , la suavidad y acabado de esta pieza nos indica que es una trabajo más elaborado , luego nos remitiría a otras factorías de cerámica, a un mayor perfeccionamiento y por tanto la manufactura de otro origen. Debió deberse posiblemente a la necesidad de mejorar las técnicas de elaboración para suponer una distinción y asegurarse una distinción, que como toda diferenciación y mejora, es mas apreciada que lo de por si común o acostumbrado u tal vez otro comprador final (diferente nivel de riqueza) puesto que lo nuevo y extraordinario es agravado en su precio por su singularidad.

Todo ello debe deberse a la pugna con otros comerciantes.

Otra vez volvía a sentir la misma sensación, volvía a sentir esa conocida mezcla de hambre, curiosidad. Reconocía los síntomas: la observación con detenimiento en los detalles y el ejercicio de comprensión y evaluación de las causas. Me causaban un sano sentimiento de desear conocer más, entender lo que observaba, comprender por que era o podía ser así, era un placer personal el descubrir de nuevo ..adormecidos apetitos.

  • Creo Himilkon que este puerto, bien administrado, por su situación tan próximo a tu tierra, y por lo que estos indicios nos reportan, podría ser un lugar muy ventajoso para hacer crecer aquí: ya un almacén de materiales, materias primas e impedimenta, ya un puerto púnico, controlado directa o indirectamente... en lo que al precio de los artículos podamos disponer u “apadrinar”. Y la afluencia con la que aquí se encuentran restos como los observados de cerámica, de haber también fundiciones, y demás factorías tan propicios a nuestros fines... reportarían bien a mi pueblo y a vuestros bolsas,. Tal vez así.. las incursiones con las que hemos arrastrado nuestra riqueza y hostilidad unos contra otros , tal vez así podamos aprender algo de Cartago. Y al precio de los bienes ..que sabríamos compartir..podríamos ser aun mas ricos en hombres posesiones y amistades. Imaginad por un momento..un Gades enteramente Púnico, y exultantemente grandioso. Cuando volvamos informaré de lo que aquí hagamos acopio , pero recordar lo que os digo, Akra Leuke, podría ser un nuevo corazón para una nueva y rica Cartago, esta poblada por leales y agradecidos iberos , que ahuyentarían así la facilidad con la que somos atacados y masacrados, casi como unos rencores inapagables, entre igualmente bravos “vecinos” podría encontrar otro destino a tanta fuerza, a tanta energía a tanta valía..Una ciudad fuerte, Ibera, nos daría y reportaría mutuamente, fortaleza. Ya que se bien que no estamos aquí para un fin superficial, dediquemos tiempo e inteligencia, a nuestro cometido.

Seria conveniente, para omitir nuestro principal interés, hacernos confundir por mercaderes y con la apropiada regularidad que nos permita nuestro viaje, informar, tanto a Asdrúbal en Susa como a Emilce, Irsuto e Iztnu, en la lejana Gades y que ellos y Amilcar Barca fuesen preparando avituallamiento y hombres para que todo este bien dispuesto y reunido oportunamente. Ya pasaron los tiempos en los que mi abuelo me contaba que nuestro contacto se reducía a: exponer la mercancía para los extranjeros, esperar la valoración en piezas de oro, pieles o especias y cuando ambos se consideraban conformes recoger aquello que se les ofrecía y retirarse mar adentro unos y a sus improvisados campamentos otros.. Ya pasaron los tiempos en que sólo a Tartesios se la escuchaba y conocía allende el mar, que pintados y sin pintar venían a nuestras costas por la mención inequívoca de su nombre y sus riquezas. Aquellas que nosotros arrancáramos de la piedra, de las montañas y de la obediencia y habilidad de tantos hábiles Iberos, carpetanos, oretanos, y a veces hasta celtiberos cuyas racias, les hacían dirigirse a Tarsion para hallar refugio, para conseguir vivir cuando nada les quedaba que no hubiese sido violado o abandonado por hombres sin espíritu.

Mi buen Himilkon, hace tiempo que esta tierra ha dejado de ser hogar inhóspito de hombres de fortuna y hombres sin ella, de mercenarios, mercaderes y extranjeros. Ha dejado ya de ser zona de paso y ha crecido lo suficiente como para considerarla un fortalecido brazo , lo suficiente como para enriquecer a la gloriosa y diezmada Kart Hadasht, dando así mismo a nuestra sangre una vía no siendo presa ya de nuestros propias inacabables refriegas cuya rutinaria frecuencia nos sacude a pesar nuestra. Grandeza fuerza y riqueza para los hermanos de Kart Hadasht, y a mis antepasados cuyos ojos si vieron Kart Hadasht y cuyo respeto y admiración me han inculcado, sin omitir nada. Ellos que me han legado, no el temor a los poenici, aun cuando antes jamás vivimos entre ellos si lo hicimos con ellos.

Mientras el refrendaba con grandes palabras, de un espíritu educado noblemente en nuestro pasado común, en relaciones de años ya extinguidos. Mientras trazaba y se enorgullecía de sus antecesores y de honrar sus ideas haciéndolas suyas también, cual juramento sanguíneo mas aún que de soldado. Entre tanto, una brisa que se desprendía monte abajo arremolinaba todas las plantas, aún retoños, que próximos a la ladera sobre cuya colina encrestada nos hallábamos, y que bandeaba tímidamente los jóvenes tallos que mis ojos observaban..Veía como ese viento se derramaba por la falda esa tupida túnica de un verde intenso... y .. en mi memoria, aún fresca y tan próximo a mi natural elemento, ensoñación liviana y hermosa, eludió mi mente la consistencia de las rocas, colinas y caminos que se desplegaban en torno a nosotros, podía ver como el mar con su cadencia se prolongaba tierra adentro sobre el lomo de un verde intenso, de un oleaje suave que oscilaba perpetuamente como las ondas al final de una playa desplegándose en amplios arcos y cuyos extremos afilados, en este vivido mar interno, agujas brillantes que las terminaciones delgadas y apuntadas de áreas de hierba baja hacia brillar y surgía como espuma de un mar creciente... y aromático que yo conocía tan bien.

Alzados desniveles, los profundos surcos y las sinuosas elevaciones que el mar dotaba de vida con las oleadas del mismo viento y brisa que le hace bailar y jugueteando bandea. Desde aquí podía asombrado observar: extensas colinas de olas perpetuas de cuyos destellos y reflejos la espuma alcanza hasta aquí, a mis pies. El Mar, mi Oikumene me insinuaba... también habito aquí.

Seguidamente , comenzó Aoristo a escarbar en rededor de su “asiento”, con una piedra plana, lasca posiblemente de uno de los pilares cuya base nadie había pulido: y tosco y sólido había perdido su limpia forma, siendo hogar de cráteres que siendo visible una grieta que se agrandaría con el paso del tiempo...del mal tiempo.

Debido a esa porción desgajada , estaba Aoristo curtiendo la palma de su mano que en su insistencia y presión sobre los bordes, aumentaba el enrojecimiento y emblanquecimiento su piel. Suerte que esta ya estaba curtida en aferrar mangos de armas y aperos de labranza, ventajas ambas que habían dotado a sus manos de mayor dureza y fuerza..no así las mías , mas semejantes a las de un escribano, que no a las de un músico.

Así, mientras en esta ola sobre el mar me sentía como me era mostrado que mi Oikumene también alcanzaba a internarse de este modo tierra adentro. Aoristo descubría en este húmedo suelo una roca deforme y porosa, más parecida a una de esas rocas agujereadas por gusanos negros que suelen hallarse los que se aproximan a las laderas de montes de fuego no extinto , allá donde el suelo , pétreo aun permanece quemado sin consumirse cuya inicial deformidad le hacia imposible percibir cual era la verdadera envergadura de esa roca extraña. Y todo lo usual dejo paso a lo sorprendente; en su laboriosa dedicación pudo distinguir, al volver a repasar lo que creía contorno con la lasca que portaba, uno de los bordes y escuchar un chillido frío y metálico que pareció haber sido sollozado por esa roca.. Yo tras escucharlo un rato, después de que él repasara de nuevo esa superficie, observe con mayor atención lo que las manos de Aoristo y su tenacidad estaba poniendo al descubierto. Él consciente de que su trabajo había llamado mi atención, aparto a un lado los restos de cerámica que había recopilado y dándome a guardar los más sobresalientes, acaparó de nuevo los restantes entre sus ropas. Hecho esto, palpo el suelo, miro a su alrededor y me dio otra lasca para que yo l ayudara a desenterrar ese objeto. Ónice sin bruñir, sin trabajar y en una esquirla de unos 4 dedos de longitud, fue la herramienta con la que me dispuse a escarbar y desenterrar aquella extraña piedra-metal que la tierra y la vegetación habían ocultado con su túnica.

Seguimos , ávidos, cuidadosos y feroces descubriendo bajo la tierra oscura aquello que destellaba levemente por algunas de sus más desnudas partes brillaba ante nuestros ojos. Yo, al poco de marcar el contorno más palpable de ese extraño metal me dispuse a retirar la tierra que yacía sobre él, a lo que aproveche también algunos de los pliegues de mi túnica que para tal fin comprimí para así limpiar de opacidad aquella figura metálica que de ahora más perceptible tonos rojizos, resultaba a cada roce, más sugerente.

Aoristo, detuvo mis manos, me miró a los ojos y arrastró con su mano toda la tierra que ambos habíamos extraído conforme íbamos descubriendo la forma real y color de este objeto, ahora claramente metálico. Yo, expectante a que terminase de repasar con la apropiada presión y minuciosidad, quedé en vilo,. Aoristo , se detuvo, retiró sus manos y lo que había aferrado con ellas para limpiar de tierra su superficie. Un silencio dulce y paciente nos detuvo por apenas instantes en nuestros pensamientos al ver lo que se hallaba ante ambos, sólo nuestros ojos veían y sentían.... era la cuidada efigie de un caballo.

Grabado en un cobre de un rojo ya sanguinolento y en partes, desvencijado y carcomido: Era la efigie de un caballo encerrada en un marco cobrizo y circular cuya anchura no era superior a 4 dedos en su circunferencia y contrariamente a lo usual(para su tamaño y coloración) era demasiado grande para ser una moneda o un sello de los que se usan para marcar un cargamento, propiedad, o familia, de modo que pensé:

  • ..Sólo en adornos o escudos podían darse esas medidas, como glifo repetitivo , tal vez dispuesto en una parte concreta y claramente visible para resaltar su sentido simbólico, o el espíritu o familia al que pretendía emular o evocar, conferido con ello a su portador o a quienes se protegieran bajo él. En el caso posible de ser parte de una figura más compleja, o como centro en un oplón.

Sin atender en nada ni argumentar nada a lo dicho, Aoristo se dedicó, con la parsimonia de un carpintero a retirar los restos velludos de raíces y arena que aún, en espacios reducidos, permanecían cubriendo esa enseña. Pensé , intentando hallar en mis recuerdos a que tribu podría pertenecer ese símbolo tan común y por su ejecución delgada casi esquemática, inconfundiblemente diferente a todos lo acabados que en esos instantes volvían a mi memoria ya fuera en: dinteles, estandartes, petos, empuñaduras de espadas, alegorías en cerámica o metal desatendiendo las medidas, frisos de edificios, esculturas y relieves, rebuscando incluso por entre los dibujos y marcas que habían visto mis ojos en mis viajes. Intentando hallar una semejanza que no fuese desdeñable, o simple parecido, pensé en las marcas a fuego que solían realizarse a esclavos y presos. Procuraba recordar e identificar , aún con esa desnutrida delgadez parecía como esos gatos asirios de los relieves de piedras y lo que había oído contar de los muros del palacio de Persépolis, y que también podían encontrarse grabados en las artesanías de puertos como Selinunte, Alalia, Rhodas y en aquél puerto que se encuentra orientado hacia Rigel partiendo eso si de la ciudad de Leptis.

Entonces, por unos instantes, volvieron a mi los comentarios que tiempo atrás había oído sobre Alexanndros de Macedonia, hijo de Filipo II, el cual siendo muchacho, había rendido toda Asiría destronando batalla tras batalla a Darío III el grande. Recordé, por ello las palabras de mi padre , quien era legado de Ptolomeo, general y señor de Egipto.. Entre esos sueños que hace posible la ventura de los dioses, recordé la famosa historia de ...Bucéfalo. Y aún cuando al recordar la voz de mi padre cuando me contaba esos sucesos y hazañas, deseche finalmente la posibilidad pues más aún que la posibilidad de una relación ..imbuida por los dioses, la distancia, en varios sentidos relegaba cualquier intento de comparación o similitud ante esa poderosa evocación, que yo hacia más de 23 estaciones que no había vuelto a recordar.

Él, seguía reposando aquella placa metálica de forma irregular, pues era más ancha en ancho que en alto, y el perjuicio del tiempo. Mientras seguía limpiando la superficie de esa redondeada placa comenzó a descubrirse, con u perfil y un dibujo más difuso o tal vez desgastado, otras figuras que estaban presentadas sobre el mismo metal y que quedaban dispuestas hacia su derecha. Sobre un fondo de lo que parecía a penas distinguirse como juncos se reconocía junto al caballo u la efigie de un soldado con su oplón , su yelmo, y su loriga y la sarisa que se extendía inclinada bajo el sol y que se prolongaba dos cuerpos en proporción al soldado que avanzaba hacia el campo bajo u astro solar que radiaba rectilíneamente sobre su cabeza y cuyos rayos alcanzaba la extensión del campo desde la altura del caballo hasta la presencia flexionada de un campesino que parecía estar segando con una hoz de mano. Enmarcado todo el contorno , en algunas partes tan desgastado que faltaba esa porción de la placa, iban dispuestas unas oquedades que habrían permitido, tal vez que esa pieza fuese asida a una tela , a un peto o a algún otro objeto o atuendo de mayor envergadura. En toda la extensión de esta placa así decorada sólo era reconocible una inscripción , presente al pie de la figura, grabada en poenici(fenicio), y aun con dificultad podía leerse: A KEBIROS DE LISÍMACO. POR AGRIGENTO, HIMERA, SELINUNTE Y PANORMOS (OLIMPIDDA 140)” ( A Kebiros de Lisímaco. Por Agriguento, Hímera, Selinunte y Panormos (Olimpiada 140)”

Restándole los efectos de su mala conservación que habían embutido y corrompido lo que antes fueran suaves y agradables acabados al tacto y que ese rojizo que había obscurecido, cuando no descolorido, los perfiles y el disco que ascendía sobre ese soldado. Y que ese mismo granuloso y sucio rojo no permitía admirar la justa belleza de este exvoto u ornamento (pues no encontramos próximo a él o ningún indicio de lugar de enterramiento: ya de humildes esclavos con sus señores, o de tumbas y cenáculos de extranjeros o distinguidos personajes por alguna u otra razón, ni de recipientes con sus cenizas).

Aunque el crecimiento de la zona portuaria se había abierto paso tierra adentro y había al parecer comenzado a engullir mas terrenos para edificar, no quita que en su perímetro no se distinguiera una área para enterramientos. O tal vez otros asentamientos anteriores habrán expoliado el suelo de restos y ajuares, pues quienes expolian no suelen temer ni temer a los dioses que ofenden ni a los difuntos que pisotean., actuando con brazo bárbaro sobre aquello que ni les interesa dejar intacto, ni tampoco respetar.¿Pero que pueblo, hombre-bestia o raza no teme ni respeta las fosas y los cementerios ¿Quién sería tan innoble y bajo, avaricioso y no conocedor de los dioses?.

Ambos convinimos en que no había señas de que fuese parte de un ajuar o enterramiento, y al no hallar tales signos, nos apropiamos de esa pieza para copiarla e informarnos mejor sobre a que sucesos hacía mención, aunque nombre por encima de las ciudades que yo reconocía , distantes apenas 1 o dos noches de navegación por la costa reconocía en la Isla de Sicilia, pero Alalia...Alalia persistía como un eco, como una memoria tan joven que reconoces su origen pero no logras situar en el tiempo.

Aoristo, menos inclinado que yo a investigar sobre esta pieza, no escondía ni negaba aún así su curiosidad. Pero el mismo sabía que esos quehaceres no eran los que nos habían conducido a aquellas tierras tan hacia Oriente en esta amplia costa de nacer Fenicio y ahora heleno-púnica. Por ello estos , los llevaríamos acabo cuando dispusiéramos de tiempo y voluntad para ello, por que aunque nuestro cometido no despreciándolos no debía de desviarse en detalles tan aislados.

  • Sabéis Himilkon, sobre esta costa que se alza desde el mar hay mucho conocido pero aún más por conocer. Debemos de reunir toda la información posible y necesaria, tratando en lo más ser precisos, sobre quienes regentan y rigen el mercado que tan firmemente se a ha aferrado a esta costa. Que pueblos comercia aui y quienes ha sido los mas enriquecidos, a quienes pertenecerán muy posiblemente la mayor parte de las factorías , `puestos y locales, por los que seguro, cobraran una nada despreciable suma. Saber si están bien organizados o sin son entre ellos mismos como montañas o islas, aisladas y elevadas en su vanidad o soberbia prepotentes tal vez ye incapaces de ver un bien en una relación mas fluida., obremos diligentemente. Emilce y Asdrúbal han de sentir orgullo por la e al pertinaz ejecución de lo que nos encomendaron. Y por nosotros y por ellos debemos atenernos a nuestro común beneficio, destripando diligentemente las entrañas que dan vida a estos mercados.

Creo que los dioses de mis padres favorecerá nuestra empresa- dijo recitando ese pensamiento sin llegar a mirarme, como un exvoto o una petición a los manes del aire y de quienes nos acompañan sin desde el otero lado.-
  • Creo Aoristo, que vamos a deber más tus dioses y a tus protectores que a nuestra ignorancia el buen término de nuestro cometido- le exprese con animosidad e ímpetu a ese pensamiento, transmitiéndole así que nuestra actitud participaría de le bendición de nuestros venerados dioses-.

Volvimos así, al puerto, que a estas horas parecía alimentarse de la energía de la estrella del día, y en el que las voces como frente a un rompeolas, ascendían y arremetían , menguaban y retomaban intensidad al tiempo que las chimeneas hacían engordar las nubes del cielo y prodigaban con tonos entre grisáceo y blanco, prodigaban aromas a leña, especias y hierbas que junto con la sal y el pastoso olor del pescado, por esta misma brisa que parecía atender a las crecidas del mar y ser su causa, se habría paso ascendente hasta lugares tan elevados como en el que nos hallábamos.

Sin corregir en nada mi respetuosa opinión, añadió:

  • Tenemos a un gordo holgazán, al que debemos,... poner a trabajar. Ya ha dormido demasiado – dijo mientras una voz más animosa y ligera remarcaba la palabra, ”trabajar”, como si fuese a desprenderse del resto de la expresión, como tendente o maduro fruto de un arbol.-Reí con él esa burla a Ifías.

Recogió su casco, guardó parte de esos restos, y con cuidado envolvió la placa y la ferró firmemente bajo sus ropas, oculta, segura y a salvo de miradas curiosas.

El Sol comenzaba a engullir nuestra sombra y conforme andábamos la iba consumiendo hasta que iba quedando reducida a la corpulencia informe de nuestras ropas que pendían de nuestros hombros.

  • Adelantémonos con un poco más de rapidez. O Ifías si ha despertado tal vez considere la ..oportunidad de evadirse.... Ya que mis compañeros, aunque valientes, no sabrían contener una roca de su tamaño.

Así , acelerando el caminar, dejamos atrás el pasillo de piedras a modo de columnas, había protegido nuestro camino hacia el puerto, y que precedía la entrada Entonces, las manchas blancas, brumosas y obscuras que difuminaban con los humos de las chimeneas y las forjas, dejaron de colmar nuestro horizonte. Y pudimos ver el pueblo y los caminos que como raíces se abrían paso ante nuestra vista. Mujeres en enjambres, acompañados por los cuerpos casi desnudos de sus sirvientes, vivaqueaban por entre los puestos que dispuestos como los márgenes de los ríos, e igual que la hierba que estos crece, hacían visible la anchura y la dirección de la corriente. Podía verse como los ganaderos traían tras de si las reses, sus recuas y ovejas, algunas, propias del Valle del Garammantas y que acompañados por hombres de igual edad avanzaban buscando un lugar donde disponer con presteza e inteligencia sus mercancías. Siempre intentando, con ardides y con fortuna que no quedaran lejos de las vías más frecuentadas. Pero a estas horas, esa pretensión tenia tantas posibilidades de lograrse como lo tendría el pretender alcanzar descalzo a una cebra en el desierto de ese mismo Garammanta. Y aún así conscientes y alterados, deambulaban por los ramales dejando al cuidado de algunos de los suyos las recuas, para así , menos lentos y menos visible su mercancía, pudiesen lograr algún trato lo suficientemente provechoso con algún otro comerciante asegurándole indudablemente, “la riqueza calidad y buen estado de sus mercancías y el bien que propiciaría a ambos” esta momentánea asociación. Eludiendo que eran reses nada acicaladas y no metales, ni orfebrería , ni telas, ni especias u otras mercaderías más sutiles de ser bien recibidas. Y como en todo, intentando asegurarle que al buena calidad de sus mercancías les haría ganar dinero y clientes a ambos. Los negocios suelen ser así, se vaya a donde se vaya: ”no se puede contar todo” sobre lo que se vende, y si bastante de lo que se “presume ser”.

En contraste con los colores de estos caminos pisoteados y casi arados por los pies y patas de clientes, comerciantes, carromatos y bestias, se desplegaban ante nuestros ojos un nutrido, y según hacia que desvío, intensamente olfativo aroma, cuando no pestilencia, de bestias , personas y tintes que combatían con fragancias más deseables resultando a juzgar por las expresiones de los que por allí caminaban, inenarrablemente soporíferas.

Chicos , aún pequeños, menudos y activos, recorrían este mar de personas pues ellos también querían: ver, oler, comer y como no ...coger algo para si, aunque sólo les durara unos instantes, o el tiempo en que otras manos más veloces se lo apropiaran. Eran a lo menos el único sonido constante que me devolvía la impresión, mientras examinábamos los puestos más concurridos, de que no me hallaba entre una piara con olores y colores de fuertes intensidades, aromas profundos y colores tan intencionadamente llamativos que junto con olor de las lonjas( las cuales no distaban mucho ,: ni al olor ni a la vista), enturbiaba y arreciaba contra nuestra educada “resistencia” a lugares tan profusamente concurridos por esas..mezclas. Donde un golpe, un roce, podía significar bien diferentes de un descuido al caminar tan próximos.

Aoristo que conocía mejor el habla de los habitantes de esta parte de la iberia, y yo que me había aprendido lenguas y dialectos de las tierras del Sur, en casi toda la extensión donde phoenici habían puesto sus ojos y sus manos, mediante prósperos almacenes y colonias. Fuimos observando a quien debían tasa o alquiler los puestos mejor situados. Y todos parecían reconocer a un egipcíaco, expatriado que parecía haber hecho su fortuna no con la venta de especias propias de su tierra(marfiles y pieles) que dan renombre, sino en la creciente necesidad de otros que aún más lejos de su patria, habían querido prosperar en las ventajas y fortuna con la que Hermes instruye y alienta a todos los mercaderes, pequeños o adinerados comerciantes.

A ratos, se podía ver en los momentos en que la corriente se hacía menos asfixiante, a niños reuniéndose en las esquinas de paredes más deshabitadas, mirándose lo que unos y otros habían obtenido lo cual no distaba muchos instantes de reconocer el estruendo ahogado pero persistente de algún que otro comerciante dando la voz para que el obediente ayudante saliera corriendo intentando encontrar, capturar, recuperar y “reprender” por lo sustraído, lo cual siempre manchaba el puesto de la victima con cierto descrédito, por que ...si era tan fácil robarle... cuantos no probarían a sacar su provecho sin descargar su bolsa. Yo, conmigo no llevaba monedas, y por ello la bolsa no era ni visible ni se hallaba dispuesta a manos avariciosas, no acarreábamos mercancías, éramos por nuestro aspecto tan comunes como los que por aquí navegaban, apenas unos cuantos granos más de arena, unas gotas mas del mar. Y Aoristo llevaba consigo ..las...oportunas dosis de ....persuasión.

Bokar, un enjuto hombre con una mirada dulce pero de ingenio astuto que jugaba nerviosamente con el grueso cordón que asía su cintura, sobre la cual una tela de delicado acabado y rematado con doradas franjas en las comisuras de la misma daba un aire altivo o cuando menos distinguido, aunque jamás se hubiese sabido su nombre esa vestimenta parecía conferirle un porte elegante. Era por lo demás escrupulosos en el trato y desde que pudimos hablar con él , un nubio formidablemente dotado cubría sus espaldas y su seguridad personal,. Este nubio, completamente rapado, desde sus cejas a su nuca, y que no ostentaba ningún distintivo caudal y su piel permanecía sin señales ni de azotes ni de sellos, y las rozaduras de las cadenas , por el color de su piel y la edad del nubio, habría resultado difíciles de identificar sin detenimiento...y no nos detendríamos en ello, no era ni nuestro objetivo, ni nuestra compra, ni nuestra elección ..un varón ..y menos aún tan fornido..las mujeres saben querer mejor. Este Bokar era la memoria a la que los más longevos de este pueblo, y algunos mercaderes delos puestos nos habían descrito y remitido. Y hubo alguno de ellos que nos miró con desagrado, pues parecía hastiar no sólo a los que preguntaban por la localización sino que la repetición corta y seca de ese nombre, Bokar, parecían como discos afilados que se lanzasen contra la madera de una sólida puerta. Secos y cargados de un ánimo enrarecido por no supimos por que desavenencia y el que así espetaba no le apetecía ... hablar ni disculparse. Tal vez , pensó Aoristo:

  • La hostilidad propia hacia un “nuevo comerciante” al que hacer frente, o únicamente, bocados de uno de esos cocodrilos ..como deseando detener la vida de Bokar en las fauces de esa fría fiera.

Y otro nombre, de boca de aquellos que hacían algo más que una “resistencia” comercial al egipcio Bokar y sus posesiones, nos remitían con un secretismo nutrido de misterio..como alimentando el ánimo de que fuese tenido este otro personaje como la apostura (grandeza), el firme contrincante y ¿cómo no?, El vencedor final, de esa lucha.. (no a campo abierto), por los clientes con los que se nutría esta creciente población.

Así , entre “confidencias”, no carentes de “fama difundida”(fama fabulada) se deslizaba el nombre y la sombra de: el capaz Técton. Un Britano-Ibero, que se había hecho con la fundición y tentaba a los recién llegados a asentarse en diversas y determinadas localizaciones y no cobrarles nada hasta cumplida la segunda primavera de su estancia, cerciorándoles, al parecer la seguridad para supuesto que unos acólitos y otros contratados proporcionarían a sus nuevos “socios” y mercados. A diferencia de Bockar, se decía de él que no precisaba de guardaespaldas y que le sol y la edad le habían dotado, cuando no los dioses, de un color de piel más común en estas tierras y de una nada despreciable experiencia y habilidad para actuar puntual y eficazmente ante cualquier novedad tuviese relación o no el incidente, con su “oscuro egipcio”, como todos reconocían al acompañante de Bockar y por tanto igualmente resultaba presumible ..donde se hallaría el mismo Bockar. Aunque de este casi fabulado o tal vez verdaderamente hábil Técton, nadie nos había sabido facilitar, ni una localización, ni un intermediario para poder conversar con él. Puede por ello que este sea su “sistema de seguridad” y así que él decidiera: a quien , con quien y cuando.


Tras examinar pertinazmente que espíritu y que “forma” tenían los que detentaban el “gobierno” de este puerto; de igual modo que ante un plano, o un esbozado dibujo sobre un campo, pretendiendo así reconocer los “accidentes del terreno” y el “clima” para saber como movernos ventajosamente, pensando como presentar nuestras intenciones, nuestras “credenciales” : “ Están haciendo negocios con un fenicio de Cartago, la ciudad que sobrevivió de ver asolada su patria(Tyre) y que es aún hoy el renombre de tirios, fenicios, griegos y púnicos”(Como dije antes hasta en las presentaciones conviene no citar , ...algunos ...detalles.. que no convienen ser tenidos en mente, ni infundidos o reavivados en las de otros)