La novia sin velo.


Sin velo, hasta para casarse.
La novia sin velo.



 El amanecer no es más que un dibujo de Dios en el firmamento y el precioso paisaje que le acompaña, lo embellece aún más y es sólo eso, una obra de un pintor excelente, al óleo sobre lienzo y que se cuelga del cielo como un cuadro, ¿qué tiene el amanecer que a todos enfurece?, esa mirada que nadie conoce bien, el rosa con el fucsia y el naranja que anima el alma, no lo sé, pero la culpa es de su creador, cara pintura, obra del mejor de los artistas y que sin embargo, todos contemplamos gratis, no puede colgarse en una pared o sobre una mesa, siempre permanecerá en lo alto.
Mamita yo quería ser famosa, pero ¿en qué?, quería una vida normal pero agradezco no haberla tenido porque aprendí a ser como soy. Mami yo quería ser feliz pero no siéndolo lo fui porque llené mis vacíos de ríos de paz al hacer lo correcto apartándome del mal, aquel que me seducía con su cara de ángel, sus labios de frambuesa, sus bolsillos llenos de falsificados dólares y sus muchísimas promesas.
Ni he sido importante ni he tenido amigos, dejé pasar el tren viendo como corría veloz al encuentro de otros pasajeros, perdí oportunidades al completo, por eso canto en la ducha, me lavo en agua de rosas, ceno pizza margarita y desayuno chocolate con galletas.
Voy como la novia sin velo, la cenicienta de un cuento, la esclava de un hombre blanco. No quiero que se comente que he sido infeliz, no es cierto. Me aparto de la depresión fácilmente, soy positiva, soy el acierto. Me verán los que me envidian como la mujer amargada, la que llora a escondidas y duerme un poquito mal. Mentira. Todo es mentira. También como la que cuida animales en las calles españolas y agradece el detalle de que Dios la orientase para escoger ese camino de sabios porque es una obligación moral y cívica cuidarlos.
No todo ha salido bien, pero yo estoy muy bien, no miro atrás, no doy un solo salto al pasado, lo aprendido pesa sobre mí como una bendición. No tendré hijos ni seré admirada, querida ni respetada, nadie me perdonará mis pequeñísimas faltas. No fue para mí el “ser ídolo de masas”, no seré cantante popular ni actriz de novela suramericana. No modelo ni bailarina y sin embargo soy la mujer más afortunada que pisa el planeta Tierra.
No tendré cicatrices ni heridas abiertas pero tomaré pastillas para mejorar mi piel, no deseo las lágrimas aunque si llegan no recibirán el rechazo, seré una mujer limpia que se lava con jabón de Marsella y champú de pelo contra la caspa, la que gusta de probar vestidos largos y se casará sin llevar el velo puesto, la que comprará en su día también flores a los muertos. Enterraré las malas contestaciones, las amenazas, las falsas palabras de amor y las cuchilladas.
El velo se lo robó aquel que quiso darle un beso sin amor sin antes vestirla de blanco, aquel que no supo hacerla suya por completo, atrás en la arena cayó con su blancura, su pureza y su ignorancia. La lluvia lo mojó, no irá por el, ni un paso atrás. Eso nunca.
Irá vestida de blanco si llega el día, sin perlas ni azabaches. Llena de flores y seda, con su larga cabellera suelta. Él la quiere tal como es, salvaje, sincera, cuando está contenta y cuando se queja. Es su media naranja y no le importará verla a cara descubierta subida a un altar.
Seguirle a todas partes, con su pasado, sin velo, sin desear repetir curso, feliz con su diploma de graduada en cuestiones de vida, intercambios de regalos, zancadillas, oportunismos y venganzas.
Sé que sé lo que sé...  y andando voy por el río, paso a paso en sus orillas que son las mías, marchando paso a paso... y sólo sé que nada sé. Como decía el filósofo, sólo que la felicidad, la risa se puede encontrar en los otros, en lo más triste y penoso, en lo más sombrío, en la sabiduría del ser humano de al lado. Que lo sé desde el fondo y hubiera deseado saberlo todo, pero todo se escapa de mis manos casi pintadas de negro por acción de los rayos del sol disfrazado de espesa lluvia.
Todo se va y yo... voy perdiendo terreno poco a poco, se es lo que se puede, lo que no, no. Y feliz igual yo soy que nada valgo ni soy, salvo para mi hermosa familia humana y gatuna.
Sé que no tiraré en saco roto… todo lo sentido, todo lo añorado, todo el tormento de no sentirme respetada por los que no quieran aceptarme como quiero ser. No tiraré en saco roto la muerte que viene y que parte de mi alma y dice: ¿y a mí qué?... no meteré en saco roto tus ojos azules que poco me dicen ya, no tiraré en saco roto, vivir por vivir, decirte que sí, cuando quiero decir NO.
Firmado; la novia sin velo, que se descubre como una mujer moderna, divertida, optimista, amiga de hacer favores, que desea bien a los que le hicieron mal siempre y cuando no la toquen, si eso pasa se convertirá en fiera y rezará por el ojo por ojo, aquel que también le pertenece, que también conoce bien.
No quiere venganza, las cosas pasan y nada puede hacerse más que aceptarlas, todo se puede perdonar menos la muerte, incluso que te dejen en un altar olvidada, que te llamen idiota a la cara o cuenten tus defectos a los extranjeros.
Todo lo permite la mujer sin velo, pero debe seguir siendo libre o pensar en casarse, debe seguir caminando en paz, tener las ideas claras, no comprarse otro velo para otra posible boda que llegaría con el tiempo, no es necesario, en nuestra sociedad su novio ya le habría visto la cara, contado sus dientes y visto sus impurezas de la piel, ¿para qué ocultarse?, ¿para qué la mentira?, no no y no. Sin velo siempre.
Habrá boda, claro que sí, habrá un “sí”, un verdadero “sí”, con la boca llena, el pecho hacia fuera, sin la gorra, sin el velo, sin pedir misericordia y a ser posible, con mi perro, porque también tendrá derecho a ir a la Iglesia para vernos contraer matrimonio, felices, alegres, con sus ladridos de fondo, que son santos, me gustan más que escuchar la santísima misa, me llenan sus sonidos como un niño que llama papá a su padre, el canario que canta al llegar su dueña a casa, la mariposa que vuela alrededor de la luz artificial de la sala del hogar.
Me casaré, y a otros les dolerá mi acción, porque han querido verme derrotada, aplastada, hundida, y no pude, me levanté, estoy orgullosa, plena, mi horizonte será claro y las margaritas no faltarán en mi jardín, tampoco las hortensias.
Vamos a ser uno, no dos, las mismas ideas, o no, pero uno, porque sabemos lo que hacemos y nos une el amor al perro. Hijos no sé si habrá, pero sí nuestro gran amigo siempre nos ladrará.
Desde el balcón podré ver entonces aquel velo que perdí en su día y no recuperé.
Tampoco nadie me ha preguntado por él.
Fui con las ideas claras, nada ocultaba, mi rostro estaba limpio con agua de rosas y me amaron, como soy. No tuve que decir mentiras, que engañar a masas, que disculparme, simplemente luche y vencí, amarré mi futuro y perdí el velo, ¿y qué?, no todos somos iguales, unos tienen más hermanos que otros, unos hablan japonés y otros apenas sabemos hablar lo que hablamos, pero somos comprendidos.
Todo irá bien, somos grandes, somos lo suficientemente sanos como para cuidarnos y respetarnos, sabemos caminar derecho y derechos, miraremos indiferentes aquel velo que se empecina en hacerse presente en el paseo de piedra del jardín, y eso que no está ahí. No realmente.
Velo, velo que en países eres detestado y sin embargo a la hora de casar eres un atuendo amado, querido y deseado porque el hombre levanta el velo para besar a la novia y eso es hermoso.
Velo, que yo no tendré, que nadie me levantará, velo que se perdió y no me deja respirar, más yo, lucharé, sin él, porque el velo no debe tapar las caras ni en los días de las bodas, porque las mujeres somos libres y podemos enseñarnos todas, con respeto, con medida, pero sin necesidad del tul, la seda o cualquier tela cubriéndonos el rostro.
Somos libres, no somos velo, deseamos casarnos, pero bien, de lo contrario, el velo y aquel beso no sería sino un mal recuerdo, un hombre santo, trabajados, devoto de San Pedro y de Jesús, de la virgen y de Dios.
Ese hombre busco yo, pero que también sepa ser hombre, con sus buenos pantalones, su sombrero y su pistola si hace falta.
Lucharé por “las sin velo”· y las pondré como ejemplo, universal, insuperable, de la felicidad total.
No será mi ropa blanca, porque me gusta el azul, mi boda será azul cielo y su beso imborrable, sincero. En la foto se reflejará, le besaré mucho tiempo para tener muchas instantáneas, para luego elegir dos o tres que me gusten y hacer cuadros para la sala, verlos será recordar.
Por mí, que se mueran los velos.
Mamita me casaré, mamita quiero casarme, mamita no cosas demasiado, que el velo no lo necesito, el vestido quiero cortito y un escote de impacto, moderno y a su vez, elegante.
Fuera velos, fuera penas, fuera todo y venga la dicha a colmarme con mi manera de ser, de hacer las cosas y de creer en ella.
Con toda mi voz, mi voluntad, mi espíritu y tenacidad, fuera con todo lo que sobra, que todo lo que no vale ya va quedando atrás, por voluntad divina, porque fueron ellos los que me arrebataron también el dichoso “velo”, en su día.
Ellos me lo ponen también delante para que lo desprecie, no lo recomiende.
San Valentín será un día de celebración, no de dolor, un día esperado, con regalos, buenos recuerdos de besos y secretos que nos unieron, como el que te conté del motivo de no desear llevar velo el día de mi maravillosa boda.
Mi perro me quiere mucho, mi perro vale por diez, mi perro juega con el velo, y yo me río con él, velo invisible, él lo ve.
Mi perro viene a salvarme, mi perrito me quiere bien, es mi sana medicina y mis muchas vitaminas, es un hermoso animal que jamás romperá el cristal, por eso le queremos, le cuidamos y le dejamos jugar con aquello que ni es ni deja de ser, pues por lo menos que le divierta mientras nuestra vida transcurrirá y llegaremos a viejos, felices, juntos, sonrientes, en paz y con nuestras ideas, que nadie nos ha podido robar.
Gracias por escucharme.



Los maridos de doñita Amalia Nouche Duval.



Una clara historia de desamor.
Os contaré la historia amorosa de una mujer sin igual, doñita Amalia Nouche Duval. Una dama, sin dudas, muy especial, fantástica y hechicera…
…Se define como una mujer del futuro pues… ella no es la mujercita que va por ahí sin más olvidando que su marido la ha herido allí atrás. De momento no hace nada pero pronto llegará, el alba la acompañará, sólo le falta un lugar. La casa o el jardín, la playa o la montaña, es igual, con mis pistolas sea aquí o allá, todo cambia.
…Ya le veo allí en el suelo, diciéndome: "cuanto te quiero". Dispararé igualito, ya no se merece nada, si yo para él fui su santa, él para mí fue Satanás.
De joven se definía como la mujer que tenía los ojos como dos balas… Esa chica, allá por donde pasa, lleva municiones y la pistola oculta, pues en este mundo hay que tener cuidado e ir armado. Nadie sospecha de ella, su cara dulce sólo la delataba cuando se sentía amenazada. Muchos la conocen por haber matado a varios señores en unos minutos, con una mirada, "son ojos que matan". Ya no se le acercan por miedo a ser víctimas de sus armas, por error, por desgracia o por merecerlo, por pensar en ella, en sus ojos verdes, su rubia melena y su cuerpo de Miss. Sus ojos son balas, pero no lo serán junto al hombre que ame, que no le haga daño, aquel que decida ser el amigo de su alma. Sólo en esos momentos estará desarmada.
Siendo aún joven, le gustaban los hombres mayores: …Cuando estoy desprotegida, me gustan los hombres viejos, pues pienso pueden cuidarme. Siento que les hago felices al abrazarme. Vienen cargados de penas y yo soy su buen consuelo, una mirada, una caricia, y la vida vuelve a ellos, y a mí no me cuesta nada porque me gusta esa entrega y no siento... que sea pecado. Y si no nos hacemos daño, que importancia tendrán los años. Los años: "no valen nada".
Mientras tanto, sintiéndose pecadora, se preguntaba a menudo… ¿qué es el alma?...
¿Qué es el alma, si en mi cuerpo hay tantas, ¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, ira o venganza?, ¿quién soy yo si soy mitad buena y mitad mala? ¿debo ser diablo o santa?. Debo unificar mis acciones y ser sólo un ser, pero son tantas almas que no sé si valdrá la pena ser buenos o malos. Un día moriré y puede que ellas viajen juntas al paraíso, puede también que se dispersen en otros cuerpos diversos pues he sido una mujer que utilizó armas. Entonces ya no seré yo sino muchos otros y de nuevo puede que me vuelva a preguntar "¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, ira o venganza?".
Tiene dudas de cual será su destino final después de la muerte, pues sus recuerdos se resumen en…
…La primera vez que me casé tenía veinte años, y… un día decidí dormir sola… Y es que Amalia no quería a su marido, Gabriel, porque le había mentido, por eso ha decidido ya ni siquiera decírselo. Ha cogido su pistola, no pasó ni media hora, ha entrado en el ascensor, ya está llegando la hora, la reciben en despacho, un hombre muy alto y guapo, ella le ofrece sus besos, él la ama demasiado, pero de él se ha cansado, además le vieron borracho y él decía que era falso. No tenía que haber mentido a su primorosa esposa, pues con eso la ha obligado a desear estar sola. Como iba a dormir con un hombre tan borracho, que importa que fuera jefe y tuviera un gran despacho. Después de comerla a besos, su marido se volteó, ella sacó la pistola, y sin dudarlo disparó.
Para ella, los que la engañan, no tendrán perdón de Dios, y esa noche durmió sola, fruto de su incomprensión. Así se dibuja el amor, que no haya más preguntas, mejor cortar por la sano que vivir con nuevas dudas. Dijo adiós a su angelito, no fuera tan mal marido, pero le había mentido y ella no se lo ha creído.
-No te preocupes mi hombre, no dejará cicatriz.
Con el segundo, Alejandro, pasó algo similar pues, aunque pasaran cinco años, seguía sin pensar demasiado… La llamaban Niñapistolas, la llamaban Matahombres. Estaba tan enamorada que al principio no sospechaba de su marido. Ella siempre fuera seductora, complaciente y cumplidora, para él una santona. Pero un día él la engañó, la vio tan inocente que creyó, no se enteraba, no sabe donde cayó ese infiel siempre sonriente.
Matahombres buscó el arma que siempre estaba cargada y le esperaba en la cama con fina lencería roja, también champaña y dos copas. Como ella era guapa su marido se fijó aún no estaba rendido de estar con su amada flor. En la cama se acostó y ella le acarició era un actor de cine que jugaba con su amor, sus ojos tenían cielo y su piel fino algodón. Esa fue su última noche llena de pasión y lágrimas pues sabía que su encanto marcharía con el alba. Niña pistolas lo mató otra vez a su apodo matahombres hizo honor…
-No te preocupes mi cielo no dejará cicatriz.
Con el tercero fueron mejor las cosas, los años ayudaban, pues ya tenía treinta flores… pero, cosas del destino, enviudó al año… Con Ernesto llegó a sentirse realizada en el matrimonio. Pensaba: He mentido, he robado, he matado, pero no he...
…Pero no he fracasado en el amor, bien sabiendo lo que soy, me han aceptado y querido y tratado como a una niña, yo que vivía para el vicio, ese hombre se me acercó y tocó mi pelo rubio, junto a mis ojos lloró, tomó mis manos muy frías junto a las suyas que hería pues quería que supiese que él también dolor tenía, y es por ser como era yo. Al final me convenció, me bajó un ángel Dios cuando menos lo esperaba, mis pistolas tiré al río, dejé a la compañera “muerte” y le seguí como a un santo que a un ser humano le habló, porque tal de mí nacía, ser una persona honrada y tan solo precisaba tener a mi Salvador. Ahora vivo de mi sueldo, y con esmero le atiendo, pero más me ha dado él, me sacó de la ruina en que me metiera yo, por creer que era la forma de hacerse fuerte y mayor. He mentido, he robado, he matado, pero no he fracasado en el amor…
Con él… fui feliz, porque encontré unos ojos misericordiosos, porque aprendí a hablar con las flores, porque en mí se posaron tus ojos, porque escuché las más lindas palabras. Por eso, fui feliz… Ahora que pasaron los años, mi amor; sólo puedo recordar, el brillo de tu pelo, el más bonito recuerdo, el único que quiero. Y no estoy loca. Sólo quiero recordar que en nuestro adiós tu cabeza giraste para no mostrarme aquella lágrima tuya. Al ocultar tu rostro, sólo pude contemplar ese pelo tan bonito que acaricié. Yo también lloré. He dado gracias a Dios porque al marcharte, tampoco te ha tocado ver las lágrimas en mis mejillas que la razón, no pudo contener. Aún te quiero. La fuerza de nuestro espíritu nos mantendrá vivos... a pesar de la soledad, a pesar de la distancia, a pesar de que todavía no podemos dejar de llorar cuando pensamos en aquel inevitable adiós.
Ernesto… al final del túnel no espera más que el cielo, la paz te invadirá, aquella que no has conocido cuando estabas vivo más que estando conmigo. Por fin descansarás, lo que no habías podido, la forma de tu cara se dibujará en las nubes blancas para que tus familiares puedan verla, así como yo he visto las caras de tantos muertos desconocidos en ellas dibujadas, incluso de animales.
Al final del túnel, viajarás muy alto, sin avión, sin cohetes. Al abandonar tu alma el cuerpo, viajarás sólo en una dirección: la ascendente. Dicen que los ángeles tienen alas, no lo sé, pienso que las almas pueden viajar unidas de la tierra al cielo, puede que porque Jesús las llame, puede que porque aprendan el camino.
Al final del túnel no existirá el dolor pues no tendremos cuerpos, nuestra casa será... infinitamente grande y tranquila, no existirá el tiempo y el dinero no podrá comprar nada. Al final del túnel no podremos vernos, pero sentiremos unos la presencia de los otros. Puede ser que nos encontremos al final del túnel.
No obstante en su historial matrimonial hay muertes… Si la descubren sé que pensarán su fin… Si eso pasa, creo que le matarán, con la mirada cruel, los puños alzados, querrán sacarle la vida, y es fácil, pues está sola y no sabrá defenderse si la atacan por sorpresa.  Morirá, sí, sin llegar a recuperar la fe perdida, y eso, ¿qué le importará a Dios?, que mientras eso sucede, sigue placidamente dormido, en su paraíso.
Con el cuarto hombre del que se enamoró, Daniel, no pudo ser… Con Dani… Fui incapaz de contarte mi vida, te escribí, pero esa carta jamás se envió. Fui incapaz de mirarte a los ojos y te llamé por teléfono, pero al contestarme tú, lo colgaba. Fui incapaz de acariciarte el pelo, pero te envié un peluche a una dirección equivocada para que durmieras con el. No logré descubrir cual era tu perfume pues no me acercaba a ti, pero esa supuesta fragancia fue sustituida por la de rosas y claveles en una tienda de mi pueblo. ¿Sabes?, lo he perdido todo por miedo a un fracaso que se anunciaba día a día con tu desprecio. Fue una pena haberme equivocado y bueno fue disimularlo, pero esperando a un nuevo amor me pasaron los años... 
Con el tiempo supe de ti, tenías rosas y claveles en tu jardín, enviaste tantas cartas que ya no podían contarse a un destinatario inexistente, recibí muchas llamadas de números desconocidos... ¿Sabes por qué?... porque tú eras mío y yo tuya, pero nos separaron los astros, las diferencias, el interés y por eso: "Ahora somos dos barcos que navegan sin rumbo en medio del océano y pronunciando vamos nuestros nombres, en silencio, para que el otro... no pueda escucharlo". A pesar de eso, Jamás escribiré: "Que has sido mi amor".
Con el quinto, Alfredo, volvió a suceder, volvió a… Nada dejaré en mí, este sentimiento fluye nada quiero guardar. Esa noche estabas guapa, arreglada y seductora, mi marido se fijó.  Yo no quería reconocerlo, pero sucedió y os sorprendí a los dos besándoos a escondidas de esa verdad, que creía ser yo. Estaba claro, tenía heridas  y yo sólo las sé curar, como no soy médico, con la vida de aquella me hizo mal. Lo siento, ya saben, cogí las pistolas, en mi bolso las guardé, te acompañé hasta el coche donde me estaba esperando mi ayudante de medianoche. Él tu cuerpo se llevó para que nadie supiera que yo, cobro vidas, no tomo pastillas, voy al grano y no llevo vida de gusano. Bella flor de primavera, a mi marido le he dicho que marchaste con el alba. Luego se separó de él, pues sintió pena de matarlo… tenía mala salud.
Pero como asesina o justiciera, según penséis, Amalia Nouche Duval tenía sus tácticas… Y, Siempre antes de matar,  se come sus tres manzanas, es la fruta del pecado y la hay que saborear, pero no las necesita pues ya ha matado tanto que eso le sale solito. ¿Dónde van sus ojos tristes, dónde su pechito en flor?, de eso ya, vean, llovió. Hizo pocas cicatrices, pues nadie sobrevivió, a todos los que ha apuntado, les mandó a un mundo mejor. No comenzó por gustarle, pero era necesaria y poco a poco ya es una asesina nata, no necesita manzanas, pues las lleva ya en el alma, no tiene que convencerse, de eso se saca nada. Se hace o no se hace, y ella lo tuvo que aprender y ahora ya es normal, si hay que matar, hay que matar. No sabe si es buena o mala, todo tiene explicación, y fue lo que quiso ser, de ella solita nació, no pensaba demasiado, pues sabe bien lo que ha de ser, y no quiere el calor que siente, pero vean, es el único precio, y quien quiere a sí mismo mata, pero ella no ha hecho nada, y por eso cuando se muera espera ver bonitas flores en su ventana. Y aún así, no es nadie pues lo hizo por moral y nadie le debe nada.
Y si el cielo no es pa´ella, el amanecer la acompaña, y los hombres que de noche  la venían a visitar, pues sí, les abría la puerta hasta que la dejaron de llamar. Y lo que aún no comprende es como después de tanto tiempo, todavía sigue riendo al jugar con el amor. Lo mismo que para escribir, existe la vocación, también para tener pistolas, también se la mandó Dios. Las ve como un tesoro, como algo necesario, que pensar de que das muerte, pa´eso hay seres humanos. Sé que mucho las usó, y no se arrepentirá, que las vidas que ha sacado no lo ha hecho por placer, sino por puro deber.
Pero en ocasiones tenía dudas sobre si recibiría castigo… Llegó a pensar sobre la muerte:
Donde la muerte no lega… Donde ella no llega alcanza el viento, rayo insaciable del olvido que por pensar, pienso sobre ella. Ella que a quien toca, desaparece o abandona esta forma de vivir, con carne y hueso.
Con ella, es que se pierde el sueño profundo de la vida, y en el más allá, ¿quién lo sabe?, puede que "empezar de nuevo cueste tanto que perderse con el viento...  sea el camino". Llevo tiempo pensándole en silencio, como si la muerte me fuera a visitar... Puedo decir que si turbia es la presencia de la muerte, para mí, cero es ella.
No le temo. Mi sueño en la vida, ha estado salpicado de pesadillas.
Ella, que a quien toca condena a ya no estar más entre sus seres queridos, ella, que quien con ella toca, poco a poco morirá de pena. Si cada vida es una oportunidad para ser buenos, yo diría: "no se mezclen", porque hay una... en la que todo desaparece y dejamos de tener oportunidades, simplemente desaparecemos.
Intentemos ser buenos en nuestra vida presente. Sepamos: "Que a quien muerte es palabra que no hiera que la lleve a cuestas, eternamente en su destino... en su camino... porque a quien hierro mata, sin piedad, o no le importa ver morir, a hierro muere, y no sin dolor". Pero ella no se sentía del todo culpable… ¿Por qué sería?... Lo saben ustedes…
Amalia seguía deseando un amor para siempre… Ese amor sólo puede ser el de aquel... que renuncie al placer de tener más mujeres que yo. Que me ofrezca todo y sin condición, el que siempre me apoye y piense en mi, que sea gentil, de buen tipo, que sepa ser el mejor amigo que viaje conmigo y que me comprenda, así como soy. Un amor para siempre, para mi, es eso. Y si estando con él, quisiera tener el placer de estar con otros hombres para serle infiel, no podría. Su amor, su generosidad y su comprensión, me lo impedirían, haciéndome ser: su amor... y para siempre.
Después de tantos fracasos reflexionaba en soledad sobre el matrimonio:
No me casaré con la mentira, el error, la cara bonita que me dijo "amor", pero para nada lo he encontrado en él. No me casaré con los ojos claros de ese corazón que decía: ¿amarme?. Ya le conozco bien, es el rostro del falso, del cruel, del que no quiere perder, es el rostro del diablo, del dolor y el fracaso en el amor, y eso, no puede ser.
En su próxima ilusión buscaría… Caminar juntos de la mano... Debemos caminar juntos de la mano. Lo podemos lograr, pero juntos, con una misma idea que nos una, no nos separemos, no miremos falsos ejemplos, seamos verdaderos. Miremos al cielo y avancemos hacia el rumbo bueno. Cogeré mis gatos y me iré al pasado, a la playa de Macuto, al mercado de Quinta Crespo, a la calle Ño Pastor a Misericordia Residencias Parque Carabobo, en ese lugar viví. Al Nuevo Circo, donde trabajaba mi padre, a mi colegio de La Castellana de Caracas, al terreno de El Limoncito en donde queríamos construir una casa, a Maripérez para ver la Hermandad Gallega de Caracas. Yo viajo sin ventajas, sin amores, pero con pasado y ese... es un pesado equipaje.
A los cincuenta años Amalia… se ha enamorado de nuevo y ya es toda una mujer, adulta. Le ha pasado de nuevo, ¿será la última vez?, o será otra vez de tantas, yo no lo sé. Pero es... una señora en apuros que lo está pasando mal, no sabe si su amor irá hacia delante o si no se moverá, si se burlarán de ella o la amarán por piedad. Mientras, va quedando en ella, el dolor, el sinsabor, el sufrimiento, la incertidumbre y también, el llanto.
No obstante sabe que Manuel, ese chico de treinta años… “Piensa en mi, sé que me desea incluso siendo el camino difícil para ambos, nos separan los años, las costumbres, el tener o no hijos, el dinero, en fin, se quedará mirando y nada más podrá hacer que llenarse los ojos de mi imagen de mujer que no conoció bien el amor pero a la que le agrada que la observe él. Puede que nunca seamos uno del otro, más que en esos instantes en que nos intercambiamos la mirada”.
Se decía en silencio: sé que le amo, sé que congeniamos, que nos atraemos, "el tren está pasando". Si él quiere no diré no, no sé quienes son sus padres, no conozco su religión, ¿perder tiempo en preguntarle?, pues vean, creo que no. El tren pasa por mi puerta y voy a subirme en el, puede que no venga otro por esta amable mujer, cansada de esperar. Si él quiere no diré no, y luego de acompañarle sabré lo que piensa de mi, sus planes, o si me dirá adiós. Eso también lo sabré.
Pero sobre Manuel, también se preguntaba, ¿sabrá cómo conquistar a una dama?... Una dama no puede ser robada, ni despreciada, jamás. Su memoria es de elefante, no habrá perdón. No, no, no. Necesita dulces palabras, cenas románticas, fidelidad y ternura... Si se desea su mano, un anillo de diamantes, no valen piedras baratas, debe ser de las más caras, y si no tienes dinero, pide o roba para ella, "porque a una dama, hay que saber tratarla". Hay que darle todo lo que se merece en la vida, para que sus ojos se posen en los tuyos, para siempre. Y así sabrás, que lo has hecho bien, que la has sabido conquistar.
Manuel… no quiero decir el motivo, pero es algo especial, en este barco en que ando a algún puerto debo llegar y en los hombres debo confiar. Tengo deseos de verte, ver como amanece juntos, si es que Dios nos ha destinado para lo bueno y lo malo, tengo deseos de besarte y que ese beso sea el comienzo de la primavera, donde no habrá luna nueva pues sanos vamos a estar juntos contra cualquier terremoto, contra el viento y la marea. Ese día llegará.
Amalia y Manuel llegaron a ser novios, nada más, pues el era demasiado dominante.
Ella lo contó una vez, pues a Amalia a medida que iba siendo mayor, le iba gustando más y más escribir. Así describió el carácter de Manuel… Mi amado me impide seguir escribiendo, es mucho el castigo que estoy padeciendo, mirando sus ojos, jamás serán míos, mi amado me ama, mi amado me quiere, pero teme que en Internet encuentre a otro, no sabe que no hay otro más que él.
Pero es posesivo y eso me hace daño, soy paloma libre pero no engaño, le sería fiel, sería su amada, pero llevo mal el vivir castigada. Mi amado me ama, lo siento en la piel pero también siento no estaré con él, y eso me duele, pero Dios decide que siga otros rumbos marcados por él. Por eso le observo con gran sufrimiento, por eso dejo de escribir para que sepa que le quiero, por eso mil lágrimas inundan mi cara, no deseo que llegue el día de mañana, no sufras mi amado por tu amada, que Dios manda en mí y yo no decido, por algo será que no quiere que siga contigo.
A los sesenta años y dando una mirada al pasado, Amalia no sabe si es buena o mala, pero sigue sin sentirse culpable… ¿Por qué será?...
Yo no sé lo que soy... Soy las dos cosas, buena y mala, quiero ser aire y no puedo. Quiero ser viento y te espero para rozarte en las mejillas, pero sé que posiblemente no llegarás.
Es grande el dolor que tengo por quienes sé que no debo. Créeme: esperando una nueva ilusión me quedo medio desmayada en este viejo sofá rojo que compré con veinte años. El timbre que no suena, las horas que no pasan, mi ansiedad, que aumenta. El miedo a fracasar de nuevo, obra tanto en mí, que si todo sale mal, buscaré a quien poder culpar de nuevo: al sol, a los árboles, al aire o a mi falta de fe. 
A los setenta está verdaderamente deprimida…
Triste soledad me aflora, me llena la piel de granos, triste soledad que me deja vacía, sin piedad, a todas horas, triste soledad en casa, los amigos que ya no están, ¿habrán estado algún día?, triste soledad que me sienta como un relámpago en la espalda, como una espada en el pecho... clavada.
Triste es mi soledad, y es normal, pues no es de felices, el estar solos, por eso es mi soledad tan triste. Nada puedo hacer por ella, más que sentirla, rechazarla, para que al final, también llegue a abrazarla, pues... es lo único que tengo.
Amalia Nouche, que cogió gusto por escribir lo que le pasaba, decidió en su vejez, ya casi con ochenta añitos, tomar la pistola blanca y entregarse por completo a ser escritora… Esa pistola no provocaba heridas, pero transformaba almas. Esa pistola era magia.
Amalia se enteró de que la poseía un poeta y gastaba todas sus balas, nadie sabe si esa historia fue realidad o fantasía, un invento que contaban las vecinas de allá arriba cansadas de la rutina. Aquellos, a los que ha apuntado, la defienden y la protegen pues ahora no son villanos, sino duendes muy valientes. ¿Quién podrá tenerla ahora?, ¿qué poeta la esconderá?, si alguno sabe en donde está que por favor, me lo cuente que yo prometo no hablar, quiero saber si esa historia es un invento o es verdad.
Pues yo si sé quien la tiene, la tiene Amalia Nouche Duval… Las balas son lo que escribe, ha dejado de matar, aunque vive en soledad, con su pluma y su papel, que son su pistola blanca… De las otras, no quiere saber nada.
Soy la dama, que coge la pluma y escribe lo que le pasa en su cuerpo, ya no joven y como tal... que a nadie le importa conservar, que nadie quiere ver ya más. Todos quieren desplazarla y, ¿por qué?, si ella no es más... que la dama de la pluma que ha envejecido escribiendo los nombres de aquellos hombres que riéndose de sus sentimientos la han convertido: "en la dama de la pluma".
Hoy Amalia Nouche quiere escribir:
"Que hoy le duele la cabeza por estar lejos de ti", sí, de ti. Tú que eres su esperanza de hacer grupo para un cambio: "Que todos unidos busquemos el triunfo del amor, la tolerancia, la fe". La tan necesaria fe...
La dama cogió la pluma, y una pluma en manos de una dama, puede cambiar el mundo.

LA CIUDAD CELESTE. ANTOLOGÍA HOMENAJE A VALENTE.


Visitar la casa de Valente es uno de los mayores placeres que puede encontrar un poeta que viva en Almería. Dejarse aromar por los recuerdos que la imaginación redime en las estancias no se puede describir. La luz de Almería, lo dijo el poeta hasta la saciedad, lo atrapó, y no de forma transitoria, sino hasta su muerte. También el desierto, y yo añadiría el silencio que, curiosamente, casi no aparece en su obra pero está en él, en la casa y el Cabo. A esa luz se ha referido el poeta en multitud de ocasiones, como en esta: «No sabríamos decir cuánto debemos ya a esa luz, que puede ser alta y terrible como un dios o declinar como animal de fuego hacia el crepúsculo, arrastrando con ella todo el cielo hacia la línea donde no acaba ciertamente el mar». En el prólogo del libro, escrito por Ismael Diadé, hallamos el calor de la palabra también, la iluminada voz, el verbo preciso, el reconocimiento a la obra de Valente, a su vida y a su muerte: «Con el tiempo, la muerte acaba poniendo a cada uno en su sitio. 
Ciudad Celeste
Ni esa muerte, último inconveniente de haber nacido, ni el nacer común a todos bajo el sol hacen una notoria diferencia entre los hombres. La diferencia les viene del camino entre el nacimiento y la muerte. En ese caminar entre la cuna y la tumba, Almería fue un hito decisivo, casi el último que Valente vivió. Almería es su ciudad celeste de tenue y nítida luz. Aquí, José Ángel Valente encontró en sus últimos años el jardín de sus delicias y la claridad que precisaba. Aquí, dio con su lugar 4respondiento a la vocación íntima del desierto que llama y llena a sus allegados entre el silencio y la nada anidada entre sus versos y su diálogo con Ibn al-Arif, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, y todos aquellos místicos que vivieron entre la materia y la memoria iluminada, el abismal sentir de lo divino». “Ciudad celeste” no es sino el resultado de una antigua deuda de Almería y sus poetas con Valente; una antología con el canto de 45 poetas: 

Faun Ataya, Julio Béjar, Alfonso Berlanga, Antonio Bocero, Aureliano Cañadas, Antonio Carbonell, Concha Castro, Juan José Ceba, Pepe Criado, José María de Benito, Guillermo de Jorge, Alonso de Molina, Julio Alfredo Egea, Virginia Fernández Collado, Aníbal García, Antonio García Vargas, Juan José Guerrero, Germán Guirado, Perfecto Herrera, Toño Jérez, Rafael Jiménez, María Ángeles Lonardi, José Luis López Bretones, Carmen López, Estefanía Martín, José Luis Martínez Clares, Estefanía Montero, Domingo Nicolás, Juan Pardo Vidal, Álvaro Perals, Emilio Picón, Raúl Quinto, Pilar Quirosa-Cheyrouze, Diego Reche, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Ana María Romero Yebra, Andrés Rubia, José Antonio Sáez, Francisca Sánchez, José Antonio Santano, Mario Sanz, Pedro Soler, José Tuvilla, Francisco Vargas y Graciela Zárate. 


Ciudad Celeste. Antología homenaje a Valente.
La palabra poética para quien tanto hizo por ella, para quien se desnudó ante sí y el mundo, en una suerte de mística ineludible para el lector que desee conocer una de las páginas de la poesía universal más destacadas del siglo XX y comienzos del XXI: la poesía de José Ángel Valente. En esta tierra almeriense, en este sur tan olvidadizo, y del que dijo el poeta: «El sur como una larga / lenta demolición.», la luz de la palabra vuelve para ascender a la negrura de la noche y adentrarse en su silencio y soledad –que tanto frecuentó Valente- y luego de escuchar sus sonidos, sentir el escalofrío de la poesía, de la palabra. Por ser una empresa imposible citar fragmentos de todos los poetas contenidos en este libro, haré referencia sólo a los más representativos respecto a la obra de Valente y aun a pesar del riesgo que pudiera derivar de esta circunstancia. Ya en las primeras páginas hallamos “Poema en azul”, de Alfonso Berlanga, que alude a ese color tan cercano al Valente mediterráneo: «Si alborada de azul tiñera tu ventana, / encendido carbón en azul tus sentidos, / tu almohada de azul, / azul tu sueño, / cuánto de azul sintieras / si el azul te dejara… te dejara». Frente a la veteranía de un poeta, la juventud de otro, Juan Pardo Vidal, en la palabra trascendida, que se adentra en la nada, a la que tantas veces acudiera también Valente: «Amo el cántaro, tiene la suprema / realidad de la forma, hueco inánime, / bello y servil el cántaro y el canto, / se desmorona el aire desde el aire, / que disuelve la piedra en polvo al fin… ». “Ciudad celeste” respira por cada poro de sus páginas a través de los poetas participantes, pues muchas son las voces y muchos los registros, y en todos, la luz de la poesía en el recuerdo al gran poeta José Ángel Valente.

Título: Ciudad celeste
Autor: AA.VV




Edita: Instituto de Estudios Almerienses (Almería, 2016) www.iealmeriense.es
Coordinada por Francisco Vargas Fernández, Virginia Fernández Collado y Perfecto Herrera Ramos. 
Prólogo de Ismael Diadié Haidara
Fotografía de portada: Fernando Barrionuevo
Fotografías del interior: Rodrigo Valero González
ISBN: 978-84-8108-617-1
Dep.: Legal: AL-1240-2016
Maquetación: Susana G. Almenzar. Servicio Técnico del IEA.