6 ene. 2000

Luces de Bohemia.


Luces de Bohemia

La obra terminó su representación en la plaza del pueblo, sobre las once de la noche, con muchísimo público aplaudiendo a rabiar a los actores por el entorno conseguido de una obra siempre difícil, trágico drama no siempre fácil de representar; aún puedo sentir ese dolor de estómago consecuencia de ese argumento tan visceral, sentía nauseas. Nos fuimos al hotel con la idea de cenar algo muy ligero y descansar bastante para estar fresquitos para la mañana siguiente, a las siete de la madrugada salía nuestro tren, no podíamos demorarnos mucho. Al terminar de cenar cada uno se fue a su habitación.

Estábamos en un hotel muy acogedor y hermoso con vistas a un mar bravío donde los árboles casi llegaban a la misma orilla de la playa. No podía dormir; la emoción había sido intensa y necesitaba un poco de charla sobre el tema, un drama de Valle Inclán "Luces de Bohemia" llevado a la actualidad de forma tan convincente que aún me estaba zumbando en el cerebro. Subí a la habitación de los actores, tal vez estuvieran despiertos pensé, necesito comentarles la temática de la tragedia y su desarrollo para comprender mejor todo el argumento.

Toqué a la puerta, pero nadie respondió. Giré el picaporte, la puerta cedió abriéndose. Entré con cierta timidez, admiraba a los actores y me entusiasmó la idea de curiosear todo sin ser vista. Se oían voces en el pasillo, de puro instinto me escondí detrás de las cortinas. Qué osadía, pensé, esto se parece a una mala película en blanco y negro, al final me descubren. Venían contentos, riendo sin cesar, besándose, tocándose, amándose... se desnudaron sobre la alfombra con tanta ansiedad y pasión que no pude evitar excitarme.. Era conmovedor, súper excitante ver como se deseaban.

En un acto reflejo empecé a tocarme el pecho, a acariciarme una y otra vez, quería compartir lo que estaba viendo y no sabía exactamente cómo.. mis dedos bajaron hacia mi clítoris, bastante excitado, deseoso de ser lamido como estaba viendo, acariciado, mordido... deseo de ser penetrada con fuerza y en cierto modo rabia, lo necesitaba. Quise salir de allí, apenas tenía espacio para moverme y las cortinas me podían delatar.

Todo parecía un sueño fantástico, desarrollado en un entorno de aromas embriagadores, luces acogedoras y música ambiental con mucho ritmo. Una mano me descubrió sin apenas darme tiempo a reaccionar, yo que me sentía tan segura, fuí delatada por mi propia respiración. José, que así se llamaba el que hacía de actor principal, riéndose de mi apuro me invitó a pasar a la sala. Las bragas las tenía sobre las rodillas. El pelo suelto me caía sobre una cara que sentía ardiendo de vergüenza, tal que no me podía ni mover. Me tomó en brazos, poniéndome sobre la alfombra, al lado de Celia, una chica tan guapa que parecía pulida con el mejor mármol de Macael por un maestro como Miguel Angel, un pecho muy hermoso, cintura pequeña y piernas larguísimas. Tenía la piel muy blanca y suave. Sentí deseos de tocarla.

No me preguntaron si quería participar o no, simplemente José me empezó a desnudar, con prisas, las mismas que un momento antes tenía con Celia, esto me puso a mil por hora, no podía reaccionar, y sí empecé a participar, quería que me tomara. Celia le ayudaba con los botones de la blusa y él ya estaba enfrascado en mi boca húmeda, mis labios, el anillo que separa mi clítoris de mi culo.. me tomaba una y otra vez. Al tiempo, Celia no perdía tiempo y una vez me quitó la camisa y el sujetador me empezó a besar los pezones, dolidos hacía rato de lo excitados que los tenía, se estaba restregando sobre mi cintura, mi pecho mientras un jugo viscoso me untaba mi piel ansiosa. Grité de placer. Ya no sabía que mano estaba dónde dentro de mi cuerpo, por todas partes me quemaba la vida, el deseo. Celia me preguntó algo que no entendí, casi a la vez José me estuvo penetrando una y otra vez mientras ella me sujetaba las manos detrás de mi cabeza acariciándome una y otra vez mis axilas, cuello, pecho. Estaba a punto de gritar cuando sentí los labios de Celia en los míos.

Me rogaba le mordiera el clítoris, muy pronunciado, fuertemente excitado, rodeado de unos labios morados de tanto placer. Le metí primero dos dedos a ver si podía lograr excitarla tanto como yo estaba para después, de forma ansiosa tomar entre mis dientes sus labios dándole pequeños mordiscos a todo alrededor, las ingles, el pubis, en su ombligo metí mi lengua y luego vuelta a empezar de abajo a arriba, siempre dando tiempo a que se excitara tanto que me pidiera más a la vez que no dejaba que mi mano saliera a tomar el aire la quería entera dentro. Me la estaba sujetando con fuerza para que llevara un ritmo ahora más frenético, con más fuerza y girara en pequeños círculos tocando las paredes de su vagina totalmente lubricada. Mi temor a hacerla daño sólo me permitía meter dos dedos, a lo sumo tres, pero ella pedía que la penetrara con fuerza. A todo esto, José me transportaba a otro mundos, haciendo cada vez más difícil la concentración en lo que Celia necesitaba.

Así estuvimos mucho rato, dándonos mucho placer hasta que José pidió correrse dentro de Celia a lo que ella accedió gustosa, lujuriosa, poniéndose de cuclillas para que su miembro la llenara toda, teniéndome a mi debajo no dejando de morderme una y otra vez los pechos que una vez los juntaba, otras los abrazaba entre sus manos, todo dependía de las embestidas que le propiciaba José que logró cerrar el ciclo felizmente para los tres. Fuera se oía la música empalagosa que amenizaba la fiesta eterna en los alrededores de la piscina, pero nosotros, relajados en la alfombra, no podíamos movernos.

Quería preguntaros no se qué sobre el argumento de la obra, para eso vine, pero ya no me acuerdo. Ja, ja, ja, los tres a la vez. Nos dimos un beso en la boca y nos despedimos hasta el año siguiente, que a buen seguro sería una obra excelente y una buena noche de placer y ensueño. Buen viaje amigos. Buenas noches Lola.

autor: Nicolás Ximénez 06/01/2000