lunes, marzo 11, 2002

La Caleta.

       El corcho rebotó en le techo, en una explosión de espuma. La observé tras los ventanales; parecía divisar el mar y su estruendo, la vi dibujarse con un vestido de gasa, un vestido agitado por una pequeña brisa nocturna; en un instante recordé la llegada a la Caleta, la sentí apoyada en mi hombro; el calor de su rostro traspasaba mi ropa, mientras yo observaba cómo el mar me saludó a través de los árboles. El bus nos dejó a unos 500 metros de la playa. ¿Cuántas veces me había recibido la Caleta de igual forma? ¿Cuántas veces observé esas casas que me parecían maquetas desvencijadas amarradas a  los cerros? ¿Cuántas veces, una iglesia pequeña y hermosa, me hizo la venia de bienvenida, cómo diciéndome: 'No puedes dejarme, esta es tu magia'?  Cuándo salí al balcón, la encontré ensimismada y el mar me impactó con su sonido profundo. Miré al cielo y cirrus de nubes algodonadas, eran pintadas en diferentes matices por la argentada luna. El mar es el espejo del universo y en el se bañaba la luna entre una resaca sempiterna.  Sentí el calor de su cuerpo al enlazarla en un abrazo particularmente dulce y cariñoso. Ella tembló cuando sintió mi cuerpo detrás, mis manos acariciaban su vientre, sobre el vestido y sentí sus glúteos endurecidos en mi sexo abultado y anhelante. Besé su cuello, y le recité a sus oídos un te amo verdadero y cariñoso. '¡Qué hermosa está la noche, amor', me dijo en un  suspiro trémulo. Guardamos silencio, dejamos que la conversación de ese abrazo maravilloso, nos transportase a innumerables sensaciones y deseos, dejamos que nuestros cuerpos se reconocieran a través de nuestras ropas, que nuestros suspiros se enamoraran en la ternura de ese nocturnal de mar y gaviotas dormidas.  A través de los cristales del Roty Shop, vimos algunos anacrónicos hipíes mostrando artesanía. Los botes de la Caleta, descansaban en bostezo de redes húmedas. Algunos pescadores pululaban en la arena, en cotilleos de una pesca abundante, mientras observé sus ojos; eran grandes, oscuros y dulces, tenía una mirada cautivadora y mágica. Terminé de llenar con Fanta su copa de cerveza, mientras la mesera traía unas empanadas de camarones. Observé como sus ojos se encendían ante la delicia del queso derretido en su boca, del placer de comer esos camarones junto al queso y sus labios húmedos me parecieron excitantes y ofrecidos. Sentí un secreto deseo, el deseo de tener su lengua saboreando en mi boca, cerré mis ojos por un instante...  Un estruendo de oleaje apuró nuestros deseos. Mis manos se deslizaron bajo el vestido; por primera vez sentí la suavidad de sus piernas, una poesía táctil me embargó. La noche se llevó un secreto quejido de sus hermosos labios. Se dio vuelta y sus ojos nocturnos e iluminados me observaron. Mis dedos se enredaron en sus cabellos y la besé suave y dulce, con pequeños  mordiscos, acariciando sus encías con mi lengua, besando su labio inferior cómo el superior; dándole a beber de mi lengua o succionando la suya. Mis manos palparon sus senos y sentí la dureza de sus pezones, estaban deliciosamente erectos, en actitud de entrega, como si estuviesen ofrecidos para beber la leche de su esencia perpetua. Volví a deslizar mis manos bajo el vestido suave de gasa y mis manos se deslizaron por sus piernas hasta su  pantaleta interior, se la bajé un poco para palpar sus glúteos duros y suaves. El murmullo de su respiración se entrecortó en mis oídos mientras sus labios besaban los lóbulos de mis orejas, me estremecí al sentir sus caderas ígneas y mi mano recorrió su pubis, entre los bellos pubianos sentí su hendidura húmeda y mi dedo anular se introdujo en su vagina y mientras la besaba con pasión y fuerza mi dedo empezó a jugar con su punto G. La sentí  como una carnosidad de nervios y el oleaje de su deseo creció en intensidad.  Sentí una delicada mano en mi enorme pene, primero por sobre mi short, para luego sentir como el botón se liberaba y su mano lo tomaba caliente y grueso.  Un sendero agreste nos llevó a la playa secreta. 'Es hermosa', me dijo con sus ojos extasiados y comenzamos a descender por unos escalones desvencijados, socavados al cerro. Entre la vegetación aparecía una arena blanca y hermosa. Era la playa de mis sueños, era la playa de la magia y el amor, era la playa que un día tuvo Federico Clode, un magnate millonario y  bohemio, que junto a sus criados negros y bien formados hizo numerosas orgías y libaciones. La playa de los artistas y de los invertidos. Antes, ella había observado la casa del hippy Peters, un belga que se vino a vivir a la Caleta de los ensueños. La Caleta del mago y de la iglesia de los milagros, en donde la Virgen lloró en su estatua lágrimas de sangre.


Entramos a la habitación en un baile de amor y deseo. Ante mi camisa abierta, mi pecho velludo y tostado era azotado por la resaca de sus besos. No supe como su vestido de deshojó y cayó sobre la alfombra, junto a su brazier. Sus pechos estaban erguidos y sus pezones se ofrecían como dos higos maduros. Su desnudez se me hizo hermosa y candente. Con sus piernas desnudas, ella acariciaba mi sexo; ella trataba de introducir en su sexo mi pene con el anhelo de una diosa; tomé la champaña y rodamos por la alfombra peluda y fina. Comenzó el ritual, un ritual mágico de champaña y lamidos, en cada seno cayó una gota y con mi lengua recogía su contenido en sus pezones, en el nacimiento de sus senos, en su estómago, en u vientre; luego en sus muslos, la champaña corría y yo apuraba con mi lengua el no desperdicio. Los lamí con dulzura, su rodilla o detrás de ellas, fui dibujando sus pantorrillas, besé el talón de cada pie, sus dedos, los puse en mis labios, los chupé, lamí la juntura de sus dedos, uno por uno; los introducía en mi boca o los dibujaba con mi lengua, cada poro fue acariciado, cada oleje de ternura concluía con una caricia de mis labios, hasta volver a su sexo, hasta beber champaña en sus labios vaginales, hasta reconocer cada pliegue de su íntima esencia; mi lengua se introducía en su interior o palpaba su clítorix, erecto como un pequeño pene que se arrastraba en mis papilas gustativas.


La arena era suave y diferente a la que había en la Caleta, era una playa privada y hermosa, nos bañamos en el mar con ropa como unos locos quinceañeros, en cada momento veíamos nuestros cuerpos dibujarse a través de la ropa mojada. Las gaviotas entonaron diferentes cantos, diferentes melodías de noches y sueños pasados, por un instante creí reconocer que la había tenido siempre, en muchas vidas, en muchos sucesos impredecibles, que en noches eternas había agonizado en sus brazos o en amaneceres, juntos habíamos destruido cada óbice, cada estigma que nos pudiera separar o desunir. Fue la rememoración de cada suceso ancestral, un vagar por siglos y espacios distintos...


Sentí la dulzura de su espalda y con besos lengua y mordisco recorrí su espina dorsal, mientras mi pene se retorcía en sus nalgas hermosas. Ella ahora lo buscaba, lo tomaba entre sus manos, sentía sus venas, su textura delicada y suprema y comenzó a lamerlo, a enredar su lengua en el prepucio, comenzó a sentir la suavidad del glande en sus labios, a besarlo y darle pequeños mordiscos de placer, a tratar de introducirlo hasta su garganta como esperando mi leche vital. En instantes lo rodeaba y lo lamía como a un tallo de carne y deseo y bajó con sus besos hasta la raíz y sintió los testículos en su boca, los lamió, los besó, palpó con su lengua la textura, el nacimiento del pene, el surco perianal, entre el pene y el ano; el deseo creció sempiterno e ígneo, como un surtidor de anhelos reprimidos e inconclusos, como si el éxtasis fuese la consumación y la espera del alma; comencé a besarla mientras nuestros cuerpos se juntaron, se amoldaron y mi pene rozó sus labios vaginales y sintió la humedad tibia y ofrecida; la penetración fue suave y lenta, como si mi pene supiera besar y lamer; con mis manos tomé sus glúteos y mi dedo penetró en su ano, mientras la cadencia de cada movimiento hacía surgir nuevas sensaciones y deseos, vi su rostro encendido, vi sus ojos cerrar y abrir a cada deseo, vi su lengua lamer sus labios, escuché cada quejido como una música venida desde el universo. Ella estaba en su cuarto, las perfumadas sábanas cubrían su cuerpo desnudo; no sabía cuando había despertado el deseo por primera vez, pero nunca había estado con un hombre, y ahora deseaba su príncipe azul; sus senos se habían desarrollado, la infancia quedaba atrás y esa noche de primavera, acostada en su desnudez, anheló aquel que la hiciese mujer; se sentía atractiva y una mano recorrió sus senos, por vez primera sintió sus pezones erectos. Los acarició y sintió surgir un secreto placer, recorrió su cuerpo, sintió los bellos pubianos en sus manos, la hendidura casta, virgen y de esa hendidura  nacía un efluvio de humedad; comenzó a acariciarse lentamente al canto de cada sensación nueva. Hundió su dedo en su vagina casta y esta reaccionó apretándolo en pausadas contracciones; podía sentir su respiración entrecortada, podía sentir la erección de su clítoris, mientras su cuerpo se retorcía en deseos no satisfechos, en deseos inexplorados. Una mano jugaba con sus senos la otra con su clítoris, para luego chupar sus jugos íntimos y  con saliva continuar el ritual de la primera vez...  Tomé mi pene con mis manos y comencé a girarlo en su interior, comencé a hacer sentir su intimidad en todos los sitios internos. Puse sus piernas en mis hombros y mi pene llegó hasta tocar su útero, toda su vagina era estrecha no pudo más, gritaba de placer y deseo, el orgasmo le vino violento y en espasmos y mientras continuaba con mis movimientos ella se retorcía, su vagina se contraía en espasmos. Todo continuó, la subí arriba mío, en una  cabalgata increíble, mi glande golpeaba su punto G y le sobrevino un segundo espasmo, una cresta de orgasmos inacabables, por sus mejillas corrían lágrimas de deseo y placer. Fue entonces cuando me pidió besarlo, me pidió besar mi pene, se desmontó y lo tomó entre sus manos y comenzó a besarlo, a introducirlo y sacarlo de su boca, de lamerlo mientras mis deseos aumentaban con locura, continuó desesperada en su ritual de deseo y pene en su boca, un espasmo que me nació desde el cóccix, me recorrió entero y la leche se derramó en su boca, en su lengua, en la comisura de sus labios; bajó por su garganta, por su interior y llegó hasta su vientre, hasta las entrañas de su niñez, hasta el recuerdo espasmoso de su primera masturbación, hasta las entrañas e su primer orgasmo.


  LA CALETA. RICARDO ARRATIA.
para la sección erótica de lavozdelacometa.org, 11 de marzo de 2002


Periquillo el de los palotes.

PERIQUILLO EL DE LOS PALOTES Y HOMBRE DE BIEN
A los güenos días queríos paisanos andaluces: Hoy traigo el saco lleno dista la boca, pero no pueo vaciarlo der tó porque la anchura es poca, aunque sí dejaré caer una parte, y en los domingos que vienen iré dejando más dista que le saco se quee arrugao y seco como la panza una vieja. Aunque en primer término hay que dicir, ¡viva Andalucía!, con el ánimo de que viva por siempre, y porque su día ya está mu cerca.



Hacía mucho tiempo que no pasaba de noche por el Paseo de Almería, porque la verdá, como estanmos cuasi como moro sin rey, pos dá dista miero pasar por él. Pos a cá istante te salen los pediores de dinero, que unos con perros y otros con garrapatas, el caso es que no te dejan ni andar. pero no hay que apurarse; "esto va bién". Pero la otra nochesí pasé y me queé sorpendío al ver dos chorros de luces, - uno en cá acera, - en forma de tubo y que se levantan cuasi dle mesmo suelo, al alcance de cualquier loco violento.



Por otro lao me dí cuenta, que siendo Almería la tierra del mármol y otras clases de piedras como puede ser el olivillo, las aceras del Paseo son de granito oscuro, restanto luz a nuestro ambiente. Y si son los remates de als esquinas, pá que sus voy a contar; paecen navajas barberas los filos que tienen; más de uno ya los a catao, desgraciadamente. Pero hablando de las luces, al pronto me creí que eran guardias dirijiendo el tráfico. Pero no; son las luces de alumbrao público que ahora tienen el Paseo de Almería, obra de cualquier político "genial", de los munchos que tenemos.

serranía
 11 de marzo de 2002

Hundimiento de la escuela de Ohanes.

El Expediente de 1734 Sobre la escuela de Ohanes (Alpuxarras) El expediente que a continuación se transcribe, firmado por el cronista oficial de la villa de Ohanes de las Alpuxarras Joseph Sancho el 15 de diciembre de 1740.

(1) Documento Señor Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras:


Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pues está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho. En fin señor alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su muy seguro servidor. Dios guarde a Vd .muchos años. Señor maestro de primeras letras de la localidad de Ohanes (firmado y rubricado)

 
(2) Documento. Señor maestro de las primeras letras de la villa de Ohanes de las Alpuxarras:


Recibido con gran extrañeza, el oficio que ha tenido a bien dirigirme y apresuro a contestar. Es cosa rara que los agentes de mi autoridad no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, puesto que según me informa el tío Sarmiento no hará sesenta años que se puso, y no creo una vez dadas esas explicaciones que no tenía por que paso a decirle que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe. En cuanto a lo de los papeles que se le mojan y el reuma que se le avecina, puede muy bien guardárselos a aquellos en el cajón o en casa y esta yendo a la escuela con una manta. No obstante lo que antecede, enviaré uno de estos días a alguno de mis subordinados que mire lo que hay de esto. Y ojo que se engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo. Dios guarde a V. muchos años. Ohanes 28 de noviembre de 1734. El alcalde Bartolomé Zancajo. (firmado y rubricado).

 (3) Documento. Sr. Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras Partido de Uxixar.

Reino de Granada: Tengo el honor de acusar recibo de su atento oficio de ayer donde tiene a bien de poner en duda el estado de la viga. Desde mi oficio anterior, Sr. Alcalde, hace unos ocho meses, pasaron las lluvias de invierno, y yo siempre mirando la viga con la inquietud consiguiente. ¿Caerá o no caerá? Y así un día y otro, como si en vez de una viga fuera una margarita. Si V. no cree lo que le estoy diciendo, puede mandar dos personas peritas, o venir V. mismo dando un paseito, si no le cuesta mucha molestia, que yo no le engaño, más que darle una idea del estado de mi clase, me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella. Y de lo del sueldo, no creo que se atreva V. a tocar mis quinientos reales, porque ya sabe V. lo que dice el refrán: "Al cajón ni...", en fin Sr. Alcalde, Dios del guarde muchos años los efectos de la viga. Ohanes de las Alpuxarras a 29 de noviembre de 1734. El maestro Menón Garrido (firmado y rubricado)

 

(4) Documento. Señor maestro de primeras letras de la villa de Ohanes de las Alpuxarras:


Acuso recibo de un oficio de 29 de noviembre del pasado año, me parece excesiva tanta machonería en el asunto de la viga. Sepa el señor maestro, que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace.¿Qué importan a estas gentes ni a nadie dónde está Marte ni las vueltas que da la Luna, ni que cuatro por seis son veintisiete, ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas? Para coger un mancage basta y sobra con tener fuerzas para ello. No obstante, como soy amante de la cultura y no quiero que digan que he ablao al maestro y no le trato como se debe, nombraré una comisión que informe sobre el asunto de la viga y si resulta que usted me ha engañado sa caído. Dios guarde a V. Muchos años. Ohanes de las Alpuxarras a 15 de octubre de 1735. El Alcalde Bartolomé Zancajo. (firmado y rubricado).

 

(5) Documento Informe


Antonio Fuentes Barranco y Juan Gonzalez García, maestros albañiles graduados de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, informan que: Personados en el sitio denominado u llamado, dicho sea con perdón, la escuela de este lugar, a las 12 de la mañana del día 15 de mayo del 1736 acompañados por el señor escribano de este Ayuntamiento, y mandados por el señor alcalde, opinamos, pensamos y creemos que la viga ocupa el centro de la clase, aula o sala, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se ha movido, sólo se ha bajao cosa de diez o doce deos, amenasando solo caer, pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que coja dentro. Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, tiene que crujir antes de pegar el golpetazo, dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho. Por lo cual firmamos y no sellamos por no tener sello. En Ohanes a la fecha arriba indicada. Antonio Fuentes (firmado y rubricado) Juan González (firmado y rubricado)

 

(6) Documento Don Celedonio González García de García González.


Escribano de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, reino de Granada. Digo, declaro y doy fe, de cuanto en esta información del maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr. Alcalde, o sea el segundo, está partida en el techo de su clase. Mi información imparcial, desapasionada y verídica, como corresponde a mi profesión es el siguiente. Si la viga cae y amenaza peligro, es que puede ocurrir: a) que mate al maestro, en cuyo caso esta corporación se ahorrará los quinientos reales que le paga. b) que matase a los niños y no al maestro, en cuyo caso sobraba el maestro. c) que matase a los niños y al maestro, en cuyo caso sobraba ocurriendo en este caso, como suele decirse que mataban dos pájaros de un tiro. d)que no matase a nadie, en cuyo supuesto no hay porque alargarse. Examinados en derecho las causas y efectos que anteceden emito informe, honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia. En Ohanes de las Alpuxarras a 15 de Mayo de 1736 Celedonio Gónzalez García. (firmado y rubricado)



Nota: Este es el famoso expediente, pero buscando en el Archivo Municipal de Ohanes hemos encontrado otro interesante legajo, del cual transcribimos textualmente el siguiente documento, con el cual se aclara todo este asunto de la dichosa viga. Yo, don Joseph Sancho Mengibar, cronista oficial de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo. El día catorce de octubre del año de Nuestro Señor Jesucristo, mil setecientos cuarenta, siendo alcalde de esta villa don Bartolomé Zancajo y González Zancajo, y siendo las doce de su mañana, se hundió el techo del salón de la escuela de esta localidad pereciendo en el siniestro el señor maestro de primeras letras Don Menón Garrido Martín y los catorces niños que en aquellos momentos daban su clase. Después de laboriosos trabajos fueron extraídos de los escombros los cadáveres de las víctimas y trasladados al deposito del Cementerio Municipal, acompañados del pueblo en masa, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que a todos más o menos les alcanzaba, dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura. Abierto el oportuno expediente, se ha podido comprobar que por parte de la autoridad competente se tomaban todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del sagrado recinto; y como pruebas concluyentes se presentó expediente incoado al defecto, que dos peritos albañiles y el ilustre escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local, en fecha muy próxima al suceso, ya que los informes datan del quince de mayo de 1736; quedando plenamente demostrado que únicamente un accidente fortuito fue el responsable del hundimiento. Ohanes de las Alpuxarras a 15 de diciembre de 1740 Joseph Sancho (firmado y rubricado).-

 
Articulo enviado el 11/03/2002 para la revista por DARRAX.

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LEOPOLDO PEÑA DEL BOSQUE
MANUEL LOZANO
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