8 mar. 2004

Pasión mediterránea. Juan Manuel Ferrer



PASIÓN MEDITERRÁNEA

Recuerdo que las manecillas del reloj marcaban las 12 en punto de la mañana de uno de esos calurosos días de julio, tan típico por aquellos lares. Un día soleado, con un calor abrasador, cerca de 38 º. Las gotas de sudor producidas por los implacables rayos de sol se deslizaban lentamente por mi rostro. Pero aquel día me sentía el hombre más afortunado de la Tierra. Me encontraba junto a una hermosa mujer de curvas impactantes, sensuales, una hembra poderosa, muy atractiva, irresistible. Empecé a recorrer su cuerpo lentamente con la mirada. Cabello liso castaño claro, ojos del mismo color y boquita caramelo de fresa, de labios gruesos.
Estábamos tumbados sobre dos toallas en la arena de una cala virgen, casi inexplorada, salvaje, del Cabo de Gata, en la costa de Almería. Ella y yo solos, sin nadie que nos molestara, que pudiera perturbar la erótica magia de esos momentos. Nadja, mujer misteriosa y carismática, de bello y delicado perfil etrusco, mostraba sus senos al sol, para que se broncearan convenientemente. Yo los admiraba con deleite, observándolos complacido. Pechos suaves, redondos, perfectos, firmes, de pezones turgentes. Sus muslos jóvenes, duros y prietos. “¡Es una magdalenita dulce y apetitosa!”, pensé. De repente, como si hubiera podido leerme el pensamiento y adivinado lo que en esos momentos bullía en mi cabeza, comenzó a mirarme y a esbozar una sonrisa cómplice. Al principio me sentí un poco avergonzado. Pero luego me lancé y le guiñé un ojo, pudiendo comprobar para mi dicha que era correspondido en el gesto. Nadja llevaba puesto un sugerente tanga color blanco lo suficientemente transparente como para que al emerger su cuerpo de las cristalinas y cálidas aguas mediterráneas, cual bella sirenita en todo su esplendor, se le transparentara su sexo, su dulce conejito rasurado. “¡Es todo un espectáculo observar a esta mujer!. Soy muy afortunado de tenerla a mi lado”, pensé nuevamente.
Eran ya cerca de las 12.30 horas. El calor apretaba sin piedad. De repente, Nadja se incorporó y comenzó a beber agua de Vichy de una botellita q tenía a su lado. Unas gotitas del frío líquido cayeron sobre sus senos, mojándolos. Seguidamente cogió un bote de crema y me pidió, sonriendo, q le echara un poco sobre su espalda. Mmmm, “¡que bien!. Es mi oportunidad, tengo q aprovecharla”.
Me acerqué a ella un tanto nervioso. Cogí el bote de crema. Ella se volvió sobre sí misma y se tumbó de espaldas a mi, sobre sus magníficos senos. Yo me coloqué encima suya, a la altura de sus caderas. Me eché torpemente un poco de crema en las manos y comencé a masajearle los hombros. Suavemente, con cariño y delicadeza. Quería q se relajara, q viviese y disfrutase el momento. Mis dedos recorrían su espalda con movimientos armoniosos y sutiles, suaves y precisos. Nadja soltaba de vez en cuando alguna que otra risita cómplice y placentera así como algún suspiro de relax. Era maravilloso contemplar su suave y bronceado cuerpo y aún lo era más acariciarlo.
Yo continué masajeándole la espalda. Pero me estaba poniendo cada vez más excitado. Me encontraba arrodillado sobre su trasero. Mis partes encima de sus prietas y respingonas nalgas. “¡Mmmm, no sé si aguantaré mucho en esta postura sin empalmarme!”. Imposible, cuando pensé aquello ya era demasiado tarde y estaba totalmente empalmado; la tenía muy, muy dura.
Nadja, como era lógico, notó algo. Inclinó un poco hacia atrás la cabeza y me miró sonriendo.”¿Estás cachondo cariño?” me preguntó. Yo le dije que mucho, pues naturalmente era inútil disimular mi erección. Ella cogió la muñeca de mi mano derecha y, con un sutil gesto, hizo un ademán para que dejara de echarle crema. Yo me levanté y ella se incorporó. Frente a frente, Nadja y Alexis. Nos miramos a los ojos. En ellos se podía vislumbrar el deseo, las ganas de yacer, de disfrutar, de gozar del sexo. Mmmm, sí. Los dos cuerpos eran un auténtico volcán a punto de estallar.
Nadja se inclinó y me dió un beso en la boca. Yo ya no podía soportarlo más. La agarré por la cintura fuertemente y comencé a besarla con fruición y lujuria. Apreté su poderoso culo con mis 2 manos, mmm, q bueno. Al unísono, le mordía el cuello, lamía sus senos, mordisqueaba sus duros pezones cual cachorro salvaje. Ella gemía de gusto. Me agarró la espalda y empezó a mordisquearme el cuello y a meter su lengua en mis orejas. Su mano comenzó a bajar lentamente y se metió en mi bañador acariciando mi pene, q a esas alturas del partido ya estaba bien erecto, tocó mis huevos y los apretó mientras nos besábamos profundamente.¡Oh, qué bien,!. Parecía que el tiempo, la historia, se hubiera parado para los dos en ese preciso momento y no nos importaba nada en absoluto los ojos morbosos de quien nos pudiera estar observando. Eramos presa perfecta de ávidos voyeurs. Pero nos daba igual. Para nosotros no existía nadie más en aquellos instantes, el mundo era nuestro, de Nadja y Alexis. Parecía como si hubiéramos vuelto al paraíso.
La pasión se desbordó. Yo me quité mi bañador, pero le pedí a ella q no se quitara su tanga, me excitaba mucho. La cogí de la mano y nos dirigimos hacia unas rocas que había cerca de donde estábamos tumbados y para llegar a las cuales tuvimos que meternos en las cálidas y límpidas aguas del Mediterráneo. Nadie nos observaba. Allí Nadja sacó un pie del agua y lo subió hasta apoyarlo sobre el filo de una roca mientras con la otra mantenía el equilibrio en la arena de la orilla. Ella estaba totalmente abierta dándome la espalda. Yo comencé a lamer su conejito bien rasurado, mmm, ¡qué rico!. De vez en cuando algunas gotas de agua salpicaban nuestros cuerpos. ¡Era una sensación increíblemente placentera!. Nadja empezó a gemir de placer, empezó a gozar. Yo seguía comiendo su coñito, suave y lindo, mientras le daba palmaditas en sus muslos. Ella se mordía los labios y cerraba los ojos. Estaba en pleno éxtasis. Carpe diem. Estaba disfrutando y eso me encantaba y me excitaba muchísimo. Mi verga estaba pétrea. Así q ya no pude más, aparté un poco el tanguita y la penetré, introduciendo mi miembro en su lindo conejito y comenzamos a follar. Ella lo agradeció con una sonrisa y un casi imperceptible gritito de placer.
¡Mmmm, qué bueno, qué gozada!. La penetro con fruición y deseo, sus nalgas chocan con mis muslos y el roce con su suave piel me excita, me vuelve loco. Es el goce del roce, el placer de la carne. ¡¡NADJA ES INCREÍBLE, UNA DIVA DEL SEXO!!.
Decidimos cambiar de posición. Pero antes ella quiere chupármela. Así que se mete mi miembro en su dulce boquita y empieza a comérmelo con ansia, como si estuviera hambrienta. Me la chupa sin descanso.¡¡Ooh, qué placer!!, ¡esta mujer es maravillosa!, ¡qué hembra!. A la vez que me la chupa me agarra las pelotas, con lo cual la sensación de gusto y disfrute aumenta.¡¡Uuffff!!.¡Es única, es la mejor!.¡Cómo la chupa!.
Le pido que pare. Quiero q me haga una cubana. Introduzco mi polla entre sus senos y empieza la acción. Ella me mira y sonríe; yo le devuelvo la sonrisa junto con un beso y un guiño. ¡¡ERES MARAVILLOSA NADJA!!, grito en voz alta.
Dejamos la cubana y la cojo por las axilas, la levanto mientras yo me siento sobre la roca. Ella se sienta de espaldas a mí sobre mi verga. Y empieza a cabalgar, con su cabello al viento. Yo le agarro fuertemente sus senos, los pellizco y les pego palmaditas. Le muerdo el cuello. Ella no para de trotar y gemir de placer. El aire nos abofetea el rostro y follamos sintiéndonos libres, en plena naturaleza, sin nadie a nuestro alrededor, Mientras, las olas golpean violentamente contra las rocas y suaves gotitas de agua salpican nuestros jóvenes y calurosos cuerpos.
Nadja se da la vuelta y vuelve a sentarse encima de mi miembro, mirándome fijamente a los ojos. En su mirada se adivinan sentimientos de lujuria y lascivia, de vicio sin límites.¡FÓLLAME CARIÑO Y NO PARES!, me ordena. Yo, como si fuera su fiel esclavo, su lacayo, le prometo q no pararé hasta q ella me lo diga, reventaré si es necesario con tal de satisfacerla.
Mi pene está ya muy duro, como una piedra a punto de estallar. Yo suspiro de placer y ella grita como una potrilla desbocada, gozando como nunca lo ha hecho mientras cabalga sobre mi polla y se corre una y otra vez.
Yo ya no puedo más y me corro, toda mi leche es para ella, para mi señora. ¡¡HA SIDO EL MEJOR POLVO DE MI VIDA, QUÉ CORRIDA!!. Ella me la empieza a chupar una vez más, ¡qué gusto!.
Después de que nuestros cuerpos se hayan fundido en uno solo y que nuestro amor se haya manifestado en todo su esplendor, nos bañamos desnudos en el agua y disfrutamos de ese bello marco natural incomparable, de esa recóndita y perdida cala del Cabo de Gata de Almería, paraíso de dioses.
SPARTACUS