jueves, 7 de octubre de 2004

En el gimnasio. Nicolás Ximénez

EN EL GIMNASIO.- autor: Nicolás Ximénez

¡Brgggrrrrrr!. ¡Que frío!. Subiré al gimnasio. Las escaleras que llevaban a la planta alta estaban un poco resbaladizas por la lluvia caída un poco antes. La gente se amontonaba en los rincones cubiertos por la bóveda de mármol de las escaleras, fumándose un cigarrillo, sintiendo pasar las horas, y el claxon de  los coches que circulaban por la gran avenida de Pablo Picasso. Al entrar me saludan con amabilidad y sin decir nada ya me están ofreciendo una silla al lado del gerente. Me conocen de otras veces y saben que lo estoy esperando. En esta ciudad es difícil que llueva. Los más antiguos del lugar dicen que no recuerdan un día como el de hoy, demasiada lluvia, demasiado viento. Ese viento que un día viene dirección levante y otras poniente. Viento.
No han pasado diez minutos de charla cuando me gritan que pase hacia el fondo, a las duchas. Paco está terminando y quiere que vea un nuevo Cd-Rom que se ha comprado llamado el Messiah. Es un impaciente, pienso, qué más dará esperar un poco más, aquí fuera no se está tan mal y nos estamos riendo mucho con los nuevos chistes de niños pijos que van al club o cómo no, los machistas de siempre... son inevitables.

Porqué el miedo a la realidad que me ahoga,
dolor que no me deja respirar,
dolor que me aprieta...
la sensación de recorrer siempre el mismo camino y nunca llegar,
sentir el vértigo a lo desconocido,
no creer en nada, y nada puede ser un todo
que me sigue haciendo gritar....
dudas...

Me decido por fin. Las duchas se encuentra al fondo de este cruce de luces y sombras, olores diversos y cuerpos sudorosos. Son los espejos que sirven de cobijo al ritmo desenfrenado de la lucha diaria. Dicen que están pensados para vencer la vergüenza de los gimnastas que se tendrán que presentar a los concursos de "mister" y "miss musculitos"... no acabo de verlo claro, la verdad. Los chavales, desde muy jóvenes empiezan a tomar, con el fin de aumentar su agresividad, productos derivados de la hormona masculina testosterona: los esteroides anabolizantes. Vivimos en un mundo en el que se cultiva lo superficial, es decir, la imagen. Así, una hora de rayos UVA, aún sabiendo que produce tipos agudos de cáncer de piel, o una musculatura que hace estallar las costuras de la camisa, son indicios bajo los que se juzga, tan precipitada como superficialmente, que quien los ostenta es un individuo rebosante de fuerza y salud. Nada tan cuestionable: los anabolizantes esteroides androgénicos tienen efectos tan perniciosos que han provocado en el culturismo un alto número de muertes súbitas. ¿Es tan importante que los músculos estén inmensamente desarrollados? Si el dictamen de la moda lo ordena así, debido a la ansia de acumular y ser el que más, las secuelas podrían no justificar estos terribles motivos de orgullo. Quizá el inconveniente más inmediato sea que, al reducir la intensidad del entrenamiento, o al interrumpirlo por completo, el alto porcentaje de fibras musculares de acción rápida aumenta la capacidad de almacenar la grasa. En un artículo periodístico, Sport, 30-09-93, podía leerse: "Practicantes de culturismo declararon ayer ante el juez que la comercialización ilegal de anabolizantes para deportistas por parte de una red organizada es una práctica habitual en gimnasios de Barcelona, según informaron fuentes judiciales".
"¿Por qué un rey conversa con un pastor?  - Preguntó el muchacho, avergonzado y admiradísimo. (Paulo Coelho)"... Al verles así, me acordé de esta frase y pensé: ¡por que son muy bellos!. Siento cierto rubor de cómo me miran y no dejo de mirarlos a ellos a su vez. Están acostumbrados, por otras veces, a verme hablar con el portero o con las chicas que esperan a su vez a sus maridos, amigos, .... Corro unas cortinas enormes de color verde oliva. Perdón. - digo- pensé que ya habías terminado. Pasa Lola, no te quedes ahí. Cierra la cortina que hace corriente. Siento cierto pudor desconocido. ¿Me ayudas?.  Seguí aquella voz que me pedía lo enjabonara. Una piel suave, sin un pelo (decían que los ciclistas se afeitaban todo el vello para evitar los roces con las ropas y no se cuantas cosas más). Cada muslo estaba marcado, cada vena señalaba días y días de mucho entrenamiento, de sacrificio, y allí estaba yo, recreando mi tiempo, mi vista, mis manos, pasándole suavemente la esponja yupy's por todo su cuerpo sin poder retirar ni un momento la vista. No quería hacer otra cosa.
Suavemente le empapaba de espuma aromática y al llegar al pubis le comenté que tenía un pelo muy suave como el de las mujeres; ¡anda ya!.. me dijo.. muchas que has tocado tú ¿eh?. Me sonrojé, ¿entonces yo qué soy?. Risas. Seguí pasando mi mano por sus nalgas, prietas, sonrosadas, un culo en forma de melocotón con una piel tan suave como la seda y sin señales o marcas de granos. Perfecto. Se giró,  me tomó la cabeza entre sus manos acercándome a su calor, su fuerza y virilidad estaban al descubierto. Me pertenecía.

Dudas...
Con mi sombra siempre de lado, caminando
con-juntando, riendo y callando.
Son tan débiles las sombras en forma de interrogación que me están
desafinando
las dudas .... de ser.

¡Tómame! ¿Aquí? – Puede entrar alguien. Lo tenía cerca de la comisura de mis labios, mi boca entreabierta lo besaba... con cierta timidez, no sabía si le podía hacer daño o no. Me dijo, como leyéndome el pensamiento, sigue así, vas muy bien, sigue, sigue, y seguía gimiendo tan fuerte que temí que los demás nos oyeran desde fuera. No te preocupes comentó. Nadie entrará. Los grifos eran dorados, el agua caía azul celeste y en el techo del cuarto de las duchas había pintados unos ángeles que te miraban con ojos curiosos, sin censuras. Un canto al amor puro en un gimnasio. Abrazada a su cintura, sujetaba su jadeo, su hermoso cuerpo. Descansamos un rato hablando de pequeños detalles del día. Se metió de nuevo en el plato de ducha y dejó caer una espuma blanca sobre su cabeza cubierta con un largo y muy cuidado cabello color caoba, ojos vivos, aire de no haber roto un plato nunca. Inocencia. Pensé que la gracia de sentirse en el paraíso debía empezar con una visión como ésta. El amante duchándose con voluptuosidad cubierto con ángeles que miran sin verte.. ¡que belleza!. Al cabo de una media hora, al pasar por el espejo que había enfrente de la puerta de las duchas le comenté: ¡mi alma se despereza!.
Adiós Lola, a ver cuando te apuntas con nosotros a unas clases. Adiós Manu, se despedía de nosotros, Antonio el gerente, hasta mañana.  

¿por qué ese dolor que me ahoga?
¿por qué no puedo gozar sobre el camino más movedizo que las arenas?

Es libertad

Cada vez que me siento yo.....
Cada vez que me llega mi humanidad
Cada vez que oigo ese rumor del viento que trae ese aroma tan especial
siento cercanías
Porque siempre pedimos más
y  nunca nos dejamos en paz
.....
Aproximadamente cuando corre la bilis
dejamos de correr la pus mientras se derrota al tiempo
"Que se vaya ya ese aroma que no quiere empadronarse
y el sentir que acongoja los dolores que atrapan mis gritos"

ya basta... miento...

07/10/2004

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