5 may. 2011

ANTONIO OREJUDO en Literaturas.com entrevistado por Maribel Cerezuela

Pasan los días y, a veces, siento un vacío inmenso si no me leo, al menos, un libro al mes. Tocar el papel. Pasar páginas. Ver su formato, tipografía.. color.. olor ¿Será el olor a papel? Mirar lo que he escrito: “leer” ¿Cómo hago para insistir en “leer en papel” a diferencia de “leer en pantalla de ordenador”? En absoluto estoy en contra de las nuevas tecnologías. Sería una contradicción, yo que soy una viciosa de juegos on line, pero leer en papel sigue siendo un placer que no me quitará la ciberciencia por mucho que avance cada día.


Hablando de libros, lo último que me he leído ha sido “Un momento de descanso” de Antonio Orejudo. Como muchos seguidores de su obra ya estábamos deseando leerle de nuevo. La Colección andanzas de Tusquets nos ofrece el placer de una obra estructurada en 241 páginas que se leen en un día festivo, o en tres si quieres rumiar e investigar nombres propios de los que narra anécdotas o lugares geográficos para visitar si nos toca la lotería. Risas. Se lo dedicas a Helena



Maribel Cerezuela: ¿Quién eres Helena con H? No pones para mi esposa o mis hijos, el mundo o una dedicatoria con frase sentenciada por un autor que murió hace años cubierto por la fama... sólo a Helena. Es curiosidad.


Antonio Orejudo: Helena es mi mujer.


Después de la dedicatoria


1.- Aparece un fantasma desde la página 11

2.- Cómo me hice escritor desde la página 97 y por último

3.- La felicidad del hombre descansado desde la página 147



M.C.- En la primera parte- Aparece un fantasma- me peleo con la palabra escrita con tanto “Digo”, “Dice”, que a sabiendas que es Antonio Orejudo sigo leyendo cuestionándome qué habría hecho el profesor Orejudo en una clase o taller literario si un alumno osara semejante proeza..., ¿Qué habrías dicho?



A.O.- Me habría parecido un hallazgo y hubiera negociado con él para que me vendiera la idea


M.C.- Todo texto, no hay ni una foto de la portada de la universidad donde impartía clases Cifuentes ¿Será porque era un fantasma? Por cierto, lo de Ci- Fuentes, es en honor a Di Fuentes? Sería simpático y a destacar ese guiño geográfico. ¿Lo es?


A.O.- No. Cifuentes es un apellido que me parece que tiene una cierta comicidad implícita, nada estridente.


M.C.- Otro detalle para situarnos en la escena de las Américas, “Cuando llegaba a casa la temperatura no superaba los 62 º Fahrenheit... unos 17ºC, con un 70 por ciento de humedad “.



A.O.- Me entretuve en buscar la equivalencia.


M.C.- Llegamos a la segunda parte -En como me hice escritor- Hay fotografías en la Pág.109. Aquí pensé que la habías puesto porque te añoras con pelo largo, cuando todo se ve posible, y creemos que podremos cambiar las cosas que tenemos cercanas. Pág. 116, la más inquietante porque a la gente nos gusta el morbo a rabiar. Eso de que sea verdad y encima de la "alegre doña Ximena" es de lo más perverso...


A.O.- Suelo decir que esa parte es lo único real de todo el texto ;)


M.C.- Seguimos leyendo y "La felicidad del hombre descansado" vuelves a la carga con dos frases que resumen todo el libro... ¿Cuándo fue consciente de lo que estaba sucediendo? y ¿No le parece que ha pasado demasiado tiempo para mantener tan vivo ese odio?, con una fotografía en la Pág. 156, donde se puede leer "Una norma permite licenciarse sin aprobar la última asignatura..."... (¿fue esta noticia la causa que provocó el libro? nunca lo sabré.. Más fotografías en la Págs. 167, 168, 169, 170 y 231.


A.O.- No, esa noticia no provocó la escritura del libro. Cosas como esas suceden todos los días en la universidad.

M.C.- Seguiría poniendo frases que me han llamado la atención, como ¿Quién soy yo para rechazar la mediocridad? - En este tramo da la sensación, una vez más, de que te estás azotando la espalda hasta sangrar... esa imagen que tenemos de los curas que describe Martín Vigil en “Cierto olor ha podrido”, donde la sangre no llega al río, pero casi....



A.O.- No soy nada masoquista. El personaje solo se llama como yo. Pero no estoy seguro de que sea yo.


 Queremos saber mucho más del autor, - aunque ya han hablado y escrito muchísimo-, así que pregunto:

M.C.- ¿Estás dolido por los estragos que consideras está haciendo o hará en un futuro próximo el famoso "Plan Bolonia"?

A.O.- Sí, creo que el Plan Bolonia convierte la universidad en un centro al servicio de las empresas, y abandona los saberes que no son rentables a corto plazo.


M.C.- Cada país tiene una manera de ser.... como dirían los chinos, somos árbol, o animal o cosa... y esto también va por los comportamientos respuesta de las universidades y sus clientes los estudiantes.... ¿tiene remedio nuestra particular idiosincrasia de ver la vida?

A.O.-La universidad sólo cambiará si hay una gran crisis social. No estoy seguro que de desearlo.


M.C.- Siempre hemos dicho que el que viajaba era más progre, más intelectual, más snob, más de todo... con respecto a los que se quedaban en su ciudad natal, estudiaban para profesor de EGB y se jubilaban a los 65 con depresión... ¿Sigue siendo importante que las nuevas generaciones de estudiantes vayan a otros países?

A.O.-Creo que salir de tu casa es muy saludable, porque te permite ver las cosas con perspectiva, apreciar en su justa medida lo que tienes y ser consciente de lo que te falta.


M.C.- ¿Cómo se sobrelleva la decepción? ¿Crees que la literatura se hace eco de la desidia del pensamiento humano?

A.O.-La decepción con la vida tiene muchas respuestas: respuestas   farmacológicas, lucha armada o cinismo. Incluso la escritura puede ayudar a sobrellevarla.


M.C.- ¿La crisis económica ha llegado a comerse nuestras neuronas?

A.O.-Esas que Eduardo Punset en su libro “Excusas para no pensar” dice que no desaparecen. No, la crisis económica ha sido utilizada para llevar a cabo una contrarreforma del estado del bienestar, que se ha llevado por delante en pocos meses conquistas que habían costado lustros.

M.C.- ¿Qué fue de aquél profesor que se juntaba con sus alumnos en un bar

y nos hablaba del mundo y cómo mejorarlo?

A.O.-Nunca he tenido un profesor semejante. Lo único que querían arreglar mis profesores era su apartamento.

M.C.- Hablas de un suicidio... ¿es un guiño a un profesor de Historia como

fue Agustín Díaz de Toledo o hay alguien más?

A.O.-No conocí a Agustín Díaz de Toledo. No es una referencia velada a nadie. Es simplemente un personaje.

M.C.- ¿La humanidad se está suicidando un poco cada día?

A.O.-No sé si tanto, pero no parece en efecto que vayamos por buen camino.

M.C.- El sistema educativo que pasa por tutores, directores, decanos,

rectores, ¿crees que debería cambiar?

A.O.-De arriba abajo. Empezando por los parvulitos, siguiendo por la primaria, por el bachillerato y terminando por la universidad.


M.C.- Hablas de humor, pero no eres cómico ni humorista. En literatura como en el cine, ¿es obligatorio poner escenas de sexo para que la gente no se aburra?

A.O.-No, el sexo no es obligatorio. Mi lucha contra el aburrimiento es a base de ritmo narrativo.

M.C.- Chinchar al otro, ponerle la zancadilla, la envidia progresiva, ¿Es patrimonio de los hispano hablantes? o quizás una “actividad” monopolio de la humanidad... ¿Qué opinas?

A.O.-Aquí la envidia es un vicio muy extendido, pero la he visto en otros países. Me parece más hispánica la resistencia a reconocer el talento del vecino.

M.C.- Ser Catedrático de una Universidad, ¿sigue siendo el objetivo máximo de un futuro profesor?

 A.O.- En muchos casos sí.

M.C.- Hace tiempo leía en el periódico “Público” a Rafael Reig hablar de la “necesidad” o “el placer” de “trabajar de persona objeto” por la economía de la subsistencia... En tu libro también hablas de distintos trabajos esporádicos por “necesidad económica” ¿Tan mal está la vida de estudiante en Norteamérica?

A.O.-No pasábamos hambre, pero no nadábamos en la abundancia. Había que hacer trabajitos para poder tomarse alguna cerveza, sí.

M.C.- Después de leerte me fui a Google para informarme de la enfermedad o la falta de psicomotricidad, destreza manual... ¿Es obligación de los profesores que están en contacto diario con nuestros hijos estar atentos a esa falta de “destreza manual”? Si les hacemos participes de esa responsabilidad... ¿no sería darle al profesor un carácter más profesional que el que tiene hoy en día?

A.O.-En efecto, creo que a los profesores, sobre todo en el instituto, se les sobrecarga con obligaciones, que a veces solo tocan tangencialmente su profesión

 Maribel Cerezuela (05/05/2011) Para literaturas.com