27 ago. 2008

El olor de la ausencia. Juan José Guerrero (Pliyo Senpai)


http://www.shorinjikempo.or.jp/wsko/b.../360.html


Un blogs en continúo movimiento y una sorpresa para mi ... ¿orgullo? puede ser, .. pero me hace cantidad de ilusión que una búsqueda de fotografías de pliyo senpai me transporte a estas páginas de  radiolibre-op.blogsport.com  del año 2009, y a la de shorinjikempo.or.jp.


http://radiolibre-op.blogspot.com/2009/03/relatos-1101-1200.html

Relato 1127 . 195 palabras
JUAN JOSÉ GUERRERO CEREZUELA
ALMERÍA - ESPAÑA
EL OLOR DE LA AUSENCIA.
Veo sus ojos y siento que se están apagando, que ya no puedo hacer nada por él. Es tan tarde que hace meses desde que no me conoce, tanto que cada día me siento más cansado y más viejo, pero aunque pierda el sueño no puedo dejarlo, pues en sus palabras encontré el cariño del padre que nunca tuve y es que él me ha enseñado tantas cosas que cada lugar está bañado de su espíritu y ahora, por primera vez, siento que ha dejado de verme. Me mira, pero ni imagina mi afecto. Su degeneración pronto le hará olvidar cómo se mastica, pues de hecho, él mismo hace ya mucho que ha olvidado su nombre. Diego siempre será mi abuelo, y ahora, cuanto más lejos lo siento, más cerca llevo su cariño y sus historias, todas sus anécdotas y sus fotos que ya forman parte de mí. Hoy vuelvo a repetirle que lo llevo conmigo, que él seguirá vivo en mi recuerdo y aunque ya no puede escuchar, volveré también mañana para susurrarle lo de siempre: “Te quiero Diego y nunca dejaré de hacerlo. El mundo entero agradece que tu hayas pasado por él.”


Relato 1128 . 193 palabras
JUAN JOSÉ GUERRERO CEREZUELA
ALMERÍA - ESPAÑA
ASPIRAR A MÁS.
Los recuerdos siempre han sido el pilar de mi historia, el cable que me conecta con todo lo que me rodea, el fuego que bien aprovechado me da fuerzas para continuar en los momentos más crudos, el matiz que hace de los lugares algo mágico y especial. Sin ellos, no tendría el placer de usar adjetivos como "Inolvidable". Pero a su vez, como el fuego en su forma más salvaje, pueden consumirme hasta el más profundo de mis infiernos particulares, allí donde sólo recibo mis propios latigazos, imparables.

Por mi parte, he sacado las maletas decidido a arriesgarme, rodeado de un cosquilleo que me hace sentir indestructible, de unas ganas de comerme el mundo a pedazos, he vuelto a la estación de tren desde la que empezó la gran aventura de mi vida, y ahora, con mi pluma y un cuaderno en blanco en el bolsillo, tan sólo aspiro a dos cosas: Hacer todo lo posible porque esta sensación siga creciendo, e impedir por todos los medios que me olvide de ella. Pues sólo con su recuerdo encuentro el por qué de mi existencia, y sólo entonces, me siento más vivo que nunca.