jueves, 14 de febrero de 2013

Grandes Catástrofes. Maribel Cerezuela


El tema que hoy me ha llamado la atención, y me atrevo a señalar, es lo que llamo "nunca estoy del todo conforme", o lo que es lo mismo, "lo que Google me da..., Google me quita".

Así dicho parece algo, pero no llega la sangre al río. Google se inventó, no hace mucho, la posibilidad real de insertar en un espacio que está en el universo de la red, todos los libros que tienes en tu biblioteca, los leídos, los favoritos, los que están siendo leídos o los que tienes encima de la mesita de noche y que jamás ven la página final.. pero que son como el adorno necesario de recuerdo de tus promesas diarias.

El caso es que en este espacio, con la opción de insertar ISSN o ISBN, Google te deja escribir y compartir aquellos libros de los que quieres que todo el mundo se entere que has leído, disfrutado, llorado, sufrido o reído sin parar.

Pero, como no todo es perfecto, me llama la atención con cierto regusto de impotencia, que no me deje escribir, o no deje insertar aquellos libros que, anteriores en el tiempo, no llevan más que un Depósito Legal de la ciudad donde fueron impresos y punto pelota. No hay forma ni espacio para dar cabida a los libros que no existen en la red de los últimos cuarenta años, y algunos ni eso si no se han reeditado convenientemente con el ISBN.

Algunos simplemente son revistas que pocos tienen, pero que tuvieron su alta como tales por la editorial que los editó; otros son libros del año 63, o del 73 que ni buscándolos en la red aparecen o están en librerías especializadas para reventa. Que por cierto, esto si que ha sido un buen descubrimiento. Un día de estos, en vez de soltar libros por ahí para que los cojan y me los dejen aparcados en la papelera más cercana, lo mismo me lío la manta a la cabeza y los vendo. Aunque sea a dos euros por libro, y sin contar los cientos que he dado a asociaciones sin ánimo de lucro o a Centro Betel, o dejado por la calle, o a Bancos que decían recogerlos para entregarlos a los niños de África, el caso es que más de tres mil euros me sacaba... Seguro, y sin contar con los libros de ajedrez o revistas varias.

Insisto. Google tiene que darle un repaso a la aplicación de "MI BIBLIOTECA", en la sección LIBROS, y dejarme escribir, anotar o hablar de los libros que tengo en casa.
  
A todo esto, del libro que quería hablar es de una reliquia, de 192 páginas, de la editorial FERMA, 1963, traducido por J. TOMEO, que lleva por título "Grandes Catástrofes" del autor JOHN D. ALDWIN, que, como decía, no me deja insertar en "mi biblioteca" porque no existe en la red, salvo en ventas de segunda mano y sin portada.

Le hago una fotografía a la portada y lo inserto en esta llamada de atención. No es que sea el no va más de la literatura, pero si tiene más de estudio periodístico que de relato, o de realismo novelado.

El autor divide el libro en veinte capítulos que van desde El caos y el orden al cap. V, "El terremoto de Lisboa", pasando por el cap. XIII sobre "Hundimiento del Titánic" que se lee del tirón en una tarde como ésta, de viento, frío y sin ganas de salir a la calle. Mejor aquí, con la estufa puesta, la mesa con sus enaguas de invierno calentita y mañana será otro día.

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