25 mar. 2013

Carlos Contreras Elvira (Parte I)

diariovoz. Taller de literatura: Carlos Contreras Elvira. Burgos 1980

Sobre la vida de este escritor, poeta, dramaturgo y articulista español en lengua castellana.,  está casi todo escrito en Wikipedia.org , en concreto en la página http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Contreras_Elvira,
pero cito sus premios por cierta vanidad, satisfacción, al releer su participación en Almería y llevarse merecidamente en el 2006, el  Primer Premio en el V Certamen Internacional de Poesía Joven "Martín García Ramos", por su libro Bildungsroman.

     No menciona que a través de la asociación cultural "La magia de las artes. Tu voz en Internet", publicó en la revistas on line:  "myck", "lavozdelacometa.org";  en papel en las revistas:  "Nueva Literatura Almería" y "Transparencias".

      Como quiera que sólo el papel queda como parte de la historia, voy a insertar aquí los poemas que he encontrado. Reconozco que para un estudio bibliográfico no están muy completas.  No puedo acordarme qué motivó el que no se pusieran fechas, sólo los números de cada revista, en concreto la que tengo es la número 12 de la Revista Transparencias,

 Depósito Legal: AL-285/2004
ISSN: 1699-3322 y 1699-3772 para publicaciones en Internet.


Atardecer frente a la bahía de Nápoles, Pompei Thermis.

"Envueltos por la noche, no con la oscuridad de una noche sin luna o nublada, 
sino con la de un cuarto cerrado y sin luces (...) (Plinio el Joven, Cartas a Tácito, VI, 6, 16, 79 DC)


Se rasgaron las bujías de la sombra, se adentraron los cuatralbos en la sombra,  
bosque de fuego, de estrellas, de acordeones, la sombra ahogó bocas y gemas.  
Sombra de sensatez ceñida en tormenta tras el letargo canso del invierno,  
tras la profunda inhalación del invierno, tras el torbellino de lunas del invierno  
con ánades de plata helada, con atalayas ardidas y pilastras extinguidas  
con el fuste rodeado de trepadoras, torpes, mientras tú en aquel carruaje enlodado  
en los márgenes del río por las chalanas, por las voces de luz  
y la lluvia y los cirios atrapados entre cristales y los timones y los bufidos,  
esa faz invernal de plata ennegrecida que ya no reconocería jamás, si amor, jamás,  
me habría quedado allí contemplando tus ojos vacíos una vida,  
al otro lado de la ventanilla del carruaje con un deseo de jilgueros en el rostro,  
con un acopio de corzos en los parpados, con una patria de leones en los labios,  
y con el hálito de niebla de los abetos y con los dientes tronchados de los abetos  
y con las tapias cárdenas que cuelgan remotas en el cielo,  
(sobre lápidas y flores ajadas, del orégano y los cántaros balsámicos, de ladridos helados y alas resecas) de los abetos ahogándose en tus parpados.  
   
Se rasgaron las bujías de la sombra, se adentraron los cuatralbos en la sombra,  
se oxidaron las tachuelas del olvido, concurrió un huerto (el cielo) por mi memoria,  
berreaba aquel chiquillo en el trayecto colmado de esculturas de santos con musgo entre las uñas, con una paloma de nieve nadando en música de Vivaldi, agitando noche,  
con el pico descascarillado contra el mármol y el cuello desvaído.  
 
Y ahora aquí postrado en esta grada prieta, sin más hoguera que la de mi pecho  
de cuando cruzabas azuzada hacia el bosque y la sombra y los vergeles.  
 
Aquí, sin que me sientas, si hubieras estado aquí, si hubieras visto:  
   
-Sujetaron los puños de los Dragones con grilletes, atravesaron sus belfos con ajorcas,  
no sé quien colmó de balas todo el caño del manantial que brotaba de sus lenguas  
 y el vino de la copa de barro, el vino de la copa encendida, el vino de aquel barro estriado igual que áspides rojas, igual que reptiles, lo envenenaron todo y allá yace  
igual que las siembras del invierno, atropellado igual que pájaros,  
repleto de cadenas y de luces fallecidas, lleno de luz y sombras frías.-  
   
De la hoguera, de sus lenguas de ópalo partías hacia la sombra de antes desconociendo que todo había terminado, muy alumbrada, podría ser, con el pelo desabrochado,  
con el aliento descompasado y temerosa, tan abatida, los cánticos te conmovían,  
si suspirabas la arena del sendero te sentía, venía un viento limpio si suspirabas,  
se despertaban los candiles, sólo era de estaño el mundo, el firmamento crepitaba  
si suspirabas. Podría ser que un violín silbara en tus muslos,  
que las malezas se llenaban de tela ensangrentada, lloviznaban zarzas,  
si suspirabas...  
    
Y ahora estallan sombras en la caverna, verás una falúa naufragando en cada luna  
verás unos ojos en cada luna, inútilmente escucharás sentada en el borde del acantilado,  
nunca habrá voces allí, pasearás por el atrio de la abadía,  
averiguarás el rostro de Atenea, los lobos contemplarán la escarcha al alba,  
verás un mosaico de colores con coágulos de nitro en el mausoleo,  
sin paredes, del convento, el tornado extirpará los rosales del tejado, desnudándolo.  
   
Nunca habrá voces allí, nunca habrá voces allí  
y los cuervos me traerán cada día con un rostro diferente espinas de congoja  
en sus azadas de oro y sus frentes inundadas de esmalte y fiebre,  
dejando pisadas púrpuras, se llevarán las cartas que ese joven nunca envió.  
Nunca habrá voces allí y me iré sin que sigas siendo mía, que deleite.
 
Carlos Contreras Elvira, Cork, Irlanda,
30 de abril de 2003
 

  www   http://www.lavozdelacometa.org          Fecha   13/08/2005 00:36
Mensaje


2º Premio de Poesía en el Certamen Internacional de "la Lectora Impaciente"
De Las Voces de un Exilio

Monólogo de la sordomudez

¿Y qué me dice usted de las praderas del oeste americano,
allí donde la lengua escarlata es apuñalada por una pluma armada con tinta blanca,
entumecida desde su nacimiento en un frasco de formol mohoso?

Instantes, las manos invisibles de las nubes más lejanas,
barren con escobazos de aire el olvido de los árboles recién talados
para dejar a la vista del ojo, el lugar en el que yacen las pezuñas del cuatralbo muerto.

Camarada, en las prisiones indocumentadas
los tribunales de la lluvia son rigurosos:
Ni las pistolas imaginaron que el cielo de plomo, disgustado, iba a caerse;
Ni una pipa que sería cuarteada por un hacha de su misma estirpe;
Ni que dos hombres de la misma sangre ya no volverían a hablarse con la mirada.

-A todo esto, ?Usted qué piensa, siendo un cuerpo
clavado en el suelo, siendo quieto pero vivo?.-

!Esa tierra, esa tierra que citaba a los dioses de la tormenta,
y con ellos se reunía todos los días para fumar en los tabiques del cielo!.

Hablemos pues de esa otra tierra, más al norte,
-esa que sólo sabe del silencio por lo que oye al grito-,
la que sólo brota para recoger el albor cuando le abofetea un hocico;
Ésa que se desgarra a sí misma el alma con una cuchara de plata, cuyo sueno
es hacerse con la exclusiva del amanecer ahogándose en el hambre de un lago de carne.

-?Va usted a bajar ya del quinto piso?
!Ay que ver lo que tarda el señorito!
por favor, no de portazo, que va a despertar al niño
que por las noches ve a un fantasma en el bolsillo de su abrigo.-

?Entonces, usted qué sabe de esto, de la película que, corriendo ante sus mismos ojos,
broncea a una espalda que ya no puede tocar el arpa,
porque la espiral de su cuello no sabe adiestrar a la cabeza de un tornillo,
que mira atento el chillido de polvo de una mandolina
que se estrangula al intentar afinarse a si misma?
(Tenía seis nietos, dos abortos y cuatro hijas.)

Pero ?Y a usted, que más le da si un limón va buceando de puerto en puerto
derramando fuego por los gajos, porque una perla le agredió con su brillo
en el momento en el que intentaba colarse en la fiesta de su chalet submarino?
(Dos peces espada le denegaron el acceso por no llevar corbata,
usted y yo sabemos que, en realidad, no les gustaba el amarillo.)
-?Y qué si ,a la vez, caminaban sobre un alfiler las pestanas de un paraguas?.-

No sé porqué se lo explico, si usted nunca oirá su chillido,
menos aún, si son las cinco y cuarto de la mañana y usted ya se ha dormido.

!Oiga, oiga despierte!, que aquí hay una puerta que sale a una boca
!Entre, entre, corra!, que creo que aquí regalan lenguas para los mudos.

-He perdido a mi paloma en la amarilla.-
Yo le espero fuera, que a las puertas que me envían ya entré un día:
A las habitaciones donde se juegan al mus los políticos otras vidas;
A los cuartos oscuros donde la neblina escupe tres gatos negros
que hace que se derrita de miedo la fotografía de la ruina de una familia campesina;
A las alcobas donde se acurrucan temblorosas las grietas del mueble de un reloj
que se arranca el pelo a mordiscos en una esquina porque siempre señala las dos.

-He perdido a mi paloma en la puerta amarilla-
y mis zapatos deben andar buscándome por Florida
y el avión..., no tengo ganas de esperar a otro avión señorita,
si se ha retrasado que ande más deprisa,
-que a la muerte no le gustan los impuntuales-
y voy a llegar tarde porque no encuentro mi camisa.

Lo siento, yo ya me marcho;
pero le repito que yo no he sido el que ha descolgado ése andamio del cielo.
Índice de poemas que tenemos en la revista, hasta el momento, del autor


-De Las voces de un Exilio:

Monólogo de la sordomudez
Las ruinas de un imperio
A la Belleza

-De La Catarata de Lunas:

La llegada de la noche inevitable
La primera sombra
Precioso Invierno
Postdata
In memoriam
Mascarada espacial
Algunos avisos sobre ésta época
Portón antiguo
Paradigma del cansancio que a veces siento
Interrupción en el viaje
Iniciación al cántico castellano

-De Esferas en lo Níveo:

IV

-Otros Poemas:

Los cuerpos desnudos de ojos sordos