martes, 24 de marzo de 2015

13.-Méndez. José Antonio Méndez (54-57)

Pero más inquieto está Méndez. Debe ser porque lo he puesto en el suelo y ya se siente a un paso de la libertad. ¿Qué te pasa Méndez? ¿No te gusta la música? Si quieres la cambio. Si Méndez fuese un poco más elástico ya hubiese atravesado sus barrotes hace rato. Ya ves Méndez estas gordo, tienes que ponerte a dieta si quieres escapar. ja, ja, ja. Méndez corre en su rueda como si estuviese corriendo por su vida, como si estuviese compitiendo en algún torneo, corre como si llegara tarde al trabajo o al colegio. Lo bajé un rato de su mesa porque necesitaba el espacio, y desde entonces no ha parado. Y ahora que lo pienso tiene ya varios minutos sin detenerse, sospecho que sufrirá de un infarto en cualquier momento.

 El (o ella, la verdad no lo tengo muy claro) corre como si fuese caballo al galope, como si tuviera prisa por llegar a alguna parte, pobrecita. Luego se baja, husmea alrededor de su jaula como si fuera la primera vez que esta ahí, mordisquea un poco los barrotes y entonces se sube otra vez a la rueda. Al abandonar su rueda -esto me hace reír- actúa como si se bajara de una cápsula espacial o de una máquina del tiempo, tímidamente, una patita después de la otra, lentamente, precavidamente, examina la zona.

Como si esperase llegar a algún sitio en especial, o hallar la salida, la puerta mágica. Pero qué no entiendes rata bruta que estas dentro de una jaula y que por más vueltas que le des a la rueda nunca llegaras a ningún lado! A lo mejor estas loca, a lo mejor tu mente te hace ver cada vez un lugar diferente, a lo mejor esa es tu manera de escapar, de lidiar con la pena del encierro, después de todo las ratas no se suicidan. Las ratas tampoco se drogan, no tienen teléfono, ni televisor, ni libros, sus opciones para pasar el tiempo son muy limitadas, ¿qué más podrían hacer sino engañarse a sí mismas? ¿Y además qué debería de esperar yo?, ¿verla un día sentada en flor de loto haciendo zen o tai chi, meditando sobre su futuro, haciendo planchas, parada de cabeza, bailando break(!), o qué la voy a ver un día arreglando los trastos de su jaula, decorando un poquito su casa, una piedrita aquí, otra piedrecita allá, un poco más de aserrín aquí un poco más de aserrín allá, acomodando la comida en su plato, la caquita en una esquina? ¡Ni hablar pues!

Al ver su vehemencia y la manera en que sus ojitos parece que se le fueran a salir, y las venas de sus orejas que se hinchan y se ponen rojas del esfuerzo, se me ocurre que a lo mejor mientras corre sueña que se escapa de aquí, sueña que ha logrado salirse de su jaula que ya no tendrá que vivir encerrada jamás, luego que huye escapándose por alguna rendija de la puerta o por el resquicio de la ventana, se alucina la rata esta que baja las escaleras a toda prisa, tropezándose en cada escalón, bajándolos de a dos, de a tres, que cruza la reja y que sale de la casa, que corre en busca de algún jardín, a lo mejor piensa que encontrará a otros como él, que en algún hueco o buzón hallará cientos de animales, roedores, que como él también lograron escapar de sus prisiones y ahora comparten de manera feliz una vida de libertad.

No sabe que en la primera noche se lo comerían vivo, no sabe que hay otros más ratas que él, no sabe que él no es una rata cualquiera para empezar, él es una rata de veinte dólares, él no es como aquellas grises, callejeras, peligrosas, que comen carroña, él es 100% vegetariano para empezar, mejor dirán las otras, menos colesterol pe', más rico dirán sobándose la panza las muy viciosas. así es Méndez no sabes lo que te espera si te lograras escapar un día, horrible oye, deberías de darme las gracias y portarte mejor, en vez de actuar como si no estuvieras contenta, o qué acaso te quieres ir y dejarme, qué tanto crees que te necesito Méndez, además nunca te enseñé a cruzar la pista y tú eres muy confiado pequeñín, tú te le trepas a cualquiera, nada que ver Méndez, ven, cómete un manicito, ven. ¿Por qué estas tan excitada dime?, ¿qué cocha pacha en tu cabeza?, ¿tú no has visto Tom y Jerry?, de qué cosa crees que son tus barrotes dime, ¿de azúcar?, ¿por qué te quieres salir dime?, ¿qué no soy un buen amo?, ¿no juego contigo?, ¿no te hablo?, ¿no te pongo música?, ¿no te doy de comer?, ¿no te meto en mis pantalones y te saco a pasear? ¡Oye Méndez qué te pasa no me escuchas! ¡Por lo visto te entra por un oído y te sale por el otro todo lo que yo digo!, ¿no?, ¡Oye Méndez! ¡MENDEZ! NO hay nada que hacer, lo de Méndez es crónico. En el fondo lo envidio.


 Al menos él tiene una esperanza. Talvez debería de abrir su puerta, ¿qué derecho tengo yo a retenerlo contra su voluntad?, ¿por qué no he de darle la oportunidad de vivir su vida como lo crea más conveniente?, ¿y si lo matan?, ¿y si lo hieren?, ¿y si no encuentra comida?, ¿has comido raíces alguna vez Méndez?, ¿has comido insectos?, ¿ah? ¡contéstame!, no me contestas verdad, te quedas callado, pues yo te diré, nunca, nunca, desde el día en que naciste has tenido que comer algo que no te gustara, ah, ¿qué me dices a eso?, pero y si, ah ya sé, ya sé, no, no es que. pero Méndez a ver, ¡ven!
Acerco mi dedo a la jaula y lo meto para acariciar su cabecita, dos pequeños globos rojos supervisan la trayectoria de mis dedos, ¿quieres que te cuente un cuento Méndez?, ¿quieres decirme algo?, siento sus pelitos acariciar mis yemas y entonces destrabo la rejita que separa a Méndez del mundo real, abro lentamente la puerta, con pena, ¿y si a lo mejor al llegar a la puerta Duffy el perro labrador lo encuentra primero?, ¿pero y si a lo mejor escapa y pasa el mejor día de su vida?

Méndez rasguña con sus pequeños dientes el contorno de mis dedos como despidiéndose. Méndez me entiende lo sé, él sabe que quiero lo mejor para él, pero no quiere que me preocupe. El comprende mis contradicciones, no me guarda rencor. Yo no te doy ninguna probabilidad Méndez no lo hagas. ¿Qué cosa? Está bien, Méndez cerraré los ojos y contaré hasta diez, ¿de acuerdo?, si aún no te has ido. Méndez sabe de mis sentimientos y mis cavilaciones, Méndez sabe que es libre en su mente, Méndez es un fugaz escozor sobre el cuero de mi metacarpo.

Chau Méndez, cuídate de los gatos.


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