martes, 14 de mayo de 2013

¿Cuántos Quijotes somos? Alberto Suárez


¿Cuantos quijotes somos?
¿Y cuantos andaluces?
y ante las multinacionales,
con lanza y bacina,
o turbante y cimitarra,
plantemos cara y luchemos.

Andaluces, levantaos!
de la diáspora o la casa,
que no se diga,
que como a Boabdil,
no supimos defender
nuestra unión y nuestra casa
y si de rascarse el bolsillo se trata,
acordaos
cuantos buenos momentos gratis,
cuantas palabras regaladas,
ACV somos todos
y AERED nuestra casa
y Andalucía nuestra madre
que de eso es lo que se trata.

 
La noche era clara y la luna llena,
y al fondo la Giralda, iluminada,
hacia guardia sevillana a los cofrades.
Y hasta los naranjos
que con el frio se habían retraído,
esa noche explotaron,
e inundaban la calleja, aromas de azahar.
Y en un balcón, que una simple casualidad nos había llevado,
entre caña y lomo
y media y fino, los tambores se acercaron.

Una moza, que al lado, tapeaba también,
salió al balcón y con un por favor,
se situó en la reja
y en esa noche sevillana,
la música paró y calló la gente,
y en el silencio de una noche de locura,
se elevó una saeta,
que enroscándose en la Giralda,
descendió para abanicar los rostros de la gente,
que en la calle, serios, miraban,
y entre oros y sedas
y velas y brocados
se elevaba y subía y bajaba,
 y se hacia sentimiento.

Y Sevilla fue eso,
un paso, una saeta,
una gente, un sentimiento,
una luna, una Giralda,
unos naranjos y un silencio.
Y la emoción contenida, de tanto sentimiento,
de tantos momentos y tantos años sintiendo,
se desbordó como un torrente,
y Sevilla me bautizó,
con agua de sentimientos,
y entre lágrimas,
la saeta subía y bajaba,
y navegaba entre el silencio.
Y a una abuelilla,
de ojos oscuros y moño recoleto,
y galas de domingo,
y silencio reverendo,
le pregunté, mas tarde, quién era,
y me dijo: el Baratillo y la Caridad siguiendo.


Y en esa noche sevillana,
de locura y estruendo,
por fin fui andaluz
y sevillano de nacimiento,
una saeta me bautizó,
y me arropó un silencio,
y mis padrinos fueron,
la Giralda y el sentimiento,
y el azahar me honró
y la luna fue su compañero,
y lloré como un niño,
lloré como no lo hacia,
desde hacia muchísimo tiempo.



¿Cuántos Quijotes somos? ALBERTO SUÁREZ.

LO MÁS VISTO