lunes, 6 de mayo de 2013

46.- Me gustan las sevillanas. Claudio Sillero (167-171)

Y me gusta el jaleo en las ferias donde el altavoz de una atracción, máquina de tortura compite con aquél del que anima a jugar a la tómbola, el que vende turrones de las Navidades pasadas o coco en tajadas y el que narra las aventuras de los enamorados que se suben a sus cunitas. Todo envuelto en el humo de las frituras y el aroma del chocolate con churros (pronúnciese shocolate con shurro).
 Fuera de la feria de mi pueblo (de aquél pueblo en que nací, que era un punto más en la ruta de los feriantes que recorrían Andalucía), en mi infancia y adolescencia están sobre todo las ferias de la Línea y la de Linares. Ferias de pueblo con olores maravillosos y tacos de entradas a las atracciones comprados la semana antes a mitad de precio. Los primeros escarceos amorosos, la noria donde la niña bonita aquella le dejaba a uno los dedos marcados en el brazo y los ojos negros mordiendo en la corteza de la inocencia. Las primeras cañas con los amigos -¡niño, quítale l espuma que tiene mucha!- , el cigarrillo cogido entre índice y anular de la mano izquierda, en la misma en la que se llevaba el reloj, que si no a lo mejor era uno mariquita...

Eso... que me gustan las sevillanas. Y me gustan las mujeres vestidas de flamenca. Y las niñas chicas dormidas en sus cochecitos sobre los volantes de sus batitas de colores.

Y las sevillanas.

Me parece a mi que la discusión - que ya se dio en esta lista- sobre si las sevillanas son o no un palo del flamenco está fuera de lugar.

A mi me parece que las sevillanas son ya una cosa aparte. Las sevillanas, como el sombrero cordobés o el traje corto, el traje de flamenca, el caballo y el toro (y a lo mejor dos o tres tópicos más) no solo son "cosa aparte" sino que además han abandonado su origen para volverse "lo español".


Por más que el concepto de “España” se haya vuelto una entelequia en las discusiones, la música de España, son las sevillanas. Y, claro está, antes de volverse la “ehpanich miusic” eran la música de Andalucía. Hace mucho ya. Muchas ferias hace.



Sevillanas elegantes. De frac. O de traje corto mu bien planchao o de cóctel a las ocho y treinta en un jardín de damas de noche y jazmín. De lujo: Manuel Pareja-Obregón, piano soberbio de sentimiento que podía sonar a rasqueo de guitarra si a él le daba la gana. Voz entre ronca y delgailla. Y surcos en la cara regordeta que en eso y en la voz,- y de alguna manera en el gusto- parecía hermano de Juanito Valderrama.



Chumberas del camino,

camino de las cigüeñas

-marisma mía-

Cuando pasa Triana

cómo se alegran.



Sevillanas-copla, donde el ritmo se quiebra y se vuelve pastueño rompiendo en copla. “Ecos del Rocío”, gaditanos que le cantan a sus pueblos blancos y a todo aquello que le cantaba y le canta la copla. Al amor y al desamor. A las cosas simples de la vida. A la hija que se va de la casa.



Esta tarde se casa mi niña,

yo no sé si reírme o llorar

anda peluquera, no la pongas

más guapa que está

¡venga ya! Que su novio la espera

que mi brazo la lleve al altar,

que está el cura encendiendo las velas...



O la descripción de los pueblos de Córdoba: Lección de geografía “fasilita pa aprendé”



Yo soy de Palma del Río

de Rute y Encinarejo.

De Iznájar y Zuheros

Soy de Carpio y Cardeña

y de Hornachuelos

del Gijo y la Granujuela

y Fuente Carreteros





Sevillanas viejas, de radio con altavoz forrado en cretona:



Me casé con un enano salerito

pa jartarme de reír

le puse la cama en alto..



El clavel que me diste,

lo tiré al pozo.

Yo no quiero claveles

de ningún mozo.




Y la imponente, la que me costó tiempo entender. La que me sonaba o “Con diez cañones por banda”....



Dos poderosas naves

se van batiendo

una va al abordaje

la otra va huyendo

¡Ay! Quien dijera

que dos naves tan finas

se combatieran...



Los Romeros de la Puebla, Los Marismeños, Requiebros. Cantores de Hispalis. Amigos de Gines. El Pali, Cantores de Hispalis. Los del Guadalquivir.. mil intérpretes, y las de pito y tambor que te transportan sin sentir a la mitad del camino, cuando sin previo acuerdo cuatro brazos se elevan por lo alto y empiezan a dibujar arabescos en el aire, mientras dos y después cuatro y luego ocho romeros jalean a la pareja que se ha puesto a bailar por sevillanas con un sol de plomo. Camino donde, en la mitad de la Raya, se deja besar María del Monte.



Camino que cantan los coros de todas las hermandades en sevillanas rocieras, que son un manual de lo que pasa cuando un grupo de andaluces se echa a andar siguiendo la huella de los primeros pobladores de su tierra.



Escuchad las letras. Son muchísimas las que nos dicen algo de nosotros mismos. Del campesino que anda escondido aún en lo más hondo de cualquier andaluz aunque el mundo moderno lo vista. De la forma que tenemos de divertirnos o de esconder las penas. Que a veces es lo mismo.

LO MÁS VISTO