domingo, 12 de mayo de 2013

Nueva Literatura Almería. - Ángel Simón Collado

Entonces comprendí. Comprendí que todos y cada uno de los hilos que tejían mis aventuras se manifestaban como la visualización de un haz de líneas que, desde su origen, se bifurcaban por el Tiempo hasta converger en mi corazón. Allí se dirigían y allí tomaban su sentido. 

Llegaban desde arriba, juntas atravesaban el caparazón que lo escondía y, cultivándolo, dejaron palpitando la llama demiúrgica de la existencia.
Mi corazón era una fruta de jugosa pulpa en que alguien separaba una a una, con dedos delicados, las capas de la superficie, amargas y excitantes.

 Era el cogollo que encerraba una sencilla cápsula que, al desvelarla, fue desplegándose desde su centro hacia lo alto para formar con el palacio de su cáliz una fabulosa y mística rosa roja. El intenso púrpura glorificaba al Sol el oro de sus rayos.


Mi corazón era un espejo de rigurosa composición y afiligranada artesanía que alguien despojaba poco a poco de toscas veladuras hasta quedar la superficie pulimentada hasta el delirio mirando hacia los cielos. Reflejaba la luz y la expandía por todo el horizonte de la Tierra.

Era mi corazón un recipiente de frágil barro y macizo oro, cuyo interior iban llenando de un vino delicioso y difícil: fermento de caldos madurados en la purificación dolorosa de la vida.-
Rosa, espejo

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