sábado, 11 de mayo de 2013

Un viaje. Varios encuentros.

Él estaba allí. Tal y como ella había imaginado se saludaron sin dejar de mirarse caminando hacia el auto. Hablaba. Decía que echaba de menos las largas noches de duermevela contándose las mil y una cosas que por su mente pasaban, esa sensación de conocerse desde siempre, desde hacía muchos años. Ella escuchaba. Habían estado mucho tiempo separados. Contemplaba su rostro y sonreía. Tuvo el deseo de tocarle el flequillo. Se contuvo.



Así que me conociste,

en un mundo de ensueño y fantasía

trazando palabras, firmes, poderosas

llena de costumbres, recuerdos...



Es el sacerdote que se sube al minarete para llamar a la oración. ..Imagínate calles estrechas, vacías, paredes blancas, puertas de madera pequeñas, como para enanitos, huele a especia, la gente lleva chilava y pasa a tu lado despacio y mira al suelo. Sólo el ruido de las monedas de tu bolsillo, no hay prisa y no sabes, excepto por tu ropa, en que siglo estas. <De repente suena la voz de la llamada a la oración con un eco que corre por las calles pero suave, te invita solamente, te dice: ¡Alá es grande!,  Quiere hablar contigo>. Me paro. Me siento en el suelo. Hace una ligera brisa que me seca el sudor. Ahora huele a tabaco, alguien fuma a mi lado. Miro hacia arriba, al cielo, el azul es blanco y la puerta de enfrente es azul, añil, alguien a mi lado me da un té con hierbabuena, está ardiendo. Miro a mi derecha, lentamente la pared blanca, la ventana enrejada de madera, la calle empedrada, y tú: ¡Gracias por el té!



Llegamos. Te tocas los bolsillos, miras en la chaqueta. En el pantalón. En el bolso de mano. No sabes dónde has puesto las llaves. Te quedas un momento parado. Te ríes a la vez que te llamas de todo.. ¡Espera!, Ya sé donde están. La espera del ascensor que llega al décimo piso se hace larga. Al final del pasillo el tintineo de unas llaves colgadas de la puertecita del magnifico buzón te esperan. Con cara confundida las coges. Aun no sabes como tuviste tal despiste. Cómo en tan poco tiempo habías olvidado lo que era de continuo una costumbre. Llegar a casa todos los días. Coger la correspondencia, leerla en el ascensor. No recuerdas nada.




poseídas de verdades absolutas

que llenaban mis oídos

de ese aroma que embriaga

para siempre la esperanza. Firme. Segura.



Los diferentes paisajes se multiplicaban ante sus ojos y le hacían brillar con una luz especial. Llevaban tres horas de tren. Tuvo sensación de hambre, o tal vez era hambre de verdad. Sentía pereza de cruzar los vagones, el acomodador le había dicho que tenía que recorrer un largo pasillo y pasar por al menos tres vagones diferentes. ¡Tenga cuidado señorita!. Hasta la una no se abrirá el vagón comedor y será mejor que se dé prisa, pasados una hora nos separaremos en ese punto. Perdón. Perdón. Chocaba una y otra vez con los pasajeros que lo mismo que ella querían llegar a ese aroma tan especial. Ya olía a café. Sentía la espuma en los labios. Sí, tenía hambre y sed. Depositó el vaso en la mesa y fue a sentarse junto a ella. Quiso conversar y no supo como comenzar. Ella le comentaba que venía del Rocío, con voz muy ronca, apenas se la oía tanta felicidad acumulada por días de fiesta y abundancia de sol, ese sol que lo traía aún reflejado en su pelo corto, en su nariz quemada. Era la tierra que aún le abrazaba como cada noche de fiesta. El año que viene volveré, le decía muy segura. Volveré.



En eterna consonancia con el hacer diario,

amabas los crepúsculos,

los ocasos de las estrellas de la noche.

Soñabas al alba el camino,

trazabas puentes imaginarios

de cuerpos hermosos inventados.



Pasaron un largo pasillo. Los reflejos del atardecer jugaban con las elegantes cortinas como dándome la bienvenida. ¿Quieres algo?. ¡Ven!, Te muestro la casa. No lo oía.  Estaba mirando un cuadro maravilloso que colgaba de la pared blanca. Un carboncillo. Obra sin acabar.   Me llamó la atención que estuviera enmarcada como quien está seguro de que no haber continuidad. Representaba a un señor de barba larga y pelo lacio que abrazaba con firmeza y tanta ternura que enternecía hasta la fibra más íntima de mi ser. Lo titulé, sin dudarlo "Paternidad" ¿Cómo una persona, por muy artista que fuese podía expresar tanto amor, tanta compenetración en aquél cuadro sin haber tenido hijos propios?.



Construías casas portátiles,

confortablemente instaladas

con abrigos de palabras.



En aquél instante se hizo el cambio. La atmósfera se hizo más densa. Empezó a llover con tanta fuerza que parecía traspasarían los cristales. Sintió algo de frío. Un cierto temblor le recorrió por todo el cuerpo. Se sentó con cierto desasosiego y se puso a leer la revista que había comprado en el anden anterior. La lectura duró muy poco. No podía leer. El paisaje que se dejaba ver entre los cristales atraía con fuerza. Mejor lo veo y oigo un poco de música.







Suave fuego de chimenea ardiendo

en madeja que une la vida

manejada, desenredada, vigorosa.



Le miró. Con un gesto le decía que se sentase a la mesa. Había preparado varios entrantes y bebidas. Un combinado con mucho coca cola, hielo y un poco de güisqui para ella, un vodka con naranja para él. Querían ver la película  "City of Angels" con Nicolas Cage, Meg Ryan, Andre Braugheroco. A poco iba dejando de tener interés. 


A la mañana siguiente, lo decidieron mientras veían la película, tomaron el auto y se marcharon, sin previo aviso camino de Tierra Santa. Hotel Santiago. Parecida distribución en paredes y baño a al entrada, pero mucho más pobre y fea, que muchas otras que habían visto a lo largo de su vida, pero que ahora, estando juntos no tenían la más mínima importancia. Bueno, la televisión se veía muy bien.


Por la tarde-noche salimos y tomamos el tren llamado el “Murallito”. Nos bordeó por toda la ciudad y nos presentó a Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz. Bordeamos la gran muralla hasta llegar a una plaza que conducía a unas escaleras de piedra que te llevaban a lo más alto de la ciudad. La mayoría de las gentes que viven en esta ciudad están acostumbradas a ver sus murallas, sus iglesias románicas y góticas todos los días, por lo que no le dan gran importancia. Tampoco se preocupan de ahondar en su historia y de conocer las innumerables leyendas que conllevan, pero cuando piensas ¿cómo serían los hombres y mujeres que levantaron esos monumentos ?, ¿ por qué lo hicieron ?, ¿ cómo vivían ?, es cuando empiezas a ver cada piedra, de esta medieval ciudad, de otra manera.


Mirando la muralla desde los "Cuatro postes", que todavía no se sabe bien por qué ni para qué están allí, te das cuenta de la gran labor que realizaron aquellos hombres construyendo semejante obra con las rudimentarias herramientas y máquinas de entonces.



Empezó a llover. Compramos un paraguas gigante y muchas postales, mi colección preferida. En la catedral oímos un concierto, con partes de la composición del Concierto de Brandemburgo, de Bach que nos hizo vibrar. Siempre se mantienen recuerdos de cosas, paisajes, parajes más o menos inverosímiles, luna en sus fases, mares bravíos, pero yo recuerdo su música en mis oídos. Ese sonido siempre genial que te transporta en cualquier momento y sin esfuerzo a aquellas vivencias. Porque después de aquél concierto vinieron otros de música de jazz o céltica. De pub en pub, de taberna en taberna. Música para compartir los dos en nuestra intimidad a pesar de estar muy rodeados de otras personas.


Un sonido de fondo, parece que hablan en francés, lo reconozco, aunque no entiendo bien lo que hablan. El armario que cubre toda la pared lateral izquierda tiene pomos dorados años 20, con un gran espejo marcado por los años. Me veo. Me reconozco guapa. Sonrío.


Una mesa de escritorio con múltiples recuerdos de Unamuno, Cela, Gracilazo, Lópe de Vega, tantos otros que a base de pluma, tinta negra y papel hicieron nuestra historia de la Literatura. Nos acostumbraron a mirar a través de sus ojos. Que sencillez y belleza a la vez.


Florecitas pequeñas decoran el papel pintado de la pared que inevitablemente me recuerdan a otras flores, más grandes, azules y celestres, que no me gustaban en aquella primera habitación independiente de la de mi hermano. Ya éramos mayores, decía mi madre, que puso todo su empeño en decorar aquella habitación a la moda de entonces y que a mi me costó un buen llanto. Eran horribles esas flores. ¡Modas!. Después, con los años, jamás he soportado el papel pintado ni las flores en la pared.


Camas individuales que hemos unido quitando la molesta, aunque práctica mesita de noche, separadora cruel de intimidades. Noche de pasión. Sigue lloviendo. En la torre, a lo lejos, las cigüeñas picotean los alrededores de su nido y miran sin parar. Estamos en julio y no ha dejado ni un solo día de llover desde que cruzamos Despeñaperros. Me coloco el chubasquero amarillo chillón, dicen que es igualito al que utilizan los pescadores de alta mar, y salimos a dar una vuelta por la ciudad. Música a lo lejos. Nos atrae irremediablemente. Esta vez es en una taberna típica, fachada de lasca y piedra y por dentro de lo más acogedora con asientos de madera y enea forrados de cojines muy cómodos y vistosos. Es un trío, se llaman Abel, Paco y Antonio y nos transportan por los mundos de un jazz que nos hace sentir, una vez más, que estamos en un mundo entre nubes de algodón y sin embargo, no para de llover. Pero, ¿qué nos importa?. Somos felices. Habitación 133 y Rayuela. Lo llevo conmigo. Donde quiera que vaya porque amén de que me hace compañía su lectura, adoro la forma de escribir de este hombre cuando por ejemplo, en su capítulo 7 escribe, leo textualmente:


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua”.



¿Hay una manera más mágica, bella y genial de describir un beso de Amor, de deseo?


Partimos hacia Santiago. Oscurece. Y, llueve. No hemos comido. Teníamos prisa por llegar porque como siempre, desde que improvisamos esta locura sin par de viaje, no tenemos acordado hotel ni fonda ni nada. Vamos a lo que surja, y claro, en julio y en este rincón de España, puedes dormir más fácilmente debajo de un puente que en una cama caliente. Está a tope de turistas. Sin parar llegamos a la Plaza de la Catedral de Santiago, punto de referencia de cualquier turista que se precie. La plaza del Obradoiro. La fachada del Obradoiro, la principal de la catedral, es sin duda la protagonista de la plaza a la que da nombre. Construida entre los años 1738 y 1750 por el arquitecto Fernando de Casas y Novoa, se alza entre dos torres gemelas de origen románico convertidas al barroco. La verticalidad de la fachada muestra una personalidad propia, al tiempo que integra a las torres en el conjunto, dominado por una imagen de Santiago. Grandes cristaleras resuelven el problema de la iluminación interior y, en los laterales, casi perdidas en la exuberancia de la fachada, esculturas realizadas por diversos artistas del barroco gallego muestran a los discípulos y familiares de Santiago. Arte románico español que visitamos apresuradamente porque es tarde y tal y como habíamos pensado, no hay ni un solo sitio donde poder pasar la noche a cubierto. Estamos locos. Si. Locos de amor y de aventura. Pero locos.

Tomamos camino de A Coruña, donde la suerte de la noche y las estrellas que brillan en el cielo nos cobijan. Por fin una cama, y encima de matrimonio. Habitación 123.  Paredes con espejos, azules y pastel, cuadros modernistas y entre flores de un autor gallego que no logro recordar hicimos el amor con ansia, como una despedida. Era lo normal en aquél viaje, en cada habitación, en cada rincón donde nos amábamos a sabiendas de que habría que volver. Gozo entre claroscuro, luces tenues.-.---- deseos.1



  • ¿Vamos a ir a algún sitio?
  • - No. Prefiero que nos quedemos aquí.
  • - ¡Venga ya! Quiero ir a la torre de Hércules.- ¡Anda. Vamos!

Muchas fotos cerca de un inmenso océano de aguas de un azul intenso, sereno, con barcos a lo lejos y la gran torre de piedra detrás. – Sabes?. Con ésta foto de la torre de Hércules de fondo y ésta con el océano que acaricia las rocas me haré un colage cuando lleguemos. Tengo por ahí una foto de cuando tenía unos 24 años y que vendrá que ni pintada para mi Home Page. La pondré en un applet de java que he visto en otra página con unas rosas como saliendo de un lago que mece a las flores. Me gustó y lo copié. Lo utilizaré con esa foto. Me gusta esa foto. Tengo una imagen nostálgica, serena, expresión ajena a todo, ensimismada en mi propio yo que me hace muy bella. Pelo recogido. Escote enorme, con un vestido rojo de viscosa y bordados de hilo de seda. Tirantes de encaje muy calados que me encanta. Ya verás que linda postal para poner como saludo al inicio de mi página web.




Hacía calor. Entre los libros, ese olor a bolitas de naftalina para alejar las polillas no la dejaba respirar. Sentada en el suelo, junto a la estantería del fondo, oscuro y silencio, pensó que siempre lo había sospechado y nunca se había atrevido a hacerlo. Eran remordimientos de juventud sin experiencia.

Indagaron en todas las ediciones, las más antiguas tenían dibujos y anagramas bellísimos. Las más modernas eran muy excitantes. Siempre me gustaban esos grabados, por muchas veces que los viera.

Tomó aquél volumen porque le atrajo mucho sus pastas, su piel color canela y el labrado de árboles y flores en sus lomos. Él le explicó que era una encuadernación única y muy limitada. Habían tenido suerte al poder verla con tanta facilidad.

Pasaban las hojas, unas detrás de otra, con avidez, como queriendo verlo todo en pocos minutos, en poco tiempo. Al llegar a la página 133 se dieron cuenta de que sus caras se reflejaban y habían desaparecido, como por encantamiento, las letras, los dibujos, todo.


  • ¿Qué había pasado?
  • - Pasó suavemente sus dedos de la mano derecha, y ¡ay!, sorpresa. Se hundieron. Sintió esa sensación de frío, como si estuviera tocando bolitas de mercurio en gran cantidad, cubriéndole toda la mano.
  • - ¿Entramos?
  • -¿Cómo que entremos?
  • ¿Te has vuelto loca?
  • No lo pienses más. Seguro que podremos volver a salir. Ya verás. Confía en mí. ¡Déjate llevar!

Intentó persuadirla para que no cometiera ninguna locura, pero no sirvió de nada.

  • Humm

  • ¿Dónde estamos?

No llueve. No hace frío. Pero cada día acude a su cita. Le habla con mucha ternura. Le explica todo lo que no sabe, que es mucho. Lleva pocos meses y se siente orgullosa de sus progresos en Internet, de poder chatear durante horas con personas que al principio son extraños y acaban, a fuerza de tecla y pulsaciones, siendo amigos de siempre, de los buenos, de los de toda la vida.

Recuerda que entrar en aquella estancia vacía le producía cierta incertidumbre hasta que empezaba a llegar gente conocida... risas.. Al salir, cientos de personas estaban en conferencia y todos parecían bastante ocupados. Al menos eso daban a entender los iconitos de los ordenadores que indicaban que el cliente estaba en conferencia.

Aquél día fue especialmente diferente. Aprendió a intercambiar ficheros mediante la opción de arrastrar y soltar, que hacía que llegaran rápido a su destino mediante el dcc.. Pintar en la pizarra con múltiples colores todo lo que el buen pulso y el manejo del ratón se lo permitía, hacer dibujos e intercambiarlos con los demás para que aparecieran en el escritorio como fuente de belleza que al encender el ordenador te hiciera recordar esa fuente de creación instantánea, como a borbotones que parecía tan fácil cuando te sientes a gusto con todos los demás. Sombrear, relieves, animaciones en formato gif, o lo que fue más sorprendente, videoconferencia.

No tenía en casa cámara digital, pero con el programa que estaban utilizando era muy fácil lograr una cómoda comunicación,. Algo lenta quizá para lo que se consideraba normal, pero el ordenador que tenía por entonces no daba para mucho más...

Así fue como un día, sin previo aviso, apareció su rostro en la pantalla y a todo color. Le sorprendió ver su rostro. No es que fuese guapo o feo, sólo que no lo esperaba. Nuevas cosas que aprender, y todo le era desconocido.

Llevaba puesta una visera en la cabeza, de esas deportivas que suavizan los rasgos, los aproximan. Camiseta de manga corta negra con grandes dibujos del amazonas, pantalón muy corto haciendo juego con los dibujos en tonos azules y rojos, que dejaba ver una piernas tan largas que parecían salirse de la pantalla.

Después le contaría que aquella visera le traía muchos recuerdos. Se la había regalado su hermana para su cumpleaños, ese cumpleaños que nunca supo cuando lo celebraba, guardaba todo lo que era personal para sí. Eso no importaba. Lo que les atraía era la pantalla del ordenador, la comunicación, el crear en una pantalla blanca que daba todas las posibilidades, la intriga..

Las palabras se adueñan del eco de las voces, van derechas al alma para que nunca dejes de sentir que la belleza de la vida no dura para siempre. La inocencia del saber te hace feliz y la dureza del carácter se aprende con los tropiezos.. Pasaba el tiempo. Las horas.

Cuando vino a darse cuenta, la luz, como rayos de neón azul, había perdido toda su intensidad. Había cerrado el chat.


  • - ¿Me ayudas?

  • - ¿Para qué?

  • -Mejor dame la mano. No sé si tendremos sorpresas.

  • -¿No me decías que no pasaba nada?

  • -Se cogió de su brazo y tiró de él. Le miró a los ojos. Tenían un brillo especial, de riesgo, alegría que le entusiasmó.

En el camino rozaron aires de sombra.. arco iris.. Todo lo que sus ojos verdes podía contemplar sin parpadear.. Y era tanto para aquella usuaria de las nuevas tecnologías que siempre tenía para rato.. deseaba más y más.

Tenía en la portada una niña con coletas, antesala de la bienvenida, que saltaba y saltaba sobre una colchoneta de colores con corazones rojos que la columpiaban y mariposas de múltiples colores que la acompañaban con un vuelo incesante y continúo de colores y más colores. Música de fondo U2. ¡ Abre los ojos!. ¡Entra!.

Siempre entraba. Era raro que la estancia no la cambiara cada semana, en domingo, como quién arregla un hogar cuando se espera visita privilegiada, una visita selecta..

Así era él. Ordenado. Imaginativo. Creativo. Siempre sorprendente.

- ¡Cuéntame algo!. ¡Sorpréndeme ¡

Y siempre imaginaba espacios, creaba escenarios, soñaba despierta para él. Los días se hacen cortos porque hay una ilusión. El entorno es intriga y misterio, repetición de costumbre que se hace necesaria y nunca parece tener fin. Son momentos de lucha interna por no desesperar cuando hay que desconectar. Se asumen los retos cada día y se necesita contar la novedad para asimilarla. Son momentos de magia y color que compartir. Fantasía.

..... Contaba que iba al río en busca de cangrejos, o a la montaña a cazar pajarillos con redes a ras de tierra, entre los juncos y los helechos, en el riachuelo de aquél paraje entre montañas que era mágico. Más tarde, pero eso sería después, prohibieron las redes para caza y ella aprendió a amarlos. Ya no le gustaría ir a la montaña, a aquellos parajes donde nacía el agua de la tierra a borbotones y era encauzada por entre los tubos de cemento para poder recogerla y portarla en grandes garrafones para hacer la comida, beber.

En la mar cogían almejas finas, bivalvos de extraordinaria calidad que aguantaban fuera del agua mucho más tiempo que otras almejas, dándoles la oportunidad, a aquellos niños que juegan más que miran por la comida o el paisaje y toman por jugar, y para jugar. Se acercan a las rocas, esperaban pacientemente a que se acercaran para atraparlas, y si no había suerte, cogían erizos negros, o hurgaban en la arena rosada y cálida las coquinas, otro molusco bivalvo de extraordinaria calidad y de exquisito sabor, aunque de pequeña producción, localizada básicamente en las rías gallegas, pero que en aquella zona del atlántico se encontraban por todas partes cuando bajaba la marea.

Eran novillos que luego se contaban entre clase y clase, en el recreo, en voz baja cuando pasaba un profesor, para que nadie supiera de su secreto, de sus experiencias de niños inocentes.

Otras veces se tumbaban en la playa, sobre la arena cálida, rodeada de nada y de gente que no paraba de reír, hablar, jugar. El tiempo pasaba rápido, sin problemas aparentes y serena estancia. Y todo, ahora, con el paso del tiempo lo recordaba, lo rememoraba mezclado con algo de fantasía y mucho de teatro para él.

Todo ocurrió en un tiempo que me pareció que era muy poco. Pero me acordaba de sus lecciones, de forma diáfana, ya que nunca me hablaba sin decirme alguna agudeza, alguna idea mágica que en leves segundos me hacía pensar si verdaderamente no sería un poco brujo, un poco mago, un muy mucho de inmortal.

Llegaron a la casa de las paredes de lasca gris y cenefas de coral. Al pasar al fondo de la estancia nos metimos por la puerta que daba acceso a lo que en otro tiempo había sido un camino secreto entre la casa y el jardín donde los nenúfares aún pueden recordar las risas al atardecer .

Y los días van pasando. Aprendo a trompicones, sin mucha base, al tiempo que voy creando unas cuantas ilusiones llenas de fantasía que mana de todo principiante:
“Mi home page”.

UN VIAJE. Varios encuentros. 27/12/2000
novela en tres capítulos.





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