sábado, 8 de junio de 2013

Borrasca de Otoño. Pedro Cabrera Sánchez

Pedro Cabrera Sánchez

De “Borrasca de Otoño”



AUTOEPITAFIO PARA CUALQUIER CIUDADANO


Me creí, como todos, superior a mi prójimo

y fui un hombre normal; feliz no he sido;

(obvia la declaración, pero precisa)

amé a mucha más gente de la que a mí me quiso.

¡Ah, cuentas del amor deficitarias!

Ni siquiera logré el amor de los míos:

es tan difícil que te quieran tus contemporáneos

En nada destaqué, seguí sumiso

las leyes del trabajo y la modestia

que me impuso el mercado imperativo

y la incongénita escasez de genio.

Y de idéntico modo gratuito

con que fui convocado a la existencia,

me llamaron al reino del olvido;

desde allí te dirijo estas palabras

que ojalá no adelanten tu destino.

Liberado de toda servidumbre

ahora, que puedo hacerlo, me sonrío.




RECUERDO DE MI PADRE


Cuando cierro los ojos

la efigie de mi padre

se yergue recortada en el recuerdo,

retumba en mis oídos

el aura de silencio,

la callada burbuja de sosiego

que su quieta presencia suscitaba:

amándonos a todos, lo callaba

y a su vista cedía la virtud del mensaje;

hablar era excusable

en su manera de querer más suya:

mirar, mirar el mundo, silencioso,

amores irradiando su mirada.

Se sentaba las tardes de verano

a contemplar la calle, a presidirla

y al entorno sin techo le infundía

un talante doméstico, un íntimo sigilo

apenas perturbado

por los precoces coches del progreso.

Y un orden aquiescente se instauraba,

un orden implantado por su silla.

Un día calló enfermo, y calló en firme,

dejó de pronunciar ya para siempre

las escasas palabras que solía;

y entonces su silencio fue perfecto

y suma la elocuencia de sus ojos

y tácito su adiós a la existencia:

en medio de su muerte yo callaba.

En las rudas jornadas de ruido

del huérfano presente que me aflige,

cuando mi padre ausente ya no mira

ni calla más que en mi nostalgia herida,

a veces alzo la mirada al cielo

buscando su silencio y su mirada.



SONETO ERÓTICO PARA PROFESOR DE LENGUA



Igual que el verbo núbil transitivo

requiere complemento enamorado

y sueña plenitud de predicado

que mitigue su celo imperfectivo,

con gesto que se ostenta conativo

te invoco y te convoco aquí, a mi lado,

por el tiempo presente y el pasado

con no menor afán copulativo.

Amado a media voz y a grito amante,

a recciones de amor estoy sujeto;

y, pues se sabe que el primer actante

atiende solo a conseguir su objeto,

penetro en tí, mujer determinante.

Somos una oración: estoy completo.



SONETO A ARRIATE

No te importe que vaya poco a verte

ni que, vástago infiel, resida fuera;

no te importe la insólita manera

que tengo de ausentarme y de quererte.

Acepta que los naipes de mi suerte

permitieron que, osado, yo escogiera

llevar una existencia forastera

sin que tengas por éso que ofenderte.

Si pronto abandoné tu vecindario,

no dispuso dejar mi alejamiento

el censo de tu amor empobrecido.

La patria es la niñez y el escenario

donde mago se cumple su portento;

mi patria sois los dos: nunca os olvido.

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