domingo, 28 de julio de 2013

Camino a la desolación. Sergio Toledo

Era Sábado a la madrugada, era una calle de color negro perpetuo, con balcones ignorantes viendo el tiempo pasar. Y en la esquina, un viejo café estilo retro-inglés, donde cuelgan cuadros de gente que ni siquiera el propio camarero se atreve a recordar, del que emana la musiquilla de un bolero que nunca quise tararear.

Aquí sólo se escuchan los silbidos del gélido viento pasar, el triste estruendo del camión de la basura, y los latidos de mi maltrecho corazón.

Quiero coger hace tiempo la ruta de la alegría, pero siempre que la cojo, me pierdo y vuelvo a empezar. Esta vez, tomaré la última en ese bar de la esquina, me sentaré en la silla más vieja que encuentre disponible, y pidiendo mi habana con cola, simplemente me dedicaré a pensar. A pensar en todos esos besos que nunca te di, a pensar en todos aquellos abrazos que le di a otra, a todas y cada una de las botellas de cava, que nunca te dediqué.

Ahora me lamento de todas aquellas cosas que nunca debí hacer, pero dicen que vale más perderse a la deriva, que nunca embarcar.  Y cuando acabe mi cacharro, y consuma mi último cigarrillo, me levantaré de esa vieja silla, saldré por la puerta del inexplicable local. Y con paso decidido pero turbio por el alcohol, me perderé por la triste calle, como un túnel sin tren expreso, y mi alma destrozada, dejará las huellas en las viejas losas, desgastadas de tanto pisar, esperando que algún día, te indiquen el camino hacia mi desolación.

Sergio Toledo, 21/02/2003, 13:24
para la voz de la cometa. Revista cultural.

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