jueves, 25 de julio de 2013

Íntima heredad. José Antonio Santano

Íntima heredad
Editorial
Instituto Estudios Almerienses
1998
La piedra escrita
Editorial Alhulia
2003


Selección de textos



I


Agua amarga, que sola y triste
estás, cuando luce la luna
y ruge el viento sobre tu playa
ocultando nombres y signos.

Amarga son las bocas
sin el fuego de tu boca...

II


Otear la arquitectura púrpura
del aire que, sereno y silencio,
reclamabas al mundo en tu refugio.

III


...el crepúsculo nos visita
abriéndonos la carne y el deseo
en sus orilas.






IV


...la lluvia humedece los silencios,
y la penumbra vaga entre las dunas,
es el tiempo una noria que gira
en mis dominios y nunca se detiene.

V


...dibujas, hasta ser como un sólido
que precipita su vuelo sobre el abismal
discurso de tus aguas...



VI


...las palabras se pierden
en las inmensas cimas de sus nevados pechos.

Allí en su blanca altura
acaso sea nadie y nada. Una mancha de olvido,
un despojo creciente,
una torturada noche de engaños y silencios
que en mi ser se eternizan.


VII


...proclaman, en la noche,
dominios de blancos sobre blancos,
y mar, discursos de arena,
silencios de carne y largos inviernos...

VIII


...clavó sus manos en las mías,
crucificándome,
hasta robar al alba su último destello.
Partió de mí como llegara: callada,
secreta, cautelosa, mágica,
y enmudecí.


IX


...sobre las altas torres de su boca,
o en los inmensos pliegues de sus muros
tórridos como la arena del desierto.

Es el tiempo un enorme cuchillo
visitando mi sangre por sorpresa...

...hasta hallarme esclavo en sus dominios.


X


Nada más triste,
nada más huero
que este temblor de noche en las pupilas
y en los púlpitos del desengaño.


XI


...letanía de signos y voces
que huyen silencios
por los pechos y labios
de una tierra sin nombre.

XII


Tú, lejano, allá donde los ojos se sublevan
contra todo y nada...


XIII


...la lluvia en los tejados danza
monocorde, irreductible. Sólo
el viento grita, desheredado.

Nunca más. Oídme bien. Nunca más.




XIV


...la calidez
de tus silencios recorriéndome
el alma, el cuerpo entero, la vida.


XV


Vacié mis bolsillos. Me desnudé.
Y volví a sentirme herido y solo.


XVI


...el silencio de la derrota
clavándose en mi pecho de niño,
en mi frágil destino de hombre.


XVII


...tus certeras manos me alcanzan
y en ellas vivo
ajeno a las miserias humanas.



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