jueves, 25 de julio de 2013

POEMAS. PILAR QUIROSA-CHEYROUZE

Poemas del libro ESTELA SUR, de Pilar Quirosa-Cheyrouze
Port Royal Ediciones. Granada, 2010.

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MEDITERRÁNEO



Conservo el recuerdo del un mar antiguo
que desciende hasta la orilla
y es clamor de algas y arena.

Ya es memoria el rito del agua
que es talismán de las horas
y es canto y definitivo mensaje,
iluminado de estelas olvidadas.

Desde tiempos ancestrales,
donde caben los días
y se aposentan todos los instantes
que nos hablan de otras noches
henchidas de juegos y plenilunios.

De siluetas y de olor a salitre
en aquellos muelles que acompañaban
al fulgor de las estrellas.

Pues era azogue, y era pavesa, eco nítido,
pebetero de luz,
enlazando las ascuas del horizonte.

Tras la ventana, hay constancia,
esta noche se precipitan las cenizas del tiempo.


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CATARSIS


Cómo escribir un poema
que se deslinde de la nostalgia,
que desconvoque, para siempre,
la plasmación de la herida
y se haga fuerte, y raudo y vital
para la supervivencia.

Cómo gritar a los imperativos
que se desglosen en pretéritos
imperfectos pero humanos,
que no tiemblen ante la mansa caída
de las hojas del castaño,
que sean lava y, al mismo tiempo,
compás de espera, página abierta,
ternura y remanso.

Cómo barajar el efímero tiempo,
el reloj derrotado por el paso de las horas,
el dolor que crece y se retuerce
en meandros, cómo escribir un poema.

Cómo decirle a la tristeza
que controle la lluvia gris de una mirada,
que despoje al azul universo
de las palabras no dichas,
que encuentre el génesis desvelado
en su historia dilatada y dormida.

Cómo encauzar la catarsis de estos versos
si la noche no me enlaza con tus manos.

Cómo escribir un poema
esperando el regreso de la luz,
la única estancia habitada.

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PARÉNTESIS


Cómo ver el ocaso de la luz
en esta tarde de noviembre,
cuando se tiene la certeza
de que existe otra mirada.

Un camino de largo recorrido
para ver crecer la yedra
desde un nuevo fotograma
la misma sed contenida
en habitadas estancias.

Otras horas, sí,
donde crezca el mensaje
a golpe de latido,
la rendija por donde escapen
los perfiles del miedo.

En este intento
de rellenar huecos
y esperar, aclamada
entre paréntesis,
la celebración de la vida.

Aunque se resista a navegar
esa lágrima leve,
escorada en cada despedida,
dinamitando los vacíos del tiempo.





HORA D




¿Recuerdas? También existió aquella otra fecha en el calendario, la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el muro de Berlín.


Y, sin embargo,
ya tengo el pasaporte
vestido de invierno.

La brújula orientada de vida
para encender la hoguera.

Zarpar en una dirección
que se nos queda pequeña
para anudar este espacio
que hace tiempo nos navega.

Doblegando la vida
para acercarla a un sueño,
lejos de la gris encrucijada.

Sin más dilación,
yo estaré allí,
a esa hora que derrumba
tantos muros y tanta ausencia.

Cerrando el círculo,
te esperaré este jueves
en la puerta de Brandenburgo,
a la misma hora que tú intuyes,
a las seis y media.



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