¡Cobarde! Maribel Cerezuela


En Almería, 23 de julio de 2014.
Se conmemora la muerte de Amy Winehouse



Oyes una canción…
La melodía despierta recuerdos,
que quisiste olvidar.
Sonríes y callas…
Ausente de todo.
Ausente de mi.
A lo lejos, unas garzas vuelan.
Beben el agua del arroyo,
que un día te vio sin alma.
Cuerpo sin ataduras.
Pasado y presente,
de lo que nunca fui
¡Cobarde!
¿Estás ahí?


¡Cobarde¡

Oyes una canción…

la melodía que querías oír
te lleva a recuerdos

que siempre quisiste olvidar
sonríes y callas…

ausente de todo, ausente de mi
sólo a lo lejos,

unas garzas vuelan y vuelan
buscan el agua de ese arroyo

que un día te vio desnuda.
En tu cuerpo,

sin ataduras, inocencia de niña
pasado y presente de lo que nunca fui


¡Cobarde!

¿Estás ahí?

Aprendiendo html con un relato. Maribel Cerezuela

Probando distintas maquetas en formato html


texto tomado para el ejemplo:

 La ciudad sin nombre .-.  H.P. Lovecraft
         [Cuento. Texto completo]
  




EMPEZANDO POR TABULADOR DE TODO EL TEXTO A UNO,
PARA QUE NO QUEDE PEGADO AL BORDE DE LA PÁGINA.

CÓDIGOS QUE VAMOS A UTILIZAR QUE SON VITALES PARA LA ESTÉTICA DE NUESTRA PÁGINA WEB

SANGRADO IZQUIERDA


Yo debía haber sabido que los árabes tenían sus motivos para evitar la ciudad sin nombre, la ciudad de la que se habla en extraños relatos, pero que no ha visto ningún hombre vivo; sin embargo, desafiándolos, penetré en el desierto inexplorado con mi camello. Sólo yo la he visto, y por eso no existe en el mundo otro rostro que ostente las espantosas arrugas que el miedo ha marcado en el mío, ni se estremezca de forma tan horrible cuando el viento de la noche hace retemblar las ventanas. Cuando la descubrí, en la espantosa quietud del sueño interminable, me miró estremecida por los rayos de una luna fría en medio del calor del desierto. Y al devolverle yo su mirada, olvidé el júbilo de haberla descubierto, y me detuve con mi camello a esperar que amaneciera.




SANGRADO DERECHA
Cuatro horas esperé, hasta que el oriente se volvió gris, se apagaron las estrellas, y el gris se convirtió en una claridad rosácea orlada de oro. Oí un gemido, y vi que se agitaba una tormenta de arena entre las piedras antiguas, aunque el cielo estaba claro y las vastas extensiones del desierto permanecían en silencio. Y de repente, por el borde lejano del desierto, surgió el canto resplandeciente del sol, a través de una minúscula tormenta de arena pasajera; y en mi estado febril imaginé que de alguna remota profundidad brotaba un estrépito de música metálica saludando al disco de fuego como Memnon lo saluda desde las orillas del Nilo. Y me resonaban los oídos, y me bullía la imaginación, mientras conducía mi camello lentamente por la arena hasta aquel lugar innominado; lugar que, de todos los hombres vivientes, únicamente yo he llegado a ver.

Y vagué entre los cimientos de las casas y de los edificios, sin encontrar relieves ni inscripciones que hablasen de los hombres -si es que fueron hombres- que habían construido esta ciudad y la habían habitado hacía tantísimo tiempo. La antigüedad del lugar era malsana, por lo que deseé fervientemente descubrir algún signo o clave que probara que había sido hecha efectivamente por los hombres. Había ciertas dimensiones y proporciones en las ruinas que me producían desasosiego. Llevaba conmigo numerosas herramientas, y cavé mucho entre los muros de los olvidados edificios; pero mis progresos eran lentos y nada de importancia aparecía. Cuando la noche y la luna volvieron otra vez, el viento frío me trajo un nuevo temor, de forma que no me atreví a quedarme en la ciudad. Y al salir de los antiguos muros para descansar, una pequeña tormenta de arena se levantó detrás de mí, soplando entre las piedras grises, a pesar de que brillaba la luna, y casi todo el desierto permanecía inmóvil.