lunes, julio 28, 2014

Metamorfosis. Pilar Quirosa

METAMORFOSIS



(Versión Posivídeo)




Un día soñé con alcanzar

tardíos añiles de alborada,

con levantar la vista

hacia lejanos mares ignotos

y navegar por sus aguas.

Hoy como ayer, dríade Daphne

alcanzando el horizonte,

lejos de la tiranía del abrazo,

de las huellas atrapadas

en la tortura del camino.

Llamando a la yedra

por su nombre,

para que contemple mi sangre

recién amanecida.

Ahora que brota la savia

acompasada de latidos,

lejos del tortuoso lago

gris de la inmundicia.

Hoy, al fin,

donde fluye la vida, donde alcanza

la certeza del árbol,

convertidos los cabellos en hojas,

los brazos en ramas,

los pies en raíces.

Hoy, a tu lado estoy,

ninfa de los árboles, hija de la tierra,

por siempre un capítulo enterrado,

un espacio de libertad compartida.


Comentario que le hizo Fauno Cien (Hefesto) a Pilar Quirosa el 02/08/2014: 
 Nada mejor que la poesía para reencontrarse con los ancestros a través de las distintas formas vivas de la Naturaleza. Establecer de vez en cuando esa especie de simbiosis, con sus distintas escalas de intercambio, nos enriquece al tiempo que nos reconcilia con el semejante. ¡Es tan fácil decirse en el silencio! el Metamorfosis. Pilar Quirosa

miércoles, julio 23, 2014

¡Cobarde! Maribel Cerezuela


En Almería, 23 de julio de 2014.
Se conmemora la muerte de Amy Winehouse



Oyes una canción…
La melodía despierta recuerdos,
que quisiste olvidar.
Sonríes y callas…
Ausente de todo.
Ausente de mi.
A lo lejos, unas garzas vuelan.
Beben el agua del arroyo,
que un día te vio sin alma.
Cuerpo sin ataduras.
Pasado y presente,
de lo que nunca fui
¡Cobarde!
¿Estás ahí?


¡Cobarde¡

Oyes una canción…

la melodía que querías oír
te lleva a recuerdos

que siempre quisiste olvidar
sonríes y callas…

ausente de todo, ausente de mi
sólo a lo lejos,

unas garzas vuelan y vuelan
buscan el agua de ese arroyo

que un día te vio desnuda.
En tu cuerpo,

sin ataduras, inocencia de niña
pasado y presente de lo que nunca fui


¡Cobarde!

¿Estás ahí?

martes, julio 22, 2014

Ficción Perpetua. José Antonio Santano

 

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Título: Ficción perpetua
Autor: José María Merino
Edita: Menoscuarto (Palencia, 2014)


Libro de libros podríamos definir a Ficción perpetua, del escritor y académico José María Merino. Con una cuidada edición y en la colección Cristal de cuarzo, dirigida por Fernando Valls, Menoscuarto nos proporciona, una vez más, la posibilidad de disfrutar de un ensayo literario de extraordinario valor, en el que la observancia de la realidad literaria actual, junto al estudio de las obras esenciales y la opinión sobre otras cuestiones, tales como la enseñanza de la lengua y la literatura, a través de las conferencias pronunciadas por su autor, alientan su lectura.Ficción perpetua es un ensayo literario de hondo calado, consecuencia no sólo por la atenta mirada del gran escritor contemporáneo que es su autor, sino, y esto sea quizá lo más importante, por el ávido y exigente lector que demuestra ser, razón de peso esta si tenemos en cuenta que late en todas y cada una de sus páginas la curiosidad y el continuo deseo de saber a través de los libros, persuadiéndonos así de la importancia del libro –de la lectura- en la vida de los seres humanos.
Aunque a José María Merino (La Coruña, 1941) se le conoce más por su faceta de escritor de cuentos, relatos o novelas, este libro viene a revelarnos que también Merino es un excelente ensayista, capaz de hipnotizarnos con sus profundas reflexiones sobre todo lo relacionado con el libro, la lengua y la literatura, y más concretamente sobre el cuento como género literario marginal. 

 Divide José María Merino Ficción perpetua en dos bloques temáticas o partes fundamentales. En la primera, titulada “En el país de todos los libros”, reproduce textos de las charlas o conferencias llevadas a cabo a lo largo de dos décadas. Del contenido de esta primera parte destacaría artículos tales como “Diez jornadas en la isla”, donde Merino náufrago recupera algunos de los libros más importantes en su vida (diccionarios y enciclopedias, Heidi, El Quijote; la poesía de Bécquer, Rosalía de Castro, Darío, A. Machado, Rojo y Negro, , etc.); “Una identidad desatada”, que plantea el problema de la lengua española: empobrecimiento léxico, ensimismamiento en las particularidades regionales, el alejamiento de las nuevas generaciones de la palabra escrita en los libros –idea del libro como instrumento arcaico-, “El cuento de contar”, que pone el acento en la importancia de la literatura oral, “Los límites de la ficción”, (metaliteratura, la ficción en la ficción, metaliteratura y realidad), “Las miradas de la invención novelesca”, “Tres reflexiones quijotescas”, en el que explica la razón del éxito de El Quijote, que considera un clásico «porque a los lectores contemporáneos nos siguen interesando y conmoviendo las aventuras desastrosas de sus personajes, y dándonos ejemplo de lo que es vivir y lo que es soñar», o, “Cinco reflexiones sobre la lectura”, texto con el que Merino, a partir de su propia experiencia y vivencias nos acerca al universo mágico de la palabra escrita; en ella hallamos razones y sensaciones, porque la lectura es un viaje hacia mundos desconocidos y misteriosos. De ahí que se afirme: «Los libros mueren cuando ya no encuentran en el lector el eco de una emoción directa en los estético y en lo vital», o, a modo de conclusión: «Muchos creen, todavía en la falacia aristotélica, que solo en la Historia está el archivo seguro de nuestras circunstancias, pero el más certero registro de lo que caracteriza a la especie humana, donde verdaderamente se encuentra la historia de nuestro corazón a lo largo de los milenios, es en la literatura, constituida desde la capacidad simbólica que nos identifica. Leer nos da acceso al gran espacio de la imaginación reveladora: el país de lo que somos, el territorio de lo que sentimos».

La segunda parte, “De autores y ficciones”, contiene artículos publicados en diversas revistas literarias, en los que trata unas veces la obra de autores clásicos (Dikens, Maupassant, Potocki, Menéndez Pelayo, Chéjov, Unamuno…) o sobre la narrativa actual española. En cada uno de estos artículos hallará el lector algunas de las claves que han hecho que obra y autor estén en un lugar destacado de la literatura universal. Ficción perpetua viene a ocupar el lugar que merece dentro del género ensayístico y José María Merino, su autor, nos devuelve la esperanza en la literatura como fuente inagotable de vida.

miércoles, julio 16, 2014

Aprendiendo html con un relato. Maribel Cerezuela

Probando distintas maquetas en formato html


texto tomado para el ejemplo:

 La ciudad sin nombre .-.  H.P. Lovecraft
         [Cuento. Texto completo]
  




EMPEZANDO POR TABULADOR DE TODO EL TEXTO A UNO,
PARA QUE NO QUEDE PEGADO AL BORDE DE LA PÁGINA.

CÓDIGOS QUE VAMOS A UTILIZAR QUE SON VITALES PARA LA ESTÉTICA DE NUESTRA PÁGINA WEB

SANGRADO IZQUIERDA


Yo debía haber sabido que los árabes tenían sus motivos para evitar la ciudad sin nombre, la ciudad de la que se habla en extraños relatos, pero que no ha visto ningún hombre vivo; sin embargo, desafiándolos, penetré en el desierto inexplorado con mi camello. Sólo yo la he visto, y por eso no existe en el mundo otro rostro que ostente las espantosas arrugas que el miedo ha marcado en el mío, ni se estremezca de forma tan horrible cuando el viento de la noche hace retemblar las ventanas. Cuando la descubrí, en la espantosa quietud del sueño interminable, me miró estremecida por los rayos de una luna fría en medio del calor del desierto. Y al devolverle yo su mirada, olvidé el júbilo de haberla descubierto, y me detuve con mi camello a esperar que amaneciera.




SANGRADO DERECHA
Cuatro horas esperé, hasta que el oriente se volvió gris, se apagaron las estrellas, y el gris se convirtió en una claridad rosácea orlada de oro. Oí un gemido, y vi que se agitaba una tormenta de arena entre las piedras antiguas, aunque el cielo estaba claro y las vastas extensiones del desierto permanecían en silencio. Y de repente, por el borde lejano del desierto, surgió el canto resplandeciente del sol, a través de una minúscula tormenta de arena pasajera; y en mi estado febril imaginé que de alguna remota profundidad brotaba un estrépito de música metálica saludando al disco de fuego como Memnon lo saluda desde las orillas del Nilo. Y me resonaban los oídos, y me bullía la imaginación, mientras conducía mi camello lentamente por la arena hasta aquel lugar innominado; lugar que, de todos los hombres vivientes, únicamente yo he llegado a ver.

Y vagué entre los cimientos de las casas y de los edificios, sin encontrar relieves ni inscripciones que hablasen de los hombres -si es que fueron hombres- que habían construido esta ciudad y la habían habitado hacía tantísimo tiempo. La antigüedad del lugar era malsana, por lo que deseé fervientemente descubrir algún signo o clave que probara que había sido hecha efectivamente por los hombres. Había ciertas dimensiones y proporciones en las ruinas que me producían desasosiego. Llevaba conmigo numerosas herramientas, y cavé mucho entre los muros de los olvidados edificios; pero mis progresos eran lentos y nada de importancia aparecía. Cuando la noche y la luna volvieron otra vez, el viento frío me trajo un nuevo temor, de forma que no me atreví a quedarme en la ciudad. Y al salir de los antiguos muros para descansar, una pequeña tormenta de arena se levantó detrás de mí, soplando entre las piedras grises, a pesar de que brillaba la luna, y casi todo el desierto permanecía inmóvil.

jueves, julio 03, 2014

Código de la niebla. José Antonio Santano




Vuelve la poesía a este particular salón de lectura, y lo hace de manos de un poeta cordobés, Alfredo Jurado, cofundador, junto a las poetas Encarna García Higuera y Soledad Zurera, primero, y luego con Antonio Varo y Pilar Sanabria, del grupo Astro.Desde la fundación de este grupo poético allá por la década de los ochenta se han sucedido los poemarios de Alfredo Jurado (Mar de Liturgias, Mester de Amante y Paraíso Perdido, entre más de una decena de títulos), hasta hoy, que de nuevo nos llega su singular voz poética con el poemario «Código de la niebla». La poesía cordobesa ocupa un lugar destacado en el panorama actual de la poesía andaluza en particular y española en general, desde los más experimentados, como es el caso de los ya citados y también de otros poetas más jóvenes como Juan Antonio Bernier, Francisco Onieva, Antonio Luis Ginés o Joaquín Pérez Azaústre, del que nos ocuparemos próximamente.
«Código de la niebla», consta de dos partes: El cuaderno del aire, con veintiún poemas, contando el que da título a esa parte, y, Quemar las naves, con diez. El poeta, desde el primer momento declara y manifiesta, a modo de proemio, cuáles son las claves de ese primer bloque de poemas titulados «El cuaderno del aire», y así escribe: «Cuando era tan sólo adolescente, / entregaba mis tardes en lecturas; / en ellas descubriera personajes fantásticos; / algunos fascinantes, pero otros / me hicieron sentir miedo». 

En esta especie de declaración programática nos adelanta el poeta el discurrir de los veinte primeros poemas del “Cuaderno del aire”. Y ciertamente, comprobamos que los seres fantásticos, tomados de las lecturas adolescentes y que toman vida en estos versos, de manera que los personajes de la mitología griega (Glauco, Dríope…), fenómenos naturales (Simún, Perseidas…), monstruos marinos (Manatíes, Caribdis, Leviatán…) o paisajes concretos como “Los baños de Popea, conforman un corpus en el que la evocación y los recuerdos de la adolescencia producen en el poeta ese sabor agridulce de lo sentido en el pasado y de lo recreado ahora, después del tiempo transcurrido. Y todo hasta el punto de afirmar: «Por morir de algún modo, / moriré de tristeza cualquier tarde de invierno». Es ese sentido trágico de la vida una vez hecho verso, ese que siempre aflora en la poesía andaluza, y que en Alfredo Jurado pervive todavía. También la segunda parte, titulada «Quemar las naves» nos muestra las intenciones del poeta, su vuelta a los orígenes, al alumbramiento primero, a la vida: «Un día me alumbraste, cuando el tiempo de Marzo / alzaba su estandarte de luz en las paredes; / cuando el musgo en las tapias perdía su fragancia; / Cuando quiso la luna, con su fanal de plata / trepar al campanario, cuando el reloj marcaba / las once de la noche. / Algún gallo anunciaba su canto a solanares». Asumir que no hay vuelta atrás y hay que seguir avanzando, perseguir los sueños hasta darle alcance, escribir sin descanso, al límite, como si fuera el día último. El poeta consigo mismo, al calor de los sentidos, en los silencios de la noche y sus fantasmas.


El poeta en su propio abismo, solo y vivo en la luz de la poesía, entregado a la naturaleza, desnudo y libre, cuerpo y alma: «Es el alma una isla que flota en el silencio», humano ser, la vida: «Es la vida aquel río con múltiples meandros, / liturgia sacratísima que embriaga la consciencia, / es árbol a la orilla de un estanque / la nieve que declina lentamente la cumbre. / Es beso de la madre en el recuerdo, / la honda cicatriz que te deja su ausencia…». Siempre de vuelta el poeta al «paraíso perdido» de la infancia. Solo una objeción, a corregir para futuras ediciones, los continuados errores, tanto tipográficos (los más) como ortográficos (los menos). Salvando esta cuestión, hallamos en «Código de la niebla» al poeta de siempre.


Título: Código de la niebla
Autor: Alfredo Jurado
Edita: Aula de Cultura Astro
 (Col. Astrolabio, Córdoba, 2013)