Entrada al paisaje. Rubén VEDOVALDI

Llueve. Afuera es noche y llueve tanto.
Silvia bebe té de manzanilla con miel y da leche tibia a sus gatitos, enciende el hogar y nos abre la puerta a su interioridad en tensión poética.
Su vida, como su obra, es un paisaje sin terminar, sed de luz en marco de oscuridad, sed de belleza y reconciliación, sed de paz hecha de verdad y justicia.
Paisaje donde recordar, como dice Eduardo Galeano, es volver a pasar por el corazón.
Versos que abrevan en el mester de juglaría de sus ancestros españoles, pasando por el son cubano y aquellos poemas de Lorca y Rubén Darío en boca de su abuelo, o su abuela, guitarra en mano, cantando nanas, boleros y danzones. Gesto de vida en cantar de gesta, lirismo y memoria, filosofía, tedio y esperanza; budismo-nudismo y amor-clamor.
“Estoy harta- dice- del poeta como ente aparatoso que viene de las estrellas y duerme en colchón amplio, harta de pececitos de colores y la caravana de Ambrosio.”
Yin-yang entre el mañana y el ayer, contrapunto entre la ternura y el abandono, el amor y el poder, masculino y femenino, la lengua de Shakespeare y la de Cervantes. Conflicto entre soledad y solidaridad,  el pragmatismo ciego y los principios providentes,  la opulencia concentrada y la miseria dispersa.
Tensión entre el facto y el juri, el ideal y la realidad. Contraste entre aquel barrio habanero con olor de aguacate y suavidad de mango y el muro global de Coca Cola, Mc Donald y CNN; el largo lagarto verde y la superpoblada e inhóspita Grand Central Station. Profecía de la nueva tierra y el eterno play-back del World Trade Center en llamas.
Paisaje de piano, trompetas, bongó y tumbadoras donde Vivaldi, Gershwin, Bach y Lecuona armonizan, y Walt Whitman, Van Gogh y José Martí son hermanos, aunque allá afuera, lejos, en la noche de lluvia inclemente, todavía duele el eco de una niña desflorada en la flor de su inocencia.
Anímico paisaje-retrato que terminarán tus ojos, querida lectora, querido lector, soñando y ejerciendo la convivencia más allá de todo.
Al final, una galaxia muere, se convierte en agujero negro,
La muerte baila un guaguancó con Proust.”
Afuera llueven las siete plagas.
Silvia propone una síntesis superadora: “el planeta es la patria, y el amor pasaporte.”
“La lluvia baña los últimos cadáveres y los perfuma, penetra todos los secretos y los suaviza en humedad sagrada.”

                                         Rubén VEDOVALDI 
                            Finales de otoño 2004  ARGENTINA

Los siete pecados capitales. Fernando Savater y Dante Alighieri



Los Siete Pecados Capitales
Autor: Savater Fernando
Editorial: DEBOLSILLO
160 paginas, 100 gramos, 

encuadernación rústica.
Edición: 2006 |

Idioma: Castellano
Colección: BEST SELLER
ISBN: 9789875661820

Con su habitual inteligencia e
ironía, el filósofo donostiarra reflexiona en estas páginas sobre los pecados capitales, sobre si en la actualidad siguen siendo un referente moral y ético para las complejas sociedades occidentales. Savater analiza con mordacidad y rigor las siete categorías contraponiéndolas a las virturdes cardinales: el resultado es un personal retrato de los nuevos usos y costumbres en una sociedad de honda tradición judeocristiana.

En la línea de Los diez mandamientos en el siglo XXI, un libro para el gran público con argumentos comprensibles al hilo del cambio de comportamiento de las sociedades modernas.

Los Siete Pecados Capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del Cristianismo y Catolicismo para educar e instruir a los seguidores sobre la moral. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento. Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.

Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los Siete Pecados Capitales como tema entre los artistas europeos de la época eventualmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia Cristiana a través del mundo.

En el libro "los Siete pecados Capitales" Fernando Savater explica:

Según el historiador inglés John Bossy, "los siete pecados capitales son la expresión de la ética social y comunitaria con la cual el cristianismo trató de contener la violencia y sanar a la conflictiva sociedad medieval. Se utilizaron para sancionar los comportamientos sociales agresivos y fueron, durante mucho tiempo —desde el siglo XIII hasta el XVI—, el principal esquema de penitencia, contribuyendo en modo determinante a la pacificación de la sociedad de entonces".

La rana. Lola Soria, Manuel Lozano y Fernando Rebollo

Aquí te envío un relato sobre unas ranas muy peculiares. 
Ha sido elaborado entre Lola Soria,  Manolo Lozano y un servidor
esperamos que te guste.

Un relato que tras estas palabras comienzo a escribir, un relato que habla de un abuelo camino de las parras, camino de la tierra que cultivaba y lo que le sucedió en ese trayecto. 

Beires, otoño en Beires, sentados en la chimenea el abuelo contaba historias a los niños allí congregados. Los troncos ardían impulsados por la leña fina que el abuelo había colocado apenas cinco minutos antes. 
Maribel su nieta le había pedido que le contase alguna historia, venga, abuelo, cuenta abuelo. El abuelo se hizo de rogar un poco pero como los demás niños también insistían al final se decidió. 
"Pues veréis, una mañana iba al campo con mi azada y una talega donde llevaba la comida, pues muchos días almorzaba yo en el campo, clareaba el día, los gallos cantaban, kikirikí, kikiriki, los perros ladraban a mi paso, guau, guau, guau, pero como estaban encerrados en los corrales no podían hacerme nada. Tres cosechas perdidas, me veía sin fuerzas para cultivar, ésta casi seguro que sería la cuarta.
En las afueras del pueblo se podía observar como el sol no tardaría en salir, aunque todavía había sombras. En los árboles había un poco de rocío en sus troncos y en sus hojas, la hierba estaba mojada y mis botas se mojaban al pisarla, pues bien, cuando emprendía el camino del terreno que iba a cultivar, en un recodo del camino junto a un pequeño lago me encontré una gran rana, de color verde intenso, al mirarla empezó a croar y otras ranas vinieron hacia el lugar donde se encontraba ésta y también comenzaron a croar, jamás había visto tantas ranas juntas." 
Tu lector te preguntarás. Qué hace una rana grande, inmensa a estas alturas del relato, si el hombre iba alegre y confiado a cultivar la tierra. Qué culpa tengo yo lector, si al croar de esta vinieron otras y la orilla del camino se convirtió en una procesión de anfibios en la amanecida. Qué culpa tengo yo, qué culpa tiene el abuelo de que en un recodo del camino hubiese un pequeño lago donde las ranas se criaban grandes y hermosas, sigamos pues, que a estas alturas ya tengo curiosidad por saber lo que pasó. 
Giré la vista al camino y la rana grande dejó de croar, las demás se tornaron silenciosas emulando la conducta de su jefa. Proseguí camino hacia la tierra, la rana grande daba saltos y las demás hicieron lo mismo sobre la hierba. Me percaté de esto y de nuevo giré la cabeza para ver que pasaba, en ese momento comenzaron a croar de nuevo, salí corriendo despavorido y las ranas dando saltos y croando me perseguían. Vaya escandalera, yo estaba aterrado, tanto miedo tenía que dejé la talega y la azada en medio del camino, las ranas dejaron de croar, hicieron una gran círculo rodeando lo que se me había caído.


Manuel Lozano

PRIMERA VINDICACIÓN DE LA NIÑA NATHALIE CRANE
Por Manuel Lozano



The waste remains, the waste remains and kills.
William Empson, Missing Dates





TRES POEMAS DE NATHALIE CRANE


TRADUCCIÓN DE MANUEL LOZANO



LA NIÑA QUE ENCEGUECIÓ

En plena oscuridad,
¿quién me contesta del color de una rosa,
de los atavíos en el mes de mayo
y todas esas peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿quién me contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría si el olor de las rosas
y las cosas aladas
estuvieran ahí?
En plena oscuridad, ¿quién meditaría
sobre la sugerencia de una línea,
cuando la oscuridad guarda toda belleza,
toda belleza más allá del pensamiento?
¡Oh, ceguera! Las profecías confortables
acompañan nuestros caminos,
hasta que las manos liberadas al fin
dejan caer la nómina de los días.
En plena oscuridad,
¿quién contestaría del color de una rosa?
¿Quién, de los atavíos del mes de mayo?
¿Quién, de todas las peregrinaciones que realiza?
En plena oscuridad, ¿quién contestaría -en la oscuridad-
a quién importaría
si el olor de las rosas y las cosas aladas
estuvieran ahí?