miércoles, enero 21, 2015

Reino de Al-Mariyya. Antonio García Vargas

REINO DE AL-MARIYYA


Somos lo que hacemos y esa será nuestra huella en la Historia. No dejes, hijo mío, que tus hijos ni los hijos de tus hijos, olviden nunca que hubo un momento de esplendor extraordinario en el que Almería fue un gran reino que abarcaba desde la Andalucía oriental hasta Valencia y de esta, pasando por Toledo, hasta la gran Córdoba del Califato. Y no se consiguió solo mediante el uso de las armas sino —y sobre todo—, a través de un conciliador abrazo eminentemente cultural.
El paisaje almeriensí, engrandecido en la batalla su horizonte de sucesos, se retrajo después cual corazón que busca su reflujo primigenio, girando hacia sí en una marcha atrás que la llevaba a sus esencias, a su núcleo montañoso de lagartos y de esparto compensando las solanas al abrigo de sus playas, depurando contenidos y alumbrando con mil luces a los mundos del entonces, transformándose en poesía de manos de Almotacín y llegando con sus versos a humanizar un Medievo balbuceante, perdido en una oscuridad barbarizada carente de palabras. Y entonces, oh prodigio: fue nombrada la alMariyya rutilante, bella hurí desmelenada de cintura cadenciosa que orgullosa paseaba su Diwan de mil poetas y que al mundo enamoraba con sus sedas, su comercio y su decir en la más bella poesía que el oído conociera, cual orfebre metafórico de un Parnaso almeriensí de factura singular que brotara de la magia de un versal espacio-tiempo plagado de moaxajas saltarinas y de jarchas.
No dejes, hijo mío, que tus hijos ni los hijos de tus hijos, olviden que hubo un tiempo en que Almería, cual gusano que abandona su capullo mutado en mariposa, alzó su vuelo entrando en la alMariyya andalusí de un ensueño milenario. ¡No dejes que lo olviden, hijo mío! ¡Nunca!

TIENE LA TARDE ANDALUZA…

Son las tardes tan antiguas, que oyeron en silencio, embelesadas, los primeros balbuceos de la poesía. Ellas escucharon a Homero, cuando aún el verso se sembraba y germinaba sólo por medio de la palabra mediante el idioma de los dioses: el hexámetro.
Vaya para la Andalucía preciosa este hexámetro dactílico, fraccionado, solemne y a ratos quebrado, dedicado al amor y a la bulliciosa tarde mediterránea, testigo milenario del excelso lenguaje con que dialoga el resabio arcanal de la prosa con tu mistérico verso.

Tienes tú, tarde… ¡Ah, tarde preñada de ensueños y pasmos!
Tiene la tarde —tenía—, un hexámetro impreso en el alma.
Ah, de mis tardes. Tus tardes. Las tardes tardías. Su encanto...

Rompo, fracciono, quiebro las sílabas del verso hexamétrico y pongo en tu labio un procaz ramillete de dáctilos tiernos recién trajinados, formando ese velo indulgente que empieza en mis letras y acaba mordiendo con ritmo alocado el run run de tu boca…

Chica preciosa,
mimosa,
vestida de suave turquesa,
ven hasta mí,
alhelí,
con tu mano deshójame entero,
pon en mi boca
tu ramo de rosas
jugosas
que quiero ser tu jarrón,
tu razón,
de tu labio el ladrón
… y la presa.

Fiel organismo del monstruo,
libido que ruge y que quema,
venas turquesa mezcladas con uñas
de conchas marinas,
verso inconsciente de dos epidermis
que a dúo se asaltan,
sales y aromas preñando caderas
de fuego
en el juego,
grito y temblor,
Paganini en escena,
 violines ardiendo.
Toda poesía interior
interrumpe el ladrido del cuerpo
—negro cabello agitado por vientos lascivos—,
deseo
donde la leche teñida de incienso
estrangula los blues
entre mordiscos y restos
de atávicos genes de loba…
¡Hueles, zagala, a romero en la copa de asombro del sexo!

Antonio García Vargas,
21 de marzo, Día Mundial de la Poesía




CABO DE ÁGATAS
—Almería—

Y junto a ti me siento, 
postrado ante ti, piedra,
piedra de la montaña 
que del abismo emerge,
tú, gran Cabo de Gata, 
perenne centinela
de la dorada hipérbole 
de bellísimas playas.

agv


LAMENTO ANDALUSÍ
—ANDALUCÍA, 1493—

Formas. Periodos. Momentos. El tiempo es licencia y reflujo,
nunca constancia de un hecho palpable; tan solo es invento
con que el humano refleja el pasado presente y futuro.
Arte difuso es el Tiempo; la Historia… su gran artificio.
¡Dime, oh Historia, de qué se componen verdad y mentira?
En el lenguaje del tiempo, ¿qué es y qué fue Andalucía?

Nuestras acciones pasadas modelan presentes inciertos,
descubrimientos de antaño jalonan el paso de un pueblo,
la astronomía, las artes, la música y mil manuscritos,
contribuciones científicas, versos, que fueron transcritos
por traductores judíos, mozárabes, fueron tomados
—asimilados—, por gentes cristianas de tierras adentro.

Todo exudaba un adiós. Veinticinco de enero. Partimos.
Era Granada una lágrima inerme que el ojo expulsaba.

¿Es el Islam andaluz el que inspira a poetas y reyes?
Los eruditos, incómodos por circunstancias diversas,
viajan a Oriente y al África, su movimiento es continuo.
Son paradojas pues nuestra pujante cultura andaluza
tiene una impronta diversa; procede de múltiples lenguas
que al propagarse cual llama provoca intercambios mundiales
que sedimentan aquí y se expanden por todos los ámbitos.
Ciencia y Saber andaluz han estado presentes antaño
pese a enconos y riñas políticas o religiosas.

Generalife, mi espejo, la faz de mi estanque sagrado,
en los aljófares mágicos vive tu oculta memoria.
Dios te proteja y te guíe hasta el fin; mi rubí, mi corona.

Los castellanos de entonces erraron al dar a los nobles
—como señuelo, queriendo comprar el poder de su espada—,
grandes terrenos, con vegas y campos, de nuevas conquistas.
Los señoríos de monjes, seglares, guerreros y pícaros,
configuraron enormes poderes dejando al plebeyo
desprotegido y a expensas de gente brutal y ambiciosa.

¿Qué te has dejado al partir? —preguntaste—. ¿Que qué me he dejado?
¡Mi corazón! —respondí—. Y me hundí entre mis verdes y azules
para ocultar el dolor de perderte, mi tierra encantada.

Cuando la pobre y hambrienta Castilla pisó Andalucía
hambre y miseria minaron las bases de nuestra cultura.
No producían, guerreaban. Comían y no trabajaban.
Tal es su oficio: la guerra. Y cuanto pisaban, moría.
La economía se hundía con ellos; también la cultura,
descomponían las bases sociales con normas injustas.
La integración de culturas de entonces murió aniquilada
por el abuso constante del bárbaro privilegiado.
Somos la cara quemada de un fuego  que ardió en esta tierra
y que arrasó la cultura implantando su caótica estela.
Cuando llegó de la umbría el centauro, la noche asustada,
se replegó y su intermezzo engulló las alquimias de Al-andalus.

La religión, en principio, jamás dividió Andalucía.
Hubo un momento en que todo cambió, ¿fue quizás el destino?
Hay en el hombre razones y causas que ni él mismo entiende,
como si fuera arrastrado, influido por fuerzas oscuras,
cual un torrente que ciega y anega razones y pueblos.

Era la sierra de Gádor rosada. Un reflejo castaño.
Tan femenina. Muy blanda y redonda. Sus piedras benignas.
El Andarax, ¡ah, mi agreste destierro! ¡Mi reino de Nada!

Y me pregunto: ¿Por qué sucedió? Mas no encuentro respuesta.
Siento que el hombre tan solo es centella que cruza el espacio
y aunque la chispa consuele, la noche es un hecho infinito.

—Creo que estabas diciéndome algo, mi amado Boabdil.
Beso sus labios en flor y contemplo el jardín de su cuerpo.
—Ah, no, mi hermosa Moraima, querida. Tan solo pensaba…

Antonio García Vargas
—Epilio en hexámetros dactílicos—
(Datos recogidos de las Notas de “Las memorias de Boabdil”)



RENDICIÓN DE ALMERÍA, AÑO 1489
Escena de la rendición de Almería en la Catedral de Toledo

Pienso que la Historia ya está escrita, el recuerdo no la acerca ni la aleja, ni siquiera la cambia o la protege; cuanto menos la avala. Nuestra historia está grabada en muros de hormigón petrificado, con letras de fuego fatuo: ¡letra de batalla! A veces es preciso contemplarla desde la lejanía, pensarse voz vencida, esa voz que en silencio, por siempre, fue acallada; esa voz que con signos y runas permite -aunque a oscuras-, simular el habla cotidiana, conformando un lenguaje ajeno, de corte surrealista. ¡Ah, vocecilla apenas musitada! Mas… dejemos que la cuenten sus actores principales.
ALMERÍA, CIUDAD SITIADA, DICIEMBRE DE 1489.
Duerme inquieto el horizonte cubierto de guirnaldas amarillas. La piedra cobra vida, se lamenta añorando las últimas batallas. Suena el cuerno en la distancia y la garza se dispone al sacrificio. Almería es un embudo, la sierra de Alhamilla una amalgama. Salgo del pasado reciente, rebusco en el futuro, veo un habitáculo de colores matizados, que acoge el llanto del niño gaseado mientras Auschwitz, en un futuro proclamado, se engalana cantando a perros disfrazados. La Historia es una fuente inagotable de patrañas y verdades que escribe el vencedor de las contiendas, mas… en ella, en su trasfondo, está la historia para ser leída, interpretada o, con algo de paciencia, intuida, razonada.
Ah, hoy —del 22 al 26—, me siento “cosa” inerme. Noto que sobran dos hemisferios en mi mochila muda y quisiera compartirlos con el rocío que cubre las violetas enterrando sonrisas al pie de las estatuas. En este amorfo día —que derrumba ese cosmos que conocimos hasta ahora—, construiré para vosotros suspiros y murallas con un viaducto de mármol plagado de cerezas y destilaré horizontes a la sombra del pulgar. Ubicaré el epicentro en la córnea del búho y cercenaré las sombras congregadas para evitar contagios. Penetraré en el misterio del agua cristalina viajando en el tiempo a la dimensión benigna y engendraré un bosque sin límites ni costas. Seré montaña hueca cobijando vuestro cuerpo. Quebrantaré las leyes que rigen los universos y del delicioso légamo de robustos vientres, nacerán las bases de futuros archipiélagos. Regresaré al espacio donde reposan los pies del hermano, con sólo dos o tres frases como faroles danzantes. Ah, los niños desprendidos de mi retina son de metal y sus voces perturban el sueño del unicornio. No busco conflictos ni teorías de astrónomo, resbala mi lágrima tendiendo las manos, quiero sembrar en tus rodillas tulipanes blancos y sentar a tu mesa de lamentos mi lobo amarillo. Tal vez así la claridad ablande tu cutis de piedra y renazca la obediencia en el cristal oscuro. Soy, confieso, velamen neutro cubierto de rasguños, amiga del viento, del mar y de la cuna regia. Traigo compromisos en las yemas de mis muros que claman en la penumbra del frío cósmico. Sólo pido, antes de desaparecer en el espejo de la memoria, que no tiemble la mano que acaricia el otoño y que la novena estirpe proteja sus fronteras cuando el señor de la codicia suelte sus jaurías.

DON FERNANDO.
Miro de nuevo hacia atrás, soy el eterno príncipe roto, consorte imaginado, encadenada  prosa de la Historia; yo soy el rey Fernando, unificador de la tela de araña. Alejo sombras de otras vidas presentes, pasadas, futuras, desatomizo el alma, recompongo el cuerpo y programo una mano que acopla en su interior la espada portadora de palabras. Hundo el magín en el olvido y planto lilas en la frente del dinosaurio para aliviar la sed de las pateras grabadas en el ojo del patético inmigrante. ¡Carpe diem, hermanos de la triste sonrisa, perdidos en la resaca de la mirada africana! No seré yo el que os tienda la mano en el presente pero bien que me gustaría hacerlo en el pasado. Ah, el bien más preciado es la vida aunque para algunos signifique un ensayo para la tortura. Cuesta mirar la luz habiendo tanta sombra, entorpece el vuelo de la grácil golondrina, el hombre dormido cruza la lluvia… un perro ciego sacude el paraguas en busca de alimento. ¡Voto a tal!, este sol insolente me está volviendo loco. Prosigo: Asomado a los silencios castellanos dibujados con carbón, perdido entre la bruma, el destino y la vorágine, degollando círculos que llevan a las colinas, vivo la muerte del río, soy agua que se sume en el lamento. Refugiado en la ribera vuelvo a los orígenes, nazco montaña sin voz y mis pies, aferrados al cieno del pasado, hunden sus raíces en los muros del inicio buscando a su Creador en la cercana hierba que jamás vislumbro. Solo sombras besan mis labios de tierra y nadie responde en la cumbre celeste.

DOÑA ISABEL.
Los seres del abismo golpean inquietos los cerrados cajones de mi cerebro. Ya soy Isabel, reina toda, sin fisuras ni altibajos. Nadie, nunca, conseguirá tener un verso mío. Jamás revelaré en palabras lo oscuro de mi sangre, mis ansias, ni mi alma. Arrancaré jirones al tiempo vivido hasta que el Señor me lleve a hermanar mi nacimiento con el de mis ancestros. No buscaré el final que me tienen reservado los dioses aunque me sé heredera de la cábala. Ni, como decía Horacio, me dedicaré a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios intentando imitar la ansiedad de los signos. No dejaré que el tiempo me quite tiempo ni responderé al guiño malicioso de los infiernos. Daré paso a la ensoñación primaria con que se amamantó mi pecho y cantaré al alba, pero a solas. Del tumultuoso caos que latiga el inconsciente, brotará un lienzo de conquistas sin sentido, entrelazando pendones y paisajes momentáneos con axabebas moriscas y jasjas deshilachadas, producto del pánico y la barbarie de los que soy devota. Mi bitácora íntima penetrará la remota estrella buscando a Ulises en la galaxia ignota de su soñada Itaca enmohecida. Del volcán rugiente de mis guerras externas extraeré los pétalos con que construiré la fecunda espada de la fantasía individual que me es negada y recrearé un jardín con la sonrisa antigua de mis estigmas, plantando con mis dedos inviolados lirios azules, con mi boca la rosa de los vientos, cubriendo de abejas el jazmín de mi pelo ruboroso y, por último, rociaré con dulces gotas de rocío mi labio, humedeciendo el sórdido talle donde está inscripta la brutal runa de mis otrora contenidas lágrimas.

EL ZAGAL.
Ah, sino adverso. Me esquivas sin que pueda llamarme a engaño. Los hados y las musas se han volatilizado. La cigüeña ya no anida en el campanario donde plantó el profeta su plegaria primera. Llega un tiempo harto proclamado, las máscaras van cayendo, una tras otra, y aflora la realidad de la montaña de arena, yacente en el regazo de la mujer lapidada. El sol declina en vertical sobre el horizonte ajado y una lágrima de plomo derrite la escarcha golpeando las rocas de los acantilados. Queriendo escapar del inapelable destino, las cigarras acallan su canto nocturno y el silencio penetra en el laberinto del sueño. Seguimos dando bocados al sentido originario del verbo. Hoy, para salvar lo poco que resta de mi orgullo, rendiré mi alcazaba, mi honor, mi gloria y mi fama. Triste final me aguarda. Mejor, rescataré mi sueño: sí, me despierto en las fauces de un mundo de amapolas, donde el centauro ama dulces sirenas de pechos salados emergiendo de un bucle del tiempo pasado, entre grillos, saltamontes y canarios. Hay innumerables caricias, susurradas por árboles danzantes, que cantan a la imagen del lago de porcelana, gotas de agua persiguiendo al vidrio tibio en un estanque donde el tiempo acaba y recomienza, allá donde pernoctan los peces color armadura; mutantes que imitan lo procaz del aluminio. Ah, temo aproximarse a la orilla del libro de mis siempres y encontrarlo vacío, vilmente apuñalado por efímeros violines de abecedario.

YAHYA AL NAYAR.
Soy el del manto regio, el almeriense andante. Yo soy Cidi al Nayar, infante de Almería, traidor para los míos, un héroe para el godo; un hombre que se busca tras un vórtice inconcreto sin terminar de hallarse. Ah, hoy cabalgué con un relámpago enmascarado, incorporando magia a mis requiebros. Mas no puedo contenerme, he descubierto la epidermis del oráculo junto a un viejo rapsoda que templaba su lira peinando la brisa del mar tenebroso. He orado como los griegos, erguido, he sido columna colosal que alcanza el firmamento, he borrado los ángulos, serenado la mirada y mi ensueño poético ha superado a la bestia; soy juglar de la propia inconsistencia que me ata y libera. Ya me sé destino y por tanto la muerte no aporta nada nuevo a mi pupila. Donde yo habito no hay negra tiniebla, ni blancas palomas, he echado los cerrojos de mi celda y si llega mi fin es porque ya no estoy atado a la ilusión de la vida pasajera. La muerte nada tiene que ver con los vivos ni con los muertos; en la terca metáfora del Destino del hombre, la figura recreada es él mismo. Carpe diem, me digo, el destino del hombre es vivir, la verdad es imaginaria, la imaginación verdadera, la alegría de vivir quita espacio a la destrucción socavando los templos de la intolerancia y marcando el sendero que reposa en el átomo que lleva a la cima en que atrapo a los vientos. ¡Carpe diem! —si te dejan.

GENTES DE ALMERÍA.
Me refugio en las murallas de la asediada Almería y me hago centenario andalusí que implora; ya soy el miedo y la prudencia, el fragor de la lava que el volcán pasional me arroja, soy el vate de una tierra castigada que fue reina, que fue esclava y que, presiento, será ultrajada hasta los cimientos, sea por el peso de las armas, sea por razones inconfesables que a nuestra razón escapa. Miro las ácidas paredes encaladas, penetro su morada convirtiéndome en espejo que denuncia carencias y mariposas. Brilla el sol pero el frío sacude las baldosas invocando demonios y plegarias convalecientes, ¿persiguiendo —quizás— herejes a la luz de la luna? Veo cómo se desploma el halcón herido por la fábula, agitando sus alas, defendiéndose del tránsito cotidiano. Brota en su frente la sangre de la ofensa y el maltrecho cuerpo se diluye entre arenales, quedando un anillo de dorado reflejo flotando en los ladrillos del recuerdo. Llegará ¿llegará?, el día en que los buques copulen en el ancho delta del gran río y una vez discutidos, flagelados los efluvios, lamenten la oscuridad del viejo epistolario.

Hurgando en el presente presiento que ha llegado el crudo invierno. Encopetados gentilhombres discuten las medidas del acuerdo, muchos maravedíes ruedan de mano en mano, prebendas y ducados a mansalva, pueblos rindiendo sus plazas al paso de los reyes, ¿un mundo que se acaba? El Zagal por un lado, Isabel y Fernando por otro; el menú principal está en Granada, lo saben, todos, unos y otros están al tanto; un festín ya cocinado, listo para ser servido en apenas unas jornadas. Lo de menos es el pueblo, ni siquiera la tropa, los heridos, los muertos, el cansancio acumulado. La ciudad es una mancha blanca y parda, su importancia secundaria. Es política de altura donde el menesteroso nada cuenta, es comparsa, figura inacabada, presencia insoslayable mas inerme, convidado de piedra en la paz; figura de relieve y de fácil reemplazo en la guerra, en la batalla. ¿Es esta, señores, la gran tragicomedia de la vida? Pues… ¡Que siga, que no pare, que prosiga el espectáculo!

Se desvanece el efecto del maquillaje en la ciénaga, el aire se pierde en dirección al  desierto buscando la nieve que desprenden las alcobas. Un mirlo gorjea las sílabas de tu nombre picoteando la cabeza de vidrio de la dormida botella. La tarántula ensaya su ebria sonrisa macabra, constelando sin prisas el cambio climático y allá en lontananza un país enfermo agasaja a fantasmas ofrendando su savia; bestias condenadas a vagar hasta el alba en berbería, manipulados genes non gratos ocultos en el arca perdida, plantando pezuñas en la transparente tumba de los elefantes. ¿Está llegando el momento en que debemos utilizar la mecánica del amor para salvar sus símbolos? A veces noto que el verso se rebela, tiembla, gime, rehúsa hacerse prosa, escapa al zodíaco refugiándose al calor del seno de una zagala, allí ablanda el dolor en la carne transpirada, prefiere vivir encadenado al círculo doméstico recogiendo el latido de una primavera sin murallas, semiescondida en los tibios muslos de la inocencia aparente. Es la hora de ahuyentar a las termitas de plástico disfrazadas de tragaperras sónicas, de las torpes garras de una futura VI Flota. ¿Confiamos en la Providencia? Del estiércol brotan la azucena y la madreselva, un par de milenios más y gozaremos en la rueda luminosa.

Creo ver en el fondo de unos ojos y escucho ramas procedentes de bosques lejanos, ¿es el instante en que los niños silencian los hielos maternos? Un mar agitado escribe leyendas en la sangre y abruma a las aves con humaredas de estrellas. El chapoteo incesante de vientres desnudos ahoga los ecos pedestres, perforando los tímpanos secos de faunos agonizantes. El bramido apátrida sacude las telas metálicas enfrentando hermanos en un jardín de leones, sin más fundamento que un tenue escorzo de magnesio bruñido con odios circulares danzando en torno a la evanescente noria, allá en la alcazaba. Ah, tierra mía, pintaré para ti un cielo bañado de espejos, con tintes sutiles y pinceles de aire salino para no empañar tu piel de manzana. Modelaré este heredado fuego interno, de bucles imaginativos, a la sombra de un Cosmos constelado. Ojearé recuerdos vidriosos de cada fragmento de tiempo, enmarcando la luna con metáforas absortas, rozando el bacanal de lo superfluo. Musicalizaré, en susurros, los cándidos amores inventados, cincelando en el verso mil jarchas y moaxajas. Después, levitaré por la senda luminosa de la paradoja, allá donde jamás se agota el campo de lo posible, luchando contra el flagelo para encontrar al otro, al semejante, a ti, a mí; al Todo. Ay, amada, al fin, ¿será ya tarde?, he comprendido que todos los nombres de ayer, de hoy, de siempre, incluso el de esta fábula llamada Reconquista… ¡se llaman Esperanza!

Antonio García Vargas



CAÍDA DEL REINO NAZARÍ

Día 2 de enero. En un día como este, entrega Boabdil las llaves de la ciudad de Granada a los nuevos dueños y con ellas los restos del reino nazarí incluida el alma de la ya rendida Almería. La Europa de entonces respiraba aliviada pues se desmantelaba aquella “cosa” exótica que había conseguido subsistir durante más de doscientos cincuenta años al acoso del cristiano.

"Mas yo no he hallado que en
la ocupación de Córdova, ni
Toledo, ni Sevilla, ni Valencia,
ni Murcia, ni de otras ciudades
populosas poblassen tan nobles
ni tan principales cavalleros,
ni tan buenos linages de moros
como en Granada".
(Ginés Pérez de Hita,
Historia de los Vandos de los
Zegríes y Abencerrajes, cavalleros
moros de Granada, Cap. 1)

Al igual que ocurre siempre después de las guerras, los de siempre, los camaleónicos,  se acomodaron a los nuevos tiempos (ellos nunca pierden) y pasaron a formar parte del “equipo” vencedor. El pueblo llano, también como siempre, es el que perdió prácticamente todo de la nada que tenía. Al desaparecer las estructuras políticas de la monarquía nazarí tras la conquista castellana, se desarticuló todo un sistema que había subsistido durante dos siglos y medio. Los efectos que ello tuvo para los sometidos han sido estudiados por diferentes autores. Desde el sultán y la familia real a los "poderosos" de los medios rurales, las reacciones ante un estímulo cada vez más fuerte, con la presencia progresiva de un poder superior, de una sociedad dominante, que se impone avasalladora sobre las viejas estructuras, conforma lo que se ha dado en llamar la “castellanización” del reino de Granada.

Gran parte de la nobleza musulmana abandonó la península amparados en la política de los vencedores, dado que así se desmantelaban los posibles cuadros dirigentes, quedando la población vencida expuesta a la presión de los vencedores. Los que optaron por quedarse tras las capitulaciones no lo pasaron en principio mal del todo pues, como dice Ladero Quesada, “El trato a las autoridades y notables fue benigno. Las religiosas y judiciales continuaron en sus puestos, los alguaciles y otros cargos de la administración local también. Los arraeces y alcaides importantes recibían mercedes en metálico o tejidos. Los altos cargos, en fin, fueron remunerados con esplendidez”. Mas… ¿Qué fue del vencido Boabdil? Ah, esa es otra historia que nos tocó muy de cerca a los almerienses pues se inició en Granada y terminó, en un interesante capítulo, en nuestra sierra de Gádor, aquel día de mediados de febrero de 1,492, cuando el Rey Don Fernando creyó que la situación social en Granada estaba en calma total y le anunció al acongojado Boabdil que había llegado el momento de partir hacia el feudo alpujarreño y que habría de salir de Granada “con los luceros”, cuando el pueblo aún dormía. Y así discurrió esta parte, según nos cuentan los historiadores más serios, sin llantos al despedirse de Granada, ni otras ocurrencias carnavalescas por el estilo. Dado lo extraordinario del hecho, despediré este texto en hexámetros dactílicos de corte andaluz contemporáneo, como ofrenda a este grandioso pasaje de nuestra historia pasada:

Hay un instante supremo, camino de las Alpujarras,
en las macizas alturas del sitio llamado el Padúl,
donde, si miras, divisas Granada por última vez
para después ocultarse y quedar a merced del paisaje.
Desde lo alto, las aguas del río Genil y también
del Guadalfeo, dividen sus cauces. Parece que muestran
esa escisión de mi ayer del presente y también del mañana.
Altas, las cumbres montanas, relucen dorándose al sol,
mientras la niebla proclama gentil una hermosa mañana
y en la pereza perenne del gozo despierta la Vega.
Era consciente del sitio, sabía de su encanto y lo sé,
Aun con los ojos tapados o ciegos, sabría expresarte
lo que se ve: sus colinas, sus casas, mezquitas o cármenes.
Sé que si vuelvo a mirar mutaré en una estatua de sal.
Éramos los desterrados, vulgar caravana de gentes,
almas cautivas vagando, buscando cobijo en la nada,
torvo el semblante, añorando la tierra que allá se quedaba,
como temiendo no hallar el sosiego perdido, soñando
siempre en la aldea, la casa, las gentes dejadas atrás.
Yo no veía ni oía; me hallaba sin ojos ni oídos,
nada llegaba a mi mente que yerta, nublada, dormía.
Pero quería escuchar. Y quería mirar. Comprenderme.
Un cuajarón de la vida que vil me mostraba el presente.
Tiempo pasado. Retrato en color de un escorzo impreciso
que sucumbió a la nostalgia que errante acompaña al vencido.
Y me pregunto: ¿Por qué sucedió?, mas no encuentro respuesta.
Siento que el hombre tan solo es centella que cruza el espacio
y aunque la chispa consuele, la noche es un hecho infinito.

Antonio García Vargas

DE VERSOS Y POETAS
No deja de ser triste que el poeta pierda día a día el sentido de la poesía en aras de una supuesta libertad de expresión que no es otra cosa que ignorancia de lo que es y debe ser la poesía o el poegrama en el bellísimo formato que le es propio.
La esencia de las cosas, contenida en el formato métrico-poético, no puede ser la misma si se la despoja de los elementos que le han sido otorgados a través de los siglos. Todo poeta que no tiene una idea exacta de lo que es la poesía, lamenta amargamente la dificultad que entraña al sentimiento el mostrar un pensamiento espontáneo a través del “encorsetado” métrico, olvidando que la cadencia, ritmo y música propios de la poesía, solo son posibles si se muestran como acompañamiento del ictus espiritual interno del que brota la inspiración, que sin un adecuado ordenamiento sería imperfecta. Un pensamiento expresado tal cual nunca pasará de ser mero pensamiento presentado de una manera más o menos bella, pero nunca será poesía completa.
La versificación es el modo natural de la poesía y una vez se acepta esto, se estudia y se domina, no existe forma más lógica, práctica, libre y sencilla, para expresar el sublime arte del verso. El poeta, una vez aceptados y comprendidos los fundamentos de la métrica, dispone de mil maneras de sacarle fruto a sus conocimientos y lo que para algunos aparece como obstáculo, es para él fuente continua de elevación creativa y recreación estética pura, prolongando la idea inicial a límites insospechados donde los sentidos se expanden hasta el infinito de un maravilloso desfile de imágenes que dan lustre y colorido a la excelsa palabra.
La poesía supone un estado espiritual distinto y por ello precisa romper el molde ordinario que contiene al lenguaje para de este modo dotar a la palabra de contenido y que todo el sentimiento aflore con su carga emotiva satisfaciendo todas las necesidades del espíritu y haciendo que fluya incontenible por encima del mero decir. Cuando se conoce y se sabe aprovechar al máximo los recursos sonoros, el poeta musicaliza de tal modo la palabra que esta fluye exaltada manifestándose en un lenguaje superior proyectando el sentimiento hasta hacerlo presente ante el que escucha, el verso se hace más sonoro, vibra y hace vibrar con el aporte invisible de la palabra-música con que se expresa. Todo aquello que está más allá del pensamiento común debe ser expresado en lenguaje poético, dejando la prosa para el lenguaje familiar, narrativo, coloquial o explicativo y expresando lo trascendente a través del verso.
El verso sobrevino originalmente como inspiración-imitación ante lo bello y lo hizo de manera natural, sin artificiosidad, empleando unos modos distintos de expresión, imbuidos por la maravilla del sonido natural de las cosas —la primera poesía—, como correspondencia a algo superior que precisaba ser imitado con sonidos acordes al original: la hoja hablaba al ser mecida por el viento, el animal rugía, el mar gemía, el fuego chisporroteaba. Después, la garganta aprendió a flotar como la de los pájaros, a vocalizar humanizándose y posteriormente, siglos después, se le dio forma gráfica a aquellos sonidos y a esas voces para, una vez escritas y en vista de que seguían un determinado patrón, llamarlas métrica poética, como elemento que la diferenciaba del lenguaje común. Y esta fórmula maravillosa donada por la Naturaleza amiga al humano, una vez descifrada, reconocida, asimilada y puesta en práctica por las siguientes generaciones, permitió a Homero y a sus seguidores componer hermosas creaciones que aún perduran nutriendo nuestro intelecto al tiempo que acompasan el ritmo cardíaco, muscular y emocionalmente, con sus hermosísimos ritmos en hexámetros y metros posteriores.
Pensar que estos elementos reunidos en pies métricos hace más de dos mil quinientos años para hacer posible la coordinación de ideas, la memorización del verso y la cadencia de las voces de los antiguos rapsodas y aedas —cuando la poesía era todavía de transmisión oral—, son una carga para la poesía, contienen artificiosidad o han quedado obsoletos, es un error que lleva al oscurecimiento de las antiguas enseñanzas de la técnica del lenguaje poético que nació como lengua natural y emocionada ante la contemplación de la belleza sin velos y es una bofetada ingrata a todos y cada uno de los distintos pueblos y civilizaciones que se preocuparon por hacerla llegar hasta nosotros.
Cansado estoy del verso sin poesía y sin embargo encuentro poesía o prosa poética en un lienzo, una pieza musical, un paisaje o en los detalles más nimios, y me inunda hasta lo más profundo en una mirada, un lindo amanecer o un acto de amor. La poesía nos circunda, nos envuelve, se expresa en el color, el dibujo, el canto del ave o el ulular de la copa de los árboles y se nos revela en la palabra rítmica, en el número, en la aritmética toda y en la geometría de las formas, en la luz, proporción o sonido. El universo entero es poesía en movimiento y nosotros, los poetas, debemos ser sus aedas conservando viva la sagrada llama del divino decir. Cuando el vate genera voces poetizadas, no hace sino comunicar o hacer visible el interior de las cosas, mostrándolo mediante la vibración del alma a través de la armonía creativa que se deriva del conocimiento de la armonía misma, del ritmo y de la cadencia musical de los sentidos activos y durmientes del humano hechos palabra.

Antonio García Vargas
Filadelfia, EE.UU. 2008




¿EXISTE EL TIEMPO?

Tras vivir el presente —pienso— podría morir tranquilo sabiendo que sé cuanto se puede saber. Él me muestra  millones de años de experiencias pasadas. El tiempo, tal y como lo estudiamos, vemos o miramos, carece de sentido; no existe. Solo hay un espacio plano, una enorme página, una especie de poemario escrito tal vez por un poeta loco, cuyos versos no alcanzamos a ver, leer o comprender. Estamos un pelín limitados, la verdad. ¡Somos tan pequeñitos!
Así, nos movemos en círculo sin ver más allá de nuestras narices pese a que Todo está ante nosotros. No sé si somos bichos de vista limitada o que no es el ojo el que debe ver y nos estamos equivocando al emplear este rudimentario órgano de visión. Pero eso es lo que hay por ahora. Y lo que queda. Estamos dando los primeros pasos evolutivos aunque nos creamos el no va más.
El futuro, si existe (que sí existe en nuestra torpe concepción de las cosas), nunca está visible porque nos hemos enseñado a leer al revés; no nos enseña nada, salvo que lo consultes mañana (otro invento poco útil) si es que está presente (que lo dudo). Claro que, tendría que preguntarme ante todo si realmente existe el presente ya que solo es un lapso infinitesimal que jamás se deja atrapar pues queda anulado nada más producirse.
Un beso en el presente, por ejemplo, constituye una interminable cadena de mínimos pasados; microscópicos roces que dan lugar a un conjunto de acciones táctiles o sensoriales a las que lamamos beso. Es el deseo de besar el que sí pertenece al futuro de la acción llamada beso. Luego el futuro sería la acción a realizar, es decir, el beso en sí; el presente sería el acto de posar los labios en otros labios, lo que desencadenaría una jauría de mínimos pasados. Y el pasado en su totalidad, sería el instante después de haber besado.

Hay no obstante un futuro probable tras el beso, simple cálculo de posibilidades: que la chica te dé de improviso una bofetada que, como es natural, será también pasado cuando sientas cómo la cara se rebela, se pone roja, arde y duele de cojones. Aunque peor sería que llegara el novio de la chica y nos soltara una patada justo ahí, que duele más todavía y se convierte, dada la duración de los efectos, en un presente multiplicado que queda dolorosamente anclado entre pasado presente y futuro. Pues eso.

Antonio García Vargas



El 4,6% del Universo está compuesto por átomos. El 23% de materia oscura. El 72% de energía oscura. Apenas sabemos gran cosa de ese pequeño 4,6% que se nos aparece inconmensurable. No sabemos qué es ese 23% de materia oscura. Y qué decir sobre el totalmente desconocido 72% restante: la energía oscura. Solo sabemos, desde hace bien poco, que… ¡está o están ahí!, mas… ¿vigilándonos?, ¿protegiéndonos?
A veces, la verdad, me miro y me veo como un muñeco diseñado en el ático del Demiurgo. Es entonces —cuando la mente flaquea—, que me refugio en mi mundo, la poesía, para no terminar majareta. Hubo un tiempo —dicen— en que la poesía se transmitió a través del gesto. ¿El primer poeta fue mimo acaso? No, no exactamente, ocurre que aún no había aprendido a imitar la garganta flotante de los pájaros.
Me pregunto si la realidad que observo es mi propia ficción o es una realidad inducida. La magia —pienso— consiste en decidir si vivirás en tu propia ficción o tomarás la que te impongan o te dejes imponer circunstancialmente. Creo que conviene hacer acopio de lo positivo y crear Arte con todo ello. El arte es fácil de crear pues la Naturaleza lo crea a raudales.
Y ya en esa dinámica, me pregunto: Si el arte —dicen algunos— es el espejo del mundo natural, ¿es la poesía el mundo natural que hay dentro de ese espejo? Cada vez me convenzo más de que el poeta rescata, descifra y saca a la luz la imagen interna del  espejo-portal dimensional a través del cual se accede a lo intangible.
Mis mundos —pienso— empiezan y acaban en mi lenguaje, es decir, son pluridimensionales; galácticos más bien. Decía Stendhal que “la novela es un espejo que pasa por un camino”. Yo añadiría que la poesía es el camino oculto tras la prosa del espejo; ese camino sediento de verdades que extrae de sí la metáfora de la Vida convirtiendo el mapa en territorio. Y nos lo cede graciosamente. A todos. No a unos cuantos.
Antonio García Vargas



¿LA TEORÍA DEL CAOS?

La Tierra estaba toda corrompida ante Dios y llena toda de violencia. Viendo, pues, Dios que todo en la Tierra  era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la Tierra, dijo Dios a Noé: «El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena la Tierra de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la Tierra».
—Génesis 6,11—

Del shock y de !a conmoción surgen miedos, peligros y destrucciones inaprensibles para la mayor parte de la gente, para elementos y sectores específicos de la sociedad de la amenaza, o para los dirigentes. La Naturaleza, bajo la forma de tornados, huracanes, terremotos, inundaciones, incendios descontrolados, hambrunas y epidemias también puede generar estados de shock y de conmoción.
—Shock and Awe: Achieving Rapid Dominance, extraído de la doctrina militar de la guerra contra Irak—


Cada vez más, la naturaleza del hombre se encarga de fabricar fenómenos que nada tienen que ver con la Naturaleza. El depredador moderno sabe lo que quiere para sí y su jauría y para conseguirlo es capaz de todo. Sabe, además, cómo hacerlo y para ello recurre al conocimiento impartido por gurús tipo Friedman, que se han encargado durante décadas de fomentar ideas avanzadas sobre cómo sacar partido a desastres naturales o provocados por ellos para satisfacer su apetito económico a costa de LO QUE SEA.
El moderno depredador tiene junto a la cabecera de la cama, para poderla leer a diario antes de acostarse, la siguiente premisa de Friedman:
«Solo una crisis —real o percibida— da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable»

La estrategia a seguir está clara: Establecer una política de hechos consumados, de golpe, sin dejar apenas respirar al pueblo llano, de manera que las masas queden en estado catatónico e incapacitadas para reaccionar.  Durante más de tres décadas, Friedman y sus poderosos seguidores han ido perfeccionando precisamente la misma estrategia: esperar a que se produjera —o provocar, como en el caso actual— una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de los países empobrecidos a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las «reformas, ajustes y recortes» sean permanentes. Mas para ello precisan de la inestimable ayuda de gobiernos e instituciones oficiales a través de sus marionetas, de manera que se recorten derechos salariales, laborales, de educación, del servicio sanitario, de las libertades de manifestación, seguridad social, etc. Y todo ello en nombre del bien del país, claro.

¿A qué nos recuerda esto?

uno de mayo de 2012, Antonio García Vargas



EL SISTEMA
Los manipuladores (Fragmento)

1
Vivimos tiempos delicados. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, de puntillas, nos están anulando el poco seso útil que nos queda. La feroz manipulación a que nos someten en lo esencial del ser, de nuestro ser, es terrible. En este mundo infeliz basado en el otro Mundo feliz de Huxley pero más a lo bestia, no cabe dormirse en demasía o corremos el riesgo de despertar despojados de la esencia de la libertad: ¡nuestra creatividad!
El poeta ha recibido el regalo de saber mirar más allá del objeto y de la palabra vana. Tenemos —aún— el don de poder escudriñar en el interior de las cosas, de constatar la vaciedad de la frase o la fealdad del hecho mezquino; también captamos la belleza y analizamos la circunstancia desde la mirada profunda que va más allá de la mera presentación o representación de la misma.
Asistimos al desolador espectáculo de la caída en picado de una civilización con pies de barro y cerebro de cálculo que sólo piensa en términos económicos que repercutan en beneficio fácil a costa de LO/QUE/SEA. Beneficio propio, claro, no del conjunto. Y no generalizo al hablar de este tipo de personas sino que me ciño a los que manejan los hilos y sus comparsas entre los que incluyo a los manipuladores poderosos, políticos de transición, autoridades y esbirros de seso estrecho y bolsillo amplio que se sirven de todo tipo de medios para convencernos de que buscan nuestra libertad, que luchan por la democracia y un mayor nivel de vida para todos, pero que en realidad nos usan como  carne de cañón del 18´ para conseguir sus fines que son la desmesura, el propio lucro y la destrucción sistemática de la capacidad individual de razonamiento. Están haciendo del sistema democrático su corral particular donde criar gallinas asilvestradas que se limiten a poner huevos a cambio del pienso diario, si acaso, a veces ni eso. Para ellos la democracia consiste en mover las aguas del río de las mentes para anular el criterio propio y así poder pescar a conveniencia, sin oposición de relieve, incluso con la aquiescencia de los subyugados. Han conseguido hacer que olvidemos —a gran parte de nosotros— que la libertad no consiste en vivir una democracia teórica y con trabas sutiles y no tan sutiles sino en tenerla de verdad; en gozar de verdadera libertad de pensamiento, de convivencia; de opciones y de respeto a los valores de cada cual para enfocar su futuro y el de su familia sin el condicionante de una estabilidad o inestabilidad prefabricada que concede o arrebata esos mínimos espacios de placer y de libertad aparente a la que nos han acostumbrado a base de pequeñas limosnas, como son la posesión ficticia de una casa, coche o piscina con rubia.
Urge vacunarse contra la manipulación pues sólo así podremos ver las cosas de acuerdo a nuestras convicciones y recobrar el perdido sentido de nuestras vidas, el pensamiento mprofundo y el libre albedrío. Debemos decidir por nosotros, sentir, amar o sufrir por lo que verdaderamente importa, no por lo que nos impongan. ¿Qué clase de libertad es esta que no parte de nuestro interior sino de aquello que nos han acostumbrado a “poseer” inducidos por el reflejo materialista de la posesión efímera y momentánea? Está visto que se puede perder todo vestigio de libertad personal en un sistema democrático que permite que el interés desmedido de unos cuantos prevalezca sobre los demás, sobre su ciudad, nación o continente, haciendo de la economía vehículo de un viaje que sólo ellos saben a dónde conduce. Está claro que ellos poseen el poder de manipularnos con sus apetecibles señuelos —o carencia de éstos— pero también está claro que lo seguirán haciendo sólo si se lo permitimos.
Creo, compañeros, que ha llegado el momento de recobrar la poesía del paisaje.
Antonio García Vargas


EL HOMBRE CELULAR
de Antonio García Vargas


Reconozco que me da un puntito de envidia, no lo puedo remediar. Veo en la tele imágenes de los atletas de élite, jugadores de fútbol sobre todo, haciendo ejercicios de mantenimiento y de forma para estar a punto en sus distintas competiciones. ¡Qué gimnasios, Dios mío! ¡Qué maquinaria! Una ingente cantidad de ordenadores a su disposición, una maraña de cables que terminan en graciosas ventosas aplicadas a distintas partes de sus cuerpos, midiendo impulsos, controlando constantes, analizando cada una de las pautas segundo a segundo, poniendo y quitando aquí y allá, optimizando la temperatura, incorporando datos sobre alimentación conveniente, esfuerzo físico y psíquico, a tono siempre con los resultados que se pretenden…
Ante tanto cable, medidores de impulsos y agujas protectoras recopilando información sobre necesidades, tolerancia y prestaciones, cabe preguntarse si los chavales son humanos que parecen máquinas o máquinas que parecen humanos.

Está claro que el colosal negocio montado en torno al deporte de competición se ha disparado hasta el infinito. El deporte propiamente dicho ha dejado de serlo para convertirse en santo y seña de “otras cosas”. El despliegue de propaganda en todo tipo de medios ha conseguido resucitar formas de competición a las que no se hacía caso y no es extraño ver cómo se analiza con ojo crítico todo aquello que pueda proporcionar dinero para a continuación darlo a comer hasta en la sopa al radiotelevidente para convertirlo en su prioridad del día a día…

Asistimos a comedietas tales como nombrar conde a entrenadores de fútbol, destinar partidas de dinero importantes para subvencionar al sector privado, divinizar al jugador de turno, a su abuela y a su hámster si eso suma audiencia, a destinar embajadas de personas ilustres, a veces reyes o presidentes de gobierno para acompañar a los cruzados y caballeros de la Patria deportiva que representan y salvaguardan la dignidad nacional en efímeros torneos que mueven ingentes masas de dinero que van a parar siempre —qué casualidad— a los bolsillos de los mismos; de los de siempre.

Me pregunto en qué se diferencia este mundo que gustosamente nos hemos dejado imponer, al que mostraba Huxley hace décadas en su revolucionario y atrevido  libro. Lo más curioso es que nos esquilman, modelan y lobotomizan sin el menor atisbo de violencia visible. Somos ovejas que siguen al ovejo líder que se despeña por el barranco; simple masa que se mueve sin necesidad de un silbato; zombis que se tiran por el balcón si pierde su equipo; humanhormigas que al sumarse conforman un monstruo colectivo, destruyen su inteligencia individual para acoplarla a una sed destructora sin precedentes y llegan o pueden llegar hasta lo más bajo y profundo de la especie animal en ese momento de extraordinaria metamorfosis despersonalizadora. Quizás, soy consciente de ello, esta energía generada por un acontecimiento deportivo, tiene momentos o consecuencias positivas en que aflora un sentimiento multitudinario maravilloso que nos reconcilia con nosotros mismos y nos eleva hasta límites insospechados. No puedo, no obstante, pararme a pensar en que esto está bien estudiado por los que mueven los hilos y viene a ser como la zanahoria en la punta del palo; una leve compensación ante tanta incongruencia; una bolsa de caramelos que el tirano concede al marido cornudo tras haber hecho uso del derecho de pernada…

En fin, que yo no quería hablar de tiranos ni de zombis sino de la suerte ¿? que tienen los deportistas de élite al estar tan bien cuidados y controlados para que puedan rendir al máximo. Y pienso qué sería de la literatura por ejemplo si se cuidara a sus “atletas” de forma parecida; hasta dónde podría llegar el creativo nato si estuviese asistido por máquinas que analizaran e intentaran realzar su talento natural; midieran sus posibilidades; alimentaran, mimaran y masajearan  convenientemente sus neuronas; penetraran en la célula íntima del creativo y facilitaran aún más la labor oxidativa de las mitocondrias, ayudándolas a producir más energía creadora, separándolas de los restos de procariotas migratorias primigenias que nos atan en parte a la animalidad heredada…

Pienso que del mismo modo que se ha manipulado en parte nuestra herencia a favor de ciertos intereses, bien se podría ahondar en las posibilidades de los creativos en las distintas artes partiendo de la base de que son eminentemente asociativas en lo fundamental, al tiempo que cooperativas y simbióticas en grado sumo. Si en ese gimnasio cultural-mental-espiritual se asistiera al poeta, pongamos por caso, ayudando a buscar, encontrar y mantener una estrecha y equilibrada relación entre cada una de las partes, rescatando centriolos desperdigados y analizando nuestros ADN y ARN para borrar impurezas, se podría establecer un control celular casi completo dando lugar a asociaciones internas y enriquecedoras de todo tipo, regulando sus balances y manteniendo una relación simbiótica tal como la que muestra el rizobio con las raíces de las leguminosas…

Estamos ocupados o poseídos según los científicos (desde que apenas éramos una insignificante célula) por inquilinos estables que no son “nosotros” propiamente dicho sino seres individuales con su propia genética independiente, que nos invadieron y viven en nuestras células regulando su adaptación y particularidades desde el inicio de los tiempos en tanto que nos mantienen como una unidad funcional. Sin ellos —mitocondrias, centriolos, cuerpos basales y probablemente otros pequeños elementos—, no existiríamos y de existir seríamos incapaces de mover un músculo o pensar. Son tan esenciales para nuestra vida como lo es el pulgón en un hormiguero, sin que esto nos llegue tampoco a comer el coco pensando si son ellos o nosotros quienes pasean con nuestra pareja a la luz de la luna o escriben nuestro libro. Si nos sirve de consuelo esto no solo nos ocurre a los humanos, las plantas están en el mismo aprieto, no serían plantas, ni siquiera verdes, sin los cloroplastos que elaboran la fotosíntesis y fabrican oxígeno para nosotros pues los cloroplastos son también invasores, seres ajenos a las plantas, con su propia genética y particularidades…

Volviendo al punto de partida y centrándome en las posibilidades que ofrece el estudio, mantenimiento y control de las energías creativas individuales, y ya que está demostrado, dicen, que nuestra inteligencia intrínseca nada tiene que ver con la inteligencia asociativa de las abejas o las hormigas, debería cuidarse muy mucho la creatividad y tratar de aglutinarla en los que tienen la suerte de poseerla en alto grado, tal y como se hace con la élite deportiva. Es preciso dejar de lado la competitividad tal y como está establecida y pensar que es esencial mantener a punto el conocimiento en general y la capacidad creativa en particular. El conocimiento, porque sin él no habrá progreso, al menos no todo el que sería posible y aconsejable. La creatividad, porque es la vía de salida hacia soluciones distintas que abren un esperanzador abanico de posibilidades al humano en su lucha por superar ciertos límites culturales que dificultan su visión del porqué se nos ha asignado el papel de animal dominante en la Historia. Si al creativo nato se le da el tratamiento y cuidados que recibe el deportista de élite y se llega hasta el fondo en el estudio celular, tanto a nivel individual como asociativo con mentes brillantes en cada materia, alimentando todos los elementos que intervienen en el proceso creativo interno para rescatar cuanta información o capacidades pueda haber en ellos, es posible que la Humanidad dé un salto de gigante hacia adelante en todos los órdenes y disciplinas conocidas y aún por conocer.
No podemos seguir manteniendo a ese monstruo especulativo que nos deglute a diario, mutilando la lógica de la Vida con intereses irrazonables que conducen al desastre cultural e imaginativo en el presente y a la pérdida de identidad a corto plazo. Hay que rescatar a la Humanidad y la humanidad, perdidas en esta absurda actitud que nos degrada en lo íntimo al tiempo que nos aleja de la razón que nos es propia. Si seguimos dejando que unos pocos nos conviertan en hormigas terminarán convirtiéndonos a la larga y no será posible en el futuro que nuestra deficiente composición celular dé vida a un Shakespeare que nos regale un hermoso soneto, a un Mozart que nos deleite los sentidos o a seguir manteniendo intacta la capacidad de mirarnos al espejo y reconocernos desde el libre albedrío.

(Fragmento del ensayo: El hombre celular, de Antonio García Vargas)
En Almería, Andalucía, España, julio de 2011