domingo, febrero 22, 2015

José Antonio Santano analiza la obra "Eros en el espejo" de Pepe Criado y Antonio Carbonell.



EROS EN EL ESPEJO




El amor es un bien escaso, aunque pueda dar la sensación de todo lo contrario debido, fundamentalmente, a la frecuencia con la cual se pronuncia esa palabra. Existen aún demasiadas barreras y limitaciones para el amor pleno, ese que nace sin condiciones, el que se entrega al otro sin pedir nada a cambio, libre y libres el alma y la piel, dejando que los labios besen cada palmo de carne, el que es un solo cuerpo y espíritu, una sola voz y un único deseo, el mismo sueño repetido hasta la saciedad, perpetuándose en el tiempo, como si nada ni nadie existiera, solos los amantes y el leve y ardiente rumor de sus besos. Nada iguala ese momento que acelera el latido hasta alcanzar el éxtasis o la culminación del amor. Hallar la compenetración de los sentidos y el tacto de las sílabas sobre el amado, vaciarse en el otro hasta el paroxismo después del ciego resplandor de los cuerpos sobre el lecho, uno frente al otro, como si fuera el último segundo de vida. De este Amor, con mayúscula, trata el poemario “Eros en el espejo”, concebido y escrito por los poetas Pepe Criado y Antonio Carbonell en un acto de absoluta pasión, despojándose de toda vestidura para presentarse libres ante el mundo, libres ante el espejo, en un canto a dos voces único, que desvela la verdadera naturaleza del ser humano, esa que nace y crece del conocimiento y la tolerancia, también de la bondad y el amor. “Eros en el espejo” es una experiencia vivencial que nos acerca al amor pleno, íntegro, sentido como solo saben hacerlo los amantes, en la esplendente desnudez de los cuerpos y ante todos, mostrándosenos tal es, sin disfraces o artificios, sin engaño alguno. 

Y así leemos, precediendo al poema una cita de Valente,“Y yo lato en ti”: «Magmática quietud, / me desnudan, en la mañana, / tus olas. / A la tarde, / eres tú marejada, / pericia de oleaje / en mi soledad». El espejo refleja los cuerpos sobre el lecho y los amantes abismándose el uno en los ojos del otro, sintiéndose en la plenitud y en ese temblor indescriptible que sube y acaricia la piel. El poemario recuerda algunos versos del “Cancionero andalusí”, de Ibn Quzmān: «Bebe vino, besa a quien amas y deja reventar a los que te envidian», en alusión a esos advenedizos que nada entienden del amor porque nunca amaron. No hay frontera o muro insalvable cuando se trata del Amor. No existe fuerza capaz de destruirlo cuando está cimentado en la entrega absoluta y en la pasión; vuele hacia las más altas torres o descienda a la sima más oscura e impenetrable, de todos estos lances saldrá airoso. Y esto ocurre entre estos poetas y amantes que al unísono han bebido del Amor y la palabra, que han sentido en sus entrañas su sacudida y gemido, su luz cegadora:«Sí a los gemidos, / al compromiso de la tierra / en este hombre que me ama. / Sí al humano calor / en voluntad de luz / cuando mi amor por él / es sinrazón y bondad». La palabra precisa, la que es capaz de alterar el curso de los días y las noches amorosas, porque en ella habita el fuego que abrasa, que destierra la impostura para crear un universo nuevo y distinto, el de los amantes entregados a la vida: «Él se busca / y el espejo le llama él. / Él goza / y la piel le nombra él. / Él y él, apenas dos hombres que se aman». Nada exige el uno al otro, sólo la complicidad de los gestos y el silencio que recorre la estancia cuando cae la tarde, y en el aire el misterio, la mística de la palabra que vuelve a ser regalo en la soledad de la noche, cuando las manos ateridas buscándose se rozan y se enlazan, en la eternidad de la alcoba: «No pido nada, / su sombra y su luz, / la voz oceánica de la marea. / No pido nada, un sol y sus lunas, / la savia abundante. / No pido nada, sin temor en sus brazos / amo». 

Título: Eros en el espejo

Autores: Pepe Criado / Antonio Carbonell

Editorial: Arma Poética (Sevilla, 2014)
Del mar tenebroso y la oscuridad, de la ignominia y el odio, a la luz de la palabra hallada en la poesía desnuda y conmovedora de Antonio Carbonell y Pepe Criado en aras de la verdad –su verdad- amatoria, libres para el deleite, gozosos y puros. Sincero y bello a la vez este poemario escrito a cuatro manos, en esa búsqueda de otros mundos y otras percepciones que compartir con los demás, socializadora de la pasión y el vértigo amoroso: «Y póstrate para mí al galope, / enloquecido jinete / en la voracidad del vértigo». Ciertamente, y como dicen Mar Verdejo y Sensi Falán en el prólogo “somos testigos de la declaración más pura de Amor, siendo el Amor el fundamento de la existencia, quedando los amantes al amor consagrados y Eros en el Espejo”, una obra alentadora, sensual y valiente, que nos descubre otras maneras de vivir y entender el mundo, desde una perspectiva conceptual de la poesía como sustancia sanadora. Un encuentro necesario en un tiempo en el que la libertad se halla continuamente amenazada.

miércoles, febrero 18, 2015

Todas las mazmorras que regalan monturas voladoras en Cataclysmo.

Me he enterado hoy,  gracias a un personaje llamado "E....o"  ,
(oculto el nick por si quiere privacidad),
que mientras mi personaje se empeña en  conseguir los logros de vencer a todos los boss de todas las mazmorras de wow él lucha por conseguir las monturas voladoras.  Me ha parecido más interesante sus logros que los míos.


World of Warcraft - Battle.net

eu.battle.net/wow/es/


Riendas del draco de piedra vítreo
Nivel de objeto 70
Se liga al recogerlo
Único
Montura (Ligado a la cuenta)
Uso: Te enseña a invocar esta montura. Es una montura voladora.
Necesitas ser de nivel 70
Requiere Artesano jinete
Botín de: Pielpétrea
Chance de despojo: 0.80%

lunes, febrero 16, 2015

Joven poesía almeriense. Antología.


TEXTOS: Paco Luís García Cuenca, Guillermo de Jorge, Germán Guirado, Raúl Quinto.

JOVEN POESÍA ALMERIENSE. ANTOLOGÍA




ILUSTRACIÓN DE PORTADA: ANTONIO JESÚS GARCÍA
DISEÑO: JOSÉ ANTONIO SANTANO
ISSN: 1697-2120
DEPÓSITO LEGAL: AL-6-2003

PACO LUIS GARCÍA CUENCA 

Imagen
(Almería, 1977). Licenciado en Filosofía y en Antropología por la Universidad de Granada y Máster en Estudios Migratorios por la Universidad de Almería. Como poeta, ha publicado El devenir (1996) y aparece en diferentes antologías como:Antología de poesía joven (Ateneo de Almería, 1996), Entre el amor y el silencio (Tágilis, 2001), Nueva literatura de Almería (Consejería de Cultura de la J.A., 2003), Condenados en la hoguera(La Candela, 2005) o Al fin y al cabo: homenaje a Pérez Siquier (CAF, IEA y Consejería de Cultura de la J.A., 2008). Publicó la plaquette Sinestesia en la colección "Los Banderines del zaguán" (nº 10, 2006) y poemas suyos aparecen en revistas como XXVIII Premios Literarios de Sant Jordi(Consejería de Educación, Embajada en Andorra e Instituto Español de Andorra, 2010) o Nuestros escritores. Antología de lecturas almerienses(IEA y Consejería de Educación de la J.A., 2008). Ganó el Primer Premio de Poesía Joven del Ateneo de Almería, en colaboración con la IAJ, en 2006. Asimismo, consiguió el primer premio de Poesía Joven de la VII Semana de Arte Joven de Melilla en 2011. Actualmente reside en Melilla, donde ejerce como profesor de Filosofía desde hace varios años. Sus proyectos literarios actualmente están vinculados al grupo Etcétera y a la creación de videopoemas junto al artista visual Smantik (Rubén Hernández)y a algunos compañeros de la Escuela de Artes y del Conservatorio de Melilla.


GUILLERMO DE JORGE:
Guillermo de Jorge, poetaSinónimo con el que se presenta el poeta Guillermo George Hernández, nació en Santa Cruz de Tenerife en 1976 y cursó sus estudios de Filología Inglesa en la Universidad de La Laguna.
Poeta y soldado, estrategia o lírica, armas y letras, en la actualidad, Guillermo de Jorge ejerce la presidencia de la Asociación Nacional Círculo Artístico Cálamo y es Miembro del Centro Andaluz de las Letras y de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.

Colabora con diversos medios de comunicación en España e Iberoamérica, destacando sus trabajos para La Voz de Almería y El Mundo. Dirige la Colección Cuadernos Literarios de la Editorial Círculo Artístico Cálamo. En 2008 fue nombrado miembro del Instituto de Estudios Almerienses.

En 2004, le fue otorgado por la Junta de Andalucía, un Diploma por su contribución y participación enNueva Literatura Almería y fomento de la Cultura y en 2005 fue Finalista del Premio Creación Joven de Poesía de la Universidad de La Laguna y del Premio Nacional de Poesía Fernando Quiñones.

Ha participado en encuentros literarios de carácter nacional e internacional, destacando su participación en el Encuentro Nacional de las Letras Islas Canarias, en el Festival Nacional de Poesía Ciudad de La Laguna y el Festival de Poesía del Mediterráneo. Sus textos están incluidos en más de una veintena de antologías colectivas poéticas y narrativas y han sido traducidos al catalán, al francés y al inglés.

Para más información sobre la obra y actividades culturales de Guillermo de Jorge, puede visitarse su blog personal: guillermodejorge.blogspot.com.


https://www.facebook.com/guillermo.georgehernandez?fref=ts

RAÚL QUINTO

Nacido en Cartagena 1978 y licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Granada.
 Actualmente reside en Almería donde ejerce como profesor de secundaria. 





Ha publicado los libros de poemas
Grietas (Dauro, 2002; reeditado junto 
Poemas del Cabo de Gata, La Garúa, 2007), 
La piel del vigilante (DVD, 2005)
 y La flor de la tortura (Renacimiento, 2008). 
Aparece en numerosas antologías y ha sido traducido a varios idiomas. Codirigió la revista electrónica Oniria y la colección de poesía de La Garúa Libros. Colabora con la compañía de danza contemporánea DA.TE para la que ha realizado la dramaturgia de la obra Fronteras; y escribe artículos de opinión sociopolítica en La Voz de Almería y crítica literaria en Quimera.
 Su última novedad es el libro de ensayos híbridos 
Idioteca (El Gaviero, 2010). raulquinto.blogspot.com

https://www.facebook.com/raul.quinto?fref=ts

GERMÁN GUIRADO


(Almería, 1975). Durante los últimos años sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias como Cuadernos de Caridemo. Entre los premios destaca el VII Certamen de Creación Joven Ciudad de Almería en 2006 con la obra Canción póstuma para un poeta urgente. En 2007 publica su primer poemario en solitario titulado Menos tú (El Gaviero Ediciones).




https://www.facebook.com/german.guirado.1?fref=ts

domingo, febrero 15, 2015

Café a las cinco. Maribel Cerezuela

En el café de cinco a siete, tertulia a la que asistimos con asiduidad unos cuantos amigos, preguntaba Juan Reverte, si nos sería fácil nombrar a uno o dos profesores de los que tuviéramos un especial recuerdo.


“Los recuerdos se confunden con la realidad y la mayor parte de las veces son inventados “, -sentenció Oscar García-, aunque puedo citar sin reparo a Don Carlos. No he tenido otro profesor que explicara mejor la matemáticas. Las clases las convertía en un juego, donde desarrollábamos, muchos ejemplos, fáciles de comprender… Así aprendí, para siempre, las fracciones de quebrados...

Noelia Díaz nos daba una envidia tremenda cuando nos hablaba de Fernando Rebollo, su profesor de Ciencias, al que admira aún, porque supo sacar de sí misma “las mejores palabras”, mientras explicaba la circulación de la sangre o cantaba, guitarra en mano, aquello de “un elefante se paseaba...”, para acabar con la lección de la evolución de la especie humana, como en el mejor de los cuentos de aventuras del escritor Emilio Salgari.

El pasado se mezcla con el presente en un tiempo difuso llegando a la conclusión de que van cambiando las formas de transmitir los mensajes, aunque éstos sigan teniendo las mismas premisas de siempre.

Sabemos que mantenemos en mente los recuerdos que nos incentivan y ayudan a ser más felices, pero nos empeñamos en fomentar actos culturales con eventos cada día más superficiales y exhibicionistas.

Largos discursos demasiado explicativos que nos alejan del propósito que nos habían propuesto en agenda; lecturas aburridas sin ningún empuje; presentaciones academicistas, por otro lado, demasiado formales... ¿Dónde están los buenos profesores- interlocutores? O lo que es lo mismo, ¿Cuándo vamos a comprender que la palabra escrita no se puede mediatizar con las directrices del discurso político?

La imagen, continúo, penetra en tus sentidos de forma global hasta el punto de poder olerla ¿Por qué no hacemos lo mismo con la promoción de nuestros autores? Pasaríamos de un monólogo exhibicionista, de uno que habla hacia un foro que estoicamente escucha, a una actividad lúdica de mayor participación creativa.

Maribel Cerezuela

http://www.diariovoz.org/2005/12/la-tertulia-de-las-cinco.html

Ninguna parte. José Luis Morante por José Antonio Santano

SALÓN DE LECTURA _ José Antonio Santano



Cómo explicar lo que se siente cuando te adentras en las entrañas de un libro. Ese acto primero de asirlo entre las manos, acariciar la cubierta y leer la palabra escrita que sobre ella se muestra, embriagarse con el aroma de su piel y dejarse llevar, sin más. Sentir que los dedos se precipitan y buscan trémulos el vuelo de la voz contenida en cada letra, en cada sílaba, hasta vivir en la palabra la vida misma, otras vidas. Sucede que ese es un momento único y mágico, del que nada ni nadie puede sustraerte. Placer de dioses hallar entre las páginas de un libro la palabra capaz de hacerte vibrar, de conmoverte desde el mismo instante y hora que inicias su lectura. Cuando esa palabra se reviste del oro de la poesía, algo más intenso e inexplicable acontece.

El rumor del silencio que habita todo acto de creación se hace grandioso, único, porque en él la existencia del misterio lo amplifica en su esencia misma. En el poemario “Ninguna parte”, de José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956) hallaremos todo eso y más. Al cuidado del sello editorial “La Isla de Siltolá”, capitaneado por el también poeta Javier Sánchez Menéndez, “Ningua parte” es el resultado de más de un lustro de trabajo (2006-2013). Será la presencia del tiempo una constante en su poesía, su influencia sobre lo cotidiano y la necesaria reflexión de la realidad, algunas de las claves para comprender su obra poética, este ir y venir, tal vez, hacia “Ninguna parte”. El poemario contiene cuatro capítulos bien diferenciados: “Patologías”, “Deshielo”, “Piedra caliza” y “Y todo lo demás”. Para el poeta la experiencia de lo vivido es esencia en la herida, en el dolor o la enfermedad, como así lo refleja desde el primer poema de “Patologías”, cuando recuerda al padre: «A veces su mirada resucita. / Posiciona en un mapa / imágenes dispersas. / Su voluntad es tacto / que gira el picaporte / para abrir desde dentro / la puerta infranqueable»; el transcurrir de los años, la muerte de los ahogados o la desmemoria: «Sobrecoge que no sepas quién eres, / que olvides quiénes somos, / o que mires las cosas / con los ojos / de una memoria estéril. / Cruzas sola / el dormido país de los lotófagos. / Estás lejos de ti, / pero nos perteneces»; también el desaliento, la incertidumbre, el vacío: «Se ha instalado en mis días / una oquedad que absorbe.[…] Salgo fuera; / respiro el aire seco del vacío». La segunda parte, “Deshielo”, abre con una cita de César Vallejo (“Quisiera hoy ser feliz de buena gana…”), que Morante asume como anhelo también de presente, del hoy, en esa búsqueda incesante del amor, del yo en ti: «En este andén fugaz / desando el día / para buscarte al fondo de la noche». Y en ese continuo devenir, de estar y no estar que nos consume, el poeta ahonda en su interior hasta hallar su propia voz: «Todos estamos / bajo la tormenta[…] Nadie enciende la lámpara / porque en casa una luz / alumbra firme. / Vivo solo. Contigo». 

El poeta sabe que vivir es desentrañar el misterio, descender al infierno mismo y alzar el vuelo hacia el espacio sideral sin mirar atrás, reafirmándose en el eco de la palabra escrita sobre el albo papel; sentirse “náufrago”, verse en los “rostros de Jano” hasta alcanzar y compartir los sueños; convertir el yo en tú y el tú en nosotros al tiempo que se intenta elegir un camino, cierto o no: «No sé qué itinerario me conviene, / si el que deja constancia de huellas conocidas / o el que la traza por primera vez», porque consciente o inconscientemente sucede que «la historia se repite. / Somos polvo; la primavera pasa», en alusión al tiempo y a la vida. Morante interioriza lo vivido, hasta el punto de convertir lo sencillo en trascendental, en algo vivo, luciente, necesario. Once epitafios contienen la tercera parte, titulada “Piedra caliza”, que abre con citas de Stanislaw J. Lec y de Epicuro. La muerte y sus silencios se incrustan en el ser del poeta hasta componer una melodía armónica de esa única y absoluta verdad: «En su artesana construcción del silencio, / la muerte no reconoce / ninguna otra verdad». 


El mundo que le rodea, la rutina de los días, a veces asfixiante, deja en el poeta una sensación continua de desazón, de desamparo en este tiempo de extrañamiento: «No hay respuestas; / la pureza del aire / habita el desamparo»; la vida es un continuo abismarse en el vacío hasta formar parte de ese nada: «Ahora vivo debajo, / con vocación de sima. […] Nada sucede aquí; / nada sucede», si bien un hilo de esperanza nace siempre para reanudar de nuevo el camino: «En un reloj sin tiempo, / ensordecido / busco un lugar / para empezar de nuevo». La última y cuarta parte, de título “Y todo lo demás”, habría que añadirle “es literatura”, como reza la cita de Verlaine. La literatura es el refugio del poeta, su vida, que repasa en el poema “Balance”: «Hoy asalgo a respirar. No pido mucho: / convivir entre libros y objetos familiares…[…] con la escueta esperanza / de un porvenir que llegue / cualquier día». José Luis Morante, poeta de honda mirada y palabra diamantina.

Título: Ninguna parte
Autor: José Luis Morante
Editorial: La Isla de Siltolá (Sevilla, 2013)

domingo, febrero 08, 2015

LA PACIENCIA DE SÍSIFO. Salón de lectura por José Antonio Santano.


Las primeras palabras del poeta destilan ese rumor de amorosa entrega. Pretende así el poeta iniciar un viaje hacia el espacio infinito, vivir su soledad sintiéndose acompañado, esa, tal vez sea la razón por la cual Puri vive en la palabra escrita:

«A ti / estas manos se ofrecen
 / a abrir ese camino
 / que señalan tus ojos
 / para continuar andando juntos».

Son los primeros acordes de una melodía que irá componiéndose con el transcurso del tiempo, las vivencias del poeta, la cotidianidad trascendida. Jesús Aparicio (Brihuega, Guadalajara, 1961) construye un discurso poético coherente y en el cual se vislumbra la importancia del tiempo y sus silencios, la melancólica mirada hacia el pasado, pero no para exaltarlo, sino para grabarlo en la memoria como necesaria luz que ilumine el horizonte. Una cita de Albert Camus (“Uno debe imaginar feliz a Sísifo”) nos adelanta o muestra la clave de este poemario, esa felicidad imaginada en la figura de Sísifo –empujando la roca que nunca llega a la cima-, el paciente y esperanzado. Anterior a este poemario, “La paciencia de Sísifo”, Jesús Aparicio ha publicado diez libros de poesía, entre ellos: Con distinta agua, El sueño del león, Las cuartillas de un náufrago, La papelera de Pessoa y La luz sobre el almendro. Dos bloques de poemas constituyen el corpus de este libro: “Hojas de un calendario” y “La paciencia de Sísifo”, que da título al texto. El tiempo ocupa la primera parte, la fugacidad de la vida que resume en esas “Hojas de un calendario”, representativas de la observación de la realidad y que el poeta interioriza hasta conseguir la expresión exacta de lo cotidiano, sin renunciar a la natural hondura del verso. El calendario es la excusa para describir un paisaje que no oculta la esencia de la palabra, la que el poeta muestra a lo largo de los doce meses del año 2012, como si en cada uno de sus días hallara la magia y el misterio que alumbra al hombre y sus sueños. Las hojas del calendario son tal vez metáfora del otoño que vive en el poeta, de un tiempo que regresa a los días de la infancia unas veces:

«Cuando sientes que estás muy al borde de
/ que los sueños se cumplan
/ el vacío te engulle y te despiertas
 / empapado en sudor pero feliz
/ de encontrar ese lápiz
 / que ayer llenó de soles tu cuaderno
 / de parvulito»,

otras cuando se trata del acabamiento, la ida hacia la nada: «Sin pájaros cantando / sin arrullo del agua / sin hilo en la cometa / sin brisa que la mueva / sin escudo el dolor / sin sombra que te avise / sin olas en la playa / sin vino en la copa / sin arena en los pies / sin vocal en tu nombre / sin memoria / nos vamos».

Pero el hombre y el poeta, al unísono, sienten que el tiempo se escapa entre los dedos, que la vida es un segundo y hay que apurarla hasta desfallecer, porque las hojas van cayendo, una a una en su vuelo de soledad infinita, en el tiempo que marca un simple calendario:




 «He acumulado tanto papel para quemar
 / que hasta el viento asombrado
 / sopla y los salva de la llama
/ sopla y les premia con la dispersión
/ por si alguien rescata algún fragmento
 / del olvido».

En la segunda parte, “La paciencia de Sísifo”, la mirada se adentra en los entresijos de los espejos para calar en hondura y sentimiento cuanto acontece y fluye en derredor, al encuentro de la luz que vive en el interior -la poesía- («El duende es caprichoso y nos exige / trabajar la mirada / para dar con la luz. / En poesía no / todo vale y nada / es lo mismo», en lo más profundo de la condición humana, y así, casi sin darnos cuenta, volvemos a la raíz, a los orígenes del ser. Aparicio González nos invita a pasear por los jardines de la memoria y en ella se sumerge, con lentitud novicia hasta hallar el camino o la senda de los sueños: «Voy cambiando de sueños, de razones, / pues quien me mira desde el espejo / aún no soy yo». Así nos devuelve a la vida, a sus eternos silencios y alborozos. El poeta se identifica con el mito de Sísifo, metáfora del hombre que siente la inutilidad del esfuerzo, en su infructuoso lucha por la inmortalidad y representado fielmente en el poema que da título al libro “La paciencia de Sísifo”:

«La inmortalidad en el horizonte, 
/ en la cima la esencia de esa flor 
/ con que te engaña el ser mutado en roca. 
/ Subir con ella fue vivir / aunque te pese 
/ y caer 
/ y levantarse
 / y ascender 
/ y arrastrarse 
/ y caer
 / y en cada intento 

/ la piedra se desprende de palabras 

/ y al final, / sin vano equipaje,
 / te abrazas al silencio 
/ en un sueño vacío
 / inmortal».

 Mas Jesús Aparicio sabe que la palabra es fuego y semilla, mágico vuelo de cometa: «Sueltas hilo / y te abrazas al viento, / subes a donde nadie espera, / vas dejando atrás polvo y raíces. / Todo humano hacer es intuición y juego». Sin duda que el buen hacer poético de Jesús Aparicio queda paciente y sobradamente demostrado en este poemario.

 
Título: La paciencia de Sísifo
Autor: Jesús Aparicio González
Edita: Libros del aire (Madrid, 2014)

viernes, febrero 06, 2015

También esto pasará. Milena Busquets

Me gusta leer. Cuando era más joven, me gustara o no un libro,  me obligaba a terminarlo por respeto al autor. Era una grosería, desde mi punto de vista, despreciarlo y dejarlo a partir de la página treinta y tres. El motivo de este disgusto era el argumento, no se ha dado el caso que sea porque esté mal escrito. Doy por sabido que todo autor que se lanza a la publicación de su obra es porque escribe bien, cotejado por opiniones de amigos y familiares, y cuando hay más suerte, porque ha sido selecionado como ganador de un concurso, o finalista del mismo, o una editorial ha apostado por él/ella, embarcándose en ese trabajo que es publicar y lograr que llegue a cuanto más público mejor. 

Suelo leer varios libros al mes. Mínimo tres. Ocurre que pasan los meses y compruebas que tienes sorpresas. Surgen conversaciones, pasas por un escaparate, hablas de ese libro, y con los años voy comprendiendo que los buenos libros, los geniales, esos siempre destacan. Te queda un poso azucarado con sabor a café o el último bocado de ese pastel que tanto te gusta. Pasa el tiempo y, con la memoria selectiva que una tiene para olvidar los nombres propios,  y más si son distintos de Juan, José, Manuel o Javier, queda para siempre un personaje que llama más la atención, frases, escenas que no se olvidan y ahí se quedan danzando.

Entonces pienso en la música, las obras de arte, los libros, y así, supongo, ocurre que unos llegan a la fama nacional o mundial. Sumas los gustos de las personas y compruebas que, por mucho que hayan patrocinado a un autor, su obra permanecerá o no según llegue a los lectores. Tenemos la última palabra, aunque se empeñen en lo contrario.

Este mes de febrero he leído mucha poesía, novela, y a autores que yo llamo especiales porque tratan de temas filosóficos de temática actual. Uno no es mío. Lo cogí prestado de la Biblioteca Villaespesa. Y me parece que me lo voy a regalar. No he podido subrayar frases que me han gustado y es de esos libros que con toda seguridad pasará fronteras. Es un buen libro.  Me refiero a "También esto pasará"

Busco en la red. En 0,27s 15.900.000 resultados.  Está claro que muchos pensamos igual. Destaco  http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_541

 

Cuando era niña, para ayudarla a superar la muerte de su padre, a Blanca su madre le contó un cuento chino. Un cuento sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: «También esto pasará.» Y la madre añadió: «El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad.» Ahora es la madre de Blanca quien ha muerto y esta novela, que arranca y se cierra en un cementerio, habla del dolor de la pérdida, del desgarro de la ausencia. Pero frente a este dolor queda el recuerdo de lo vivido y lo mucho aprendido, y cobra fuerza la reafirmación de la vida a través del sexo, las amigas, los hijos y los hombres que han sido y son importantes para Blanca, quien afirma: «La ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo.» Esta y otras frases y el tono de la novela, tan ajena a cualquier concesión a lo convencional, evocan aquella Bonjour tristesse de Françoise Sagan, que encandiló a tantos (y escandalizó a no pocos) cuando se publicó en 1954. Todo ello en el transcurso de un verano en Cadaqués, con sus paisajes indómitos y su intensa luz mediterránea que lo baña todo.

Milena Busquets transforma en literatura vivencias personales y partiendo de lo íntimo logra una novela que rompe fronteras y se está traduciendo con inusitada rapidez a las principales lenguas, como el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el portugués. Y lo logra porque a través de la historia de Blanca y la enfermedad y muerte de su madre, a través de las relaciones con sus amantes y sus amigas, combinando prodigiosamente hondura y ligereza, nos habla de temas universales: el dolor y el amor, el miedo y el deseo, la tristeza y la risa, la desolación y la belleza de un paisaje en el que fugazmente se entrevé a la madre muerta paseando junto al mar, porque aquellos a quienes hemos amado no pueden desaparecer sin más.

lunes, febrero 02, 2015

Luminaria. José Antonio Santano comenta a Ana María Romero Yebra


LUMINARIA



Desde la década de los años 80 del pasado siglo, que la mujer irrumpe en el panorama de la poesía española, hasta hoy han transcurrido casi treinta y cinco años -2015 acaba de nacer-, y es curioso comprobar cómo aún algunas de esas voces siguen aportando a la poesía conocimiento, emoción y experiencia, alma. Una de estas voces singulares es la de Ana María Romero Yebra, madrileña de nacimiento pero con residencia en Almería desde el año 1981. “Luminaria” es la última entrega poética de Romero Yebra, en la colección “La noctámbula”, del sello editorial Torremozas. Con esta misma editorial publicaría otro extraordinario poemario: “El llanto de Penélope”. Aunque mucho es el tiempo transcurrido desde que viera la luz el que podríamos considerar su primer libro de poesía “La isla de Brétema”, de tema fundamentalmente amoroso, hasta el que ahora nos ocupa, esencialmente elegíaco, Ana María Romero ha mantenido un discurso poético coherente tanto desde el punto de vista de la forma como del fondo. En su voz hallamos esa magia de la palabra, la luz de los silencios y el estertor de la vida, el fuego que abrasa a los amantes y el dolor por la pérdida, incluso una forma muy personal de erotismo.

No hay en Ana María Romero Yebra medias tintas, y así lo podemos comprobar en este último poemario. “Luminaria” es el homenaje que la poeta dedica a su madre tras su muerte, y al igual que Jorge Manrique escribió aquellas famosas coplas a la muerte de su padre, Romero Yebra nos deja la palabra dolorida por la nostalgia de lo vivido y sentido, por ese vacío que experimenta con la definitiva ausencia de su madre, Elvira Yebra. El poemario se divide en dos partes: “Curriculum vitae” y “Versos de otoño”. En la primera parte, como su propio nombre indica, la autora ha querido mostrar los momentos más importantes, o al menos los que la memoria recupera, la secuencia vital de su madre, desde su nacimiento en Salas de los Barrios (Ponferrada): «Naciste en una aldea / de la España rural y oscurecida», hasta los días vividos en Almería:«Te miro en el jardín, entre las plantas / y pienso que eres, madre, igual que un árbol viejo y armonioso / que marchitó en los brotes su belleza / conservandoo la fuerza en las raíces». Sin embargo, entre esos dos momentos delimitadores, existen otros que van modelando la figura materna, etopeya exacta. La madre es principio y fin de sus recuerdos, y por ello va encajando una a una cada, como si se tratara de un rompecabezas, sus etapas vitales, sus sueños. La muerte de la madre es una herida abierta aún, que el tiempo no ha podido cerrar, pero que Romero Yebra atempera con el bálsamo de la poesía. Es la palabra su refugio, la única razón de su existencia, el mejor emplasto para sanar del dolor y la tristeza por la más grande ausencia. La poeta desea vivir en ella, la madre, en sus recuerdos: «…como si adivinara / que su tiempo de Escuela / iba a ser muy escaso / para aprenderlo todo / antes de abandonarla y de tener la vida / por única maestra», la primera renuncia, o del trabajo de pastora: «Por trochas y veredas / iban tus pocos años como guía / de un centenar de ovejas y corderos…», también de su huida hacia el futuro (¿?): «Madrid se te ofreció, desde tu entrada, / como una ciudad abierta a la conquista», el hallazgo del amor en el desorden: «Era el amor, sin duda, que venía / envuelto en el desorden de la guerra / poco antes iniciada», y los desastres de la guerra: «Todo se había agotado en el asedio / y Madrid era entonces / una ciudad hambrienta y desgarrada» y la desoladora presencia de la muerte: «Te quedaste tan rota, tan ausente, / que ya no fuiste tú. Que ya no eras. / Aquella horrible tarde de verano / te asfixiaba el presente y el futuro». En la segunda parte, “Versos de otoño”, Romero Yebra presiente el acabamiento, el final del viaje, el otoño último. Evocará la poeta los días junto a la madre enferma:«Porque Dios nos ayuda / y tu cuerpo gastado se renueva / y estrenas con el alba, la sonrisa, / no me importan las noches / al lado de tu cama / viendo alargarse el tiempo de lo oscuro, / para pasar densas las horas, / esperando el regalo de tenerte / conmigo todavía», y sentirá hendirse en su corazón la fatal premonición, la hora definitiva, de manera que poco le importará el otoño «que enriquece las hojas de los sauces con ramalazos de oro encendido», porque solo piensa en ella, por eso cree que es pronto aún, y escribe: «Hoy no puedes marcharte. / El corazón me dice que es muy pronto. / Que no me dejarás. Que guarda el tiempo / muchos dulces otoños todavía… / ¿Vas a perderte, madre , los que quedan?». Ha compuesto Romero Yebra una elegía rotunda y certera a la muerte de su madre, y en ella y después de la muerte, siempre la esperanza, la vida: «Hay madres que están vivas porque, aunque ya murieron, / rebrotan en nosotros como árboles tenaces». También la poesía auténtica renace cada día, como en este hondo y bello libro, “Luminaria”, de Ana María Romero Yebra.

Título: Luminaria
Autor: Ana Mª Romero Yebra
Edita: Torremozas (Madrid, 2014)

domingo, febrero 01, 2015

Luis Buñuel. Mi último suspiro y lo que hay en la red por Benito Garrido


bla, bla, bla,... total, que llevo aquí escribiendo un rato de lo bien que se lo pasa uno en Almería, de  su Universidad, y su personal docente y, resumiendo, que he leído el libro, por fin dirán algunos y con toda la razón, de Luis Buñuel, "Mi último suspiro", primera edición de 1982, reeditado por DEBOLSILLO 2012, que me ha recordado que hay "Personalidades" que mi humilde persona reconoce y admira como ídolos, dioses o genios, también tienen dudas, pueden haber nacido en un pueblo, tener miedos y ser tremendamente humanos.


Sus primeros años[editar]

Luis Buñuel nació en Calanda el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería y armas, había conseguido una pequeña fortuna en Cuba y en 1898, al estallar la guerra hispano-estadounidense, liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó el 10 de abril de 1899 con María Portolés Cerezuela, de diecisiete años, veintiocho más joven que él,[3] con la que tuvo siete hijos: Luis (1900), María (1901), Alicia (1902), Concepción (1904), Leonardo (1907), Margarita (1912) y Alfonso (1915). De todos estos destacaron Leonardo, que fue médico, pediatra y radiólogo, y Alfonso, un arquitecto y diseñador gay con inquietudes artísticas que destacó como autor de collages surrealistas.
A los tres años del nacimiento de su primogénito, la familia se trasladó a vivir a Zaragoza y a partir de entonces pasó a repartir sus vacaciones entre Calanda (donde regresaban en Semana Santa y a veranear) y en ocasiones a San Sebastián.[4]

Calanda (Teruel), .
Así pues, Luis pasó toda su infancia y adolescencia en Zaragoza, donde cursó la educación primaria y secundaria, primero en Corazonistas (con mayoría de franceses) y en 1908, durante siete años, en el colegio jesuita de El Salvador, al comienzo del paseo de la Constitución, donde hoy se encuentra la sede principal de Ibercaja, cerca de la plaza de Aragón; como alumno a media pensión, no vestía el uniforme completo de los internos, sino solamente la gorra con un galón. Sus notas eran generalmente excelentes.[5]

Leonardo Buñuel González, padre del cineasta.
Lo que se sabe sobre las primeras películas que vio procede de las declaraciones del propio Buñuel, y son imprecisas y contradictorias. En 1975 dijo a Pérez Turrent y José de la Colina que había visto de niño «cine parlante y en colores, en la sala Coine [sic], de Zaragoza», aludiendo al cinema parlante que Ignacio Coyne Lapetra regentó entre 1905 y 1909; recordaba una película donde «se veía un cerdo, con faja de comisario de policía y sombrero de copa, cantando una canción. Era un dibujo animado con colores muy malos que salían de las figuras, y el sonido venía de un gramófono», pero también a los mismos autores les comunicó que en la primera película que vio había un asesinato cruento.[6] Por otro lado, en sus memorias, tituladas Mi último suspiro, afirmaba que en 1908 asistió por primera vez al cine Farrucini [sic], que remite a la barraca de feria Nuevo Metensmograf Cinematógrafo Farrusini del feriante barcelonés Enric Farrús, quien se estableció en Zaragoza en 1908 al calor de la Exposición Hispano-Francesa de ese año que conmemoraba el centenario de los Sitios de Zaragoza. Recordaba, asimismo, haber visto en esa época muchas películas cómicas de André Deed, que en España era conocido como Toribio, y el Viaje a la luna de Georges Méliès.[7]
En Calanda daba funciones con un teatrillo de personajes de cartón que sus padres habían comprado en París y espectáculos de sombras chinescas con una linterna mágica. Acudía regularmente al teatro y a la ópera, pues los Buñuel tenían, como familia acomodada que era, palco en abono en el Principal, uno de los cuatro que entonces había en la capital aragonesa. Su niñera le llevaba también al teatro Circo que ofrecía comedias, dramas de detectives, melodramas, farsas, sainetes y zarzuelas; posiblemente allí contemplaría una opereta basada en Los hijos del capitán Grant, que Buñuel tenía como uno de sus mejores recuerdos, por la espectacularidad de su escenografía. Ya de adolescente, en 1915, asiste en el teatro Principal a numerosas funciones de teatro y ópera La vida es sueño, El alcalde de Zalamea, Don Álvaro o la fuerza del sino, La Favorita, Lucía de Lammermoor, el Fausto de Gounod, Rigoletto, El barbero de Sevilla, Carmen...[8]
Desde los diez o doce años comenzó a tocar el violín y a estudiarlo desde los trece. Al año siguiente salió por primera vez de Aragón y viajó a Vega de Pas (Cantabria) y San Sebastián, donde veranearía a menudo. En 1915 fue expulsado por los jesuitas del colegio y se matriculó en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza (más tarde llamado «Goya») como alumno libre. En esa época leyó El origen de las especies, de Darwin, además de libros de la nutrida biblioteca de su padre Leonardo, como el Jean-Christophe de Romain Rolland, obras de los librepensadores franceses Rousseau, Diderot o Voltaire y clásicos españoles como Quevedo o Benito Pérez Galdós, además de novelas de detectives (Nick Carter, Dick Turpin) y una novela que le dejará huella: Robinson Crusoe.[9]

Juventud. Madrid y la Residencia de Estudiantes[editar]

A los 17 años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Junta para la Ampliación de Estudios, heredera del espíritu del krausismo pedagógico y la Institución Libre de Enseñanza,[10] [11] [12] donde permaneció siete años. Su propósito, inducido por su padre, era estudiar Ingeniería Agrónoma. En esta época se interesó por el naturismo y llevó una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada. Tomó parte de las actividades del cine-club de la Residencia y trabó amistad con, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna.

En 1920 inició, con el doctor Ignacio Bolívar, estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España.
Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.
En 1921 visitó por primera vez Toledo, ciudad que causó una profunda impresión en Buñuel y sus amigos. También tuvo conocimiento en estos años de las tendencias internacionales más importantes del pensamiento y del arte, y mostró interés por el Dadaísmo y la obra de Louis Aragon y André Bretón. Y, por supuesto, siguió asistiendo con regularidad al cine.
Desde 1922 escribe poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias de la época, fundamentalmente aquellas que sirvieron de vehículo para el ultraísmo y la Generación del 27, como Ultra, Horizonte, Alfar, Helix o La Gaceta Literaria.
En 1923 murió su padre en Zaragoza, inició el servicio militar y publicó su primer artículo, al que siguieron cuentos y poemas en revistas de vanguardia e incluso preparó un libro que los recopilaba bajo el título Un perro andaluz. Muchas de las imágenes de sus escritos de estos años, previos al surrealismo francés, pasaron a su cine. El día de San José de ese mismo año de 1923 fundó la paródica Orden de Toledo y se nombró a sí mismo condestable. Para ser caballero había que emborracharse y estar toda la noche sin dormir. A ella pertenecieron, entre otros, Dalí, Pepín Bello, Alberti...
En 1924, año en que Dalí le realiza su primer retrato, se licenció en Historia y renunció al doctorado, decidido a marcharse a París, la que por entonces era capital cultural de occidente.[13]

París y el surrealismo[editar]

En enero de 1925, después de asistir a la conferencia que da Louis Aragon en la Residencia de Estudiantes, Buñuel abandonó Madrid rumbo a París. En la capital francesa asistió a las tertulias de los inmigrantes españoles y se acerca cada vez más al grupo surrealista. Su afición por el cine se intensificó y veía habitualmente tres películas al día, una por la mañana (generalmente proyecciones privadas, gracias a un pase de prensa), otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche.
El pianista Ricardo Viñes le propuso la dirección escénica de El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, que, estrenada en Ámsterdam el 26 de abril de 1926 y representada también al día siguiente, supuso un importante éxito. Esta experiencia le llevó a escribir una pieza de teatro de cámara de vanguardia titulada Hamlet en 1927, que fue representada en el Café Sélect de París.
Su conversión total al cine se produjo tras ver la película Las tres luces (Der müde Tod), de Fritz Lang. Varias semanas después se presentó en un rodaje al conocido director de cine francés Jean Epstein y se ofreció a trabajar en cualquier labor a cambio de aprender todo lo que pudiera acerca del cine, y Epstein acabó permitiéndole desempeñar el cargo de ayudante de dirección en el rodaje de sus películas mudas Mauprat (1926) y La caída de la casa Usher (La chute de la maison Usher), de 1928.
Comenzó a colaborar como crítico en varias publicaciones de cine y arte, en las que dejó constancia de sus iniciales concepciones cinematográficas, como la francesa Cahiers d'Art y española La Gaceta Literaria, de la que fue director de su sección de cine desde 1927. El director de esta revista, Ernesto Giménez Caballero, le propuso fundar un cine-club en la Residencia de Estudiantes. La idea se llevó a cabo y Buñuel, viajando ocasionalmente a Madrid, promovió en España el cine de vanguardia y las ideas surrealistas.
También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen (Jacques Feyder, 1926) con Raquel Meller, y en La sirène des tropiques (Henri Étiévant y Mario Nalpas, 1927) con Joséphine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas. Como crítico, elogió el cine de Buster Keaton y atacó, por considerarla pretenciosa, la vanguardia cinematográfica francesa, en cuyas filas militaba el propio Jean Epstein. Es conocida su ruptura con este al negarse el aragonés a trabajar en el nuevo proyecto del más reputado de los directores vanguardistas franceses, Abel Gance, de cuyo Napoleón había escrito Buñuel recientemente una crítica muy dura.
Cada vez más interesado por el grupo surrealista de Breton, comenzó a trasladar a sus compañeros de la Residencia de Estudiantes las novedades de esta tendencia, escribiendo poemas de un surrealismo ortodoxo e instando a Dalí a que se trasladase con él a París para conocer el nuevo movimiento. En 1927 escribía un libro de poesía surrealista, que no llegó a editar, cuyo título inicialmente era Polismos y más tarde Un perro andaluz, que fue el que más tarde recibiría su primera película.
En 1928 preparó un guion cinematográfico sobre Francisco de Goya con motivo del centenario de su fallecimiento, patrocinado por una comisión zaragozana. El proyecto no llegó a buen término por falta de presupuesto, como tampoco otro basado en un guion de Ramón Gómez de la Serna que iba a titularse El mundo por diez céntimos, en el que el hilo conductor iban a ser los sucesivos cambios de dueño de una moneda, o bien, diferentes narraciones que se hallaban en un periódico. Gómez de la Serna le envió finalmente el guion de Caprichos (su nuevo título), aunque no se ha conservado, ya que entre octubre y noviembre de ese año abandonaría el proyecto al comenzar a trabajar con Dalí en el de Un perro andaluz.[14]

Un perro andaluz y La edad de oro[editar]

En enero de 1929, Buñuel y Dalí, en estrecha colaboración, ultimaron el guion de un film cuyo proyecto se titularía sucesivamente El marista en la ballesta, Es peligroso asomarse al interior y, por fin, Un perro andaluz, una vez desechada la publicación con este título de su proyectado poemario surrealista. La película se comenzó a rodar el 2 de abril con un presupuesto de 25.000 pesetas aportadas por la madre de Buñuel. Se estrenó el 6 de julio en el Studio des Ursulines, un cine-club parisino, en el que alcanzó un clamoroso éxito entre la intelectualidad francesa, y permaneció en exhibición nueve meses consecutivos en el Studio 28.

Salvador Dalí (1939).
A partir de la proyección de Un perro andaluz, Buñuel fue admitido de lleno en el grupo surrealista, que se reunía diariamente en el Café Cyrano para leer artículos, discutir sobre política y escribir cartas y manifiestos. Allí, Buñuel forjó amistad con Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, entre otros.
A fines de 1929 se volvió a reunir con Dalí para escribir el guion de lo que sería más tarde La edad de oro, pero la colaboración ya no resultó tan fructífera, pues entre los dos se interpone el gran amor de Dalí, Gala Eluard. Buñuel comenzó el rodaje de la película en abril de 1930, cuando el pintor se encontraba disfrutando de unas vacaciones con Gala en Torremolinos. Cuando descubrió que Buñuel ya había acabado la película con el sustancioso mecenazgo de los Vizcondes de Noailles, que deseaban producir una de las primeras películas sonoras del cine francés, Dalí se sintió marginado del proyecto y traicionado por su amigo, lo que originó un distanciamiento entre ellos que se fue incrementando en el futuro. A pesar de aquello, felicitó a Buñuel por el largometraje, asegurando que le había parecido «una película americana». El estreno tuvo lugar el 28 de noviembre de 1930. Cinco días más tarde grupos de extrema derecha atacaron el cine donde se proyectaba y las autoridades francesas prohibieron la película y requisaron todas las copias existentes, comenzando una larga censura que duraría medio siglo, pues no sería distribuida hasta 1980 en Nueva York y un año después en París.

Hollywood y el Madrid de la República. Las Hurdes[editar]

En 1930 Buñuel viajó a Hollywood, contratado por la Metro Goldwyn Mayer, como «observador», con el fin de que se familiarizara con el sistema de producción estadounidense. Allí conoció a Charles Chaplin y Serguéi Eisenstein. En 1931 llegó a España, en vísperas de la proclamación de la Segunda República. La edad de oro se proyectó en Madrid y Barcelona. En 1932 asistió a la primera reunión de la Asociación de Escritores Revolucionarios (AERA), se separó del grupo surrealista y se afilió al Partido Comunista francés. Contratado por la Paramount, regresó a España y trabajó como responsable de sincronización.

Ramón Acín, artista y anarquista, financió Las Hurdes tras haber sido agraciado con un premio de lotería.
En abril de 1933,[15] financiado por su amigo Ramón Acín, comenzó a filmar Las Hurdes, tierra sin pan, un documental sobre esa comarca extremeña. La derecha y la Falange Española comenzaban a rebelarse en España y la película fue censurada por la joven y débil Segunda República Española por considerarla denigrante para España. Ese mismo año firmó un manifiesto contra Hitler con Federico García Lorca, Rafael Alberti, Sender, Ugarte y Vallejo.
En 1934 visitó en París a Dalí, ya casado con Gala. Dalí se mostró indiferente con Buñuel, con lo que se incrementó su distanciamiento. El 23 de junio se casó con Jeanne Rucar, a la que había conocido en casa de su amigo Joaquín Peinado en 1925 cuando estudiaba anatomía en París, y que había sido medalla de bronce de gimnasia artística en las Olimpiadas de París de 1924. La boda se celebró en la alcaldía del distrito XX de la capital francesa, sin invitar a la familia, con tres testigos improvisados (uno de ellos, un transeúnte desconocido) y, después de comer, Buñuel volvió a Madrid, ya que había aceptado trabajar para la Warner Brothers como director de doblaje. La pareja tendría dos hijos, Jean Louis, nacido en París, y Rafael, que lo haría en Nueva York.
En 1935, con ayuda de algún dinero familiar, fundó, junto a Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, que competía con la Cifesa de los hermanos Casanova, principal productora española de los años treinta. Filmófono produjo películas como Don Quintín el amargao, donde debutó en el cine la gran bailaora Carmen Amaya, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? o ¡Centinela alerta!, y la única condición de Buñuel para producirlas era, curiosamente, no aparecer en la ficha técnica, pues a sus ojos no eran más que "melodramas baratos". Todos estos largometrajes fueron rentables y supusieron la consolidación de la industria cinematográfica española de los años treinta. Sin embargo, la Guerra Civil abortó este proyecto.

La Guerra Civil. Estados Unidos[editar]

El golpe de estado franquista sorprendió a Buñuel en Madrid. Así como Dalí se alineó con Franco y simpatizó con el bando nacionalista, Buñuel siempre permaneció fiel a la Segunda República. No obstante, no dejó por ello de ayudar a amigos suyos del bando franquista cuando estuvieron en peligro de muerte; así, logró que liberasen a José Luis Sáenz de Heredia (primo hermano de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange), que simpatizaba con Franco, pues habían trabajado juntos en Filmófono. El 18 de agosto de 1936 es asesinado Lorca.
En septiembre de 1936 salió de Madrid en un tren abarrotado hacia Ginebra, vía Barcelona. Allí lo había citado para una entrevista Álvarez del Vayo, ministro de Asuntos Exteriores de la República, quien lo mandó a París como hombre de confianza de Luis Araquistáin, embajador en Francia, para realizar diferentes misiones, principalmente de inteligencia. Supervisó y escribió junto a Pierre Unik el documental España leal en armas. Realizó su bautismo aéreo en varios viajes relámpago a España, en misiones de guerra.
Durante 1937 se encargó de supervisar para el Gobierno republicano el pabellón español de la Exposición Internacional de París. Dalí le pintó su segundo y último retrato: El sueño. El 16 de septiembre de 1938, ayudado en los gastos de viaje por sus amigos Charles Noailles y Rafael Sánchez Ventura, viajó a Hollywood de nuevo, esta vez encargado por el Gobierno republicano de la supervisión, como consejero técnico e histórico, de dos películas acerca de la Guerra Civil que se iban a rodar en Estados Unidos.
Terminada la Guerra, en 1941, cuando comenzaba el rodaje de Cargo of Innocents, la asociación general de productores estadounidenses prohibió toda película en contra de Franco, lo que significó el fin del proyecto en el que estaba implicado Buñuel. Sin trabajo y con poco dinero, y ya con su mujer e hijos reunidos con él, aceptó el encargo que le ofrece el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, como productor asociado para el área documental y supervisor y jefe de montaje de documentales para la Coordinación de Asuntos Interamericanos, que dirigía Nelson Rockefeller. Su misión era seleccionar películas de propaganda antinazi; tenía despacho propio y personal a su cargo. Su primer trabajo para el MoMA consistió en la reedición de El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstal, con el fin de hacerla más breve y accesible a miembros del Gobierno de Estados Unidos para que viesen el potencial del cine como instrumento propagandístico. Pero fue despedido en 1943 a raíz de la publicación del libro La vida secreta de Salvador Dalí, donde el pintor tachaba a Buñuel de ateo y hombre de izquierdas. Un periodista del Motion Pictures Herald atacó a Buñuel en un artículo donde advertía acerca de lo peligroso que resultaba la presencia de este español en un museo tan prestigioso. Buñuel se reunió con Dalí en Nueva York para pedirle explicaciones y esa entrevista significó la ruptura de sus relaciones.
Volvió a Hollywood y se puso a trabajar para la Warner Brothers como jefe de doblaje de versiones españolas para América Latina. Acabada la colaboración con la Warner en 1946, se quedó en Los Ángeles en busca de un trabajo relacionado con el cine y en espera de que le concedieran la nacionalidad estadounidense, que había solicitado.

Etapa mexicana[editar]

Cuando Luis Buñuel aún estaba viviendo del dinero que había ahorrado el año anterior, la casualidad quiso que en una cena en casa del cineasta francés René Clair se encontrara con Denise Tual, la viuda del actor ruso Pierre Batcheff (protagonista de Un perro andaluz, quien se había suicidado en 1932). La mujer, que se había vuelto a casar, con el productor francés Ronald Tual, le ofreció trabajar en el nuevo proyecto que tenía intención de realizar: La casa de Bernarda Alba, que dirigiría Buñuel. Tual, que había llegado a Los Ángeles con el interés de conocer mejor la industria estadounidense del cine, tenía intención de realizar la película entre París y México, para lo cual aprovechó su regreso a París para hacer escala en México y concretar algunos asuntos con el productor francés de origen ruso Oscar Dacingers, exiliado en ese país. Una vez allí se enteraron de que los derechos de la obra habían sido vendidos a otra productora que había pujado más alto.
Truncado el proyecto, Luis Buñuel tuvo la suerte de que Dacingers le ofreciera otro trabajo: dirigir Gran Casino, una película comercial con el conocido cantante mexicano Jorge Negrete y la primera figura argentina Libertad Lamarque. Buñuel aceptó y, una vez arreglados todos los papeles de residencia e instalado con su esposa y sus hijos, ingresó en la industria mexicana del cine. Esta primera película de su nueva etapa constituyó un rotundo fracaso[16] y durante los tres siguientes años se vio obligado a mantenerse del dinero que le enviaba su madre todos los meses.
En 1949, a punto de abandonar el cine, Dacingers le pidió que se hiciera cargo de la dirección de El gran calavera, ya que Fernando Soler no podía ser a la vez director y protagonista. El éxito de esta película y la concesión de la nacionalidad mexicana animaron a Buñuel a plantear a Dacingers un nuevo proyecto más acorde con sus deseos como cineasta, proponiéndole, bajo el título ¡Mi huerfanito, jefe!, un argumento sobre las aventuras de un joven vendedor de lotería. A esta oferta siguió una mejor respuesta por parte de Dacingers, la realización de una historia sobre los niños pobres mexicanos.
Así, en 1950 Buñuel realizó Los olvidados, película con fuertes vínculos con Las Hurdes, tierra sin pan, y que en un primer momento no gustó a los mexicanos ultranacionalistas (Jorge Negrete el primero), ya que retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana que la cultura dominante no quería reconocer. No obstante, el premio al mejor director que le otorgó el Festival de Cannes de 1951 supuso el reconocimiento internacional de la película, y el redescubrimiento de Luis Buñuel, y la rehabilitación del cineasta por parte de la sociedad mexicana. Actualmente, Los olvidados es una de las tres únicas películas reconocidas por la Unesco como Memoria del Mundo.
En 1951 filmó Susana y Él, película que constituyó un fracaso comercial pero que sería revalorada en los años venideros. En 1952 salió de Ciudad de México para filmar Subida al cielo, cinta simple donde un sueño del protagonista da el toque surrealista de Buñuel y que le valió ir nuevamente a Cannes. Ese mismo año filmó Robinson Crusoe, primera película que se rodó en Eastmancolor (todos los días se enviaban las copias a California para comprobar los resultados), y, junto con La joven, que dirigió en 1960, una de las dos únicas películas que rodó en inglés y con coproducción estadounidense. En 1953 dirigió La ilusión viaja en tranvía, una de las películas consideradas "menores" pero que por su frescura y sencillez, y respaldada por escritores como José Revueltas y Juan de la Cabada, sobrevive al paso de los años.
En 1954 dirigió El río y la muerte y es elegido miembro del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1955, año en que filmó Así es la aurora en Francia (lo que le brinda la oportunidad de visitar a su madre en Pau), fiel a sus ideas, firmó un manifiesto en contra de la bomba atómica estadounidense, lo que, unido a su apoyo a la revista antifascista España Libre (posicionada en contra de EE. UU.), supuso su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975. A partir de ese momento, cada vez que pasaban por EE. UU., tanto él como su familia eran interrogados. No obstante, Buñuel dijo que EE. UU. era la tierra más hermosa que había conocido. Cuando alguien le preguntaba si era comunista siempre contestaba que era un español republicano.
Tras Ensayo de un crimen (1955), en 1956 realizó La muerte en ese jardín, con guion de Luis Alcoriza y Raymond Queneau, que adaptaba la novela homónima de Lacour. The National Film Theatre of London realizó una retrospectiva de su obra. Nazarín (1958), Palma de Oro del Festival de Cannes de 1959, es la primera de las tres películas que realizaría con el actor Paco Rabal. Ese mismo año rodó Los ambiciosos, cine de compromiso político y social. En 1960 dirigió por última vez una obra teatral, Don Juan Tenorio, en México, y realizó y estrenó en EE. UU. La joven. Después regresó a España para dirigir Viridiana, coproducción hispano-mexicana con guion escrito junto a Julio Alejandro. La película fue producida por Gustavo Alatriste (por parte mexicana) y por Pere Portabella y Ricardo Muñoz Suay, por parte de las productoras españolas UNINCI (Unión Industrial Cinematográfica) y Films 59. Estuvo protagonizada por Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey.
Viridiana fue presentada a concurso en el festival de Cannes de 1961 como representante oficial de España y obtuvo la Palma de Oro, que recogió el entonces Director General de Cinematografía, José Muñoz Fontán. Sin embargo, después de que el periódico vaticano L'Osservatore Romano condenara la cinta, a la que tachaba de blasfema y sacrílega, la censura española prohibió la cinta y Muñoz Fontán fue obligado a dimitir. Viridiana no se pudo proyectar oficialmente en España hasta 1977. Fue ganador del Premio Nacional de Bellas Artes, otorgado por el Gobierno de México en 1977.[17]
En 1962 rodó El ángel exterminador, una de sus películas más importantes y personales, en la que aludía a varias bromas privadas de su época de la Residencia de Estudiantes y del periodo surrealista transcurrido en Francia.

Etapa francesa[editar]

Ya en su etapa mexicana, Buñuel había rodado varias películas de producción francesa tras las elogiosas críticas europeas de Ensayo de un crimen, Así es la aurora o La muerte en el jardín, pero su verdadera reentrada en la cinematografía francesa se produjo en 1963 con Diario de una camarera (Le Journal d'une Femme de Chambre), adaptación de la novela de Octave Mirbeau. Comienza así su cooperación con el productor Serge Silberman y el guionista Jean Claude Carrière.
En 1964 filmó su última película mexicana, Simón del desierto, que no acabó como estaba proyectada por falta de presupuesto. Aun así, obtuvo el León de Plata de la Mostra de Venecia al año 1965, año en que, junto a Carrère, preparó las adaptaciones de El monje y Là-bas.
En 1966 Dalí le telegrafió desde Figueras ofreciéndole preparar la segunda parte de Un perro andaluz. Ese mismo año se estrenó Belle de jour, que obtuvo en 1967 el León de Oro en la Mostra de Venecia. Esta película obtuvo en Francia un extraordinario éxito de público y a partir de entonces los estrenos de Buñuel se convirtieron en acontecimientos culturales, lo que motivó que Silberman le concediera completa libertad creativa y los recursos suficientes para la producción de sus filmes, lo que caracterizó la etapa final de su obra. En 1969 la Mostra le otorgó el gran premio de homenaje por el conjunto de su obra.
En 1970 volvió a España para rodar, esta vez en régimen de coproducción, Tristana, protagonizada por Catherine Deneuve, que ya había desempeñado el papel principal en Belle de jour.
En 1972 se convirtió en el primer director español en conseguir el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, por El discreto encanto de la burguesía (Le Charme Discret de la Bourgeoisie), película que se iba a rodar en España, lo cual resultó imposible debido a la censura. Esta película, junto con La Vía Láctea (La Voie Lactée, 1968) y El fantasma de la libertad (Le Fantôme de la Liberté, 1974), conforman una especie de trilogía que ataca los cimientos del cine de narrativa convencional y el concepto causa-consecuencia, abogando por la exposición del azar como motor de la conducta y del mundo. Ese mismo año de 1972 visitó Los Ángeles, donde vivía su hijo Rafael, y George Cukor ofreció en su casa una cena en honor de Buñuel a la que asistieron, además de su hijo Rafael y Carrière, importantes cineastas como Alfred Hitchcock, Billy Wilder, G. Stevens, William Wyler, R. Mulligan, Robert Wise o Rouben Mamoulian.
En 1977 Buñuel puso el colofón a su obra con Ese oscuro objeto del deseo (Cet Obscur Objet du Désir), que recibió el premio especial del Festival de Cine de San Sebastián. En la película, que revisa temas tratados anteriormente en Viridiana o Tristana, Carole Bouquet y Ángela Molina interpretan al alimón el personaje femenino que da réplica a Fernando Rey.
En 1980 realizó su último viaje a España y fue operado de próstata. En 1981, 50 años después de haber sido prohibida, se reestrenó en París La edad de oro, fue hospitalizado por problemas de la vesícula, Agustín Sánchez Vidal publicó su obra literaria, el Centro Georges Pompidou de París organizó un homenaje en su honor y Un perro andaluz se proyectó en una pantalla colocada en el techo de este centro cultural.
En 1982 publicó sus memorias, escritas en colaboración con Carrière y tituladas Mi último suspiro.

Muerte[editar]

Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 de madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer. Sus últimas palabras fueron para su mujer Jeanne: "Ahora sí que muero". Ese mismo año había sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza. Se mantuvo fiel a su ideología hasta el final: no hubo ninguna ceremonia de despedida, siendo en 1997, cuando finalmente fueron esparcidas sus cenizas en el monte Tolocha, situado en su pueblo natal, Calanda.[18]

Filmografía[editar]

Como director[editar]

Entre 1929 y 1977 dirigió un total de 32 películas.[19] Además, en 1930 rodó Menjant garotes ("Comiendo erizos"), una película muda de únicamente cuatro minutos, con la familia Dalí como protagonista. 

Cabeza de Luis Buñuel, obra del escultor Iñaki, en el Centro Buñuel Calanda.
Aparte de las películas que realizó como director o actor, o en las que colaboró de una u otra forma, también hubo una serie de proyectos que no pudo realizar.[22]

Como asistente de dirección[editar]

  • Mauprat (Jean Epstein, 1926).
  • La sirène des tropiques (Mario Nalpas y Henri Étiévant, 1927).
  • La chute de la maison Usher (Jean Epstein, 1928).

Como productor o supervisor[editar]

  • Un perro andaluz (1929).
  • Don Quintín el Amargao (Luis Marquina, 1935).
  • La hija de Juan Simón (José Luis Sáenz de Heredia, 1935).
  • Quién me quiere a mí (José Luis Sáenz de Heredia, 1936).
  • Centinela alerta (Jean Grémillon, 1936).
  • España leal en armas (Jean-Paul Le Chanois, 1937). Documental propagandístico también conocido como España 1936 o Madrid 1936.

Como guionista en películas no realizadas por él[editar]

Como actor[editar]

  • Mauprat (Jean Epstein, 1926).
  • Carmen (Jacques Feyder, 1926).
  • La sirène des tropiques (Henri Étiévant, Mario Nalpas (codirectores), 1927).
  • Un perro andaluz (1929).
  • La fruta amarga (Arthur Gregor, 1931).
  • La hija de Juan Simón (José Luis Sáenz de Heredia, 1935).
  • Llanto por un bandido (Carlos Saura, 1964).[23]
  • En este pueblo no hay ladrones (Alberto Isaac, 1964).
  • Belle de jour (1967)
  • La chute d'un corps (Michel Polac, 1973).
  • El fantasma de la libertad (1974).

Obra literaria[editar]

Luis Buñuel realizó varias incursiones en diversos campos (teatro, literatura) antes y después de dedicarse al mundo del cine, si bien su más relevante aportación fueron los poemas y prosas surrealistas escritos entre 1922 y 1929 durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid.[24] Sus textos de esta época pueden inscribirse entre las aportaciones más interesantes, junto con las de Juan Larrea (1895-1980), de la introducción del surrealismo como componente clave de la Generación del 27.[25] Pero los textos literarios de esta época no solo están influidos por el surrealismo francés, sino que también traslucen los rasgos de la greguería de Ramón Gómez de la Serna y del ultraísmo de la vanguardia madrileña.[26]
Muchos de estos textos iban a conformar un libro de textos poéticos y prosísticos surrealistas del que da noticias desde 1926 y se iba a titular inicialmente Polismos. Todavía en 1929, en carta escrita a Pepín Bello el 10 de febrero, tiene la intención de publicarlo, aunque ahora con el título Un perro andaluz, que finalmente se convirtió en el de su primera película.[27]
Los textos más significativos son:[28] [29]

Textos iniciales[editar]

  • Una traición incalificable. Prosa. Publicación: Ultra, Madrid, n.º 23, 1 de febrero de 1922, [pág. 4].[30] Primer texto publicado por Buñuel.
  • El guignol [sic]. Conferencia dada en la Residencia de Estudiantes sobre la historia del guiñol como presentación de una representación de títeres de Félix Malleu, posiblemente el 5 de mayo de 1922.[31]
  • Instrumentación. Dedicado al musicólogo Adolfo Salazar. Definiciones de instrumentos musicales de una orquesta influidas por la greguería. Publicación: Horizonte, Madrid, n.º 2, 30 de noviembre de 1922.
  • Suburbios. Subtitulado «Motivos». Prosa. Publicación: Horizonte, n.º 4, enero de 1923.
  • Tragedias inadvertidas como temas de un teatro novísimo. Teoría estética de raigambre futurista. Publicación: Alfar, La Coruña, n.º 26, febrero de 1923.
  • Por qué no uso reloj. Subtitulado «Cuento». Prosa. Publicación: Alfar, n.º 29, mayo de 1923.
  • El ciego de las tortugas. Cuento. Publicado en la Revista Tyflófila Hispano-Americana los Ciegos.[32]
  • Teorema. Poema inédito escrito en 1925.
  • Lucille y sus tres peces. Poema inédito escrito en 1925.
  • Diluvio. Prosa poética. Inédito escrito en 1925.
  • Ramuneta en la playa. Prosa poética. Inédito escrito en 1926.
  • Caballería rusticana. Prosa poética. Escrito en 1927.
  • Una historia decente. Cuento corto con epílogo titulado «Historia indecente». Escrito en 1927.
  • La agradable consigna de Santa Huesca. Cuento surrealista. Escrito en 1927.
  • Carta a Pepín Bello en el día de San Valero. Fechada en Madrid, a 2 de febrero de 1927. Se trata de una carta de carácter profundamente literario consistente en un relato surrealista.
  • Proyecto de cuento. 1927. Esbozo narrativo de carácter surrealista.
  • La Sancta Misa Vaticanae. 1927. Esbozo narrativo de carácter surrealista.
  • Menage a trois. 1927. Prosa poética.
  • Hamlet. Teatro surrealista. Original fechado en julio de 1927. Inédito escrito (según noticia de Buñuel a Sánchez Vidal) en el café Select de Montparnasse, donde fue representado por Francisco García Lorca, Augusto Centeno, Joaquín Peinado, Francisco Bores, Hernando Viñes, José María Ucelay, el hijo o hermano de Darío Regoyos y el mismo Luis Buñuel en el papel de Hamlet.

Textos del libro inédito Un perro andaluz[editar]

Los diez poemas del libro inédito, que inicialmente se iba a titular Polismos, fueron escritos hacia 1927. Algunos fueron publicados posteriormente.
  • Me gustaría para mí
  • Polisoir milagroso
  • No me parece ni bien ni mal
  • Al meternos en el lecho
  • El arco iris y la cataplasma
  • Redentora. Publicado en La Gaceta Literaria, n.º 50, 15 de enero de 1929, pág. 2.
  • Bacanal. Publicado con Redentora en La Gaceta Literaria.
  • Olor de Santidad. Publicado en La Gaceta Literaria, n.º 51, 1 de febrero de 1929.
  • Palacio de hielo. Publicado en Helix, Villafranca del Penedés, n.º 4, mayo de 1929.
  • Pájaro de angustia. Publicado con Palacio de hielo en Helix.

Otros textos[editar]

  • Una jirafa. Textos escritos en francés para una instalación. Publicados en la revista del grupo surrealista Le Surréalisme au Service de la Revolution, n.º 6, 15 de mayo de 1933.
  • El cine instrumento de poesía. Conferencia grabada y transcrita en la revista Universidad de México, diciembre de 1958.
  • La duquesa de Alba y Goya. Sinopsis escrita en 1937 en inglés para la Paramount en forma de relato corto del guion de su proyecto para el centenario de Goya de 1927.
  • Alucinaciones en torno a una mano muerta. 1944. Original en inglés. Guion para una secuencia de la película The beast with five fingers.
  • Ilegible hijo de flauta. Guion de 1947 en colaboración con Juan Larrea para un proyecto de película surrealista.

Crítica cinematográfica[editar]

Luis Buñuel dirigió desde 1927 la sección cinematográfica de la revista La Gaceta Literaria. En ella escribió varios artículos, aunque también publicó en revistas francesas, como Cahiers d'Art o su suplemento Feuilles Volantes.
  • «Una noche en el "Studio des Ursulines"», La Gaceta Literaria, n.º 2, 15 de enero de 1927.
  • «Del plano fotogénico», La Gaceta Literaria, n.º 7, 1 de abril de 1927. Fechado en el original en París en diciembre de 1926.
  • «Metrópolis», La Gaceta Literaria, n.º 9, 1 de mayo de 1927. Sobre la película de Fritz Lang.
  • «Napoleón Bonaparte», Cahiers d'Art, n.º 3, 1927. Sobre la película de Abel Gance.
  • «Cuando la carne sucumbe», Cahiers d'Art, n.º 10, 1927. Sobre El destino de la carne (The way of all flesh), de Víctor Fleming. No ha sobrevivido ninguna copia de esta película.
  • «Deportista por amor», Cahiers d'Art, n.º 10, 1927. Sobre El colegial (College), de Buster Keaton.
  • «La dama de las camelias», La Gaceta Literaria, n.º 24, 15 de diciembre de 1927. Primer número con sección monográfica de cine (págs. 4-5) dirigida por Buñuel. La crítica de Buñuel se refiere a la película de Fred Niblo, Margarita Gautier (Camille), cuya première data del 18 de diciembre de 1926, y su comercialización de 1927, película hoy perdida, salvo copias muy deterioradas y fragmentarias.[33]
  • «Variaciones sobre el bigote de Menjou», La Gaceta Literaria, n.º 35, 1 de junio de 1928; publicado anteriormente en francés con el título de «Variations sur Menjou», en Feuilles Volantes de Cahiers d'Art, 1927.
  • «Découpage o segmentación cinegráfica», La Gaceta Literaria, n.º 43, 1 de octubre de 1928. Número monográfico dedicado al cine, donde también se publicaron los siguientes tres textos.
  • «Noticias de Hollywood». La Gaceta Literaria, n.º 43, 1 de octubre de 1928.
  • «Nuestros poetas y el cine». La Gaceta Literaria, n.º 43, 1 de octubre de 1928.
  • «Juana de Arco, de Carl Dreyer». La Gaceta Literaria, n.º 43, 1 de octubre de 1928.
  • «Lo cómico en el cinema», La Gaceta Literaria, n.º 56, 15 de abril de 1929.
 

Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal 1900-1938.  Ian Gibson.  Editorial Aguilar, 2013.  960 páginas.  22,00 €
Luis Buñuel (Calanda, 1900-México, 1983) es el aragonés más célebre del mundo después de Goya y está considerado como uno de los grandes creadores del siglo XX. Ian Gibson profundiza en las raíces de una obra cinematográfica del calandino, transida de resonancias personales, cada vez más valorada internacionalmente. La infancia del cineasta, la intensa relación con la madre, su larga temporada con los jesuitas, los años universitarios en Madrid al lado de Lorca y de Dalí, el traslado a París en 1925, su entrada en el surrealismo, Un perro andaluz y el escándalo de La edad de oro, la vuelta a España bajo la República, su trabajo con la productora Filmófono, el compromiso antifascista… A finales de 1938 Buñuel embarcó con su mujer y su hijo hacia EEUU, encargado de una misión republicana en Hollywood. A los pocos meses los sublevados ganaron la guerra. No volvería a pisar tierra española hasta 1960, ya ciudadano mexicano, para rodar Viridiana. Pero esto es otra historia.

P.- Lorca, Dalí… solo le quedaba Buñuel para completar este triángulo de tres grandes creadores del siglo XX. ¿Era necesaria esta certera aproximación al cineasta aragonés?
Para mí era inevitable. Y aunque se presentaba difícil arrancar el proyecto por falta de presupuesto, había que afrontarlo. Para el trabajo de Dalí, si que hubo mucho dinero incluso a nivel internacional no en vano estuve siete años entregado a él. Pero para Buñuel, que no es tan famoso mundialmente, no había anticipos que cubriesen posibles ventas. Mientras llegaba el dinero, me puse a escribir entretanto la biografía de Machado. Finalmente fue posible poner en marcha el proyecto de biografía de Buñuel, pero solo hasta la mitad de su vida porque tampoco llegó toda la financiación que inicialmente se había previsto..

P.- ¿Por qué solo los primeros 38 años del autor? ¿Una buena biografía necesita del detalle exhaustivo para ser eficaz?
Como te decía, ha sido básicamente problema de financiación. Este es un trabajo para el que hay que tener vocación y oficio, y eso no necesariamente confluye en las cátedras o las aulas. Para hacer una biografía en condiciones se exige una dedicación que hay que pagar. Un escritor que trabaja por libre necesita de un anticipo económico importante del editor, porque afronta una obra que requiere de muchos años. Una buena biografía necesita del detalle exhaustivo, de la dedicación minuciosa, aparato crítico, notas, bibliografía, buen índice… Piensa que este es un libro que no solo se puede leer sentado en un sofá, sino que también sirve como herramienta de trabajo. En un país como este, que no tiene tradición biográfica, ni lectores suficientes, una obra así se plantea como un reto bastante difícil. En Inglaterra y Francia hay muchísimos lectores de biografía, y aunque en España la cosa va evolucionando, va despacio, poco a poco.
Alguien dijo (me hubiera gustado haber sido yo) que un biógrafo es un novelista bajo juramento: no puedes inventar nada pero debes escribir como un novelista, narrar como si se tratase de una novela pero sin mentir, ni tergiversar. En ese afán de sinceridad, decidí entonces hablar con Aguilar para sacar este tomo de la biografía de Buñuel que llega hasta sus primeros 38 años de vida. Todo lo que vendrá después ya se adelanta en sus inicios: El perro andaluz, La edad de oro, Las Hurdes… Sus obsesiones ya se van vislumbrando.

P.- Buñuel, fue un hombre que en cuanto a su vida personal se caracterizó por el silencio y la evasión. ¿Ha resultado difícil escribir este libro?      ¿Cuáles han sido las fuentes manejadas más importantes?
Empecé por su propio libro de memorias: textos dictados en francés a Jean Claude Carrière que en cierto modo es poco fiable, puesto que no es un libro escrito por él; se trata de una serie de conversaciones entre los dos, pero sin grabadora, por tanto, todo está sujeto a la memoria de su amigo. Pero Mi último suspiro además no tiene una traducción muy buena, y tampoco cuenta con índice onomástico. De ahí que el trabajo tuviese que hacerlo sobre la edición original francesa.
Otro libro aún más clave ha sido del de Max Aub, porque este sí recoge conversaciones grabadas. Buñuel temía la grabadora y de las cosas contaba la mitad. Ambos hablaban de igual a igual, como amigos, sin el temor mediático del periodista. Hablan sin tapujos de la vida personal como de cualquier otro tema. Es el documento más importante sobre el director español.
Y otro libro fundamental en mi trabajo ha sido el de Pérez Turrent y José de la Colina que también recoge entrevistas grabadas, con información importante.
Este libro que presento no es fácil de hacer. Supone siete años de trabajo verdaderamente exhaustivo y con mucho tiempo previo de preparación.

Ian Gibson.
Ian Gibson.
P.- De educación profundamente religiosa, Buñuel vivió aquellos dogmas como una carga ligada al pecado y la obsesión que transmitió a sus películas. ¿Hasta el final? ¿Nunca se libró de ese angustiosos peso?
Yo creo que nunca se libró del todo, como yo tampoco me voy a librar. Él, como yo, recibió una formación cristiana desde el feto. Su madre era muy católica y venía de una familia carlista, y sus primeros maestros eran del Sagrado Corazón: rezos, catecismo, misa diaria… Luego de siete años con los jesuitas la rebeldía ya se le hizo inevitable, pero todo aquello queda por dentro pues en el fondo eres producto de ello. Además no solo quedó marcado por aquellas creencias sino también por la formación recibida. Buñuel llegó a ser latinista, profundamente ordenado, minucioso en todos sus trabajos. Hombre muy divertido, llega un día que dice, soy ateo gracias a dios… aunque hable y trate con curas o creyentes hasta sus últimos días.

P.- La obsesión del cineasta también llegaba a la sexualidad. ¿Miedo, temor, represión… qué le asustaba a Buñuel en relación a este tema?
El deseo sexual domina toda la filmografía del director español, desde Él hasta Viridiana y Ese oscuro objeto del deseo. Era un hombre profundamente fetichista y obsesionado con el erotismo, la sexualidad y la muerte. Algo que puede apreciarse en todas sus películas, desde la primera a la última. Además yo creo que la lectura que hizo de las obras de Freud también pudo influir mucho en su actitud.

P.- Muy especial es la relación que el artista mantuvo con su madre. ¿También obsesiva?
Totalmente envolvente. Sin entrar en psicoanálisis, existía una relación edípica. Cuando nace Luis su madre tiene 18 años y su padre 45. Cuando su padre desde Cuba, vuelve rico a Calanda, busca la mujer más guapa del pueblo y allí estaba María Portolés que debe recibir un permiso especial por su juventud para poder casarse con el indiano. Desde el nacimiento, la relación de Luis con su madre es verdaderamente especial. Ella es muy absorbente y él queda marcado por aquella relación. Dignos de recordar por ejemplo, son sus menciones, tanto dentro como fuera de sus películas, al corsé de su madre.

P.- La residencia de estudiantes y su estrecha relación con Dalí, Lorca o Bello le van abriendo el camino de la cultura. ¿Si se le hubiese dado mejor la escritura hubiese seguido quizá ese camino?
Él siempre reconoció que le hubiese gustado ser escritor, aunque le costaba mucho escribir, le resultaba difícil. Pero tenía talento, y eso es algo que se puede ver en los textos que escribió con los ultraístas. Era un magma muy influido por Gómez de la Serna que Luis vivió de pleno. El problema era que no se sentía seguro escribiendo, y además tenía cerca a Lorca, que ya era un autor muy reconocido… existía cierta timidez por su parte a no estar al nivel.

P.- París y el surrealismo van de la mano en la vida de Buñuel. ¿Epstein y la técnica cinematográfica le abrieron el camino de reafirmación personal que realmente buscaba?
El cine le dio el espaldarazo y empujón que no le había dado la escritura. Ahí encontró su verdadera vocación. Viendo la película de Lang, Las tres luces, quedó definitivamente impactado, aunque ya había visto mucho cine tanto en Madrid como en Zaragoza. Fue entonces cuando se decidió a estudiar y trabajar con Epstein. Siempre fue alguien con mucho talento, con una formación sólida y amplia, de ahí que cuando se volcase en el cine, todo lo que había aprendido y observado antes le sirviese en su evolución. Siempre se sintió privilegiado por una posición social burguesa que le permitió una buena educación.

P.- ¿Su entrega al surrealismo es su mejor manera de luchar contra los putrefactos o era el lenguaje que mejor liberaba sus pasiones?
Cuando a principio de los años veinte se publica el primer manifiesto surrealista, ya empieza a hablarse en Madrid del mismo. El hecho de que la Residencia estuviese en contacto con París, permitió que los estudiantes comenzaron a debatir sobre ese manifiesto de primera mano. Cuando llega a la capital francesa Buñuel está totalmente preparado para entrar en la onda surrealista, algo que le va a permitir bucear en el subconsciente. Como bien dices, el potencial surrealista se le presenta como una manera no solo de luchar contra los putrefactos, sino de dar rienda suelta a sus pasiones.

P.- ¿Por qué fue tan mal esposo? ¿Por qué ese desapego por la familia?
Él se casa porque ella se queda embarazada y se siente en la obligación de hacerlo. Es un tema que en el libro trato con mucho respeto y mesura pues no es cuestión de ofender a sus descendientes. Pero lo que él menos necesitaba en aquellos momentos era una familia. Buñuel dependía no solo emocionalmente de su madre, sino también económicamente, de hecho, ella financia Un perro andaluz. No puede romper ni arriesgar ese vínculo con hijos ilegítimos, su madre no lo hubiera aceptado. De modo que se casa, aunque fuese por lo civil.

P.- ¿Por qué ser comunista y ser surrealista no casaba en una sociedad tan revolucionaria como aquella?
En principio no debía haberse dado ningún conflicto entre ser surrealista y ser comunista, pero en aquellos años el PCE estaba en una posición muy puritana sobre el tema y decidió que aquello no era compatible. Entonces Buñuel decide que viendo la situación del mundo, y aunque no olvide nunca los principios comunistas, debe abandonar la militancia para centrarse en el surrealismo. Considera que desde ahí puede afrontar mejor la revolución que cree tan necesaria.

Por Benito Garrido.