martes, 21 de abril de 2015

Magia, religión y poder


Magia, religión y poder

 

Diálogo con Eduardo Galeano de Bruno Galindo.

Bruno Galindo: ¿Gusta Vd., Señor Galeano, de derribar las diferencias entre lo que se conoce como el bien y el mal, o al menos de acercar ambas posiciones?

Eduardo Galeano: Las barajas siempre vienen mezcladas. Tal vez por eso para mí siempre fue interesante la figura del diablo en América Latina, quizás porque tuve una formación tan católica cuando era niño, y eso te marca para siempre. Y claro, uno es entrenado en la finfancia para creerse este asunto del bien y del mal, del cielo y del infierno, con su proyección más dañina, la más jodida de todas, que es el cuerpo y el alma: la bella y la bestia. Estás toda la vida tratando de superar, y no lo conseguís nunca, esto de que el cuerpo es una fuente de pecado y culpa y que en él tendrás tu condenación, mientras que el espíritu es una cosa etérea que podría llegar a salvarte si no estuvieras tan orientado haciea el mal por los bajos instintos. Yo me formé en eso. Me lo había tomado en serio, yo era un místico de verdad, de esos que rezaba con piedrecitas debajo de las rodillas: me lo creía. Después, con los años, aprendí que la realidad no era así. Por lo menos la de este mundo.


Y como es en la realidad en lo que creo, creo que si hay cielo y hay infierno están aquí, en el mundo... pero que vienen bastante mezclados. Aquello que me habían enseñado de que había una ferontera clarita que los separaba, en la realidad no es así para nada. Y lo mismo con Dios y el Diablo, como grandes metáforas, como símbolos, como mitos de la gran contradicción entre lo nuevo y lo viejo, el bien y el mal, la energía de la vida y la energía de la muerte. Las barajas vienen mezcladas.

Bruno Galindo: A Dios más o menos ya le conocemos. Hábleme del Diablo.

Eduardo Galeano: En estos andares, así, por los caminos -porque uno más o menos ha andado por un lado y por el otro-, yo he podido confirmar que en América Latina el diablo no es tan malo, ¿sasbés? En general es bastante buen tipo, es una cosa difícil de decir pero hay que reconocer que es así, ¿no? En algunas plantaciones de azúcar del Caribe, en la Dominicana, en Puerto Rico, en Cuba, también en la costa colombiana, en las minas de Bolivia... En Brasil para qué hablar: en los terreiros, en los suburbios de las ciudades donde los exlcuidos, los máufragos, los desahuciados, los vomitados del sistema, invocan al diablo recreando rituales que vienen del África porque son reinventados por ellos, a la medida de sus deseos, de sus necesidades más profundas... a veces de su pasión de venganza.


Entonces el diablo se convierte en alguien bastante macanudo, una especie de Contradios, un Contradios que tiene sus cosas, ¿no? Yo me acuerdo que en unos terrerios de Río de Janeiro hice un trabajo, hace ya nos cuantos años, justamente sobre cómo funcionaban estas energías, sobre el rojo y el blanco, sobre cómo los colores se mezclaban en las macumbas... no tanto en los ritos ya más puramente africanos, como el candomblé bahiano, que es más puramente africano (las versiones del Sur están ya más mezcladas, son sincréticas, más eclécticas y más adaptadas a la vida cotidiana concreta en los suburbios de las ciudades). Son ritos que vienen del África más o menos trasplantados con cierta fidelidad, aunque también muy recreados por la impronta nacional, por este sello de gracias, de picardía propia, de belleza propia que el Brasil le da a todo lo que toca ( es esta cualidad que el Brasil tiene de traer el fútbol de Inglaterra y convertido en una fiesta brasileña).

Y lo mismo con las religiones: las religiones llegan allí y se convierten en algo muy propio, muy distinto. Ya no sólo para los negros, sino para pobres de todos los colores. Entonces suenan los pontos (nombre que se le da al cántico que se entona para atraer a alguna divinidad de la naturaleza local, generalmente venida de África, o indígena); suenan en lenguas portuguesas, a diferencia del Norte donde son en las lenguas africanas, básicamente en nagó o yoruba...





Decía que una vez estuve en uno de esos terreiros -que luego desapareció con esto que llaman civilización – que estaba en uno de los morros de Río. Entonces ahí estaba un limpiador del aeropuerto Galeano, que de noche recibía al Diablo. Un diablo muy especial, porque era un diablo que oficiaba de confesor, de psicoanalista, de toda una favela. Y parece que el diablo era muy comprensivo. Una vez, estando este hombre en trance, conversando yo con este hombre (o sea, conversando con el Diablo, que era el que estaba metido en él), le pregunté por Dios. Y vi que hablaban de colega a colega. Entonces me di cuenta que la cosa del Diablo es distinta, ¿no? Había una mujer, una negra embarazadaque había venido a que le salvara el hijo, porque el hijo iba a nacer cojo, tuerto o bobo por la maldición de una vecina celosa que le quería sacar al hombre. Según decía ella, ya se había hecho el pacto. Y el diablo le preguntó:
- ¿Pacto con quién?
Y ella dijo:
-Pacto con Dios.
Y el diablo dijo:
- No, eso no es verdad. Te han engañado. Yo a Dios lo conozco bien y él no es tan bruto como para hacer esto. 
Con experiencias muy semejantes que me ocurrieron en las minas bolivianas, o en las plantaciones del Caribe, me di cuenta de que hay una relación con el Diablo muy distinta de loq ue se supone, de lo que a uno le hacen aprender que es el Diablo (el ángel traidor y rebelde que es expulsado del reino de los cielos y que funda el infierno para castigar a los que nos portamos mal en este mundo).


Esto mismo se ve reflejado en la tradición de la payada [duelos verbales entre dos rimadores improvisados: tradición presente en el Río de la Plata, en el Nordeste de Brasil [bajo el nombre de repente], en Cuba [bajo el nombre de punto]. Es el duelo final con el Diablo. Es un enfrentamiento de dos picardías:  a ver quien es más bandido. A ver quién puede más en estos lances de travesura y de hermosura que son en el fondo las payadas. En esos duelos de poesía cantada donde la belleza corre siempre pareja con el ingenio, con el humor, con la diablura. Diablura que te entrena para el duelo final con el Diablo. Qué mejor que la diablura para pelear con el Diablo.



Bruno Galindo: En América Latina, entre Dios y el Diablo, también estan las mafias religiosas, sectas o iglesias, que sincretizan la fe popular y el gran negocio de los sistemas capitalistas. ¿Qué opina de este asunto?



Eduardo Galeano: Lo único que tengo claro es que toda expresión de fe es digna de respeto.




















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