jueves, 4 de junio de 2015

La escalera. Maribel Cerezuela

Gritaban las escaleras:

¡oh!,¡oh!,¡oh!

¡ja, ja, ja,! ¡no subiréis!

¡Os impediré el paso!.

¡jo, jo, jo.!

La escalera se reía de mí. Se burlaba, con voz en off, asustando más allá de las paredes de la casa. Pensé en mudar las sábanas de la cama pero las limpias estaban en el piso inferior. Estiré la manta hacia atrás, y con el secador de pelo como toda ayuda les dí un poco de calor. No estaba dispuesta a bajar aquella escalera de caracol.

No. No bajaría hasta que el sol iluminara todos y cada uno de los rincones de aquella casa. Lo había visto morir con mis propios ojos sólo una hora antes.

Entre la gente, en aquél grande e inmenso escenario, cuchillo en mano, apareció tendido en el suelo.

Me desperté empapada en un sudor frío. Sólo había sido una pesadilla. Salí de la habitación, con pasos indecisos, hasta el baño más próximo. Una ducha rápida y volví al dormitorio.Aún estaban las sábanas con esa humedad del que ha pasado una gripe con fiebre alta. El espejo me daba el reflejo de un cuerpo desnudo recordándome lo que acababa de pasar.
Los aplausos aún estaban en mi cabeza. plas, plas, plas... Estaba tiritando.

Texto agregado el 07-11-2004, y leído por 84 visitantes

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