domingo, febrero 28, 2016

Miguel Ángel Arcas. Llueve horizontal


LLUEVE HORIZONTAL

Acertadísima cita de Stefan Hertmans en el frontispicio de este libro: «La lectura de poesía no comienza hasta después de la aceptación tácita de que tiene sentido leer algo cuya tarea primordial no puede expresarse con palabras». Leer es un acto de amor –instante mágico-, de entrega absoluta, sin condiciones. Y “Llueve horizontal”, del poeta Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956), galardonado con el XXII Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”, merecedor de una atenta y profunda mirada lectora. Es la palabra el germen, pero en este caso diríamos que es el acto de interiorización de la palabra la que transforma a la palabra, la crea de nuevo, la revive o resucita. Al hilo de esta cuestión, escribe el también poeta Antonio Colinas que, «los versos no siempre revelan el mundo que los ojos ven, y no caben por tanto las interpretaciones literales, aparentemente fáciles cuando no engañosas». Y así es. Miguel Ángel Arcas ha ahondado en la herida, se ha sumergido en las procelosas aguas del lenguaje para crecer con él en este poemario que alterna poesía y poesía en prosa, con voluntad de búsqueda de otras realidades a partir de nombres, cosas, objetos, paisajes o lugares que han servido de reencuentro con la palabra, esa que discurre por los vericuetos de la luz y de las sombras, y, cómo no, de los silencios. En esa quietud hallamos al poeta y su mirada profunda, en ese «Mirar las cosas.

 / Adentro, Tan adentro 
/ que no salgan los ojos de ese mundo»,

 como así lo afirma en estos versos del primer poema que contiene este libro:“La manzana”. En ese “mirar adentro” converge el pensamiento, lo metafísico del discurso poético de Arcas, y en ese universo de lo desconocido indaga y bucea para cambiarlo, para aprehenderlo y transformarlo en otro distinto, imaginado: «Imagina que suceden cosas que llegan demasiado tarde. / Cosas que ya no sirven para nada, que viven un tiempo / equivocado», y nos deja detenidos en su propio lenguaje o tal vez nos condiciona en lo antagónico, como lo es la noche y el día: «Si no existieran el mar, los anarquistas, las aguas frías, / si no existieran los hermanos, los pájaros, las preguntas, / si no estuviera vivo lo que aún está por hacerse, / si nada de esto existiera, amor mío, / ya no querría vivir». La luz y la oscuridad que surge de la nada o el vacío, pero que el poeta interpreta como un silencio único, abarcador del sueño, de la existencia misma. No hay descanso en la búsqueda de las palabras capaces de conformar un mundo interior que trascienda hacia sí y hacia fuera con la fuerza de su luz, también de sus sombras, en un juego de versos, a veces, también aforístico (“La luz aplasta el verde de los campos, burla la sensación del tiempo”) que revela un discurso poético sólido, coherente en la forma y el fondo. Consecuencia de esa búsqueda hallamos, de igual manera, su otro “yo” trascendido en el “otro”, un canto a la libertad irrenunciable para el poeta: «Los ricos mendigan furor, fuego y rapiña. / Ajena al dolor, la obsesión apolilla los días centrada / en multiplicar / los números y las heces […] Conozco la fuerza que ampara esta imperfección, sé de la mano / que impone las decisiones, el límite y la docilidad de los que matan. […] Nadie puede impedir que la nieve caiga lentamente», versos estos pertenecientes a la primera parte del libro “Un lugar donde todo se entiende”. La segunda parte responde al título “Amarillo es el aire, tomado de unos versos de Antonio Lucas; viene a ser un viaje del poeta hacia el atronador silencio del paisaje almeriense en La Isleta, en la Playa de los Genoveses o el Poniente, cuando el estío se hace luz y soledad, tiempo, muerte en la mar: «Hoy han sacado a un hombre del mar, muerto. Lo mató el / viento o el agua o la piedra, quién sabe. Lo mató la mar. […] y vi a la muerte, libre, exacta, con mi nombre en su boca, mirándome a los ojos, poderosa y fría, / hecha un cielo de sangre». El tiempo en su temblor de luz y colores, del blanco al negro, en arco iris de lo vivido en su paisaje deslumbrador de sonidos y palabras que se abisman: 

«Y por fin, el negro, que no es un color, sino un fracaso. 
/ El negro que es lo que le ocurre a la luz cuando se olvida 
/ de todo y no mira, cara a cara, a los ojos del mundo». 

“Llueve horizontal” nos conduce hacia la fascinación o el asombro, y el poeta entonces vuela hacia la cúspide de su propia existencia, y en su vértice se hospeda para vivir, para seguir soñando. Y así declara: 

«La felicidad es una escritura. En ella soy la silla donde me siento, / 
el lugar más visitado del vacío».

Título:Llueve horizontal
Autor: Miguel Ángel Arcas
Edita:Hiperión (Madrid, 2015) 

SALÓN DE LECTURA
para DIARIO DE ALMERÍA.
 José Antonio Santano

sábado, febrero 27, 2016

La red de redes. Maribel Cerezuela

Como decíamos en semanas anteriores, la red de redes ha ido invadiendo poco a poco los hogares de forma indiscriminada y sin concesiones.


LA RED DE REDES

Claro que, teníamos que haber hecho un estudio de rigor antes de escribir este artículo, pero no dudamos en que ustedes entenderán que lo que he pretendido al escribirlo no es censurar, en absoluto, aptitudes de las personas ante el uso desmesurado de la red; pero sí exponer algunos ejemplos que espero les sea de gran utilidad.


Desde muy antiguo, ya lo decía Pierre Grimal, hay versiones muy duras y contradictorias sobre la mujer, que es el tema del que vamos a tratar hoy; en su exposición sobre PANDORA, decía..."Es la primera mujer. Fue creada por Hefesto y Atenea, con ayuda de todos los dioses y por mandato de Zeus. Cada uno le confirió una cualidad, y, así, recibió la belleza, la gracia, la habilidad manual, la persuasión, etc.; pero Hermes puso en su corazón la mentira y la falacia. Hefesto la había modelado a imagen de las diosas inmortales, y Zeus la destinaba para castigo de la raza humana, a la que Prometeo acababa de dar el fuego divino. Pandora fue el regalo que todos los dioses ofrecieron a los hombres para su desgracia".


La red sirve de panacea para estos propósitos de dualidad; las personas, en este caso las mujeres, utilizan la red para hacerse una imagen que no es la suya "normalmente". Se sienten dueñas del mundo y tan pronto son verdaderas atletas como auténticas poetisas, hacen su mundo particular y se protegen en él con uñas y dientes.


El tema se encrudece cuando se pierde el concepto de espacio y tiempo y sólo existen por y para la red. La adicción a Internet nunca se ha considerado un problema serio, pero cada día son más las mujeres que confiesan no pueden dejar de navegar. Lo que antes era el hogar, la familia, los hijos, pasa a un segundo término con una rapidez aplastante. El Doctor David Greenfield, especialista en temas de crisis matrimoniales y divorcios, decía allá por el año 97, que "los matrimonios, el trabajo, los sectores financieros, son los sectores más afectados por las conexiones a la red".


Esta opinión la apoya la Doctora Kimberly Young, fundadora del Centro para Adictos En Internet, en Bradford (Pensilvania), subraya que las "ciberrelaciones son una de las razones cada vez más invocadas en los casos de divorcio". Estas relaciones cibernéticas- que no tienen por qué ser consumadas.- se idealizan, lo que afecta a la vida de pareja. El diario El Mundo, nos exponía el caso de Sandra Hacker, joven madre de 24 años, de nacionalidad estadounidense, que fue puesta en libertad bajo fianza tras ser acusada por su propio marido ante las autoridades, por abandono y negligencia en el cuidado de sus hijos, porque se pasaba más de doce horas enganchada a Internet. Como Sandra, miles de españolas, cada día más seguras de sí mismas, utilizan la red para hacerse oír. Se está imponiendo la llamada "ciber hogar virtual", donde las nuevas amas de casa, buscan su rincón para transmitir su trozo de creatividad.


Cada día, millones de internautas abandona otros quehaceres, otras actividades que hasta la fecha realizaban con normalidad, como leer un libro, pasear, pintar, hacer punto, para centrarse en Internet. Los sitios favoritos siguen siendo los portales de comunicación, donde encuentras juegos de mesa hasta foros, chat, donde de forma acalorada puedes hacerte oír sin miedos a ser discriminada o a que te digan que tienes una voz horrenda o cualquier otro adjetivo que acreciente tu autoestima. Esto en la red no se da. El refugio en los chat rooms de Internet para proyectar una imagen idealizada de unos mismos, es cada día más consultada. Hay estudios que opinan que un 10% de la población tiene una personalidad claramente adictiva, y acaba perdiendo el control, haciéndose necesaria, en casos extremos, internamiento en hospitales, como si de una desintoxicación etílica se tratara.


La Dependencia en Internet oculta problemas más graves, según los psicólogos. Algunos internautas adultos se "enganchan" de forma enfermiza a la red, hasta llegar incluso, a olvidarse de los hijos y no darles de comer, como hemos expuesto antes. En opinión del Profesor José María Prieto, titular de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, y especialista en las reacciones psicológicas del hombre frente a las máquinas, el tratamiento para los adictos a Internet, es relativamente sencillo, ya que se trata de cambiar sus esquemas de vida.


Se reconoce una adicción por varios síntomas como son: - El exceso de irritación si el sistema de conexión falla: - El interés desmesurado en escribir mensajes y responder a los recibidos: - Demasiado tiempo a lo largo del día para estar conectado sin preocuparnos por nada más.- El atrasar cada día el tiempo de desconexión, quitándose horas de sueño.- Levantarte de madrugada a ver si tienes correo electrónico. Normalmente, nadie reconoce su dependencia y aseguran que pueden dejar de visitar los portales o participar en los chats sexuales durante más de una semana sin problemas.


La sociedad suele ser mucho más permisiva con estas aptitudes cuando las lleva a cabo un hombre, que en su mismo caso, cuando las realiza una mujer. En igualdad de condiciones, los dos trabajando fuera de casa, cultos, con medios económicos de clase media alta, pero que por diversas razones, las tareas del hogar y los hijos siguen recayendo en las manos y organización de una mujer, la sociedad es muy crítica con su aptitud llamándola de todo y despreciando sus circunstancias, sin preguntarse si ese marido que tiene, la ha ayudado alguna vez en algo más que en gritarle: ¿dónde está mi comida? ¡Tengo hambre!


Estas opiniones las vamos a dejar en sociólogos, psicólogos e incluso psiquiatras, pero si que me van a permitir dar una pequeña opinión. Los artículos que he visitado, todos, atacaban a la mujer duramente, y ninguno hacía mención a las aptitudes del hombre, salvo para referirse a él como algo más genérico,.. como ... "las personas" que están muy enganchadas... y siempre justificándolo con argumentos que no he visto válidos para defender a la mujer internauta.

Como la vida misma, la red no se libra de las categorías sociales y por supuesto de la misoginia exacerbada que hay hacia la mujer, así como la consideración de un espécimen inferior que, o hay que dejar de lado, o usar para nuestros fines. Pocas opiniones me he encontrado que traten a la mujer, ante todo como persona, olvidando incluso lo de madre perfecta, cuidadora de marido, limpia, aseada.. y culta. Ni en la red se libra fácilmente la mujer de su condición de hembra ni de ese sentir culpable si hace la cena veinte minutos tarde porque estuvo chateando sobre el museo del Louvre con una amiga de Galicia.


Mujer siempre. Tendremos que seguir peleando para que en la red también se nos reconozca nuestros derechos.

Hasta la semana que viene.
Maribel Cerezuela
Publicado en Linares Digital el 21/05/2000


domingo, febrero 21, 2016

Fue en Moguer. Encarna León.




FUE EN MOGUER




 Volver a las profundidades marinas de la memoria, de los recuerdos que revolotean por doquier, insistente, en una espiral de sensaciones nuevas después del tiempo transcurrido, lejano y tan cercano a la vez. Evocar la infancia en su arrollador alumbramiento y mantener su espíritu e inocencia es siempre fructuoso. En esta ocasión regresamos a ese mágico momento, a esas vivencias de los primeros años de vida de la mano de un libro, recomendable no sólo para niños, sino también para adultos. Su autora, Encarna León (Granada, 1944), nos propone un viaje, una aventura lectora extraordinariamente reparadora, necesaria en los tiempos que corren, tan frívolos y desabridos. Nada mejor que salir al encuentro de la vida, de su esencia en una historia tan hermosa como la que sucedió en un pueblecito onubense llamado Moguer, cuna del más grande de los poetas españoles del siglo XX y premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez. “Fue en Moguer” es un poemario cargado de sentimiento y ternura, una admirable recreación de uno de los textos más universales, verdadera joya de la literatura universal: “Platero y yo”, un texto que el también poeta Juan Cobos Wilkins destaca de manera que: «en su prosa sensual, impresionista, simbolista, en esa escritura de melancólica sensibilidad y agudeza, y en la que rompe, en pleamar, un oleaje de adjetivos, sí encontramos el buscado horizonte de rehabilitación moral a través del arte». “Platero y yo” es una verdadera sinfonía del lenguaje, de la extraordinaria sensibilidad y comunión con la naturaleza, del diálogo permanente consigo mismo del poeta y el hombre, en una prosa siempre abrasadora. Arrastrada por la necesidad imperiosa de recrear poéticamente la singularidad de tan bello y emocionante texto de Juan Ramón Jiménez, Encarna León regresa a Moguer, y escribe, influenciada por la experiencia vivificadora del reencuentro con sus calles y plazas, su paisaje y sus gentes, la propia casa del poeta convertida en museo y biblioteca, un poemario que nos devuelve la esperanza en la poesía, en la grandeza de las cosas sencillas, con sabor a pueblo. Confiesa la autora: 



«Nunca pensé que un día me decidiera a escribir esta versión poética de Platero. Debe ser que Platero se ha colado en mí con fuerza y así yo, sin darme cuenta, me he colado en su vida». “Fue en Moguer” nos envuelve con la calidez de la palabra, esa que luce como una estrella en el firmamento y sabe de las conquistas, también de las miserias humanas. La soledad de la poeta en permanente diálogo consigo misma y con la vida, con todo lo que la rodea y es capaz de emocionarla. Encarna León se adentra en los silencios de Platero, y su deseo es despertarse junto al Platero de sus sueños:

«Voy soñando la luna, el mar 
/ de mi memoria, los riscos, 
/ los cerros encendidos. 
/ Él me lleva generoso hacia /
 el pino que siempre me cautiva». 

Encarna León toma breves fragmentos de “Platero y yo”, y los incorpora al poema, que es como sentir su cercanía en la serena palabra del poeta de Moguer. Apoyada por ilustraciones de Amalia Jiménez, Encarna León recorre el mundo juanramoniano de “Platero y yo” con especial sensibilidad tanto en su forma (belleza) como en su fondo (humanismo). Nos convoca la poeta a conquistar los sueños a través de la palabra escrita, y en ella se abisma hasta descubrir otros horizontes, otras auroras bañadas por la luz de su lírica, en estrecha comunión con la naturaleza, con la vida, y en ella con los días lejanos de la infancia: 

«Me han traído un juegue de cartón /
 para que aplaque esta melancolía /
 de ti, de tu trotar sonoro. 
/ Es un burrito gris cargado de flores 
/ amarillas, como las que comías gustoso /
 y saludábamos en los días de estío. 
/ Tantas veces lo miroo que creo que eres tú /
 y lo mimo con mis ojos de niño,
 / hasta le hablo quedo pensando 
/ que me escucha. /
 A veces creo oír entre el murmullo
 / blanco de mi silencio, un rebuznar 
/ tranquilo, amoroso, de amigo inseparable».

 Así es la poesía de Encarna León: delicada, tierna, amorosa, serena, humana. De manera que, en estos tiempos de impostura poética, volver a los clásicos, como ha hecho nuestra poeta, es como tomar el aire fresco en el rigor de los veranos. Encarna León nos abre las puertas de su corazón, y amorosa se entrega a la literatura: 

«Pero he estado contigo en todos 
/ estos versos repletos del clamor
 / que respiró tu alma cristalina. 
[…] 
FUE EN MOGUER, y así lo escribo».

T ítulo: Fue en Moguer
Autora: Encarna León
Edita: Geepp