martes, 15 de noviembre de 2016

GEORGE REYES. YA EL SILENCIO NO ME HABLA.






















George Reyes es poeta, ensayista, profesor y presbítero ecuatoriano, residente en la Ciudad de México. Su reciente poemario es El azul de la tarde (Santiago de chile, Chile: Apostrophes Ediciones, 2015); su poesía ha recibido homenaje y, al igual que sus ensayos, ha sido publicada en diferentes revistas literarias y antologías virtuales y de papel; ha sido incluido en la Antología de Poesía Mundial, Poetas del siglo XXI; consta en la Enciclopedia de la Literatura en México-FLM -CONACULTA; tiene en su haber los poemarios inéditos Filosofía risueñaMañana y otros.


YA EL SILENCIO NO ME HABLA


Los poros de mi piel nocturna
destilaban esos llantos que yo río
y en su catarata se caía mi delirio como arena frágil.

El galope de esas noches me azuzaba la canina hambruna.
Esas noches vomitaban en mis hombros festines ya licuados.

¡Esa lontananza dilataste en la que me acuesto!

No vuelvo la mirada al vaho de la sal.
Me has anclado en cada hueso el exceso de tu paz
Y me hablan hoy tus versos con bella rima.









SOLILOQUIO DE MI ROSA

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El poema es un mundo, espectáculo y partitura lingüístico-simbólica y profética en el que cabe la presencia viva del lector de carne y hueso que lo habita, lo interpreta, le despierta su música y lo experimenta (George Reyes).
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1

Verdad es que “nunca la noche ha vencido al alba”, pues, como preludio del ardiente astro matinal, ésta es despuntada por el Ingénito sobre las oscuras montañas en cada nuevo amanecer. Esa victoria se me reveló en progreso desde que en mi rosaleda sembré el tallo de una rosa, nutrido de pesada sabia; respecto a lo cual el tiempo me ha estafado al permitirme solo evocaciones migajadas de sus rosas. Esa victoria se me reveló también al ver como en ese tallo las rosas eran zurcidas con el hilo de mis lágrimas; enredado en los colores de esas rosas, ese hilo se deslizaba mudo por las praderas del corazón a la copa de mi mano, la que el consustancial ser consumía hasta engendrar nueva madeja de sonrisa y nueva travesía por el golfo de los náufragos.

2

Quería que una vez fuese dos veces;
que dos veces fuesen tres:
desprenderte, complacencia apasionada, con vigilia y silencio santo.

Jadea la mediana noche, da estertores.
Tus sonidos quejumbrosos, soledad agazapada,
te han escrito puerta en mí poema que jamás has de leer.

Hoy camino con buen porte como un león;
medito en tu recuerdo dulce, cual la tórtola,
en esta lluvia pertinaz que me ablanda las praderas de mi pétalo.

El feliz marco con tu rostro descubierto me colma de rocío.














ADAN LLORA TODAVIA

En el chorro de agua en flor se bañaba quien al viento andaba…
Se sentó en silla huérfana debajo de un sauzal que llora,
junto
a
nopales
de
pradera
que
por
él
lágrima
exiliada
vierten
todavía…

En el chorro de agua en sombra sonando cual un beso,
se baña sobre piedras con acento humano y gruñido de los leones,
entre flashes de luciérnagas y de tomas instantáneas de tormenta...


¿Ves tú los luceros parpadeando en el cielo de las fauces de las piedras?
¡Veo su grandeza que se zurce la rotura extrema!


Ya no habrá vigilia en pardas horas, en el éxtasis de un gorjeo de palomas;
ni en palacio de los cuentos sin más granos de silencio…
Con la pluma de tu abrazo le has tatuado tú la vida.











NUPCIALES

¡Ay reverso de mis pies en la otra patria,
cual urbana agua que ha cambiado de espumaje y cauce:
del charco almidonado,
al
lago
de
tus
brazos
donde
nado!

Esa patria ha enjaulado este cansancio.
Y la ausencia y la mortaja lo han secado,
cual
mi arroyo
campirano
y lomo
azul de olas.
.
Claridad me mira entero y no es mía.
Estoy descalzo de jadeos y de hundida mano de Tomás.
¡En
boda
estoy
con otros
sueños
de otras noches,
de otras lunas,
sin cripta ni epitafio de recuerdos!












MURMULLO EN EL PAPEL
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Ahora que la lluvia golpea los cristales del olvido. R. Martínez López
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Escucha el murmullo durmiendo en el papel,
destila de mis poros como agua abriendo cauce,
se enjuaga en la semántica del verbo y se empoza en todo el verso.

El galope de aleteo de aquellas mariposas,
que se posan todavía en el rosal, mirando al sol tardeado,
es mi sangre penetrada en los oídos que te habitan.

¡Estoy libérrimo de puñales atorados,
de relojes estacionados, de lloros que se ríen..!
¡Ondea el reverso,

ondea la vida

tan lejana del papel!





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