sábado, 15 de julio de 2017

CUADERNOS DE POESÍA 1, 2 y 3 de ANTONIO OYOLA MORENO


El Silencio

Despertó del sueño,
una mañana cualquiera,
un día como otro cualquiera.
Todo parecía lo mismo,
la misma cama,
el mismo baño,
la misma cocina.
La vida parecía la misma.
Solo una cosa había cambiado.
El Silencio.
El Silencio en letras grandes.
El Silencio.
No sonaban voces en el aire,
no había gritos,
ni alaridos, ni quejidos,
solo calma,
calma y silencio.
El monstruo ya no estaba,
el miedo seguía allí,
agazapado en las esquinas,
cada sombra lo escondía.
Ella sabía que siempre estaría,
que el monstruo siempre estaría entre las sombras.
Acechando,
socavando la esperanza,
esperando algún momento
de descuido.
Pero siempre estaría allí.
El monstruo no perdonaba,
siempre estaría detrás
a su espalda.
Tantas noches de llanto,
tanto dolor aguantado,
tanta maldad
en tan poco espacio.
La calma nunca sería calma,
siempre estaría la espera,
la espera de la tormenta,
la calma que antecede al trueno.
El silencio,
solo el silencio prolongado,
antesala de los gritos.
Ese silencio
siempre a la escucha,
siempre esperando.
La luz siempre encendida,
al menos una luz en el pasillo,
la oscuridad da más miedo.
Oscuridad y silencio,
para unos el descanso anhelado,
para ella
una espera eterna.
Pase el tiempo que pase,
transcurran los días o los meses,
siempre estará al acecho,
siempre temiendo la vuelta.
Los monstruos siempre vuelven,
a veces en carne y hueso,
a veces solo en los sueños.
Monstruos que te atacan,
monstruos de la noche,
monstruos irreales
que vienen a recordarte
que no eres nadie,
solo un trozo de carne
donde escribir a golpes
canciones de miseria,
canciones de odio.
Llagas y heridas,
sangre reseca en los labios,
morados ojos,
labios rotos.
Notas de una canción sin letra
ni ritmo,
la letra son lágrimas,
el ritmo son los golpes.
La música es el silencio de la vida.
El silencio es preludio de agonía.
El llanto marca pautas en el ritmo.
Los gritos como aleluyas
se elevan en el aire viciado
pero nadie escucha,
pero nadie habla.
Hasta ese día,
que con suerte,
otras no tuvieron tanta,
tuviste el suficiente miedo
para volar.
No fue valentía
lo que te empujó a correr,
fue miedo.
Miedo al mañana,
miedo al ayer,
miedo al recuerdo
y miedo al futuro.
Por eso siempre miras atrás,
esperas en cualquier esquina
a que salga el monstruo,
ese monstruo que siempre te persigue.
El silencio,
bendito silencio,
el silencio,
maldito silencio.
Cuenta minutos en silencio,
cuenta horas en silencio,
¿cuantos minutos?
¿cuantas horas?
¿Que tiempo marcará
el fin del silencio?
¿Será este silencio
más largo que el otro?
Nunca habrá un silencio
de descanso,
solo silencios esperando.
Silencio,
que no nos escuche el monstruo.

Extracto del Libro "Cuadernos de Poesía: 1, 2 y 3"
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