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domingo, junio 24, 2018

Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR


SALÓN DE LECTURA    ______________      José Antonio Santano
DIARIO DE ALMERÍA


Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
Podríamos afirmar que del silencio nace la palabra. El silencio es el abismo absoluto, el blanco de la página y la palabra la luz que deslumbra al blanco y sus silencios. Por ello llama la atención que el silencio trascienda en la palabra escrita, en la voz que antecede al signo y lo precipita sobre la página hasta ocupar el lugar exacto y no otro. Ese silencio que todo lo domina en su esencialidad que arriba a pocos puertos hoy en día, o lo que es lo mismo, a la poesía actual. No es habitual que el poeta busque el límite mismo del lenguaje en el silencio, al menos, nos los jóvenes poetas, por esa creciente vanidad de creerse principio y fin, sin que en ningún momento hayan vuelto la vista atrás para comprender que el hoy no existe sin el pasado, y que la poesía ha de beber siempre, irremisiblemente, de cuantos poetas nos precedieron. 
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
MARIO PERA.
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR

Hay un haz de luz para la esperanza cuando el poeta joven alcanza la madurez del verso en ese límite del que hablábamos antes: lenguaje y silencio frente a frente, pura esencia de la voz poética. Habría que volver al origen de la nada para entender el mundo, abismarse en la profundidad del “yo” para ser el “tú”, la “otredad” sin más, transfigurándose, transmutándose en otra “alma”, en un viaje al corazón del hombre. Es aquí donde toma altura de miras la poesía peruana actual, y más concretamente, la del joven poeta Mario Pera (Lima, 1991), con el poemario titulado “Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor”. Un libro extraordinariamente denso, donde un solo poema-río lo conforma. Es una rareza encontrar un sello editorial que publique un único poema como es el caso, a manera de la más pura tradición clásica. En la actualidad se nos ha acostumbrado a la fragmentación del poema, a la ruptura temática y formal, de manera que una lectura como la que hay que afrontar en este libro solo satisface a quienes consideran que el poema único es un gozo indescriptible, que necesita de esfuerzo, claro, pero que proporciona con creces felicidad tanto en el lector avezado como en todo crítico que se precie. 

Poesía en estado puro, lenguaje y conocimiento, experiencia y emoción de lo vivido y lo por venir, desnuda, sin signo alguno de puntuación, solo la palabra en el blanco silencio de la página, remolino de símbolos y metáforas, soledad y naturaleza viva en una fusión total y absoluta del poeta consigo y con el mundo. Ya desde el principio se identifica la hoja con la palabra, de tal manera que el poeta en su deseo de que no se abisme en la nada escribe: «Impedir que la hoja caiga // no como una hoja / sino como un puñal / no como una hoja / sino como un grito». En este denso y largo poema, único, Mario Pera desde la incertidumbre, desde la duda que le apremia se deja llevar por la corriente y el fluir de la palabra: «porque este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca»; así va del poema al árbol, al agua de los ríos o al polvo del camino, es la palabra como una hoja al viento, de vuelta a la nada, al silencio que vive dentro, al fuego de los días: «y nuevamente / la nada // el cero rugiendo con hambre a la izquierda // pues nada es tan cierto / como saber que no soy sino el retorno / sobre las huellas de la rueda / la edad del hambre / arrojándose a los ojos de lo falso / al jardín que atraviesa los milenios / la infancia la respiración / todo lo que imita la ausencia / además / no existe». El silencio se muestra en todo lo cotidiano, también en los fracasos: «aquí no cabe nada / más que el resplandor cicatrizado / de la derrota», y sin embargo, el poeta limeño no puede dejar de buscarse en la palabra, en el poema, porque distanciado de su esencia no es nadie: «lejos del poema / las horas no son más que / una noche infinita / como si nos hubiéramos suicidado / sin padecer la gravedad / de abrazar una camisa de fuerza / que obliga a tragar lo hablado / del sueño / el germen del poema». Los versos se crecen a medida que avanzamos en la lectura de este poema-río, en una letanía de sustantivos (afonía, ocaso, ribera, sendero, piel, cielo, etc.), a golpes secos, desde la doliente presencia del silencio siempre: «allí donde duele más el silencio / el pánico se derrama / sobre la almohada».

 Una cascada de nombres que se abisman en la página como agua salvadora, anunciadora de la luz y la belleza contenida en la Naturaleza, en palabras que deslumbran y sangran igualmente, se va constituyendo el discurso poético de Pera. Nada es ajeno a la observación de la realidad que rodea al poeta en la construcción de un lenguaje sólido y preciso, “letra a letra” aprehendido, presente en la memoria y el recuerdo de lo vivido: «desde el sonido de aquella única cuerda / del artero fantasma del niño que fui / que perdió la capacidad / de imitar el silencio / y flotar por miles de caminos / hasta abrir / la primera palabra / en mi voz / a través del cristal». La poesía como ese “ejercicio que no entiende / la lengua de los hombres”. Por todo ello arde en el fuego de la palabra Mario Pera, preso a su tierra y el silencio. Mas hemos de saber que «Este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca». Una libro singular y una joven y lúcida voz poética, la del limeño Mario Pera, sin duda.
MARIO PERA
y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor. MARIO PERA


Título: Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor
Autor: Mario Pera
Editorial: Amargord (Madrid, 2018)

Menos mal que encontré qué hacer.




Aurora Peregrina Varela Rodriguez



Menos mal que encontré qué hacer. 

Llueve y los recuerdos permanecen.
Llueve y sabe que hizo bien al escapar del mal. 
Pero dejó sentimientos atrás, entre todos ellos. Imborrables todos. 
_¿Por qué escribes y lees tanto?, 
_Pregunta el más curioso observador. 
_Para olvidar el pasado. 
Menos mal que he encontrado qué hacer!!!! 

viernes, junio 22, 2018

No estás leyendo un relato más.


Aurora Peregrina Varela Rodriguez


No estás leyendo un relato más.
Pueblo de Vuontell Charsk Shuconí.

No será un relato más mi paso por el pueblo de Saint Vuontell, mis fotos allí tomadas, risas, apretones de manos y dolorosas glorias. 
Tenía sabor, gracia y creo que sabiduría. Paseaba guardando sabias distancias de aquellos pueblerinos idiotas, poco vulnerables, equivocados, sin sonrisa. Les observaba, sin palabras, y me he visto subida a un rayo a punto de proceder en su caída, ciego y sin llanto.
Entonces allí estaba él, el hombre que me hacía sentir, siendo yo una mujer mayor, y me invadió la depresión, amenazante en un luminoso relámpago de incalculable dolor.
Pero historias, las justas. 
Me iría porque Santa Minia así lo decidiera, sólo hay un cuento y es el mío. El hombre que me levantaba el ánimo se quedaría sin mí, con mis lágrimas también. Tan sólo con un pequeño recuerdo insuperable de aquella tarde los dos, dulcemente enamorándonos.
Ya no he vuelto a ser la señorita Purhacanllinet Shixertú después de dejar de ver a mi hombre. Al puebo de Saint Vuontell Charsk y también a mi buen amor Shimeón Ranchardentoll, espero llegar a olvidar cuando cumpla los designios de mi sagrado y oscuro predestinado ocaso.
Saint Vuontell fue para mí, tierra para el divino olvido, un ser que me amaba demasiado y un sentimiento profundo que no aceptaron mis santos. Razón les doy a todos pues somos distintos, de países extraños, unos desconocidos que bailan sus propios ritmos por ellos compuestos pues no han querido someterse a dominios... aunque, por instantes, desean superar las oceánicas diferencias, que les causan momentos de reflexión, rabia y por minutos... unión y finalmente: separación.
Ya no hay edades para los experimentos, y si el amor me llegó tan tarde, que se vaya de paseo de nuevo, como así hicieron los falsos pasajeros de mi vuelo en el pasado.
Nos abrazamos, nos correspondimos en besos y miradas, pero marché, algo más sucia de lo que llegara a él, simplemente salí de su vida como una traidora y sin avisarle que no regresaría.
Se quedó con mi negra mirada por haber sido esclava, palabras torpes y un necio "adiós" aquel guapo señor que me quería por esposa. Y yo también. Por eso permití aquellas otoñales caricias siendo su postre final "mi miedo", al conocer que se endulzaba con mi gesto, mi deshonor e ignorancia, mi deshonra, falta de luces y extrema sencillez.
Aquel hombre tan especial, cuando conoció la génesis de su problema supo, que no era otro que ser de ese pueblo perdido y el estar nosotros demasiado mayores para empezar, me llamó despiadada, perdedora, de malos juicios.
Pero los cerebros no se cambian fácilmente, estaba cansada y el amor perdía su valor aunque le sintiera siendo fuerte, verdadero.
Mi madre me educara para la vida perfecta, el amor a los veinticinco, el embarazo a los veintisiete, y el resto de los hijos antes de los cuarenta.
Era tarde y los consejos de una madre pesan, no sé si sobran o no, pero siempre pesan, y no salía su imagen de mi cabeza diciéndome: 
-Adopta, ya no son edades, este sí, aquel hombre no, ¿qué diría si le dijera que me gustaba el pueblerino?... No rotundo, lo sé. 
No quería pelearme con ella, pero principalmente estaba fatigada de estar sola, de esperar y de la sorpresa final que como una burla se me presentada dándome en la cara porque ya nada podría hacerse con ese amor tardío, nada de aquello con lo que cualquier mujer al crecer podría llegar a soñar.

Anda llorando....


Aurora Peregrina Varela Rodriguez


Anda llorando… 

Cae la noche y es viejo. 
Cae al suelo y llora a escondidas. 
Lleva décadas en esta historia. 
El desamor le ha hundido. 
_Ha curado, preguntan ellas? 
_No respondemos. Aún anda llorando. 

miércoles, junio 20, 2018

David González podría volver a optar a Mejor dirección con Jóvenes Inocentes. Corrupción

Jóvenes inocentes. Corrupción


Tras éxitos como La elección es tuya, Chantaje, El Cliente o la recientemente premiada Boys Club, el nombre del joven escritor y cineasta David González vuelve a sonar gracias a su último trabajo, que ha tardado seis meses en ver la luz tras múltiples imprevistos y problemas técnicos.

Se trata de la adaptación de su propia novela, Jóvenes Inocentes, Corrupción. Es la mejor adaptación que ha realizado hasta la fecha y uno de sus mejores proyectos, por no decir el mejor.

Técnicamente y a nivel artístico poco que ver con los anteriores.

Con un aire americano, una fuerte intriga desde el comienzo transformada en tensión mientras avanza la película junto a las ya conocidas muestras de morbo a las que nos tiene acostumbrados el realizador, Jóvenes Inocentes Corrupción se convierte en una delicia que hasta podría pasar por corto de terror.

Con la firme intención de hacer la película David ya ha dado movimiento al proyecto y ya es oficial que Jóvenes Inocentes tiene distribuidora cuya tarea será que pase por los mejores festivales de cine de todo el mundo.

Y los pronósticos son muy buenos.

Las actuaciones son intachables, especial mención al joven atractivo Víctor Rebull, que lo pasará fatal a manos de Txema Lorente debido a un casting.

El guión no podría estar mejor adaptado. Casi 40 páginas del libro convertidas en quince minutos de metraje.

Y un final de película.

¿Será este proyecto quién le otorgue el segundo premio a la mejor dirección a González?

¿Conseguirá llevar la novela definitivamente a la gran pantalla?

Por el momento una de los mejores distribuidoras ya le está dando salida con excelentes espectativas.

martes, junio 19, 2018

SALÓN DE LECTURA. LAS FLORES SUICIDAS


SALÓN DE LECTURA ____
DIARIO DE ALMERÍA
_____________________________ José Antonio Santano


LAS FLORES SUICIDAS
Vivimos un tiempo extraño por irreflexivo y laxo. La sociedad actual se caracteriza por la banalidad en casi todos los ámbitos de la vida. Y la literatura no podía ser ajena a esta circunstancia, a esta corriente que nos arrastra, si no ponemos remedio, al abismo. Escribir se ha convertido en un acto mecánico, carente del más mínimo respeto a la tradición y a los valores inherentes al hecho en sí de la creación, que no son pocos. Todo vale si al final el nombre queda estampado en la portada de un libro. No existe filtro alguno, todo es publicable, aunque transgreda las normas más elementales que debe reunir un texto. Ya no existen editoriales que se arriesguen a publicar un texto si antes el “escritor” no abona la parte correspondiente, es decir, no se autofinancia dicha edición. Y así nos va, claro. Afortunadamente, alguna vez nos encontramos con agradables sorpresas, como es el caso del libro “Las flores suicidas”, de Juan Herrezuelo (Palencia, 1966), si bien reside en Almería desde 1978. Reúne su autor en este libro cinco magníficos relatos, y no es extraño pues a pesar de que Juan Herrezuelo no es un autor muy prolífico, si es cierto que su obra publicada hasta ahora es de un enorme interés y calidad, como así lo demuestran su novela “El veneno de la fatiga” (1999), con la que Muñoz Molina distinguió al decir: «una vehemencia narrativa llena de belleza», y dos libros de relatos: “Desde el lugar que me oculto” (1991) y Pasadizos (2011). Con la narrativa de Juan Herrezuelo nos llega un aire fresco pero con una gran influencia de la tradición literaria española, también anglosajona. Gusta Herrezuelo de la formación de una estructura narrativa coherente, construyendo así un gran armazón que sostenga el relato hasta su conclusión. No se le escapa a Herrezuelo la importancia de la observación y la descripción narrativa como espacios singulares donde hospedar a los protagonistas de las historias y desarrollar así una narración que en ningún momento pierda esa tensión tan necesaria para que el lector no desfallezca y abandone antes de tiempo la lectura. Herrezuelo conoce bien los tiempos y las diversas técnicas narrativas. 
LAS FLORES SUICIDAS

Su discurso siempre se basa en la observación y posterior reflexión sobre todo aquello que le rodea, sean unas palomas de un parque o un crimen, de manera que la realidad pueda trascender en ficción y viceversa, en un juego de contrarios capaz de mantener la tensión del discurso narrativo y la atención del lector de principio a fin. Herrezuelo es un potente narrador, que no se conforma con poco, que en su tremenda y vital pasión por la literatura nos muestra los mundos más dispares, con tal esencialidad y belleza que no es baladí afirmar que nos hallamos ante un escritor de raza. Cinco relatos, como se ha dicho, conforman este libro que, lamentablemente, quedó solo como candidato a finalista del Premio Andalucía de la Crítica correspondiente a los libros publicados durante 2017, pero que no resta valor alguno a las extraordinarias narraciones que lo contienen. Hay que decir, en honor a la verdad, que todas estas narraciones son de una actualidad rabiosa, y que en cada una, el universo creado por su autor está circunscrito a una realidad que maneja que sabiduría narrativa hasta el punto de dejarnos con un sabor agridulce, consecuencia de esa trascendencia de lo real en los imaginario, de esa capacidad para adentrarnos tanto en los personajes como en el paisaje desolador presente y futuro para cuantos habitamos el planeta Tierra. Cinco relatos que nos abren las puertas a abismo individual o colectivo en el que nos sitúa Herrezuelo dependiendo de la historia que se cuenta. En el primero, el desengaño de lo aparente, en el caso de las palomas, la soledad como eje central: «…el número creciente de palomas se correspondía con el número creciente de personas que se sentían solas»; los miedos, la derrota, como la que abriga un desempleado cualquiera, en el segundo relato: «Vomítalo todo, aunque sepas que es solo rabia, que el fracaso no se expulsa, el fracaso permanece ahí, el fracaso y el miedo y las cenizas por dentro es lo único real»; el juego de identidades que produce la realidad y la ficción, en el tercero; el retrato de una sociedad pacata e insensata y la personalidad laberíntica de un presentador de radio, el cuarto; para concluir con el que es, sin duda, el relato central de da título a este libro: “Las flores suicidas”, el más extenso y el que nos lleva a reflexionar más profundamente sobre la que será, si no somos capaces de evitarlo, la crisis más grave para la humanidad, y que nos puede llevar a la mayor de las catástrofes: la destrucción del planeta, consecuencia del cambio climático que ya es una realidad, pero narrada de forma tan sutil como magistral, donde se nos muestra la fragilidad de la humanidad a través de un viejo profesor acusado de asesinato que no hace sino preguntarse sobre el arte, el pensamiento, la filosofía para concluir con la única certeza posible: que de seguir así la humanidad se autodestruirá en breve. Con una prosa lumínica Juan Herrezuelo se constituye en un valor en alza como cuentista y narrador, un escritor a destacar dentro del panorama literario español.
JUAN HERREZUELO


Título: Las flores suicidas
Autor: Juan Herrezuelo
Editorial: Talentura (Madrid, 2017)

lunes, junio 18, 2018

LA VOZ AUSENTE

LA VOZ AUSENTE, 

de JOSÉ ANTONIO SANTANO, por 

FRANCISCO MORALES LOMAS



Francisco Morales Lomas.




Muerte, Dolor y Elegancia.

-1-

Voy a empezar por el principio
Y sin  embargo algunas cosas
No suelen empezar por el principio,
Ni en general, tampoco,
Terminar en el final,
La mayoría de las veces comienzan 
Por la mitad.

Sólo algunas veces, afortunadas, desde el principio
Son  y allí comienzan.
Por otra parte, algunas veces terminan por el comienzo
O antes de terminar y algunas veces
Duran hasta después.

La vida es una de esas cosas,
El tiempo es otra,
Y, definitivamente, la muerte es una de ellas.
O, a lo mejor, todo es así.
Pero eso no es lo mejor, eso es lo peor.
Luego, debo decir: a lo peor todo es así.
O a lo mejor,
Mejor es no decirlo de ningún modo.

El punto de partida es esto, entonces
Esto, aquí y en este instante, ahora,
Y el tema es ése, ése es
El problema, el asunto, ésa, es la llaga
Pero también el dedo que se hunde en ella.
¿Y la solución cuál es?

La solución es cerrar el puño y cogerlo, 
Apretar el corazón, como si fuera un puño,
Apretar el pensamiento como si fuese un puño,
Y cogerlo prisionero, verlo claro
Al pensamiento, al corazón, como un pájaro nervioso,
Y después dejarlo ir y que la vida
Se la harten de una vez.

Pero después,
Después de haberla comprendido,
De haberlo tenido en el puño,
Prisionera un instante,
Por un instante mía.
Y otro tanto con el tiempo.
Y otro tanto con la muerte.



-2-


En la mitad está el principio
Y el principio en el final, y el final
En el principio, en el comienzo mismo,
Como dijo San Pablo, que el hombre cuando nace,
En el nacimiento mismo, se tropieza con la muerte.
Estoy hablando del pájaro nervioso 
Que no tiene principio ni final
Sino mitad solamente,
“en la mitad de la vida”
como lo dijo Dante.
Estoy hablando de eso.

Es un asedio de palabras,
Un sitiar al silencio,
Una emboscada a lo desconocido:
El tiempo, la vida, la muerte, yo mismo.
No “mismo”, diferente, y desde luego
Desconocido, silencioso.
Ya quisiera yo que esto no fuera más que literatura.
¡Ya quisiéramos señores!

En primer lugar, la vida, 
Y en segundo y en tercer lugar también.
Y aunque nos de vergüenza,
La soledad de isla que hay entre la gente,
El hecho escueto, crudo, la verdad aleteando
Como una paloma presa entre las barras del pecho
Es que no sé, no sabes, no sabemos
A quién estamos esperando o qué cosa,
Qué es eso, quiero decir, la vida,
Las cosas, uno mismo, este silencio, 
Como una puerta abierta al gran vacío,
Tan grande como Dios que existe

Quién sabe qué delito la rosa encubre,
Quién sabe qué cosa perdió el viento y lo busca.
Quién sabe en que noche duerme la noche.
Cuando al final del día, cierro mi libros,
Reviso mis heridas, cierro los ojos y pienso:
Estoy vivo, lo he estado siempre y lo estaré para siempre.
Exactamente como el muerto,
Que es como si no hubiera nacido nunca.




-3-

Así también el vivo, que es como si no hubiera nacido nunca,
Ni tuviese nunca que morir tampoco.
Pero muere, lo matan desde fuera, le cae una teja en la cabeza
Un microbio, un virus, un balazo, un hechizo...desde fuera,
Siempre desde fuera,
Porque la vida misma es inmortal, sin principio y sin final, 
Como la muerte, exactamente igual.
Como la muerte.

Me he sentado a pensar. No oigo
La jauría de perros. Mi corazón es el conejo.
No oigo el canto de sirenas.
El niño que yo fui es Ulises.
El corazón me palpita como un conejo en pánico,
Y la nuca me tiembla y el amor se me cuela a los huesos,
Como si estuviera huyendo de ladridos de perros.

Pero estoy huyendo del dolor, no de los ladridos,
El dolor no comprende los sentimientos humanos,
Traiciona, hiere, agrede y hostiliza sin el más
Mínimo remordimiento.
El dolor viene del Diablo.
Es su tacto, su caricia.
El dolor nos hace inclinarnos, suplicar, huir.
Y el dolor se revela como el hermano de la muerte.
Nos llena de terror, pero sin él la vida sería incomprensible.

No vas a poder cogerlo con las manos,
Ni con el corazón,
Y mucho menos con el pensamiento.
No se deja, es de aire, aire que se cuela entre los huesos, 
Aire frío, silencio lloviendo sobre las palabras,
Derritiéndolas.

Y las palabras se reconstruyen,
Y el mensaje no lo vamos a poder decir nunca,
Nunca, de ningún modo, de eso no tengo la menor duda.

Pero siempre estaremos al borde de decirlo,
La palabra exacta,
En la punta de la lengua, como se dice.
Y es como si li hubiésemos olvidado,
Pero no es verdad,
No lo hemos sabido nunca,
No lo vamos a saber jamás. 


-4-

Nunca la vida ha sido más trivial,
Casi sin poetas,
Plana, insulsa, más bien aburrida,
Pero ni siquiera eso mucho.
Estoy hablando de la muerte.
Y estoy hablando de ti, no mires a los lados.
Estoy hablando de mí, de ti, de todos.
Puede que no sea serio,
Puede que ni siquiera sea muy interesante.
Eso es bien posible.
Pero es verdad, y eso, que puede no ser mucho, 
Es algo por lo menos,
Y desde luego es todo cuanto tenemos.

Cuando te vayas y te la quieras llevar.
Si es que te la quieres llevar,
Y es qué hipotéticamente hubiese un sitio
Donde llevarla,
Te va a caber entera en un bolsillo.

Entonces, compañero, hermano hombre,
Animal de mi especie,
Si te preguntan por la vida,
Mejor dices que se te olvidó,
Entre tanto dolor y placer,
Que no te diste cuenta,
Que no te fijaste bien.
Por lo menos seamos elegantes.
Por lo menos.


   Autor: Washington Daniel Gorosito Pérez
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jueves, junio 14, 2018

Antes que el tiempo fuera. Juana Castro, por José Antonio Santano

ANTES QUE EL TIEMPO FUERA
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA



En este tiempo que nos ha tocado vivir, tan de soslayo, se agradece que de vez en cuando alguien nos llame la atención de manera que sintamos ese escalofrío de la palabra que vuela como un pájaro, libre hacia todos los silencios del mundo. La Naturaleza al desnudo, en su absoluto sequedal de desierto, en las azules aguas de la mar o el deslumbrante agujero del espacio sideral. Descender al más profundo de los silencios o escalar a los altos altares de la vigilia. Mirar al infinito horizonte y comprender los límites de la vida, del alma toda. ¿No hay ya futuro? ¿Hacia dónde el sendero, la nave, el vuelo? ¿Quién nos guiará, qué luz o viento señalará la dirección correcta? ¿Dónde el tiempo para la esperanza? La vida misma en su exacta incertidumbre: agua y fuego, tiniebla y luz. Regresar a los orígenes del cosmos y descubrir la grandeza de tanta oscuridad y silencio, la cruel realidad de la herida que sangra, el dolor de la ausencia. A todo esto y más responde el libro “Antes que el tiempo fuera”, de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), merecidísimo XXV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”. Se agradece, y mucho, que un premio como este se distinga por la indiscutible calidad de la obras, en este caso ya patente por la larga trayectoria de la poeta galardonada. Y, ciertamente, el libro en cuestión es tan complejo como sublime, tan hondo como bello. Se aúnan en él todo el poder de la Naturaleza y la emoción extrema de lo vivido. Juana Castro ha compuesto una obra poético-sinfónica, de gran calado, determinante en su expresión y concepción del mundo. 
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA
Con “Antes que el tiempo fuera”, Castro regresa a la verdad poética -su verdad-, como símbolo de lo eterno, poesía de la celebración de la vida en su más amplio sentido, indagadora de lo desconocido y por venir: «Mamá Amaltheus, en su nube de encaje,/ canta y mece al pequeño pinzón recién nacido […] y mamá Amaltheus, la fósil, / la más vieja, / renqueando en la noche primera de los mundos». Principio y fin de lo creado, la herida abierta de la vida crece en cada verso, en cada palabra como un sol que irradia luz y despertares cálidos. La emoción de lo vivo, que se transforma, se metamorfosea en infancia, ese lugar que nunca es olvido: «Hay un lugar de la memoria / una niña / de trenzas y sombrero / que abre los ojos grandes / a un mayo de posguerra». Un grito que se abisma en el silencio de los campos y dehesas, los encinares, un terrible lamento que el viento lleva de un lado al otro del mundo, como un triste presagio, una tragedia. Pura esencia en soledad de la mujer campesina, dibujada en el luto de la noche casi siempre y la navaja todo ajuar en la dureza del verso de la poeta, que resiste al igual que sus ancestros, que no renuncia al agridulce sabor de la vida: «Una navaja siempre a mano, / colgada al delantal o en el bolsillo. / Igual corta las setas, los cardillos, las fieras / tan verdes del arroyo / que el pan en rebanadas al almuerzo. // Al casar una moza, su regalo primero la navaja». La mirada fija en la Naturaleza, como única madre que nos cobija y protege, nos enseña y castiga. Amaltheus no es sino esa Madre luz, todas las Madres en una, savia y alimento, soledad: «Quien no haya sido náufraga no sabe / la desnudez de cada hora / ni el silencio flotando a la deriva / ni el dormir vigilante como cuando / se amamanta a un hijo en la tormenta». Pero la vida es un tren de ida y vuelta, una estación cualquiera, un destello de luz, amorosa entrega: «Fue en un baile / al terminar la guerra. Ellos / regresaban gallardos, todavía en los ojos / la apostura real del uniforme. / Ellas / estrenaban primores y sonrisa / después de tantas lágrimas. Y juntos / festejaban el fin de los cadáveres». 
Juana Castro ha construido un sabio discurso, complejo e innovador, de enorme simbología, en un intento de recuperar, en plena madurez, todas las ausencias (dolorosa resistencia por la ausencia de su nieta Sara): 
«Madre / de la Unción y las Eras, sálvala. /
 Llénale los alveólos /
 de luz, moja /
 sus neuronas prensadas, 
/ su intacta calavera, /
 la calima /
 de sus peces sin flor». 

Es la voz de la experiencia, de la emoción extrema, que no deja duda alguna sobre la fuerza de la palabra, el temblor del verso: 
«¿Tú sabes, niña, amiga, palabra? 
/ ¿Sabes tú, madre mía, este titán 
/ de bogar río arriba /
 a la contra del tiempo?».

 El paso del tiempo como una losa que poco a poco ocultará la vida, la espera en soledad: 
«La soledad del mundo, madre mía […]
–Dame la mano, aguarda, /
 es el aullido /
 del ciclón y la niebla, /
 más allá /
 más allá 
/ del silencio», 
escribirá Castro. La soledad que los años proclaman en el rosto y los labios de la fósil madre hija y abuela ahora, en un grito que recorre la tierra: 
«A la abuela ammonites no le caben /
 ya más pesares ni congojas / 
y ahora el sol escupe llamaradas, 
/ la era de los fuegos cabrillea, 
/ canta para espantar a los oráculos, 
/ sabe que morirá / con la última gruta»; 
es el miedo que alumbra el camino, perseverante, ¡tan frío, tan humano!: «¿Tienes miedo, Amaltheus? […] Sí, tienes miedo del tiempo, ese gigante / con forma de muchacha / que ya no reconoces. […] Descasa ya, Amaltheus, en la valva vacía. / Era tan sólo el tiempo». “Antes que el tiempo fuera” es uno de esos libros en los que hallamos la poesía en toda su esencia, el conocimiento, la emoción, la vida misma, la sabia escritura de una grandísima y universal poeta española: Juana Castro.

JUANA CASTRO
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA de JUANA CASTRO.


Título: Antes que el tiempo fuera
Autor: Juana Castro
Editorial: Hiperión (Madrid, 2018)

martes, junio 12, 2018

LUNAS DE ORIENTE por Tomás Hernández

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El poeta cordobés-almeriense José Antonio Santano publica su último libro, “Lunas de oriente” en una cuidada edición de la editorial granadina Dauro. Los poemas vienen acompañados por su correspondiente traducción al árabe hecha por Meimouna Hached Khabon. Ver el poema en su grafía árabe junto al texto original da una belleza añadida al original, aparte de su finalidad primera.


LUNAS DE ORIENTE
LUNAS DE ORIENTE
 DE JOSÉ ANTONIO SANTANO
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“Lunas de oriente” no es un poemario de recreación de los grandes motivos de la poesía árabe, aunque algunos de ellos permanezcan, claro está. Los títulos de algunos de los poemas remiten a ese universo, “En tu nombre Bagdad”, “El jardín del granado”, “Desde el Eufrates al Guadalquivir”. En la dedicatoria aparecen poetas y artistas iraquíes, sirios, turcos, tunecinos, palestinos. Pero lo que el lector va a encontrar en “Lunas de oriente”, además de poesía, es una denuncia, 


“cuando abre la noche 

/ el misterio en las rosas /

 y es la mar un relámpago 

/ de dolor la mirada /

 que yace en la niebla 

/ de la muerte en arenas /

 de una playa cualquiera /

 y a una hora maldita”


 Los versos de “El jardín del granado” son una crónica concisa y desgarrada de la realidad de esos pueblos que llamamos oriente: 


“desde entonces

 la voz fue acallada 

cortadas las manos

 destruidas ciudades 

bibliotecas ardiendo

 en la noche más larga 

 los hogares vacíos

 por huir del desastre 

de la guerra continua

 en infierno de vida

 de exiliados que andan

 con pesadas maletas

por el mar asesino”. 

 


LUNAS DE ORIENTE
JOSÉ ANTONIO SANTANO. LUNAS DE ORIENTE

 
Suelen los poemas empezar con una descripción sensorial y emotiva de la realidad para volver los ojos luego a los tiempos de hoy. El poema “Últimos versos” evoca la belleza de Estambul “verso a verso desnudo / en la sangre los verbos / que amamantan los valles / y en la mar los silencios” para volver, compasivo, “al dolor del exilio / en los montes hermanos / clausuradas fronteras / que disparan sus balas / al hermano que huye / de la guerra que duele / como única lágrima”. 
 


Belleza y denuncia, tradición y actualidad encontrará el lector en esta “Lunas de oriente”; no sólo la referencia a un universo común, sino en también, y sobre todo, el dedo en la llaga de un presente de exilio, desarraigo y muerte del que todos somos responsables.



Tomás Hernández

LUNAS DE ORIENTE



El poeta cordobés-almeriense José Antonio Santano publica su último libro, “Lunas de oriente” en una cuidada edición de la editorial granadina Dauro. Los poemas vienen acompañados por su correspondiente traducción al árabe hecha por Meimouna Hached Khabon. Ver el poema en su grafía árabe junto al texto original da una belleza añadida al original, aparte de su finalidad primera.

LUNAS DE ORIENTE
LUNAS DE ORIENTE
 DE JOSÉ ANTONIO SANTANO
“Lunas de oriente” no es un poemario de recreación de los grandes motivos de la poesía árabe, aunque algunos de ellos permanezcan, claro está. Los títulos de algunos de los poemas remiten a ese universo, “En tu nombre Bagdad”, “El jardín del granado”, “Desde el Eufrates al Guadalquivir”. En la dedicatoria aparecen poetas y artistas iraquíes, sirios, turcos, tunecinos, palestinos. Pero lo que el lector va a encontrar en “Lunas de oriente”, además de poesía, es una denuncia, 

“cuando abre la noche 
/ el misterio en las rosas /
 y es la mar un relámpago 
/ de dolor la mirada /
 que yace en la niebla 
/ de la muerte en arenas /
 de una playa cualquiera /
 y a una hora maldita”

 Los versos de “El jardín del granado” son una crónica concisa y desgarrada de la realidad de esos pueblos que llamamos oriente: 

“desde entonces
 la voz fue acallada 
cortadas las manos
 destruidas ciudades 
bibliotecas ardiendo
 en la noche más larga 
 los hogares vacíos
 por huir del desastre 
de la guerra continua
 en infierno de vida
 de exiliados que andan
 con pesadas maletas
por el mar asesino”.

LUNAS DE ORIENTE 
 
Suelen los poemas empezar con una descripción sensorial y emotiva de la realidad para volver los ojos luego a los tiempos de hoy. El poema “Últimos versos” evoca la belleza de Estambul “verso a verso desnudo / en la sangre los verbos / que amamantan los valles / y en la mar los silencios” para volver, compasivo, “al dolor del exilio / en los montes hermanos / clausuradas fronteras / que disparan sus balas / al hermano que huye / de la guerra que duele / como única lágrima”.

Belleza y denuncia, tradición y actualidad encontrará el lector en esta “Lunas de oriente”; no sólo la referencia a un universo común, sino en también, y sobre todo, el dedo en la llaga de un presente de exilio, desarraigo y muerte del que todos somos responsables.


Tomás Hernández

miércoles, junio 06, 2018

JAQUE.


Fernando Martínez López

LITERATURA Y AJEDREZ, COMO LE GUSTABA A STEFAN ZWEIG

 

autor: 


Fernando Martínez López



-¿Eres Baruch Eisenstein?

Respondió que sí, apenas un hilo de voz. Luego, el silencio. Helmut Völler lo observaba con descaro, cartografiando las arrugas, líneas y ángulos de su cara, comparándolos con los de la fotografía que sostenía en la mano. En la otra, un cigarrillo emitía cabriolas de humo. Intermitentemente le daba una calada y un velo nicotínico apantallaba su rostro. El parecido con la fotografía era difuso, pero sí, era Eisenstein, mantenía la inteligencia en sus ojos. El resto era pellejo descarnado y pestilencia.

-Que le den una ducha y ropa limpia –ordenó-. Traédmelo cuando esté listo.

Baruch Eisenstein se percató del tablero de ajedrez antes de abandonar la habitación, las piezas colocadas con precisión milimétrica. Cuando regresó con la dignidad física recuperada, se lo encontró sentado junto al tablero. Enfrente, una silla vacía que le ofreció con un gesto.

-¿Sabes quién soy? –Negó con la cabeza-. Helmut Völler, campeón alemán. ¿Qué te parece un duelo entre el mejor ajedrecista alemán y el polaco?

-Me agradaría enormemente jugar una partida.

Jaque. Fernando Martínez López

Esa voz, cascada, partida, como si el sufrimiento se hubiera hecho lepra en las cuerdas vocales. Völler encendió con parsimonia otro cigarrillo, arrendijó los ojos.

-Pero no una partida cualquiera, sino a vida o muerte. Ganas: vives. Pierdes: mueres. Quiero que estrujes hasta la última neurona de tu cerebro.

Baruch lo miró horrorizado. En las sienes se le marcaba el ritmo alocado de su corazón. Difícil pensar en esas condiciones, difícil pensar con el cuerpo desnutrido y maltratado, difícil todo, pero la vida le pendía de un hilo muy frágil y sólo restaba un invisible fleco para que no terminara de romperse. Se convertiría en araña para no desprenderse de él.

El sorteo le ofreció salir con blancas. Vamos, Baruch, aún eres capaz, tienes miles de jugadas memorizadas en los mapas de tu cerebro. Se decidió por una apertura vienesa que favorecía un juego pasivo, más acorde con su velocidad de pensamiento después de varios meses como inquilino del infierno. Völler no se inmutó, y cada movimiento lo acompañaba de una bocanada de humo, conforme las fichas iban ocupando posiciones en el campo de batalla donde ya se hacía sangre con alguna de las piezas. Iban cayendo como las vidas de tantos otros en aquel lugar, y Baruch Eisenstein con la mirada afilada, sudoroso, exprimiendo su capacidad intelectual como nunca lo había hecho, jugándose la propia existencia ante un rival poderoso. En el movimiento veintitrés, sin embargo, el alemán tomó una decisión inesperada con la dama. No, no podía ser, ¿sería acaso una celada, una trampa para que picara el anzuelo? Revisó las fichas con ojos sorprendidos, atentamente. Esa disposición... Era prácticamente la misma que con la que había logrado hacerse con el campeonato polaco, no había trampa posible y sabía lo que tenía que hacer. Levantó la mirada. Völler ya no fumaba. Por el contrario, una leve contracción de labios denotaba la consciencia de su error. Baruch jugó. En siete movimientos supo que tenía la partida ganada, que era araña que había conseguido reforzar el hilo para no despeñarse, ya sólo quedaba el paso definitivo para el jaque, para salvar su vida, volver al barracón, a los trabajos forzados, a la comida insuficiente y asquerosa, a los golpes e insultos, a la tabla donde dormía encogido por el frío, a las picaduras de piojos y chinches, a la desesperanza que vitrifica los ojos... Cambió de idea y desplazó la pieza indebida, la que precipitó brevemente el cataclismo de su derrota.

-Has perdido, Eisenstein.

-Sí.

Contestó con el sonido de un cristal fragmentado. Helmut Völler sacó su pistola, apuntó a la cabeza de Baruch, tembloroso, los ojos fuertemente apretados, los segundos que se alargaban sin que se produjera la detonación... El oficial guardó el arma ante su extrañeza.

-Vete.

Baruch comenzó a levantarse lentamente de la silla. Sus piernas apenas lo sostenían. Antes de abandonar la habitación, se giró.

-¿Por qué me perdona?

El oficial de las SS mostró una sonrisa sucia.

-Porque sé que me has dejado ganar, judío. Pero no te equivoques: en este campo de concentración tú ya estás muerto.

Relato de Fernando Martínez López​ premiado en el XXI CONCURSO DE NARRACIONES BREVES DE IDEAL. VERANO 2017.  TÍTULO: AJEDREZ.