Aprender a crecer. Sensibilidad cuadriculada.



Aurora Peregrina Varela Rodríguez 
Licenciada en Ciencias de la Información UCM 1990 
Trabajo en Medios de Comunicación. 
Colaboradora en revistas de literatura online. 


APRENDER A CRECER

SENSIBILIDAD CUADRICULADA

Con dolor disfruté de la boda de Pablo, acontecimiento apropiado de un ser como es él, breves instantes de paz, no con él, en casa, pensando. Poco a poco aprendí de esa situación, mi lucha empezaba, mi lucha feliz, crecía interiormente, como nunca, me serené, obtuve calma, loca alegría, logro que me venía el alma a colmar, no estar con él, pero buscar a Dios, me divertí con todo y crecí, olvidé y crecí, enterrarle era crecer. “Ya no le quiero”, era crecer, le odio, eso era crecer, separarle de mí, le detesto porque le quiero lejos siempre, en cualquier circunstancia, no le deseo mal, sólo que siempre esté distante.
Éxito a la desesperada pues para subir una alta montaña basta una danza africana feliz, así subirás, sin pensar en la mañana siempre cruel, siempre dale que te dale, siempre falso a mis espaldas, en que bailo sola y me gusta la playa. A la desesperada voy sin rumbo, sin meta voy y voy y me gusta. Que subo con suerte arriba, que bailo la danza negra, bailo y bailo y no paro, que no seas desgraciado, ni te rías de mí condenado y sube la montaña africana bailando en sus faldas: “danza que te danza, marca que marca, sube que sube y ya”.
Hay, ayayay hayyy sensibilidad, que no puedo más, atrás quedó la sombra, atrás quedó la visión, atrás el amor que ya no es ni su sombra, atrás el calor infernal de la tortura, atrás el dolor que no se repita, que siento odio profundo en este mundo sin rumbo para mí.
Entonaré canciones de amor con voz de contralto, literatura pura de libros de bachillerato porque me gusta y gustó siempre la humanidad. Soy eso, humanista, socióloga, psicóloga, me gusta hablar con las almas, tomarles el pelo, romperles los esquemas, ponerles a prueba, no es feliz el abogado, no lo creo, hablar cura, fortalece, lo puede hacer el limpiador de ventanas, la portera del edificio, el loco, el ciego, el mal escritor.
Hijos científicos, se casaron dos números fijos y luego tuvieron hijos del dos más dos que quizás llegarán a ser ingenieros, médicos, maestros, otra cosa, a los que quizás dejen huérfanos un día temprano y en la sombra quedarán, de su origen no se acordarán, les gustará talvez drogarse y aunque tengan dinero no sabrán para que sirve, es sencillo y fácil, sin más, con padres de esa profesión serán como semidioses pero nadie podrá salvarles de tener un punto débil, alergias, catarros, tuberculosis, quizás tengan un accidente de moto, coche, mueran de leucemia, otros males, enfermedades crónicas, incurables, caigan de un avión en vuelo, se estrellen, serán eso, hijos no de letras ni música que es posible, que no lleguen a viejos.
Hoy sé que había llegado a tiempo de detenerle, de hacerle cambiar de rumbo, pero no quiso, se negó rotundamente y eligió otro camino más bendito y fácil, le felicito. No tengo porque tener pesares, hice bien pero fue imposible, era duro de pelar, con las ideas fijas, cabezón que me dejó, gracias. Lo hizo todo lejos de mí, nuevamente gracias, gracias y más gracias.
El hombre que habla con Dios no tiene porque ser hombre de ciencias, ni tener carrera ni bachillerato ni primaria, ni haber ido a la escuela. No tiene porque ser inteligente, ordenado, culto, sabio de más, sólo tiene que mirar al cielo y decir: tú me creaste, tú me quieres, yo te quiero, ámame, guía mis pasos, que no encuentre turbulencias, que mi vida sea plena siempre de tu presencia.
Saber crecer” es tener sabiduría pura, de dentro a afuera, no creer que todo se pierde en la noche, por nada. Es llevarles dentro, en el interior en cada paso que damos, uno a uno, aunque no sea vocacional ni perfecto, aunque no sea por donde queramos, nuestros pasos… siempre ellos, aunque sean diferentes a los que proyectamos dar en un principio. Eso es, mejorar, saber hacerlo, crecer sanos y fuertes, vigorosos y saber diferenciar con nuestros ojos un camino de otro.
Yo que no tuve nada me quedo con ellos, no quiero más, si ellos son mi tesoro y ahora que lo sé no quiero otra cosa más que a ellos, me pregunto si hice lo que quise, si he dado buenos pasos, si caminé profundo, ¿qué pasó?, ¿por qué no pude con aquel tiempo?, ¿qué quise ser?, ¿qué soy ahora?, ¿fui feliz en su día?, cuando me ha visto sufrí, pero nadie me verá llorar.
Hubiera sido, si mis almas me lo hubieran permitido, si me hubiesen dejado, hubiese sido eso, pero fui otra cosa y comprendí que con bonitos paisajes también se alegra a la gente, llenos de luz, brillo en la sombra, lana y armonía, seleccionados uno a uno, Dios los ordena crear, yo su medio, ver para disfrutar, curarse, es natural y bueno, sano e ideal, y con esa labor también soy lo que quiero ser.
Un día fui feliz, después de haberlo perdido todo por ellos, un día sin pensar fui feliz y sonreí, ordené a mis almas retirarse de mí una a una, ya no tenían nada que hacer aquí, que se marchen. Fuera para siempre, elévense al cielo, lejos de todos ellos que nada pintan en mi vida, que todo se pierda más que yo quede a pesar de todo aquí, después de haberlo perdido todo por ellos supe que aún pude haberlo hecho mucho mejor, con más calidad, más entrega, más santidad, pero mientras veía y veía me iba quedando desfasada de los demás, iba quedándome atrás, ellos reían, pero yo no podía hacerlo.
Sufrí a la desesperada por cosas, horrores, errores que no cometí, sufrí sin sentido por mis acciones, pero mi reacción fue diferente a la de los otros, por eso doy una oportunidad bien dada, la otorgo perdiéndolo todo si es necesario, no me importa, pero sólo una cuando se trata de cosas de Dios.
No pierdo la esperanza de encontrar el cielo, al hombre de mi vida, sé que existe en el firmamento y que mis sueños llenará durmiendo con él, sé que estamos en el año 2005, tengo 34 y es muy duro empezar, soy vieja pero no pierdo la esperanza de encontrarle, mi otra mitad, mi media naranja, el hombre de mis sueños, él, mítico, fantástico, único, genial, ¿dónde estará?, ¿en Portugal?, ¿Madrid?, ¿Francia?, yo le busco a pesar, sí a pesar de la edad, de eso que nos marca el rostro y el espíritu, mis horas de soledad quiero llenar con él como una adolescente con el chico que le gusta, por eso todo el pasado olvidaré.
A la desesperada, actos delictivos que no sé bien si cometí, acciones buenas que no saldé del todo en su momento, luchas ganadas que me convirtieron en heroína sin saber que lo que hacía era grande, de rodillas y rezando igualito pues nada de más había hecho y por eso aún estaba llena de pecado. Crímenes que presencié, acciones que no realicé en su momento, malos, que les veo así, ojalá llueva, lloverá, estoy segura: lloverá.
En gracia de Jesús al que considero mi gran amigo, guapo y amable que no merezco. Me gustaría estar siempre con él, porque le conozco, pero siempre está y estará ocupado, pero si estoy mal, acudirá. Deseo verle siempre conmigo, dentro de mí pues no tiene cuerpo, deseo estar con él, cerca de él sin hablar, sólo sentirle siempre, siempre, con amor, con loco amor, sintiendo amor por él, que es fácil, de verdad, creo que yo si un novio desease tener, como él en todo tendría que ser. Sabe que le quiero, le deseo lo mejor siempre y siempre es siempre. Deseo que triunfe día a día porque tiene argumentos, que nunca le hagan daño los que no lleguen a entenderle, ni psicológico ni físico, ni moral. Es maravilloso en todo y conocerle como ha sido me llenará el resto de mis días.
Tomé café, Dios sabe cual es mi intención al tomarlo, lo tomo por el daño recibido porque siempre me dieron puñetazos los insensatos marcianos, lo tomo porque acabé harta de todos, porque sentí desprecio, vacilación, humillación, soledad, amargura, que me habían abandonado. Dios sabe porque tomo café, a quienes deseo no ver y el motivo. Él lo entiende y sabe, que tengo razón, que ellos no.
Te olvidé, no vuelvas a molestarme, no lo hagas más de una vez que ya está hecha, antes de dormirme te puse en un nicho, con ayuda de mis iguales, sin llorarte y luego descansaba en mi cama vieja de pino. Otras en la tierra, te la ponía encima con mis puños enterrándote y luego, podía acostarme y mis ojos se cerraban como los de un dulce angelito. Sólo luego. No vuelvas a molestarme nunca más ni a buscarme ni a verme, desea a Marilyn, a Lucrecia o a Lupe García Crespo, no a mí.
Encontraré la paz cuando Dios por fin nos ponga en nuestro lugar, sé que está trabajando en ello, se esfuerza en hacerlo, le pido humildemente que se esfuerce un poco más, sé que lo hará en su momento, lo sé pero tarda y yo, que recibo males por todas partes sufro como una santa que no me considero ni soy. Tengo que soportar de estos despiadados todo tipo de males e injusticias, malos tratos y desprecios, malos deseos, miradas, falsedades y no sé lo que me queda.
Me desespero tanto al saber que él, mi olvidado, aún me piensa, aún se gira para verme por las calles, aún cree en mí más no como suya, me quiere hacer daño, me deseó mal para su bien, tanto daño que me hizo, tanto, cuando yo lo que deseo es estar sana, es salir de todo esto pronto, ya. Cuando de él, escucha bien: ya salí porque le tengo bajo tierra desde hace mucho tiempo aunque le dijera “hola” es sólo cuestión de educación nada más que eso, sólo eso, nada más.
Supe de sus hazañas para hacerse con lo ajeno, sólo el mal tiempo y la marea alta los frenan, supe de sus malos rostros, de sus dientes largos, de sus malas intenciones, me pregunto, ¿cómo se dejaron llegar tan lejos?, sin más, ¿cómo se han convertido en esa cosa?, ¿cómo pasó?, la otra dirección hubiese sido mejor.
Grito "adiós" por todas partes, vuelo lejos por el aire azul, París, de allí vienen los niños, tiernas criaturas, a ver si París, mi París, me trae uno envuelto en sábanas que siempre lo deseé y mucho, siempre quise uno y si a París tengo que visitar, debo ir, iré para tenerlo, lo cogeré conmigo y lo besaré. Vuelo lejos, a París, las cigüeñas con paquetes blancos esperan para darme tan magnífico ser, su mejor tesoro, juguetón, hermoso, criatura guapa, inteligente, para mí su corazón. Vuelo lejos, pero estoy aquí, en donde estoy con tantos años a mis espaldas de hojalata, sin novio, sin casi amigos del alma, sin ilusión y llena de sufrimientos, muchos. Vuelo lejos, sin avión, sólo pensando donde la imaginación quiere llegar: lejos, pero sigo aquí y si no es por decisión de otros, aquí seguiré, para siempre, sin París, sin niños y sin felicidad.
Esto es para ellos, los que me hicieron esto han ganado, es suyo, les pertenece, es para leer este cuento, leer y buscar sentido a todo, para ellos que lo disfruten si pueden, si les beso no me daré cuenta, pero si me besan gritaré, no es para tanto, sólo véanlo y disfrútenlo y déjenme vivir en paz. Olvídense de mí.
 La bendición de Dios bajará a mí, me sacará de este infierno inmerecido viendo la infelicidad de todos, me despido de vos, de ustedes, mi alma quiere volar al paraíso, se me sale del cuerpo y asciende, nada me retiene aquí. Quiero olvidar todo lo que veo, cambiar de vida y querer a otros que estén y sean más buenos, que creen en mí sensaciones nuevas, interesantes, novedosas siempre… es mi modelo de hombre, lo sé, me ve con buenos ojos, es maravilloso, es mi mejor amigo, es mío.
No quiero volver a verlo, me hizo un gran daño y no le quiero, ni de día ni de noche es algo para mí, nada una y otra vez, ni como padre de mis hijos, que consideraría basura ni amigo ni confidente ni profesional porque no da la talla que pido, nada es nada. Ya no es porcelana para mi mesa de la sala, su persona, nuestros encuentros serían infructuosos, cortos, magnífico o no es sólo un hombre, sólo eso, que le desnuden y tiren en medio de la arena movediza, tendrá que buscarse la vida como pueda para salvarse, ingeniárselas como otro cualquiera no tan magnífico como él en sus esperas infructuosas y cálculos matemáticos diarios, desnudo es lo que es, un hombre, sólo eso, sin más. Entonces se dará cuenta de que no somos nada si Dios no nos ayuda.
Mayor y fea, así me veo, desmejorada al 75%, desalumbrada, deshabitada de amor, fracasada, melancólica, muerta, con un cuerpo entradito en carnes, defectuoso, así me veo, desmejorada comparada con años atrás, sola, además sola, tabla de ejercicios físicos en mano, deseando comer más tostadas con mermelada de ciruela y cuajadas con miel, con desperfectos, me caí de la moto, con achaques, me duele la cabeza, con remordimientos, cosas malas que hice pero no me quedó otra. Dios sabe el motivo.
La vida está hecha de sencillos momentos, instantes serenos que llenan mis cuentos, campos de batalla, sucesos ciertos naciendo y viviendo. Son recuerdos y eso es lo que somos, tormento, malestar, gloria, risa, diversión, lágrimas y la ley del silencio que permite revivir y sentir de nuevo. ¿Por qué hacer esfuerzos de memoria, si los hechos ya han cumplido su ciclo vital?, torpeza, ignorancia, fracasos, suspensos. Loca, masoquista, idiota y otros calificativos, no sé, es lo que soy.

Candidato a MEJOR GUIÓN



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Jóvenes Inocentes
JÓVENES INOCENTES. TRILOGÍA
David González, conocido en Diariovoz de Almería por sus cortometrajes y novelas, con las que ha recibido múltiples críticas, nominaciones y hasta premios internacionales además de acumular cuarenta millones de reproducciones, es ahora firme candidato a Mejor Guión en el festival de cine y cortos de Venezuela, Fecon, por su cortometraje Jóvenes Inocentes, adaptación de su propia novela, la cual es una voraz denuncia social sobre la corrupción, explotación sexual juvenil y pederastia.


CORTOMETRAJE
El joven cineasta, que ha sido nominado varias veces a Mejor Guión, dirección y cortometraje, y finalmente se hizo con ellos en Boys Club y El Cliente, espera algún día poder realizar la película del libro.

González ha asegurado que Jóvenes Inocentes y La elección es tuya son sin duda sus mejores proyectos a día de sol.

SALÓN DE LECTURA : José Antonio Santano




LETRA Y NUBE de JUAN ANTONIO BERNIER
El tiempo vuela. Y cuando queremos darnos cuenta de esta contundente verdad estamos atrapados en ella, sin remisión. El tiempo es un hilo invisible que va tejiendo los días y las noches con una seda especial que crece y crece alrededor nuestro y nos envuelve en su soledad de siglos, un silencio que grita a cada instante, seguro de alcanzar el lugar más recóndito del espacio, el vacío que nos muestre el camino hacia lo desconocido. La construcción de un universo personal deviene en profundizar en el misterio del cosmos, atreverse y dejarse sorprender por lo oculto. Nadar a contracorriente hasta quedar exhausto, en el convencimiento de saberse presa del asombro, perplejo ante la extraña mirada del tiempo. Un poco de todo viene a ser el texto que presentamos en esta ocasión “Letra y nube”, del poeta Juan Antonio Bernier (Córdoba, 1976), sobrino del también poeta cordobés Juan Bernier, cercano al Grupo Cántico. Con anterioridad a este poemario ha publicado otros dos, también en la editorial Pre-Textos: “Así procede el pájaro” y “Árboles con tronco pintado de blanco”. En la actualidad compatibiliza poesía y arte al ser gerente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. La poesía concebida en “Letra y nube” es minimalista, de versos de arte, caracterizados por la profunda reflexión metalingüística y poética, provocando así una sensación de acabamiento que sitúa al lector en un plano de espejos y laberintos cuya resolución quizá dependa de la palabra, en esa búsqueda por la verdad, su verdad poética, como así se expresa ya desde el comienzo, en este breve poema de la primera parte del libro titulado “El eclipse” : «Para volver en sí, / la luz de la mañana / compuso en la ventana / un paisaje sin mí». El poeta necesita de la breve exposición del pensamiento, de la idea llevada al detalle, para concluir a modo de enseñanza, como si todo pudiera resumirse en un instante solo, en un segundo que perpetuase la existencia. Los poemas, a veces casi aforísticos, entroncan con esa tradición literaria que roza lo filosófico, que trasciende enriquecida por la actitud del poeta en el mundo. Metapoética que aporta valores en su propia simbología, resurgiendo así una nueva fórmula de expresión en esa constante búsqueda de lo desconocido desde la propia realidad material, como así sucede en la tercera parte del libro titulada “La fiebre del oro”, y más concretamente, en el poema “Molino de Rodalquilar”, que nos transporta hasta tierras almerienses: «Perdiz entre el tomillo. / Girando en torno a ella, / las estrellas. // Oculta en el violeta, / eleva a las esferas / su estribillo». Un venir continuo del pensamiento, una ontología latente que predispone al poeta con lo más abstracto en un ejercicio constante de aproximación a aquellas zonas proscritas, pero que Bernier recupera para un discurso poético que sabe de los desiertos y la soledad, como se muestra en este poema, Douane: «Con su paso ondulante, / el sol pule la arena. // Y la duna, desnuda, / recita con la brisa // el áureo trabalenguas / del sol en los trigales», o en este otro, Nocturno: «Quién me cerrará los ojos / cuando esté solo»; concisión y brevedad en la fórmula expresiva como ya habíamos adelantado en líneas anteriores, casi aforística. Una vez más Juan Antonio Bernier visita el espacio ancestral de la palabra, sus campos semánticos en la búsqueda por esa “verdad absoluta” que todo poeta necesita y a la que aspira en todo momento. 
Letra y nube
LETRA Y NUBE DE JUAN ANTONIO BERNIER

Por muy penoso que sea el camino la voz siempre renace. Es como un grito que pervive en todo tiempo, que se mantiene sólido, inalterable. Es la poesía principio y fin, un son que habita en el poeta, en su respiración y en sus pupilas. El pensamiento en su desnudez absoluta, alimento de vida, el viaje último a no se sabe qué clase de eternidad, pero eternidad al fin y al cabo; una luz que rebasa la plenitud de lo infinito, del tiempo en sí mismo y que el poeta advierte en cada sílaba, en cada letra, dejando que a la altura de la nube ascienda y se transforme en voz del aire, hasta el punto de ofrecer una nueva dimensión del “ser” y “estar” en el mundo: «La esfera es imperfecta. / En la flor del granado / fructifica otra esfera»; un viaje a las nubes en su más amplio sentido, hacia el celeste mar del espacio, nube plena en su blanco diamante o en su gris cristalino. “Letra y nube” es un libro tan complejo como interesante, donde la razón del ser se abisma en la vivacidad de la palabra trascendida en un juego de intertextualidades afortunadas al fin que se persigue: la creación de un universo propio. El presente en su dimensión más futurista y la vida en su esencialidad futura: «El fruto se desprende. / La muerte se satura. / La vida vence». Nos muestra Juan Antonio Bernier en este poemario una parte de él tal vez secreta, que germinaba en el tiempo y sus silencios y que hoy y ahora confiesa, como en palabras de R.M. Rilke, con las que cierra este círculo vital de su poesía: «Habla y confiesa. Más que nunca / Se hunden las cosas y desaparecen, las cosas que vivimos, / Porque eso que las empuja y desplaza es un hacer sin imagen».
JUAN ANTONIO BERNIER
JUAN ANTONIO BERNIER

Título: Letra y nube
Autor: Juan Antonio Bernier
Editorial: Pre-Textos (Valencia, 2017)


La novia sin velo.


Sin velo, hasta para casarse.
La novia sin velo.



 El amanecer no es más que un dibujo de Dios en el firmamento y el precioso paisaje que le acompaña, lo embellece aún más y es sólo eso, una obra de un pintor excelente, al óleo sobre lienzo y que se cuelga del cielo como un cuadro, ¿qué tiene el amanecer que a todos enfurece?, esa mirada que nadie conoce bien, el rosa con el fucsia y el naranja que anima el alma, no lo sé, pero la culpa es de su creador, cara pintura, obra del mejor de los artistas y que sin embargo, todos contemplamos gratis, no puede colgarse en una pared o sobre una mesa, siempre permanecerá en lo alto.
Mamita yo quería ser famosa, pero ¿en qué?, quería una vida normal pero agradezco no haberla tenido porque aprendí a ser como soy. Mami yo quería ser feliz pero no siéndolo lo fui porque llené mis vacíos de ríos de paz al hacer lo correcto apartándome del mal, aquel que me seducía con su cara de ángel, sus labios de frambuesa, sus bolsillos llenos de falsificados dólares y sus muchísimas promesas.
Ni he sido importante ni he tenido amigos, dejé pasar el tren viendo como corría veloz al encuentro de otros pasajeros, perdí oportunidades al completo, por eso canto en la ducha, me lavo en agua de rosas, ceno pizza margarita y desayuno chocolate con galletas.
Voy como la novia sin velo, la cenicienta de un cuento, la esclava de un hombre blanco. No quiero que se comente que he sido infeliz, no es cierto. Me aparto de la depresión fácilmente, soy positiva, soy el acierto. Me verán los que me envidian como la mujer amargada, la que llora a escondidas y duerme un poquito mal. Mentira. Todo es mentira. También como la que cuida animales en las calles españolas y agradece el detalle de que Dios la orientase para escoger ese camino de sabios porque es una obligación moral y cívica cuidarlos.
No todo ha salido bien, pero yo estoy muy bien, no miro atrás, no doy un solo salto al pasado, lo aprendido pesa sobre mí como una bendición. No tendré hijos ni seré admirada, querida ni respetada, nadie me perdonará mis pequeñísimas faltas. No fue para mí el “ser ídolo de masas”, no seré cantante popular ni actriz de novela suramericana. No modelo ni bailarina y sin embargo soy la mujer más afortunada que pisa el planeta Tierra.
No tendré cicatrices ni heridas abiertas pero tomaré pastillas para mejorar mi piel, no deseo las lágrimas aunque si llegan no recibirán el rechazo, seré una mujer limpia que se lava con jabón de Marsella y champú de pelo contra la caspa, la que gusta de probar vestidos largos y se casará sin llevar el velo puesto, la que comprará en su día también flores a los muertos. Enterraré las malas contestaciones, las amenazas, las falsas palabras de amor y las cuchilladas.
El velo se lo robó aquel que quiso darle un beso sin amor sin antes vestirla de blanco, aquel que no supo hacerla suya por completo, atrás en la arena cayó con su blancura, su pureza y su ignorancia. La lluvia lo mojó, no irá por el, ni un paso atrás. Eso nunca.
Irá vestida de blanco si llega el día, sin perlas ni azabaches. Llena de flores y seda, con su larga cabellera suelta. Él la quiere tal como es, salvaje, sincera, cuando está contenta y cuando se queja. Es su media naranja y no le importará verla a cara descubierta subida a un altar.
Seguirle a todas partes, con su pasado, sin velo, sin desear repetir curso, feliz con su diploma de graduada en cuestiones de vida, intercambios de regalos, zancadillas, oportunismos y venganzas.
Sé que sé lo que sé...  y andando voy por el río, paso a paso en sus orillas que son las mías, marchando paso a paso... y sólo sé que nada sé. Como decía el filósofo, sólo que la felicidad, la risa se puede encontrar en los otros, en lo más triste y penoso, en lo más sombrío, en la sabiduría del ser humano de al lado. Que lo sé desde el fondo y hubiera deseado saberlo todo, pero todo se escapa de mis manos casi pintadas de negro por acción de los rayos del sol disfrazado de espesa lluvia.
Todo se va y yo... voy perdiendo terreno poco a poco, se es lo que se puede, lo que no, no. Y feliz igual yo soy que nada valgo ni soy, salvo para mi hermosa familia humana y gatuna.
Sé que no tiraré en saco roto… todo lo sentido, todo lo añorado, todo el tormento de no sentirme respetada por los que no quieran aceptarme como quiero ser. No tiraré en saco roto la muerte que viene y que parte de mi alma y dice: ¿y a mí qué?... no meteré en saco roto tus ojos azules que poco me dicen ya, no tiraré en saco roto, vivir por vivir, decirte que sí, cuando quiero decir NO.
Firmado; la novia sin velo, que se descubre como una mujer moderna, divertida, optimista, amiga de hacer favores, que desea bien a los que le hicieron mal siempre y cuando no la toquen, si eso pasa se convertirá en fiera y rezará por el ojo por ojo, aquel que también le pertenece, que también conoce bien.
No quiere venganza, las cosas pasan y nada puede hacerse más que aceptarlas, todo se puede perdonar menos la muerte, incluso que te dejen en un altar olvidada, que te llamen idiota a la cara o cuenten tus defectos a los extranjeros.
Todo lo permite la mujer sin velo, pero debe seguir siendo libre o pensar en casarse, debe seguir caminando en paz, tener las ideas claras, no comprarse otro velo para otra posible boda que llegaría con el tiempo, no es necesario, en nuestra sociedad su novio ya le habría visto la cara, contado sus dientes y visto sus impurezas de la piel, ¿para qué ocultarse?, ¿para qué la mentira?, no no y no. Sin velo siempre.
Habrá boda, claro que sí, habrá un “sí”, un verdadero “sí”, con la boca llena, el pecho hacia fuera, sin la gorra, sin el velo, sin pedir misericordia y a ser posible, con mi perro, porque también tendrá derecho a ir a la Iglesia para vernos contraer matrimonio, felices, alegres, con sus ladridos de fondo, que son santos, me gustan más que escuchar la santísima misa, me llenan sus sonidos como un niño que llama papá a su padre, el canario que canta al llegar su dueña a casa, la mariposa que vuela alrededor de la luz artificial de la sala del hogar.
Me casaré, y a otros les dolerá mi acción, porque han querido verme derrotada, aplastada, hundida, y no pude, me levanté, estoy orgullosa, plena, mi horizonte será claro y las margaritas no faltarán en mi jardín, tampoco las hortensias.
Vamos a ser uno, no dos, las mismas ideas, o no, pero uno, porque sabemos lo que hacemos y nos une el amor al perro. Hijos no sé si habrá, pero sí nuestro gran amigo siempre nos ladrará.
Desde el balcón podré ver entonces aquel velo que perdí en su día y no recuperé.
Tampoco nadie me ha preguntado por él.
Fui con las ideas claras, nada ocultaba, mi rostro estaba limpio con agua de rosas y me amaron, como soy. No tuve que decir mentiras, que engañar a masas, que disculparme, simplemente luche y vencí, amarré mi futuro y perdí el velo, ¿y qué?, no todos somos iguales, unos tienen más hermanos que otros, unos hablan japonés y otros apenas sabemos hablar lo que hablamos, pero somos comprendidos.
Todo irá bien, somos grandes, somos lo suficientemente sanos como para cuidarnos y respetarnos, sabemos caminar derecho y derechos, miraremos indiferentes aquel velo que se empecina en hacerse presente en el paseo de piedra del jardín, y eso que no está ahí. No realmente.
Velo, velo que en países eres detestado y sin embargo a la hora de casar eres un atuendo amado, querido y deseado porque el hombre levanta el velo para besar a la novia y eso es hermoso.
Velo, que yo no tendré, que nadie me levantará, velo que se perdió y no me deja respirar, más yo, lucharé, sin él, porque el velo no debe tapar las caras ni en los días de las bodas, porque las mujeres somos libres y podemos enseñarnos todas, con respeto, con medida, pero sin necesidad del tul, la seda o cualquier tela cubriéndonos el rostro.
Somos libres, no somos velo, deseamos casarnos, pero bien, de lo contrario, el velo y aquel beso no sería sino un mal recuerdo, un hombre santo, trabajados, devoto de San Pedro y de Jesús, de la virgen y de Dios.
Ese hombre busco yo, pero que también sepa ser hombre, con sus buenos pantalones, su sombrero y su pistola si hace falta.
Lucharé por “las sin velo”· y las pondré como ejemplo, universal, insuperable, de la felicidad total.
No será mi ropa blanca, porque me gusta el azul, mi boda será azul cielo y su beso imborrable, sincero. En la foto se reflejará, le besaré mucho tiempo para tener muchas instantáneas, para luego elegir dos o tres que me gusten y hacer cuadros para la sala, verlos será recordar.
Por mí, que se mueran los velos.
Mamita me casaré, mamita quiero casarme, mamita no cosas demasiado, que el velo no lo necesito, el vestido quiero cortito y un escote de impacto, moderno y a su vez, elegante.
Fuera velos, fuera penas, fuera todo y venga la dicha a colmarme con mi manera de ser, de hacer las cosas y de creer en ella.
Con toda mi voz, mi voluntad, mi espíritu y tenacidad, fuera con todo lo que sobra, que todo lo que no vale ya va quedando atrás, por voluntad divina, porque fueron ellos los que me arrebataron también el dichoso “velo”, en su día.
Ellos me lo ponen también delante para que lo desprecie, no lo recomiende.
San Valentín será un día de celebración, no de dolor, un día esperado, con regalos, buenos recuerdos de besos y secretos que nos unieron, como el que te conté del motivo de no desear llevar velo el día de mi maravillosa boda.
Mi perro me quiere mucho, mi perro vale por diez, mi perro juega con el velo, y yo me río con él, velo invisible, él lo ve.
Mi perro viene a salvarme, mi perrito me quiere bien, es mi sana medicina y mis muchas vitaminas, es un hermoso animal que jamás romperá el cristal, por eso le queremos, le cuidamos y le dejamos jugar con aquello que ni es ni deja de ser, pues por lo menos que le divierta mientras nuestra vida transcurrirá y llegaremos a viejos, felices, juntos, sonrientes, en paz y con nuestras ideas, que nadie nos ha podido robar.
Gracias por escucharme.



Los maridos de doñita Amalia Nouche Duval.



Una clara historia de desamor.
Os contaré la historia amorosa de una mujer sin igual, doñita Amalia Nouche Duval. Una dama, sin dudas, muy especial, fantástica y hechicera…
…Se define como una mujer del futuro pues… ella no es la mujercita que va por ahí sin más olvidando que su marido la ha herido allí atrás. De momento no hace nada pero pronto llegará, el alba la acompañará, sólo le falta un lugar. La casa o el jardín, la playa o la montaña, es igual, con mis pistolas sea aquí o allá, todo cambia.
…Ya le veo allí en el suelo, diciéndome: "cuanto te quiero". Dispararé igualito, ya no se merece nada, si yo para él fui su santa, él para mí fue Satanás.
De joven se definía como la mujer que tenía los ojos como dos balas… Esa chica, allá por donde pasa, lleva municiones y la pistola oculta, pues en este mundo hay que tener cuidado e ir armado. Nadie sospecha de ella, su cara dulce sólo la delataba cuando se sentía amenazada. Muchos la conocen por haber matado a varios señores en unos minutos, con una mirada, "son ojos que matan". Ya no se le acercan por miedo a ser víctimas de sus armas, por error, por desgracia o por merecerlo, por pensar en ella, en sus ojos verdes, su rubia melena y su cuerpo de Miss. Sus ojos son balas, pero no lo serán junto al hombre que ame, que no le haga daño, aquel que decida ser el amigo de su alma. Sólo en esos momentos estará desarmada.
Siendo aún joven, le gustaban los hombres mayores: …Cuando estoy desprotegida, me gustan los hombres viejos, pues pienso pueden cuidarme. Siento que les hago felices al abrazarme. Vienen cargados de penas y yo soy su buen consuelo, una mirada, una caricia, y la vida vuelve a ellos, y a mí no me cuesta nada porque me gusta esa entrega y no siento... que sea pecado. Y si no nos hacemos daño, que importancia tendrán los años. Los años: "no valen nada".
Mientras tanto, sintiéndose pecadora, se preguntaba a menudo… ¿qué es el alma?...
¿Qué es el alma, si en mi cuerpo hay tantas, ¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, ira o venganza?, ¿quién soy yo si soy mitad buena y mitad mala? ¿debo ser diablo o santa?. Debo unificar mis acciones y ser sólo un ser, pero son tantas almas que no sé si valdrá la pena ser buenos o malos. Un día moriré y puede que ellas viajen juntas al paraíso, puede también que se dispersen en otros cuerpos diversos pues he sido una mujer que utilizó armas. Entonces ya no seré yo sino muchos otros y de nuevo puede que me vuelva a preguntar "¿quién soy yo, si tengo mil caras?, ¿quién domina mis acciones y siente lástima de otros, ira o venganza?".
Tiene dudas de cual será su destino final después de la muerte, pues sus recuerdos se resumen en…
…La primera vez que me casé tenía veinte años, y… un día decidí dormir sola… Y es que Amalia no quería a su marido, Gabriel, porque le había mentido, por eso ha decidido ya ni siquiera decírselo. Ha cogido su pistola, no pasó ni media hora, ha entrado en el ascensor, ya está llegando la hora, la reciben en despacho, un hombre muy alto y guapo, ella le ofrece sus besos, él la ama demasiado, pero de él se ha cansado, además le vieron borracho y él decía que era falso. No tenía que haber mentido a su primorosa esposa, pues con eso la ha obligado a desear estar sola. Como iba a dormir con un hombre tan borracho, que importa que fuera jefe y tuviera un gran despacho. Después de comerla a besos, su marido se volteó, ella sacó la pistola, y sin dudarlo disparó.
Para ella, los que la engañan, no tendrán perdón de Dios, y esa noche durmió sola, fruto de su incomprensión. Así se dibuja el amor, que no haya más preguntas, mejor cortar por la sano que vivir con nuevas dudas. Dijo adiós a su angelito, no fuera tan mal marido, pero le había mentido y ella no se lo ha creído.
-No te preocupes mi hombre, no dejará cicatriz.
Con el segundo, Alejandro, pasó algo similar pues, aunque pasaran cinco años, seguía sin pensar demasiado… La llamaban Niñapistolas, la llamaban Matahombres. Estaba tan enamorada que al principio no sospechaba de su marido. Ella siempre fuera seductora, complaciente y cumplidora, para él una santona. Pero un día él la engañó, la vio tan inocente que creyó, no se enteraba, no sabe donde cayó ese infiel siempre sonriente.
Matahombres buscó el arma que siempre estaba cargada y le esperaba en la cama con fina lencería roja, también champaña y dos copas. Como ella era guapa su marido se fijó aún no estaba rendido de estar con su amada flor. En la cama se acostó y ella le acarició era un actor de cine que jugaba con su amor, sus ojos tenían cielo y su piel fino algodón. Esa fue su última noche llena de pasión y lágrimas pues sabía que su encanto marcharía con el alba. Niña pistolas lo mató otra vez a su apodo matahombres hizo honor…
-No te preocupes mi cielo no dejará cicatriz.
Con el tercero fueron mejor las cosas, los años ayudaban, pues ya tenía treinta flores… pero, cosas del destino, enviudó al año… Con Ernesto llegó a sentirse realizada en el matrimonio. Pensaba: He mentido, he robado, he matado, pero no he...
…Pero no he fracasado en el amor, bien sabiendo lo que soy, me han aceptado y querido y tratado como a una niña, yo que vivía para el vicio, ese hombre se me acercó y tocó mi pelo rubio, junto a mis ojos lloró, tomó mis manos muy frías junto a las suyas que hería pues quería que supiese que él también dolor tenía, y es por ser como era yo. Al final me convenció, me bajó un ángel Dios cuando menos lo esperaba, mis pistolas tiré al río, dejé a la compañera “muerte” y le seguí como a un santo que a un ser humano le habló, porque tal de mí nacía, ser una persona honrada y tan solo precisaba tener a mi Salvador. Ahora vivo de mi sueldo, y con esmero le atiendo, pero más me ha dado él, me sacó de la ruina en que me metiera yo, por creer que era la forma de hacerse fuerte y mayor. He mentido, he robado, he matado, pero no he fracasado en el amor…
Con él… fui feliz, porque encontré unos ojos misericordiosos, porque aprendí a hablar con las flores, porque en mí se posaron tus ojos, porque escuché las más lindas palabras. Por eso, fui feliz… Ahora que pasaron los años, mi amor; sólo puedo recordar, el brillo de tu pelo, el más bonito recuerdo, el único que quiero. Y no estoy loca. Sólo quiero recordar que en nuestro adiós tu cabeza giraste para no mostrarme aquella lágrima tuya. Al ocultar tu rostro, sólo pude contemplar ese pelo tan bonito que acaricié. Yo también lloré. He dado gracias a Dios porque al marcharte, tampoco te ha tocado ver las lágrimas en mis mejillas que la razón, no pudo contener. Aún te quiero. La fuerza de nuestro espíritu nos mantendrá vivos... a pesar de la soledad, a pesar de la distancia, a pesar de que todavía no podemos dejar de llorar cuando pensamos en aquel inevitable adiós.
Ernesto… al final del túnel no espera más que el cielo, la paz te invadirá, aquella que no has conocido cuando estabas vivo más que estando conmigo. Por fin descansarás, lo que no habías podido, la forma de tu cara se dibujará en las nubes blancas para que tus familiares puedan verla, así como yo he visto las caras de tantos muertos desconocidos en ellas dibujadas, incluso de animales.
Al final del túnel, viajarás muy alto, sin avión, sin cohetes. Al abandonar tu alma el cuerpo, viajarás sólo en una dirección: la ascendente. Dicen que los ángeles tienen alas, no lo sé, pienso que las almas pueden viajar unidas de la tierra al cielo, puede que porque Jesús las llame, puede que porque aprendan el camino.
Al final del túnel no existirá el dolor pues no tendremos cuerpos, nuestra casa será... infinitamente grande y tranquila, no existirá el tiempo y el dinero no podrá comprar nada. Al final del túnel no podremos vernos, pero sentiremos unos la presencia de los otros. Puede ser que nos encontremos al final del túnel.
No obstante en su historial matrimonial hay muertes… Si la descubren sé que pensarán su fin… Si eso pasa, creo que le matarán, con la mirada cruel, los puños alzados, querrán sacarle la vida, y es fácil, pues está sola y no sabrá defenderse si la atacan por sorpresa.  Morirá, sí, sin llegar a recuperar la fe perdida, y eso, ¿qué le importará a Dios?, que mientras eso sucede, sigue placidamente dormido, en su paraíso.
Con el cuarto hombre del que se enamoró, Daniel, no pudo ser… Con Dani… Fui incapaz de contarte mi vida, te escribí, pero esa carta jamás se envió. Fui incapaz de mirarte a los ojos y te llamé por teléfono, pero al contestarme tú, lo colgaba. Fui incapaz de acariciarte el pelo, pero te envié un peluche a una dirección equivocada para que durmieras con el. No logré descubrir cual era tu perfume pues no me acercaba a ti, pero esa supuesta fragancia fue sustituida por la de rosas y claveles en una tienda de mi pueblo. ¿Sabes?, lo he perdido todo por miedo a un fracaso que se anunciaba día a día con tu desprecio. Fue una pena haberme equivocado y bueno fue disimularlo, pero esperando a un nuevo amor me pasaron los años... 
Con el tiempo supe de ti, tenías rosas y claveles en tu jardín, enviaste tantas cartas que ya no podían contarse a un destinatario inexistente, recibí muchas llamadas de números desconocidos... ¿Sabes por qué?... porque tú eras mío y yo tuya, pero nos separaron los astros, las diferencias, el interés y por eso: "Ahora somos dos barcos que navegan sin rumbo en medio del océano y pronunciando vamos nuestros nombres, en silencio, para que el otro... no pueda escucharlo". A pesar de eso, Jamás escribiré: "Que has sido mi amor".
Con el quinto, Alfredo, volvió a suceder, volvió a… Nada dejaré en mí, este sentimiento fluye nada quiero guardar. Esa noche estabas guapa, arreglada y seductora, mi marido se fijó.  Yo no quería reconocerlo, pero sucedió y os sorprendí a los dos besándoos a escondidas de esa verdad, que creía ser yo. Estaba claro, tenía heridas  y yo sólo las sé curar, como no soy médico, con la vida de aquella me hizo mal. Lo siento, ya saben, cogí las pistolas, en mi bolso las guardé, te acompañé hasta el coche donde me estaba esperando mi ayudante de medianoche. Él tu cuerpo se llevó para que nadie supiera que yo, cobro vidas, no tomo pastillas, voy al grano y no llevo vida de gusano. Bella flor de primavera, a mi marido le he dicho que marchaste con el alba. Luego se separó de él, pues sintió pena de matarlo… tenía mala salud.
Pero como asesina o justiciera, según penséis, Amalia Nouche Duval tenía sus tácticas… Y, Siempre antes de matar,  se come sus tres manzanas, es la fruta del pecado y la hay que saborear, pero no las necesita pues ya ha matado tanto que eso le sale solito. ¿Dónde van sus ojos tristes, dónde su pechito en flor?, de eso ya, vean, llovió. Hizo pocas cicatrices, pues nadie sobrevivió, a todos los que ha apuntado, les mandó a un mundo mejor. No comenzó por gustarle, pero era necesaria y poco a poco ya es una asesina nata, no necesita manzanas, pues las lleva ya en el alma, no tiene que convencerse, de eso se saca nada. Se hace o no se hace, y ella lo tuvo que aprender y ahora ya es normal, si hay que matar, hay que matar. No sabe si es buena o mala, todo tiene explicación, y fue lo que quiso ser, de ella solita nació, no pensaba demasiado, pues sabe bien lo que ha de ser, y no quiere el calor que siente, pero vean, es el único precio, y quien quiere a sí mismo mata, pero ella no ha hecho nada, y por eso cuando se muera espera ver bonitas flores en su ventana. Y aún así, no es nadie pues lo hizo por moral y nadie le debe nada.
Y si el cielo no es pa´ella, el amanecer la acompaña, y los hombres que de noche  la venían a visitar, pues sí, les abría la puerta hasta que la dejaron de llamar. Y lo que aún no comprende es como después de tanto tiempo, todavía sigue riendo al jugar con el amor. Lo mismo que para escribir, existe la vocación, también para tener pistolas, también se la mandó Dios. Las ve como un tesoro, como algo necesario, que pensar de que das muerte, pa´eso hay seres humanos. Sé que mucho las usó, y no se arrepentirá, que las vidas que ha sacado no lo ha hecho por placer, sino por puro deber.
Pero en ocasiones tenía dudas sobre si recibiría castigo… Llegó a pensar sobre la muerte:
Donde la muerte no lega… Donde ella no llega alcanza el viento, rayo insaciable del olvido que por pensar, pienso sobre ella. Ella que a quien toca, desaparece o abandona esta forma de vivir, con carne y hueso.
Con ella, es que se pierde el sueño profundo de la vida, y en el más allá, ¿quién lo sabe?, puede que "empezar de nuevo cueste tanto que perderse con el viento...  sea el camino". Llevo tiempo pensándole en silencio, como si la muerte me fuera a visitar... Puedo decir que si turbia es la presencia de la muerte, para mí, cero es ella.
No le temo. Mi sueño en la vida, ha estado salpicado de pesadillas.
Ella, que a quien toca condena a ya no estar más entre sus seres queridos, ella, que quien con ella toca, poco a poco morirá de pena. Si cada vida es una oportunidad para ser buenos, yo diría: "no se mezclen", porque hay una... en la que todo desaparece y dejamos de tener oportunidades, simplemente desaparecemos.
Intentemos ser buenos en nuestra vida presente. Sepamos: "Que a quien muerte es palabra que no hiera que la lleve a cuestas, eternamente en su destino... en su camino... porque a quien hierro mata, sin piedad, o no le importa ver morir, a hierro muere, y no sin dolor". Pero ella no se sentía del todo culpable… ¿Por qué sería?... Lo saben ustedes…
Amalia seguía deseando un amor para siempre… Ese amor sólo puede ser el de aquel... que renuncie al placer de tener más mujeres que yo. Que me ofrezca todo y sin condición, el que siempre me apoye y piense en mi, que sea gentil, de buen tipo, que sepa ser el mejor amigo que viaje conmigo y que me comprenda, así como soy. Un amor para siempre, para mi, es eso. Y si estando con él, quisiera tener el placer de estar con otros hombres para serle infiel, no podría. Su amor, su generosidad y su comprensión, me lo impedirían, haciéndome ser: su amor... y para siempre.
Después de tantos fracasos reflexionaba en soledad sobre el matrimonio:
No me casaré con la mentira, el error, la cara bonita que me dijo "amor", pero para nada lo he encontrado en él. No me casaré con los ojos claros de ese corazón que decía: ¿amarme?. Ya le conozco bien, es el rostro del falso, del cruel, del que no quiere perder, es el rostro del diablo, del dolor y el fracaso en el amor, y eso, no puede ser.
En su próxima ilusión buscaría… Caminar juntos de la mano... Debemos caminar juntos de la mano. Lo podemos lograr, pero juntos, con una misma idea que nos una, no nos separemos, no miremos falsos ejemplos, seamos verdaderos. Miremos al cielo y avancemos hacia el rumbo bueno. Cogeré mis gatos y me iré al pasado, a la playa de Macuto, al mercado de Quinta Crespo, a la calle Ño Pastor a Misericordia Residencias Parque Carabobo, en ese lugar viví. Al Nuevo Circo, donde trabajaba mi padre, a mi colegio de La Castellana de Caracas, al terreno de El Limoncito en donde queríamos construir una casa, a Maripérez para ver la Hermandad Gallega de Caracas. Yo viajo sin ventajas, sin amores, pero con pasado y ese... es un pesado equipaje.
A los cincuenta años Amalia… se ha enamorado de nuevo y ya es toda una mujer, adulta. Le ha pasado de nuevo, ¿será la última vez?, o será otra vez de tantas, yo no lo sé. Pero es... una señora en apuros que lo está pasando mal, no sabe si su amor irá hacia delante o si no se moverá, si se burlarán de ella o la amarán por piedad. Mientras, va quedando en ella, el dolor, el sinsabor, el sufrimiento, la incertidumbre y también, el llanto.
No obstante sabe que Manuel, ese chico de treinta años… “Piensa en mi, sé que me desea incluso siendo el camino difícil para ambos, nos separan los años, las costumbres, el tener o no hijos, el dinero, en fin, se quedará mirando y nada más podrá hacer que llenarse los ojos de mi imagen de mujer que no conoció bien el amor pero a la que le agrada que la observe él. Puede que nunca seamos uno del otro, más que en esos instantes en que nos intercambiamos la mirada”.
Se decía en silencio: sé que le amo, sé que congeniamos, que nos atraemos, "el tren está pasando". Si él quiere no diré no, no sé quienes son sus padres, no conozco su religión, ¿perder tiempo en preguntarle?, pues vean, creo que no. El tren pasa por mi puerta y voy a subirme en el, puede que no venga otro por esta amable mujer, cansada de esperar. Si él quiere no diré no, y luego de acompañarle sabré lo que piensa de mi, sus planes, o si me dirá adiós. Eso también lo sabré.
Pero sobre Manuel, también se preguntaba, ¿sabrá cómo conquistar a una dama?... Una dama no puede ser robada, ni despreciada, jamás. Su memoria es de elefante, no habrá perdón. No, no, no. Necesita dulces palabras, cenas románticas, fidelidad y ternura... Si se desea su mano, un anillo de diamantes, no valen piedras baratas, debe ser de las más caras, y si no tienes dinero, pide o roba para ella, "porque a una dama, hay que saber tratarla". Hay que darle todo lo que se merece en la vida, para que sus ojos se posen en los tuyos, para siempre. Y así sabrás, que lo has hecho bien, que la has sabido conquistar.
Manuel… no quiero decir el motivo, pero es algo especial, en este barco en que ando a algún puerto debo llegar y en los hombres debo confiar. Tengo deseos de verte, ver como amanece juntos, si es que Dios nos ha destinado para lo bueno y lo malo, tengo deseos de besarte y que ese beso sea el comienzo de la primavera, donde no habrá luna nueva pues sanos vamos a estar juntos contra cualquier terremoto, contra el viento y la marea. Ese día llegará.
Amalia y Manuel llegaron a ser novios, nada más, pues el era demasiado dominante.
Ella lo contó una vez, pues a Amalia a medida que iba siendo mayor, le iba gustando más y más escribir. Así describió el carácter de Manuel… Mi amado me impide seguir escribiendo, es mucho el castigo que estoy padeciendo, mirando sus ojos, jamás serán míos, mi amado me ama, mi amado me quiere, pero teme que en Internet encuentre a otro, no sabe que no hay otro más que él.
Pero es posesivo y eso me hace daño, soy paloma libre pero no engaño, le sería fiel, sería su amada, pero llevo mal el vivir castigada. Mi amado me ama, lo siento en la piel pero también siento no estaré con él, y eso me duele, pero Dios decide que siga otros rumbos marcados por él. Por eso le observo con gran sufrimiento, por eso dejo de escribir para que sepa que le quiero, por eso mil lágrimas inundan mi cara, no deseo que llegue el día de mañana, no sufras mi amado por tu amada, que Dios manda en mí y yo no decido, por algo será que no quiere que siga contigo.
A los sesenta años y dando una mirada al pasado, Amalia no sabe si es buena o mala, pero sigue sin sentirse culpable… ¿Por qué será?...
Yo no sé lo que soy... Soy las dos cosas, buena y mala, quiero ser aire y no puedo. Quiero ser viento y te espero para rozarte en las mejillas, pero sé que posiblemente no llegarás.
Es grande el dolor que tengo por quienes sé que no debo. Créeme: esperando una nueva ilusión me quedo medio desmayada en este viejo sofá rojo que compré con veinte años. El timbre que no suena, las horas que no pasan, mi ansiedad, que aumenta. El miedo a fracasar de nuevo, obra tanto en mí, que si todo sale mal, buscaré a quien poder culpar de nuevo: al sol, a los árboles, al aire o a mi falta de fe. 
A los setenta está verdaderamente deprimida…
Triste soledad me aflora, me llena la piel de granos, triste soledad que me deja vacía, sin piedad, a todas horas, triste soledad en casa, los amigos que ya no están, ¿habrán estado algún día?, triste soledad que me sienta como un relámpago en la espalda, como una espada en el pecho... clavada.
Triste es mi soledad, y es normal, pues no es de felices, el estar solos, por eso es mi soledad tan triste. Nada puedo hacer por ella, más que sentirla, rechazarla, para que al final, también llegue a abrazarla, pues... es lo único que tengo.
Amalia Nouche, que cogió gusto por escribir lo que le pasaba, decidió en su vejez, ya casi con ochenta añitos, tomar la pistola blanca y entregarse por completo a ser escritora… Esa pistola no provocaba heridas, pero transformaba almas. Esa pistola era magia.
Amalia se enteró de que la poseía un poeta y gastaba todas sus balas, nadie sabe si esa historia fue realidad o fantasía, un invento que contaban las vecinas de allá arriba cansadas de la rutina. Aquellos, a los que ha apuntado, la defienden y la protegen pues ahora no son villanos, sino duendes muy valientes. ¿Quién podrá tenerla ahora?, ¿qué poeta la esconderá?, si alguno sabe en donde está que por favor, me lo cuente que yo prometo no hablar, quiero saber si esa historia es un invento o es verdad.
Pues yo si sé quien la tiene, la tiene Amalia Nouche Duval… Las balas son lo que escribe, ha dejado de matar, aunque vive en soledad, con su pluma y su papel, que son su pistola blanca… De las otras, no quiere saber nada.
Soy la dama, que coge la pluma y escribe lo que le pasa en su cuerpo, ya no joven y como tal... que a nadie le importa conservar, que nadie quiere ver ya más. Todos quieren desplazarla y, ¿por qué?, si ella no es más... que la dama de la pluma que ha envejecido escribiendo los nombres de aquellos hombres que riéndose de sus sentimientos la han convertido: "en la dama de la pluma".
Hoy Amalia Nouche quiere escribir:
"Que hoy le duele la cabeza por estar lejos de ti", sí, de ti. Tú que eres su esperanza de hacer grupo para un cambio: "Que todos unidos busquemos el triunfo del amor, la tolerancia, la fe". La tan necesaria fe...
La dama cogió la pluma, y una pluma en manos de una dama, puede cambiar el mundo.