LA NOTICIA EN UN INSTANTE

sábado, septiembre 24, 2011

Mi roja chispita.

@PAULA RIVERO
AUTORA DEL CUADRO, PAULA RIVERO

Deliberando, saepe occasio perit (Publio Siro)
Mientras pensamos decidir, escapa la ocasión


¡¡Ay, Chispita, condená!!
por culpa de un puto virus
debiste formatear
y perdiste aquellos ripios
que compusiera El Juglar.
¡Es que entras a unos sitios
que no debieras entrar!
No te preocupes, mujer
que a todo soldado muerto,
ponerle otro en su puesto,
es lo que se debe hacer.
Por cierto, dijo Graciela
que el pelo se ha cambiado,
Marisabel Cerezuela,
que antes lo tenía moreno
y ahora esta bien colorado.
Ven que te de el visto bueno
No me tienes que contar
las razones que has tenido
p’a poner rojo tu pelo
porque yo, ya me las sé:
te diste ese colorido
para poner el anzuelo
a los jefes de UGT
y asi, con ese señuelo,
querías hacerles saber
que exijan a Zapatero
que te aprueben de una vez.

Autor "El Juglar de rio Almanzora" Miguel Urrea
El Juglar de rio Almanzora
Porto Magno in Mare Ibericus,  dies CC XXXIII Anni Dómini MM IV in festivitatis sanctorum Bernardo, Patrono de Gibraltar, Samuel y Luicio Luna Nueva en VIRGO. Sol en TAURO

domingo, septiembre 18, 2011

Nadábamos río arriba.

 
Nadábamos río arriba, durante toda la mañana. Al atardecer, irresistible puesta de sol entre las hojas de los álamos blancos. Su pelo, suave y rizado, prolongaba aquellos reflejos como grandes campos de espigas. La creciente luna sólo era un pequeño punto en el horizonte infinito. Sentados, en la roca blanca, agotados, nuestros cuerpos descansaban con generosa avaricia. Rosana volvió su pequeña cabeza, perfecta, hacía mí. Quería saber dónde pasaríamos la noche. Puse mi mano sobre su hombro derecho, aproximándola al calor de mi piel. Parecía que lo estaba esperando. Con un leve movimiento giró su pecho rozándome un instante. Sus pezones marcaban el punto de mi horizonte. Me sentía. Emerge de mí la ambiciosa necesidad de mis instintos más básicos. Me reclino y ella me acompaña. No dice nada a mis gestos. No pronuncia palabras. Un dedo, sólo mi dedo anular, recorre despacio cada peca de su piel morena, tersa y suave. Falta medio trayecto. Si conseguimos llegar a la alameda antes del mediodía, seremos los ganadores de este maratoniano trofeo llamado "La luz en la montaña". Hace un rato que la tengo entre mis brazos. Lo que en principio empezó con un sólo dedo, ahora es mi mano dibujando, pincelada a pincelada, los contornos de este pétalo de rosa.

Cobijo mi sombra, alargada, perdida entre la gran roca. Ella no se queja. Oigo su latido, pronunciado, profundo. Acepta. A la altura de su cintura, cierro un poco mis dedos, aprieto sus caderas, formas de mujer impaciente. Carraspeo un poco, trago el exceso de mi saliva y sigo el camino que dibuja un pie perfecto.

De vuelta, le abro un poco las piernas, sin obstáculos. Su cuerpo, como las hojas del álamo, se mueven al compás de la brisa que las empuja. Caliente. Muy suave y sedosos, mis dedos se han encontrado con el calor del sol entre sus muslos.

Están demoliendo mi carne. Excitado, levanto un trozo de su tela, sin tocar la cálida espesura. Bajó mi mano y no puedo dejar de entretenerme con el vello suave y ensortijado de su pubis, palpitaba su cuerpo, y quise seguir perdiéndome en esa selva, en ese río húmedo y cálido más abajo, los labios de su sexo, suaves y los dedos que buscaban penetrar esa suavidad, adentrarse en ese rincón dulce y oscuro que después abriría, a la par que los gemidos poblarían su boca.

Giro despacio, una y otra vez, acaricio ese don que se me ofrece cada vez más húmedo y caliente. Necesito poseerla. Aún es pronto para tomar tan preciado momento. Alargarlo es lo propio. Con mucho cuidado retiro mis dedos de sus oquedades, profundidad que me atrae tanto. Acerco mi boca, mi aliento lo siente en seguida porque se abre ante mí como la flor en la mañana. Su fragancia me dice que siga, a lo que acompaña su mano que toma mi cabeza y la acaricia. Entiendo el mensaje y le tomo con mi lengua el paladar de sus labios. Luego baja hasta meterse en las profundidades de la misteriosa tierra. Se contrae una y otra vez. Está disfrutando. Sé que le gusta. Mi pasión no podrá frenarse mucho tiempo. Su respiración me está empujando cada vez más a tomar lo que está ofreciéndome con tanto cuidado. Bajo mi bañador, lo suficiente, para dejar paso la fuerza de mi sangre que se abre paso sin resistencia entre una piel ardiente y suave.

Siento sus manos en mi espalda, y sus piernas rompen el aire para envolverme con lujuria. Se mueve una y otra vez, me empuja. Siento que tengo que acelerar el movimiento, profundo, sentirla muy adentro. Jadeamos. Grita y me habla por primera vez: Más fuerte. Sigue. No te pares. Pongo mi cara sobre su pecho, oigo su respiración y le pido una pausa. Control o estallo. No me escucha y sigue moviendo su cuerpo tan deprisa que estallo. Grito. Me sube encima. Ahora el viento mueve mucho más deprisa las hojas. Ella, absorta, sigue a la brisa. Jadeante reposa su pequeña cabeza sobre mi con una dulzura inmensa. Cansados dormimos sobre la roca. Mañana, que es ahora, se entregan los premios. A nosotros, los dos en uno, miramos el amanecer que se oculta tras los álamos. No nos importa el premio.

autor: Nicolás Ximénez      26 noviembre 2005
publicado en la revista Transparencias. nº 6,  Pág. 17 y 18

Arco iris de añoranza. Maribel Cerezuela

 
Si mirar no se puede,
con tan exceso rayo de luz.
Hojas verdes de la hierba
flores del rosal, caramelo y miel.


Tierra húmeda de la noche
¿Qué hace ese excremento entre tus hojas?


Manto cubierto de flores
todas iguales...
las rosas.
Bien pudiera cantar amores
como bailan las mariposas.


Arco iris de añoranza,
palabras huecas que nunca sonaron,
granates de la tierra,
en el cálido otoño
blanco como la plata.

Arco iris de añoranza. Maribel Cerezuela


Si mirar no se puede,
con tan exceso rayo de luz.
Hojas verdes de la hierba
flores del rosal, caramelo y miel.


Tierra húmeda de la noche
¿Qué hace ese excremento entre tus hojas?


Manto cubierto de flores
todas iguales...
las rosas.
Bien pudiera cantar amores
como bailan las mariposas.


Arco iris de añoranza,
palabras huecas que nunca sonaron,
granates de la tierra,
en el cálido otoño
blanco como la plata.

Una noche diferente. Maribel Cerezuela

Mirada de hombre,
cuerpo de mujer,
rompiendo barreras
en noches de desvelo,
para entretenimiento.


La gente, nada agradecida,
le tira objetos...,
pero ella sigue con su show
hasta el amanecer.

Con los pies cansados
sube el montacargas del tiempo,
se sienta delante del televisor
a llorar sin resentimiento.


Una noche diferente,
entre el público estaba él.
Le quería de siempre.
Soñó compartir sin poder.

La encontraron sin aliento.
Sonrisa en la boca,
yacía en el suelo.