sábado, enero 21, 2012

Cupido en La voz de la cometa


Cupido en La voz de la Cometa




Index of /erotica

 Name                    Last modified       Size  Description

[DIR] Parent Directory 11-Jan-2005 00:05 - [TXT] AGRAVIOCOMPARATIVO.htm 26-Dec-2004 15:12 35k [TXT] Como-un-monton-de-be..> 26-Dec-2004 15:13 15k [TXT] EnlaFacultad.htm 26-Dec-2004 15:13 32k [TXT] EpistolaEwaldoB.htm 26-Dec-2004 15:13 86k [TXT] JuanMFerrer.htm 18-Oct-2004 12:44 23k [TXT] La_escalera_de_la_pl..> 26-Dec-2004 15:13 20k [   ] Thumbs.db 25-Sep-2004 23:57 8k [TXT] amiguelangel.htm 26-Dec-2004 15:12 29k [TXT] angeles.htm 18-Oct-2004 12:44 34k [TXT] bolitas.htm 26-Dec-2004 15:12 19k [TXT] caleta.htm 26-Dec-2004 15:13 28k [IMG] caleta.jpg 25-Sep-2004 23:55 3k [IMG] cenefa.gif 25-Sep-2004 23:54 6k [IMG] cuaderz.gif 25-Sep-2004 23:55 3k [TXT] delcoro.htm 26-Dec-2004 15:13 18k [IMG] emrose.gif 25-Sep-2004 23:55 1k [TXT] erotica.htm 12-Dec-2004 17:58 24k [IMG] eroticas.jpg 25-Sep-2004 23:55 6k [TXT] fenix.htm 18-Oct-2004 12:44 28k [IMG] green4.jpg 25-Sep-2004 23:56 13k [IMG] image003.jpg 25-Sep-2004 23:56 29k [IMG] img1.gif 25-Sep-2004 23:56 2k [IMG] img13.gif 25-Sep-2004 23:56 2k [TXT] impulso.htm 26-Dec-2004 15:13 16k [TXT] joseph_einbund.htm 26-Dec-2004 15:13 19k [IMG] lapiz.gif 25-Sep-2004 23:57 2k [TXT] pecado.htm 18-Oct-2004 12:44 15k [TXT] romancedelimpotente.htm 18-Oct-2004 12:44 52k [TXT] siyopudieraelegirlo.htm 18-Oct-2004 12:44 20k [TXT] tessa.htm 26-Dec-2004 15:14 39k [TXT] tumbada.htm 26-Dec-2004 15:14 17k




1.-  IMPULSO

Para vos que no entendías la razón por la que tu padre me tenía cierta consideración va esta historia de humanos que como tales viven, yerran, yerran  y sobreviven con sus broncas, sus miserias, sus orgullos, vanidades y dignidad.

Me conoces, sabes que soy una mina con determinación, media rebelde y que le meto para adelante, no acepto que dirijan mi vida, sólo si quiero se hace posible.

Había una mujer a la que el marido le compraba hasta las toallitas higiénicas. Ese hombre hace treinta años quiso cumplir con la ilusión de tener una mina así a su lado. Ayudar a crecer no era su meta, su mujer en su casa y la mina que lo guiara a esa independencia afuera.

Había muerto su suegra, estábamos en el velorio. A la madrugada se acerco y en un aparte cuando mi marido no escuchaba me invito a dar un paseo. Fuimos, con mi marido. ¡Que desilusión! No quería darle oportunidad de nada.

Paso, nuestras familias se frecuentaban mucho. En otra ocasión quiso apretarme sin resultado.

Paso.  La siguiente le dije que si estaba dispuesto a dejar todo por mí, que mi pareja sabía lo que pasaba y no tenía drama, esa era nuestra opción acuerdo. ¿ Sabes que? Desistió, por lo mismo de esa historia del ser humano, por lo mismo que yo esperaba que desistiera. Volvió a su rutina, su placard ordenado, su vida sin sobresaltos, las toallitas higiénicas.

Fui su materia pendiente, su dulzura frustrada, la atadura de sus manos. Quizás después de eso me admira un poco, me respeta algo y cuando le digo algo lo considera mucho.

Tal vez sean estas las razones. Sabe que tu padre fue un romántico, sabe que tu padre fue un humano.

Elisabet   07/02/01


















3.- LLÉVAME AL CIELO

autor: ANTONIO OLMEDO BELTRÁN


Fecha: domingo, 26 de marzo de 2000 11:58 




Hacia una de esas tardes de verano, una de aquellas tardes para dedicar por entero al ocio, al arte de no hacer nada y de disfrutar al máximo del día. No tenías nada en mente, solo los recuerdos aun calientes de la semana pasada en que me conociste en aquel chiringuito de playa a las seis de la tarde y terminamos la noche en la terraza de tu pisito a las tres de la mañana follando como hace tiempo ninguno de los dos lo hacia , con tanta hambre que creíamos comernos en aquel instante. Entre estos pensamientos, de pronto una llamada de teléfono te vuelve a la realidad.

¡Ring, ring!... te quedas pensando, quien podrá ser a esta hora...¡ring, ring!... te decides a coger el teléfono. ¿Si? ¿diga? .Hola soy Toni, te llamaba para si quieres venir conmigo a un sitio. Mi voz causa en ti una calidez en tus braguitas que te gusta, esa sensación te vuelve loca. Si , claro , no tengo nada que hacer, estaba aburrida en casa y pensaba en las compras que tengo que hacer solamente (mentira). Ya las haré mañana. Bien , en media hora te recojo, ponte algo cómodo y ligero, aquella camiseta de color celeste que tanto me gusta... y aquellas zapatillas de deporte que te dan ese aire de adolescente que tanto colma mis sentidos más eróticos.

Te espero a las siete en la puerta ¿vale? Si, tengo ganas de verte. Cuelgas el teléfono y rápidamente vas hacia el cuarto de baño y te das una ducha rápida e intensa y el eco de mi voz aun en tu cabeza te estimula a tocarte como aquella noche en que yo lo hacía en el balcón de tu casa a las tantas de la madrugada. A las siete de la tarde ya estaba yo tocando el claxon en la puerta de tu casa, y te veo acercarte con la minifalda negra y esa camiseta que te compraste un día que pasabas por puestos de ropa hippie y que te gustaba sentir sobre tu piel sin sujetador para sentir el aire fresco entre la tela de la camisa y tus senos tan cargados de magia.

Te acercas a mi con esa picaresca al andar que tienes que tan loco me vuelve y que tan excitado me pone desde que te conozco y sabemos que vamos a terminar en algún sitio follando como dioses. Llegas a centímetros de donde estoy, hoy no te has puesto sujetador y tus pezones se dibujan por debajo de tu camisa, apoyas tu brazo derecho en mi hombro y te muerdes el labio mientras que mis manos se desplazan por tu espalda y una de mis manos llega hasta tu culito en el que puedo sentir que no hay costuras de bragas... al sentir que no las llevas, mi polla se pone como la de un adolescente en un sueño erótico y al sentir el calor de mi entrepierna me besas cerrando los ojos y mordiéndome el cuello como tu solo sabes hacerlo.

¿Donde vamos Toni? Quiero llevarte a un sitio, te susurro al oído, quiero llevarte a un sitio donde.... me acerco a tu otro oído y te digo... voy a follarte como si estuvieras en el cielo. Mi voz templada y serena consigue hacerte mojar tus muslos. Pero no quiero que veas donde te llevo hasta el momento en que yo crea oportuno. Por eso me gustaría ponerte esta venda. Miras la venda con un poco de nerviosismo. A este juego nunca habíamos jugado, nunca te habías sentido tan nerviosa e inquieta, pero accedes a seguirme la corriente. Asientes con la cabeza con algo de miedo, te doy la vuelta y siento como tu culito se posa sobre mi pantalón ato la venda por debajo de tu pelo y me susurras ¿donde me llevas...?, shhhh , es un secreto..giras tu cabeza y te muerdo y tu elevas tu brazo y me acaricias el pelo. Me separo de ti y abro la puerta del coche, te ayudo a entrar, y cierro la puerta. Entro por mi lado y te veo sentada mirando de frente, me excita ver la humedad sobre tus labios, me acerco a ti y te muerdo la oreja y tu giras tu cabeza y apoyas tus manos en mi muslo derecho. Te toco tus senos y tu vas con tus manos hacia mi bragueta. Shhh aun no... aun no... Arranco el coche y nos ponemos en marcha. ¿ No puedes darme una pista de donde vamos? Shhhh , es una sorpresa, nunca habrás visto el cielo como lo veras hoy... Pero es que quiero saberlo!!! Shhhhh no seas impaciente Leni ( así es como te empecé a llamar como diminutivo de Belén , Belenita, Leni) es una sorpresa...

Voy conduciendo y acerco mi mano a tus muslos y siento como te estremeces porque no esperabas que te tocara, pero al sentir mis dedos tus piernas se abren como una flor y te muerdes de nuevo el labio inferior, mis dedos suben por tus muslos y llegan hasta tus ingles y empiezo a acariciarte el clítoris , mientras que tu subes un poco más tu minifalda para que mis dedos lleguen mejor. No puedes evitarlo e intentas quitarte la venda.... No!!!!, si te quitas la venda no te llevare nunca a ese sitio. Es que Toni quiero chupártela mientras conduces. Eso me pone a cien, pero no, si quieres búscala con los ojos vendados. Tu cuerpo se arquea sobre el asiento y te quitas el cinturón de seguridad y tus manos van hacia mi cremallera mientras que cojo el volante con fuerzas. Sacas mi polla toda erecta y empiezas a jugar entre mi vientre y el volante con ella. Unos segundos después separo tu cabeza de mi y te digo, shhhh, un poco más tarde. Te levanto y vuelves a ponerte derecha, pero te has quedado con ganas de terminarme la mamada. Estamos a punto de llegar. Escuchas al parar el coche un inmenso bullicio, gentes , niños, música, gritos, toda clases de jaleos. Me puedo quitar la venda ya? No, para nada aún no hemos llegado. Nos bajamos del coche y sientes como la gente te mira, con la venda en los ojos. Sientes un poco de miedo y nerviosismo, que pensara la gente, que creerán que esta pasando.

Tratas de adivinar donde estamos, pero tanto ruido te confunde, Sientes como miles de ojos están clavados en ti. Pero donde estamos??? Shhhh, pronto lo sabrás Te cojo por la mano y empezamos a andar, sientes como la gente choca contigo, de vez en cuando, y sientes como se te quedan mirando sientes miradas de deseos , cuando sientes que el que choca contigo es un hombre, estas muy nerviosa y odiando hasta los extremos aquella dichosa venda, pero estas tan excitada porque la gente se te quede mirando que hay una quiero y no quiero que me la quites que te llena de incertidumbre Seguimos caminando entre la gente y el ruido es casi ensordecedor, de vez en cuando, me acerco a tu cuerpo rodeándote la espalda y besándote el cuello y siente como mi verga se clava tras mi pantalón sobre tu culito y casi por inercia giras tu cuello para que te muerda mientras que mis manos se pasean por tu vientre y debajo de tu camisa, y tu con el nerviosismo de sentir miles de miradas sobre ti. Seguimos andando entre empujones y jaleos, entre gritos y mas gritos, risas músicas... ¿quieres saber donde estamos? te susurro al oído con voz fuerte para que me oigas... si !!! por favor dímelo!!!! Shhhh aun es pronto....

Llegamos a un sitio y nos quedamos parados... suelto tu mano y te dejo sola. Me separo unos metros de ti y gritas a donde vas, no me dejes sola!!! Shhh tranquila estoy aquí. Esos segundos en que n note sientes protegida por mi mano te llenan de nerviosismo aun más. Yo estoy tan solo a cinco metros de ti, pero tu no lo sabes, no sabes lo que estoy haciendo. Sientes como las miradas aun son más intensa, como ahí sola de pie , la gente pasa por tu lado y se te queda mirando y escuchas como la gente habla entre murmullos de ti, de que hará esa loca, y aquello te saca de quicio, no sabes porque estas en aquella situación y me llamas... Toni!!!

Me acerco a ti por la espalda, , shhhh tranquila mi vida estoy aquí. No me vuelvas a dejar sola.... Tranquila Leni, no lo haré, ahora no.... Te cojo por la cintura y empezamos a andar. Ten cuidado, no vayas a tropezar. Sigues oyendo el ruido y el sonido de fondo , el bullicio no se va, y tu nerviosismo entra en aumento, deseas saber donde estas, pero tu nerviosismo solo te hace temblar de excitación, sobre todo cuando sientes mis manos en tu culito tan prieto. Cuidado , no tropieces... Entramos en algo que se tambalea, y te ayudo a sentarte. Sientes el asiento frío , pero no es que lo tengas, la tardes es muy agradable y no notas que te haga falta ropa, solo es el metal del asiento de aquel sitio extraño donde estas. Me siento en frente de ti, cogiéndote de las manos. Como estas Leni?... Dime donde estamos estoy temblando.... Shhh tranquila... Empezamos a movernos y sientes como todo tiembla Intentas agarrarte a donde puedes y mis manos en tus rodillas te calman cuando te agarras a ellas. Sientes como me acerco a ti y abro tus piernas , mientras que aquel habitáculo no deja de temblar. Vas oyendo como poco a poco todo aquel jaleo desaparece y va quedando atrás, lejano. Yo de rodillas abro tus piernas y empiezo a besarte los muslos, empiezo a jugar con mi lengua por toda tu carne caliente tu, cuerpo se arquea y siento como tus pezones aumentan su volumen por debajo de la camiseta. Te muerdes el labio y mis manos se deslizan por detrás de tu espalda para recostarte sobre aquel frío asiento , que llegas a sentir en tus nalgas cuando te acoplo sobre aquella butaca para comerte mejor el coñito tan húmedo y jugoso.

Aquel habitáculo no deja de oscilar de un lado para otro, y esa sensación de nerviosismo de miedo de sentir que aunque la gente esta lejos aun puedes oír sus ruidos te siguen retumbando en el interior de tu mente, todo ese cúmulo de cosas te vuelve loca, te excita de forma que no sabes como retorcerte en la silla , mientras que yo empiezo a devorarte tu rajita como si fuera un dulce deseado desde hace tiempo. Colocas tus piernas sobre mis hombros y te llevas tus dedos a tu boca para chuparlos mientras que mi lengua golpea sobre tu clítoris, Te gusta Leni? Siiii , no pares por favor!!!, olvidas que llevas la venda, y cierras tus ojos por debajo de ella. Aquello no deja de moverse y ya no te acuerdas que aquello se mueve, al sentir mi lengua dentro de tu rajita hasta que de golpe y porrazo aquello se para y te devuelve a la realidad.. Que pasa???dices nerviosa, Shhhhh espera, pronto lo sabrás, y sigo lamiéndote sintiendo tu piel tremendamente excitada y cálida. Ven acá, quiero que cabalgues un poquito con tu boca sobre mi polla. Siii , me moría de ganar de volver a comértela .

¿Me puedo quitar la venda?. No, aun no, ya te avisare Nos acoplamos sobre aquel estrecho suelo, y no haces mas preguntas , sacas mi polla del pantalón y empiezas a chupármela con la lentitud y sapiencia que te caracteriza, y mi cuerpo se estremece. Aquel lugar tiembla un poco y cada vez que lo hace sientes como si nos fuéramos a caer, pero no es así. Te quedas parada y sigues chupándome el glande mientras que mis manos se acercan a tu pelo para enredarse en el. Tu lengua se pasea de arriba a abajo con esa pasión que solo tu tienes. Tu coñito esta muy húmedo y te acercas a mi oído y me dices, por favor Toni follame , lo necesito. Abres tus piernas y te colocas sobre mis caderas y con tus manos coges mi pene y lo colocas en tu rajita , bajando poco a poco, sientes mi verga entrando en ti con esa fuerza que solo el cuchillo caliente tiene sobre la mantequilla. Toda mi polla esta dentro de ti y sueltas un gemido que se oye como una especie de eco.

Levanto tu camisa y tus pezones están estremecidos mirando y sonrosados a mi boca, me siento mejor sobre el suelo y empiezas a cabalgar, follame Toni , follame!!! Tu culito esta entre mis manos y siento como tu pubis se hunde en mi verga cada vez mas rápido, siento como todo tu cuerpo esta temblando, abres tu boca y tu respiración se vuelve jadeante y entrecortada, y tu coñito empieza a emanar ese flujo que llega poco antes de que te corras: Toni , Toni, me voy a correr.... siento unos pequeños espasmos de tu vientre y te digo ahora ha llegado el momento!!! De golpe te quito la venda y en el movimiento todo vibra, te das cuenta que estamos en el cielo, sobre la cabina de una noria y al verte allí y sentir esa sensación de nerviosismo vértigo y excitación, gritas de placer corriéndote sobre mis muslos y yo llenándote de mi semen al ver tu cara tremendamente plena de placer , y sigues retorciéndote mientras que la cabina de la noria oscila y tus pezones miran al cielo. No has tenido un orgasmo cuando el segundo te viene. Aquella situación de follar cerca de las estrellas te pone cardiaca y todo tu cuerpo siente, vibra, mientras que mi polla no deja de penetrar tu cuerpo retorcido. Toni , Toni Toni, Leni , Leni , Leniiiiii... nos volvemos a correr otra vez quedándonos exhaustos, abatidos. Un minuto después la noria comienza a moverse. Y empiezas a componerte de nuevo. Me siento a tu lado y te digo, te he traído al cielo para que folles como una diosa en el cielo.

Hace una noche estrellada, son las nueve de la noche y te estoy besando mientras que la noria desciende. Ahora comprendes porque tanto ruido, el parque de atracciones, la gente, de un lado para otro, y nosotros follando como dioses entre todos ellos. Bajamos de la noria y siento en tu cara la felicidad y gozo que nunca había sentido. Al bajar te das cuenta que el maquinista se ha quedado mirándote, con cara de simpatía y alegría.

Te preguntas porque te mirara así. Nos alejamos despacio. ¿Porque me habrá echado el maquinista de la noria esa mirada? No te has dado cuenta el tiempo que hemos estado parados allí arriba? Si , la verdad es que si. Nunca una noria había estado tanto tiempo parada. Shhhh , me acerco a tu oído y te digo, he pagado al maquinista para que parara allí arriba diciéndole que iba a pedirte que fueras mi mujer y que necesitaba aquel ambiente, cuando el no sabe que ya eres mi mujer y que solo hemos estado follando como dioses, cerca del cielo. De ahí que tardara tanto tiempo le he pedido que parara media hora la noria y le he pagado por que lo haga una buena cantidad, para convertirnos los dos en dioses. Tu sonrisa llena toda tu cara y me besas tremendamente excitada. Salimos del parque y te llevo a casa. besándote en la puerta y despidiéndonos.

Te queda esa inmensa satisfacción en el cuerpo, te has quedado tan llena de placer que no quisieras olvidar aquello nunca. Entras en tu casa y te recuestas suspirando sobre la cama y una sonrisa se dibuja en tu rostro totalmente extasiado por el placer que sentimos tan solo hace tres cuartos de hora. Días después, estando en casa, escucho el teléfono, estaba trabajando sobre mi novela, muy enfrascado en el capitulo 24 y ultimo de mi ultimo trabajo. Ring, ring! , ring ring!: Si? diga?... Toni, soy yo, por favor, vuelve a llevarme al cielo....















La Caleta









4.- PECADO

por Graciela Vera


Al despertar se encontró, enredados los cuerpos, la pasión viva, aún no extinguida.
Habían hecho el amor, disfrutando cada momento, explorándose lentamente para terminar en un frenesí de sudor y jadeos.
Se movió con cuidado para no despertar al hombre que había transformado su vida en los últimos meses.
Horas robadas en las que había discurrido entre el éxtasis y el miedo.
¿Por qué recónditos caminos se llega al goce supremo?

¿Cuál sería el castigo para aquella culpa? Porque era consciente que estaban en pecado .... no importaba.... se amaban aunque no pudieran gritarlo a los vientos..... se amaban más allá de las hipocresías y sin oír las retóricas de quienes nunca comprenderían que dos personas pueden amarse sin importar quienes, o que son.


Cruzó la habitación en penumbras..... Carlos se movió en el lecho, satisfecho del reciente placer...... Habían rodado en la cama, enlazados en una orgía de consentimiento mutuo hacia el sexo prohibido.... Mientras se duchaba, por la puerta entreabierta del baño lo observó levantarse y encender un cigarrillo.... lo tomaba con ese gesto que le había llamado la atención la primera vez que lo vio..... Se secó despacio, la toalla afelpada acariciaba su cuerpo produciéndole sensaciones inexplicables..... Nunca diría que se había satisfecho del todo su apetito carnal.... deseaba escapar del mundo y volver al lecho estirando los brazos para recibir en ellos el cuerpo atlético de aquel hombre.... No podía...... Ya es demasiado tarde...... Termina de vestirse.... Busca su cuello clerical y sale corriendo....

Hoy llegará tarde para celebrar la misa de las seis.






Charlamos sin abrir la boca, sonreímos sin mover los labios, nos abrazamos sin tocarnos

©Revista Literaria 1999-2004-I.S.S.N.:1576-8236-Internet I.S.S.N.: 1576-8228












5.- La escalera de la playa



Me encanta ver las gotas de agua de mar deslizarse sobre tu piel morena. Las veo resbalar, adaptándose al relieve de tu cuerpo, de tus músculos, detenerse un momento y formar un reguero que tienta a mi lengua a perseguirlas, recogerlas; a mis dedos a dibujar nuevas rutas para que continúen su camino; a mis ojos a grabar en mi memoria cada centímetro cuadrado de ti.

Esa piel que rivaliza con los tonos ocres y marrones del acantilado que hay a nuestra espalda, por donde hemos bajado un rato antes, por la larga escalera de madera de la cuesta de Maneli. Me gusta esta playa donde podemos estar solos, desnudos, disfrutar del mar y del viento. El sol nos contempla desde lo alto juguetear entre las olas, acariciarnos sin pudor, con el deseo guiando nuestras manos y enardeciendo nuestros cuerpos.

Ya desde que subimos al coche cuando enfilamos la autopista y dejas caer tu mano sobre mi rodilla y comienzas a acariciarme los muslos siento una punzada de placer que no me abandona en todo el día. Especialmente cuando caminamos por el camino de tablas, sobre la duna, hasta llegar a la escalera. Tu brazo ciñendo mi cintura, tus manos acariciando mis nalgas, mi culo gordo, pasado de peso, pidiendo a voces que me ponga a régimen, digo yo. Delicioso y adorable, dices tú. Y exploras con más atrevimiento, audacia que me hace temblar de ganas de tenerte, levantando el borde de mi vestido y acariciando directamente mi piel.

Me divierte tu expresión de asombro cuando te das cuenta de que, una vez más, no llevo bragas, ni siquiera esos tangas mínimos a los que me he aficionado por ti y para ti.  Qué delicia que tus dedos se metan entre mis nalgas y sigan más abajo, lentamente hasta llegar a mi humedad que no cesa de fluir entre mis muslos. Mi cuerpo responde a tus caricias. Mis pezones se ponen tan duros y sensibles que me hacen consciente, casi dolorosamente, de la tela del vestido y de cada movimiento mientras bajamos la escalera.

Cuántas veces tu impaciencia ha hecho que me tomes allí mismo. Que levantes mi vestido y me estreches contra ti, abarcándome con tus brazos, me siento pequeña en ellos, moldeándome contigo, deseada, excitada, lasciva... Tus besos me encienden, me siento levantada del suelo, me apoyas contra la barandilla y frotas tu vientre contra mí, te siento crecer, noto tu sexo contra el mío, enlazo tu cintura con mis muslos mientras me besas, con desesperación, salvajemente, muerdes mis labios, tu lengua se adueña de mi boca, campa por sus respetos y yo te devuelvo el beso abrazándote, colgándome de ti, dejándome llevar donde tú quieras.

Siento la madera áspera en mi espalda y el viento roza mi piel, cada vez más sensible, más abierta a ti. Inclino la cabeza hacia atrás mientras recorres mi cuello con tus labios y mis ojos se llenan de azul, el cielo sereno, contrastando con el volcán que me nace en el vientre. Aprieto tu nunca contra mí, te quiero ahí, lamiéndome, sorbiéndome con ansia.

Me asalta el pensamiento, tonto, lo sé, de que debo pesarte mucho, pero lo cierto es que parezco una pluma en tus brazos y me abandono al fin, deseando que de una vez, liberes mis pechos, los aprietes, recibas mis pezones que te añoran, me hagas saltar al pellizcarlos y te liberes de tu bañador para que tu verga golpee mis labios, mi coñito que se humedece por ti. Apóyala en mi entrada, deslízame hacia abajo y penétrame, mi amor, te deseo, te necesito.

Me pones encendida, cachonda, me vienen a la mente y a la boca palabras fuertes, obscenas. Quiero sentir cómo golpea tu vientre contra el mío, quiero tus cojones golpeando mi coño mientras me follas, mientras llegas a lo más profundo de mí. En mi ansia me agarro a ti con fuerza y hasta clavo mis uñas en tus hombros. Te noto duro y fuerte en mi interior, me parece sentir que tu polla aumenta de tamaño cuando me penetras así, que tu cuerpo entero crece y me absorbe. Me olvido de todo en tus brazos y sólo quiero ser tu dulce putita, como me susurras al oído.

Tu espalda se arquea levantándome por las nalgas y un dedo aventurero intenta penetrar mi ano siguiendo el ritmo de tu embestida frontal. Sabes que eso me hace delirar, que me hace sentirme deliciosamente sucia, perversa. Y si sigues así te pediré que me bajes y me dejes ponerme a cuatro patas sobre la arena, levantando mi culo para ti y pidiendo que me penetres por detrás. Desde que me iniciaste, cuando la excitación alcanza el momento culminante y mi cuerpo es puro sexo, rezumando lascivia,  no puedo dejar de rogarte que me tomes así, te necesito ahí, bombeando, dándome duro, cogiendo mis caderas, empujando fuerte hasta que te vacíes en mí...

Pero por esta vez sigues de pie, follándome, haciéndome tuya. Siento tu cuerpo de hombre poseerme entera, me abro cada vez más a tu invasión, mis piernas, todo mi ser tiembla de excitación y deseo. Mis gemidos te enardecen y aumentas tu ritmo. Presiento tu orgasmo y te pido que me folles, que me llenes de ti, muevo mis caderas, voy a tu encuentro... vamos a corrernos juntos, un poco más, mi amor, dame más... más...

Kage (Sevilla – 2002)










6.- El Juglar del Río Almanzora. Enrique Urrea


Escucha, amigo lector:

  Si estos versos tan procaces    

  te causaran estupor                

o te han de escandalizar,

   piensa bien lo que te haces

  antes que puedas pecar;

abre otro  libro cualquiera

échame a la papeler

  y santas pascuas y en paz

   El solípedo ungulado   

 convenientemente armado

+   +   +   +   +   +
Macarena

 está muy buena









Toda comparación resulta odiosa (Popular)


 AGRAVIO COMPARATIVO




En provincia de Almería

está el pueblo de Cantoria,

pequeño y bello lugar,

al que le cupo la gloria

de ser  cuna del Juglar.

Su paisana Macarena

es una chica excelente,

muy recatada y buena.

El  padre es terrateniente,

muy rico y acomodado,

respetado por la gente,

y por su hija adorado,

(sin atrasar lo presente)

¡Anda él tan preocupado

por encontrarle marido

a la dulce Macarena!

Ha de ser un buen partido

para entregarle a su nena,

así que con tal premisa,

sin pausa pero sin prisa,

se fijó en Pedro García,

chico apuesto y educado,

culto, guapo, y refinado,

que estudiaba abogacía.

Celebraron una cena

para hacer el compromiso,

entre Pedro y Magdalena,

en el momento preciso.

A la sazón prometidos

desde aquel preciso instante,

dió el regalo preferido.:

era un hermoso brillante.

Ella, devolvió el cumplido

regalándole un colgante

con el reloj consabido.

Enamorados perdidos,

Macarena y su Pedrito,

se fueron muy despacito,

al campo a dar un paseo.

De la mano caminaban,

por una angosta vereda

-- ¡Pedro! -dijo la núbil efeba-

¿Que será aquello que veo,

enfrente a tí, en lontananza,

en aquella alameda?

¡Lo negro bajo la panza

de aquel borrico tan feo!

¡Esa especie de badajo

que le cuelga por debajo!

¡Que lo mueve cual balanza

desde el suelo hasta su panza!?    

¡¡¡Santo Dios, que trayectoria!!!

¡¡¡Que bien trazado cuadrante!!!

¡¡¡Qué pluma tan elegante!!!

-- Veras, mi querida novia.

-- Lo veo, Pedro y no se que es.

-- Macarena, yo no creo

que no sepas conocer

el nombre de tal colgajo,

los burros suelen tener,

como todos los mortales,

unos atributos tales,

que son llamados carajos,

Aparatos genitales

que ostentosamente cuelgan,

tan hermosos y  enlutados,

que suelen ser nominados

con este nombre: La verga.

-- Pedro, yo no conocía

esa tal taxonomía.

-- Otros nombres se le dan

al miembro reproductor

según cual sea su nación

o el sitio por donde van.

-- ¡¡Ay, Señor, que feliz soy

con lo que aprendido hoy!!

¡¡No salgo de mi estupor!!

Esas megadimensiones

me sugieren una idea:

tener un consolador

de óptimas proporciones,

pues cualquiera que lo vea

tan negro, tan largo y duro

puede atreverse a pensar

que le saque de un apuro.

Y puesta ya a cavilar,

porqué no he de suponer:

-- Si el burro, siendo animal,

tiene ese aparato tal,

que tanto puede crecer,

tú, mi Pedrito amado,

que estudias para abogado

y tienes tanto saber,

¡¡como lo debes tener!!.

Imagino lo tendrás

mucho más desarrollado,

¡¡ no me puedo equivocar!!

Por simple regla de tres,

se puede determinar

el tamaño de tus partes,

que en función de tu saber,

debe ser descomunal

cual un moco de elefante.

¡¡cómo lo debes tener!!

-- Lamento decepcionarte.

Tengo que hacerte saber,

mi adorada Macarena,

tu concepto es delirante,

tu solución no es la buena;

te lo explicaré al instante:

-- Tu ya estabas predispuesta

a regla de tres directa

¡mas no es así, so perversa!,

la proporción es inversa.

Por tanto, en serio te digo

que cuando quieras saber

el tamaño de mis partes,

agravio comparativo

es lo que hay que hacer.

Debes saber de antemano

que nuestro genoma humano

tiene leyes inflexibles.

Y existe jurisprudencia

que de forma indiscutible

sancionan con contundencia

el tenor de esta sentencia,

de forma clara y tangible

 "Cuanta más ciencia acumulas

más delgado es el calibre,

y más pequeña  es la pirula

y más amplia su cultura".

 

Y el artículo siguiente

sanciona a “sensu contrario”

muy contundente y palmario:

 "El que la tenga tan gorda

que al abarcarla desborda,

al comprobar se deduce

que de cultura carece

y al legislador le induce,

a pensar que se parece,

mucho a la mente del  asno”

-- Esto, parece  un sarcasmo,

pero no temas, mi amor,

yo te juro, ¡¡vive Dios!!

que ya no seré abogado,

pues no vaya a suceder

que yo, de tanto saber,

me pueda quedar capado

-- ¿Pues sabes lo que te digo,

Pedrito de mis amores?

Que si me peleo contigo,

dicho con todo respeto,

me echaré un analfabeto.

Macarena contrariada

por las cortas dimensiones

de las partes ya citadas

de su culto prometido,

que ella hubiera preferido

de mayores proporciones,

lamentó que la cultura

de su apuesto pretendiente

suponga, precisamente,

que tenga esa miniatura.

Y se lo pensó muy bien

aquella dulce criatura

y le dijo adiós y amén.

Decidida Macarena,

púsole a la ‘i’, su punto.

tan modosita y tan buena

prefirió darle un disgusto

poniéndole en cuarentena

y en ese mismo momento

volvió su vista al jumento.

Viendo a Macarena, el burro,

elevando su cabeza,

lanzó un sonoro rebuzno;

con elegancia y presteza,

su belfo esbozó una risa

y enseñó su dentadura

a esta cándida criatura;

y con cadencia precisa,

medida y acompasada,

su verga alzó muy tensada

de la ordenada a la abscisa.

recorriendo aquel cuadrante,

en su zona negativa,

(El eje de coordenadas

se sitúa en los cojones. (0)

si al ver el burro, lo pones

de lado precisamente.,

y mirando hacia la izquierda,

menos equis es su abscisa

tangente con la barriga. (-x)

Y menos y, la ordenada (-y)

que aquí ha sido contemplada.

permíteme que lo diga.

De menos “-y” a menos “-x”,

Con trazo determinante,

de  cascos a la barriga.

Macarena vigilante

al solípedo miraba.

Con enérgica violencia,

al tiempo que rebuznaba,

el burro aquel le mostraba,

la cantidad de potencia

que su zipote albergaba.

Con tal fuerza y contundencia

el burro se flagelaba,

que a cada golpe que daba

con esa verga tan tensa,

Macarena se quedaba

boquiabierta y circunspecta,

con sus partes encharcadas,

y muy debil de defensas.

La pobre, se mareaba

de pensar qué pasaría

si, por azar, algún día

el burro la penetraba.

¡¡Santo Dios, qué lotería!!

Y de pensarlo, mascaba

cual burra posesa en celo;

extravió su mirada

cual borrego degollado,

cayole en su cara el pelo

en un gesto desmayado,

su corazón se agitó;

entre estertor y estertor,

eclánsica y epiléptica,

mandó a la mierda el pudor,

le echó al asunto valor,

y en una postura ecléctica,

en medio de aquel marasmo,

se le presentó un orgasmo.

¿Qué harías tu en su lugar

si lo sintieras llegar?

Macarena, ‘se corrió’

y con gran placer ‘se vino’

a la orilla del camino

por el que antes llegó.

Y luego, más sosegada,

lánguida ya su mirada,

calmado su corazón,

secas sus partes mojadas,

sacó fuerzas de flaqueza,

peinó el pelo en su cabeza,

dió un suspiro muy profundo

al tiempo que bostezó,

el burro correspondió

con conato de rebuzno,

cosa lógica y normal,

que el solípedo ungulado,

ese lascivo animal.

se hubiera debilitado

 y el rocín se resintiera

por mor de aquel sucedido,

del mucho gasto que hiciera.

Más el burro, complacido

ofreciósele encantado

para otra nueva sesión

¡¡¡Macarena, que pasión

en el burro has despertado!!!

--- Pues francamente os digo

que el burro me ha encantado,

que su amor me ha declarado

y yo le he correspondido.




El Juglar del Río Almanzora

Porto Magno in Mare Ibericus in festivitatis Santorum  Cayetano


 (Copatrono de Cantoria), Sixto II, papa

y Fausto Ob.   Annus Domini M M I I I.

Luna Creciente en ESCORPION

Sol en LEO

Del libro “VERSOS MARRANOS del JUGLAR”®







7.- DEL CORO AL CAÑO   (Versos Fesceninos)



 REMEDO A VENTURA DE LA VEGA


 Numquam naturam mos visceret (Ciceron)  Lo que antes fueron vicios, ahora son costumbres

 ...Y el verso se hizo carne y habitó entre nosotros (E. Urrea)

 "La mujer de culo en pompa
 dos agujeros presenta
 para que el zipote elija
 el que mejor le parezca".
 En ellos nadie se fija
 una vez metido en juerga,
 ni de sus güevos se cuelga
 candil, farol o carburo
 por lo que es lógico errar
 y cuando piensas follar,
 resulta que das por culo.
 El fragor de la "pelea"
 crea euforia y alegría,
 impiden el destino ver,
 pues si miras, se te sale,
 yerras tú la puntería,
 y la moza se cabrea
por lo que acabas de hacer,
 que ambos agujeros valen,
 que el objetivo es joder.
 Así que, sin disimulo,
 como no eres bisoño,
- mídete bien tu herramienta:
- si calzas poco, ve al culo,
- si calzas mucho, ve al coño,
- y si no los ves, los tientas.
 ¿Has medianas dimensiones?,
- ¡conserva el pito bien duro!,
 - ¡echa al asunto cojones!,
 - ¡agárrala por el moño!,
 - ¡alterna ambas estaciones!,
- del coño te vas al culo,
 - y del culo vete al coño.


  El Juglar del Río Almanzora


  Festividad de San Eugenio y San Alberto Magno,.
 Patrono universitario Annus Domini MCMXCVII






 8.- SI YO PUDIERA ELEGIRLO       

Lactantius maerent quae minus dolent (Tácito)

Los que se lamentan más, son los que menos sufren




Si yo pudiese elegirlo,

multiorgásmico en la vida

me hubiera gustado serlo

para poder disfruterlo

contigo, hermosa Gracila.  

Refiriéndose a este caso

dijo Quevedo una vez

al inquirir su frecuencia,

que seis son dos veces trez

tomándolo con paciencia.

Mas como soy un flojeras

me cuesta llegar al doz,

-os lo digo sin sonrojo-

que yo tengo el muelle flojo

porque eyaculo precoz.

Ya encontré la solución,

ya se acabaron los llantos,

una técnica divina

que ambos cuerpos los combina

haciendo el sesenta y tantos.

Para consolar mis penas

tengo lengua viperina

-cualidad que me consagra-

que es muy cara la ‘Viagra'

y más la ‘Postaglandina'.

Pero soy  afortunado

porque dos grandes doctores,

--Diego Sánchez y Marín—

esos dos buenos señores,

me está regalando ‘Uprima'

con lo que puedo  cumplir

sin esfuerzo ni sudores

con Graciela, la vecina,

y otras tropecientas mil



El Juglar del Rio Almanzora

                 En la Festividad de Sta. Luisa de Mocilac y Sta. Matrona, v  S. Raimundo Abad, S. Probo  Obispo y  S Cesar martir   Porto Magno in Mare Nostrum, Annus Domini M M I I.-  Luna Nueva en ACUARIO



                                                                       VERSOS MARRANOS DEL JUGLAR







10.- Como un montón de besos.



Se llamaba, ¡que más da!.... La mujer de la sonrisa de piedra. Fue en el café  del bar "nunca olvidar".

Y sin más, detrás de aquella barra, mi corazón sin equipaje se prepara para emigrar.

Tantas las ideas y un solo destino, y el humo de tabaco como niebla densa destruye el camino, y me guío con mi brújula, mi corazón...

Y como cuando el mar azota las rocas sin restricción, encontré tu dulce melancolía, que no te hacia mas triste sino mas yo. Donde empieza el amor, pidiendo un bourbon con agua, con una de hielo. Y mi vida se centra en liquido anestesiante, cada sorbo mas tú, pero menos yo..

Luego todo se basara en  sueños, y me iré hacia la estación donde no existe revisor, y las vías hace tiempo que están muertas, lamentando una noche mas, el no haberme atrevido a confesar, y juntando este papel, junto a las demás cartas que te escribí, y que nunca me atreveré a mandarte, se  me acaba el amor, quedándose en un montón de besos, que nunca recibirás.

Sergio

28 Diciembre 2002 ©









11.- La Caleta


de RICARDO ARRATIA




El corcho rebotó en le techo, en una explosión de espuma. La observé tras los ventanales; parecía divisar el mar y su estruendo, la vi dibujarse con un vestido de gasa, un vestido agitado por una pequeña brisa nocturna; en un instante recordé la llegada a la Caleta, la sentí apoyada en mi hombro; el calor de su rostro traspasaba mi ropa, mientras yo observaba cómo el mar me saludó a través de los árboles. El bus nos dejó a unos 500 metros de la playa. ¿Cuántas veces me había recibido la Caleta de igual forma? ¿Cuántas veces observé esas casas que me parecían maquetas desvencijadas amarradas a  los cerros? ¿Cuántas veces, una iglesia pequeña y hermosa, me hizo la venia de bienvenida, cómo diciéndome: 'No puedes dejarme, esta es tu magia'?.

  Cuándo salí al balcón, la encontré ensimismada y el mar me impactó con su sonido profundo. Miré al cielo y cirrus de nubes algodonadas, eran pintadas en diferentes matices por la argentada luna. El mar es el espejo del universo y en el se bañaba la luna entre una resaca sempiterna.  Sentí el calor de su cuerpo al enlazarla en un abrazo particularmente dulce y cariñoso. Ella tembló cuando sintió mi cuerpo detrás, mis manos acariciaban su vientre, sobre el vestido y sentí sus glúteos endurecidos en mi sexo abultado y anhelante. Besé su cuello, y le recité a sus oídos un te amo verdadero y cariñoso. '¡Qué hermosa está la noche, amor', me dijo en un  suspiro trémulo. Guardamos silencio, dejamos que la conversación de ese abrazo maravilloso, nos transportase a innumerables sensaciones y deseos, dejamos que nuestros cuerpos se reconocieran a través de nuestras ropas, que nuestros suspiros se enamoraran en la ternura de ese nocturnal de mar y gaviotas dormidas.  A través de los cristales del Roty Shop, vimos algunos anacrónicos hipíes mostrando artesanía. Los botes de la Caleta, descansaban en bostezo de redes húmedas. Algunos pescadores pululaban en la arena, en cotilleos de una pesca abundante, mientras observé sus ojos; eran grandes, oscuros y dulces, tenía una mirada cautivadora y mágica. Terminé de llenar con Fanta su copa de cerveza, mientras la mesera traía unas empanadas de camarones. Observé como sus ojos se encendían ante la delicia del queso derretido en su boca, del placer de comer esos camarones junto al queso y sus labios húmedos me parecieron excitantes y ofrecidos. Sentí un secreto deseo, el deseo de tener su lengua saboreando en mi boca, cerré mis ojos por un instante...  Un estruendo de oleaje apuró nuestros deseos.

Mis manos se deslizaron bajo el vestido; por primera vez sentí la suavidad de sus piernas, una poesía táctil me embargó. La noche se llevó un secreto quejido de sus hermosos labios. Se dio vuelta y sus ojos nocturnos e iluminados me observaron. Mis dedos se enredaron en sus cabellos y la besé suave y dulce, con pequeños  mordiscos, acariciando sus encías con mi lengua, besando su labio inferior cómo el superior; dándole a beber de mi lengua o succionando la suya. Mis manos palparon sus senos y sentí la dureza de sus pezones, estaban deliciosamente erectos, en actitud de entrega, como si estuviesen ofrecidos para beber la leche de su esencia perpetua. Volví a deslizar mis manos bajo el vestido suave de gasa y mis manos se deslizaron por sus piernas hasta su  pantaleta interior, se la bajé un poco para palpar sus glúteos duros y suaves. El murmullo de su respiración se entrecortó en mis oídos mientras sus labios besaban los lóbulos de mis orejas, me estremecí al sentir sus caderas ígneas y mi mano recorrió su pubis, entre los bellos pubianos sentí su hendidura húmeda y mi dedo anular se introdujo en su vagina y mientras la besaba con pasión y fuerza mi dedo empezó a jugar con su punto G. La sentí  como una carnosidad de nervios y el oleaje de su deseo creció en intensidad.  Sentí una delicada mano en mi enorme pene, primero por sobre mi short, para luego sentir como el botón se liberaba y su mano lo tomaba caliente y grueso.  Un sendero agreste nos llevó a la playa secreta. 'Es hermosa', me dijo con sus ojos extasiados y comenzamos a descender por unos escalones desvencijados, socavados al cerro. Entre la vegetación aparecía una arena blanca y hermosa. Era la playa de mis sueños, era la playa de la magia y el amor, era la playa que un día tuvo Federico Clode, un magnate millonario y  bohemio, que junto a sus criados negros y bien formados hizo numerosas orgías y libaciones. La playa de los artistas y de los invertidos. Antes, ella había observado la casa del hippy Peters, un belga que se vino a vivir a la Caleta de los ensueños. La Caleta del mago y de la iglesia de los milagros, en donde la Virgen lloró en su estatua lágrimas de sangre. 
Entramos a la habitación en un baile de amor y deseo. Ante mi camisa abierta, mi pecho velludo y tostado era azotado por la resaca de sus besos. No supe como su vestido de deshojó y cayó sobre la alfombra, junto a su brazier. Sus pechos estaban erguidos y sus pezones se ofrecían como dos higos maduros. Su desnudez se me hizo hermosa y candente. Con sus piernas desnudas, ella acariciaba mi sexo; ella trataba de introducir en su sexo mi  pene con el anhelo de una diosa; tomé la champaña y rodamos por la alfombra peluda y fina. Comenzó el ritual, un ritual mágico de champaña y lamidos, en cada seno cayó una gota y con mi lengua recogía su contenido en sus pezones, en el nacimiento de sus senos, en su estómago, en u vientre; luego en sus muslos, la champaña corría y yo apuraba con mi lengua el no desperdicio. Los lamí con dulzura, su rodilla o detrás de ellas, fui dibujando sus  pantorrillas, besé el talón de cada pie, sus dedos, los puse en mis labios, los chupé, lamí la juntura de sus dedos, uno por uno; los introducía en mi boca o los dibujaba con mi lengua, cada poro fue acariciado, cada oleje de ternura concluía con una caricia de mis labios, hasta volver a su sexo, hasta beber champaña en sus labios vaginales, hasta reconocer cada pliegue  de su íntima esencia; mi lengua se introducía en su interior o palpaba su clítorix, erecto como un pequeño pene que se arrastraba en mis papilas gustativas. 
La arena era suave y diferente a la que había en la Caleta, era una playa privada y hermosa, nos bañamos en el mar con ropa como unos locos quinceañeros, en cada momento veíamos nuestros cuerpos dibujarse a través de la ropa mojada. Las gaviotas entonaron diferentes cantos, diferentes melodías de noches y sueños pasados, por un instante creí reconocer que la había tenido siempre, en muchas vidas, en muchos sucesos impredecibles, que en noches eternas había agonizado en sus brazos o en amaneceres, juntos habíamos destruido cada óbice, cada estigma que nos pudiera separar o desunir. Fue la rememoración de cada suceso ancestral, un vagar por siglos y espacios distintos... 
Sentí la dulzura de su espalda y con besos lengua y mordisco recorrí su espina dorsal, mientras mi pene se retorcía en sus nalgas hermosas. Ella ahora lo buscaba, lo tomaba entre sus manos, sentía sus venas, su textura delicada y suprema y comenzó a lamerlo, a enredar su lengua en el prepucio, comenzó a sentir la suavidad del glande en sus labios, a besarlo y darle pequeños mordiscos de placer, a tratar de introducirlo hasta su garganta como esperando mi leche vital. En instantes lo rodeaba y lo lamía como a un tallo de carne y deseo y bajó con sus besos hasta la raíz y sintió los testículos en su boca, los lamió, los besó, palpó con su lengua la textura, el nacimiento del pene, el surco perianal, entre el pene y el ano; el deseo creció sempiterno e ígneo, como un surtidor de anhelos reprimidos e inconclusos, como si el éxtasis fuese la consumación y la espera del alma; comencé a besarla mientras nuestros cuerpos se juntaron, se amoldaron y mi pene rozó sus labios vaginales y sintió la humedad tibia y ofrecida; la penetración fue suave y lenta, como si mi pene supiera besar y lamer; con mis manos tomé sus glúteos y mi dedo penetró en su ano, mientras la cadencia de cada movimiento hacía surgir nuevas sensaciones y deseos, vi su rostro encendido, vi sus ojos cerrar y abrir a cada deseo, vi su lengua lamer sus labios, escuché cada quejido como una música venida desde el universo.

Ella estaba en su cuarto, las perfumadas sábanas cubrían su cuerpo desnudo; no sabía cuando había despertado el deseo por primera vez, pero nunca había estado con un hombre, y ahora deseaba su príncipe azul; sus senos se habían  desarrollado, la infancia quedaba atrás y esa noche de primavera, acostada en su desnudez, anheló aquel que la hiciese mujer; se sentía atractiva y una mano recorrió sus senos, por vez primera sintió sus pezones erectos. Los acarició y sintió surgir un secreto placer, recorrió su cuerpo, sintió los bellos pubianos en sus manos, la hendidura casta, virgen y de esa hendidura  nacía un efluvio de humedad; comenzó a acariciarse lentamente al canto de cada sensación nueva. Hundió su dedo en su vagina casta y esta reaccionó apretándolo en pausadas contracciones; podía sentir su respiración entrecortada, podía sentir la erección de su clítoris, mientras su cuerpo se retorcía en deseos no satisfechos, en deseos inexplorados. Una mano jugaba con sus senos la otra con su clítoris, para luego chupar sus jugos íntimos y  con saliva continuar el ritual de la primera vez...  Tomé mi pene con mis manos y comencé a girarlo en su interior, comencé a hacer sentir su intimidad en todos los sitios internos. Puse sus piernas en mis hombros y mi pene llegó hasta tocar su útero, toda su vagina era estrecha no pudo más, gritaba de placer y deseo, el orgasmo le vino violento y en espasmos y mientras continuaba con mis movimientos ella se retorcía, su vagina se contraía en espasmos.

Todo continuó, la subí arriba mío, en una  cabalgata increíble, mi glande golpeaba su punto G y le sobrevino un segundo espasmo, una cresta de orgasmos inacabables, por sus mejillas corrían lágrimas de deseo y placer. Fue entonces cuando me pidió besarlo, me pidió besar mi pene, se desmontó y lo tomó entre sus manos y comenzó a besarlo, a introducirlo y sacarlo de su boca, de lamerlo mientras mis deseos aumentaban con locura, continuó desesperada en su ritual de deseo y pene en su boca, un espasmo que me nació desde el cóccix, me recorrió entero y la leche se derramó en su boca, en su lengua, en la comisura de sus labios; bajó por su garganta, por su interior y llegó hasta su vientre, hasta las entrañas de su niñez, hasta el recuerdo espasmoso de su primera masturbación, hasta las entrañas de su primer orgasmo. 






12.- DESPUÉS DE UN PLACENTERO BAÑO


 

  • Estaba tranquilamente tumbada en el sofá, después de mi ritual del baño. Lo preparo con mucho cuidado ; el agua debe estar a 38º le hecho sales de lavanda para relajarme. Me sentía bien ; limpia, olorosa, el estado perfecto para una buena sesión de sexo oral. Cosa que mi chico hizo sin pedir permiso, simplemente se deslizo hacia mi y  mirándole puso mis sentidos en ebullición.

Sus labios, su lengua, sus dientes .... toda su boca es un instrumento de placer !

Su lengua juguetona roza mi piel y sube por mis muslos, debajo de mi camisón negro de encaje. Siempre descubre zonas nuevas, rincones de mi cuerpo que no sabia que podían transmitir tanto placer. Su lengua se acerca picara y insolente hacia mi clítoris. Una sensación placentera invade mi cuerpo y mis sentidos se ponen en alerta; no quiero que pare!

Me abre las piernas, se coloca entre mis muslos y con sus dedos abre los labios y deja al descubierto mi clítoris; se acerca y empieza a sacar y a meter su lengua en su boca eso produce la sensación de un aleteo de mariposa en mi coño; después hace unos movimientos de lengua. Ligeros con pequeños golpecitos, todo hecho con suavidad con dulzura .... al mismo tiempo cambia el sentido por otros de lado a lado. Seguidamente desliza su lengua hacia el perineo, el placer es mas grande y no par de gemir y implorar que me penetre, pero el se niega todavía hay más ....

me abre todavía mas la piernas, pone un cojín debajo de mis riñones para tener mas fácil el acceso y para contemplarlo mejor. Se acerca y se pone a succionar ligeramente la vulva, mordisquea con suavidad y juega con esta zona que esta mas que lubricada, esta chorreando ... Me besa el interior de los labios y introduce su lengua ligeramente en mi vagina.

Sus manos se apoderan de mis pechos, acariciando los pezones duros . Pero enseguida sus manos se apoderan de mi culo para levantarme hacia el mi sexo mojado.

Exhausta, con el corazón a 100  me retiro de su boca y le pongo en mi lugar ...

Su miembro duro había aumentado de tamaño, un tamaño generoso y bello ; como podría metérmelo entero en la boca?.  Eso era interesante y lo descubriría pronto ...

Empiezo a chuparlo suavemente como si fuera un helado de arriba a abajo, pasando la lengua por el frenillo. La meto en la boca y la muevo como un caramelo, la mordisqueo con ternura los laterales de su polla perfecta. Mientras le estoy lamiendo el capullo le acaricio los testículos, saboreo su excitación, le siento a punto de estallar. Me aparto un segundo pero, el me coge la cabeza y me la vuelvo a meter en la boca para chupar con vigor, con movimientos rápidos, y cada vez la introduzco mas profundamente en mi boca. Cabe entera, y entera la hago mía hasta hacerle llorar, implorar que pare.

Siento que se va a correr y es cuando la saco de mi boca para meterla en mi coño mojado y deseoso de su polla. No necesitamos muchos movimientos, enseguida nos corrimos juntos.

Fue maravilloso, perfecto. Me levante y fui a bañarme de nuevo ... desde el espejo vi a mi chico seguirme para según el frotarme la espalda ...



TESSA ES TU VOZ. RELATOS ERÓTICOS QUE TE HABLAN




Cada cierto tiempo, nuestra amiga TESSA, nos enviará sus sueños, fantasías, aventuras... para hacerte pasar un rato agradable durante su lectura.

 


 






13.- EL VIAJE

 





Eran las doce y volvía del trabajo, hacia calor y todavía me quedaban 30 minutos de viaje en metro; para colmo se me rompe un tacón y el aire del vagón esta estropeado. Siento las gotas de sudor caer por mi espalda. No me puse sujetador y se empezaba a notar los pezones a través de la camisa de seda gris. Seguía haciendo mas y mas calor y yo estaba empapándome, la blusa desaparecía por momentos parecía que estaba desnuda en medio de la gente. Los hombres me miraban sentía sus ojos sobre mi   y eso me estaba poniendo cachonda, no lo podía remediar.

Entonces apareció el, se vino hacia mi y me cogió por la cintura me metió la lengua caliente y me busco y busco hasta encontrar respuesta. Esto pareció animar a los demás y otro que estaba a mi lado me acaricio las piernas apartándolas suavemente.

Con dulzura me tumbaron en el suelo del vagón y me quitaron la falda. Subió sus manos hasta apoderarse de mis braguitas de seda y las arranco de golpe eso produjo en mi una sensación de sumisión de placer extremo. Mientras el primero me hizo bajar la cara hasta su miembro, duro perfecto y lo hice mío con la boca. Sentía ese falo duro y dulzón en la boca.

El otro se dedicaba a comerse mi sexo mojado con lujuria y pasión sentía como mordía mi clítoris, como pellizcaba los labios,

todo era perfecto. Por fin llego mi parada y con todo el dolor de mi cuerpo tuve que dejarlos solos pero tranquila pues los dos se acercaron  y terminaron lo que yo empecé










14.- LA SILLA





 

Esperaba en casa, era su cumpleaños y quería prepararle una sorpresa.

Puse velas e incienso de opium, estaba en la penumbra cuando sentí las llaves en la puerta. No esperé, le cogí y le puse una venda en los ojos, con cuidado le senté en una silla con otro pañuelo le até las manos vueltas hacia arriba en los brazos de la silla. La música era suave, suave como mi piel, me desnudé, cogí un cubito de hielo lo lamí y se lo acerqué, sentía su corazón latir, no sabía lo que iba a hacer, no veía nada.

Le excitaba el misterio, le vi duro, rosa, pidiendo que lo comiera, que lo lamiera, me arrodillé, le pasé el cubito por el capullo y al mismo tiempo mi boca se apoderaba de sus testículos jugaba con ellos.

El sentía el frío y el calor y sus gemidos se hacían cada vez mas intensos.

- Por favor desátame !

- Todavía no...........

Puse mi clítoris en su mano para que tocara solo un instante, para que sintiera lo caliente y mojada que estaba.

Le bese, y él en su desesperación atrapó mi lengua y hurgó, quería con locura que le soltara.

Le vi sudar, le vi gozar.

Me acerqué a su miembro y lo puse entre mis tetas y empecé a hacer movimientos de arriba a abajo.

Al principio despacio después fui acelerando más y más. Cuando quise me senté encima de él y lo introduje muy dentro... me besaba la espalda mientras yo sentía su falo duro moverse a mi ritmo, a mi deseo, a mis necesidades.

Gritó, le costaba respirar, se corrió de golpe con fuerza, con pasión...........

Le desaté ; y me cogió por detrás con gesto brutal de posesión ahora mandaba él y me penetró por el culo, sentí una fuerza grande y bella, fue fantástica..............

Esa silla sigue en casa, es sagrada, nunca se tira y ya hemos hecho muchos cambios pero ella sigue conmigo.................







15.- BUENAS NOCHES MARÍA





 

Eran las doce, no podía dormir me sentía inquieta, nerviosa, algo raro pasaba en mi. Sentía un cosquilleo entre las piernas una excitación extraña y turbadora, de pronto la puerta se abrió y vi su cuerpo en la oscuridad.

Bello, joven, sensual, con gesto de felino se acerco hasta mi cama, sentía su respiración, su olor, su sudor. Todo su cuerpo latía

deseoso de sexo, de pasión. Puso su mano en mi pierna y subió, lentamente lamía mi piel hasta la rodilla hay se paro, cosa que me asusto pues pensé que se acababa, pero no solo empezaba............

Subió por el muslo una lengua caliente y húmeda llego a la ingle y en un suspiro, esperando que se quedara en mi sexo, pero no, jugaba con mis sentidos, me volvía loca, pero porque?

Fue hacia uno de mis senos y se entrego con mi pezón duro como la boquilla de un cigarrillo. lamió, mordisqueó, beso, con las manos me tocaba el otro pecho, las sensaciones venían tan bruscamente que no podía pensar solo disfrutar de sus caricias.

Cuando por fin decidió bajar hasta mi sexo ; bueno el suyo porque toda yo era suyo, era pura dinamita estaba mojado, latía. ardía, necesitaba su boca su saliva me alivio pero cuando metió su cara y me penetro con su lengua, mordiendo mi clítoris solo pude soltar un gemido largo, hum......................Una sacudida violenta me hizo volver a la realidad había tenido el orgasmo mas fuerte de toda mi vida. Me beso y su beso era entre agrio y dulzón. Quería mas y mas pero me miro, me abrazo:

-buenas noches Tessa mi amor

-buenas noches Maria.







16.-CALLADO Y DESNUDO




 

Me gusta mirarle, es algo maravilloso el cuerpo de un hombre, tiene un montón de sitios donde poder disfrutar.

Lo que mas me gusta es su pene ; lo miro, arriba, abajo.........

Sabe que le estoy observando pues se pone duro, provocando.

Dulcemente le paso la lengua por el frenillo y bajo hasta los testículos, los mordisqueo, los beso y vuelvo a subir despacio con placer, se me hace la boca agua y eso provoca mas placer en el.

Le paso los dientes por el capullo haciendo como si le estuviera mordiendo, pequeños bocaditos que le hacen cosquillas.

Luego me apodero de todo su miembro en la boca y haciendo movimientos de arriba-abajo consigo que se ponga mas dura, pero cuidado que empieza a chispear y todavía es pronto.............

Me retiro, le hago esperar, desear, gritar de pasión ; quiere que se la coma de nuevo y yo que soy muy obediente sigo con mi juego....... vuelvo a metérmela en la boca y a pasarle la lengua por el capullo una y otra vez.........

Me paro en el pliegue del capullo y empiezo a succionar, los ruiditos que salen de mi boca le hacen reír.

Con una mirada picarona le pido que se aguante un poquito mas.

Después de un buen rato en mi boca siento su sabor, esta a punto un poco mas de movimiento y zas!!!!!!!!!!

Toda una lluvia de leche cae sobre mi pecho, siento calor en las tetas. olor a hombre, sabor a gloria.

Si, decididamente me gustan los hombres desnudos y callados....................






17.-EL JUGUETE 




Tengo un juguete que utilizo cuando quiero estar a solas conmigo, me da placer. Es un dedo vibrador, me lo pongo en el dedo y me lo paso por el cuerpo despacio al principio .  Sus vibraciones son delicadas y maravillosas cuando lo paso por la entrepierna hasta llegar al clítoris húmedo y palpitante. Hago que me penetre, que me haga suya y mezclo sus ruidos con mis gemidos y sus vibraciones con mis movimientos, hasta llegar al éxtasis...........

Pero lo mejor es cuando mi chico y yo jugamos con el . Le encanta  verme como lo utilizo

Después de tenerlo yo , se lo paso por sus testículos , esta mojado y caliente y mi chico lo nota, le gusta..........

Me bajo hasta su pene y lo meto en mi boca mientras le paso el dedo por el culo, y cuando él me lo pide ; que es enseguida le penetro con el dedo mientras mi boca le chupa y chupa el capullo , sigo con mi dedo dentro ; le estoy haciendo yo el amor.

Le estoy penetrando por detrás y mi boca le esta dando mucho placer en su polla rosa y jugosa.

Cuando siento que se va a correr me pongo encima de el, le dejo que me la meta hasta dentro y los dos nos corremos de golpe.

Es algo maravilloso, grande.................

A mi chico le gusta mi dedo-vibrador, y a quien no ! verdad ?






18.-MI DESCONOCIDO




Desde que publico mis fantasías he conocido a un señor, alguien a quien le gusta mis historias. Estamos en contacto, charlamos ,no nos conocemos y eso hace la cosa mas misteriosa, mas excitante. Me imagino cosas, como le reclino sobre el borde de la cama. le quito los pantalones después los calzoncillos, me pongo frente a él y bebo un sorbito de agua caliente, chupo mis labios para calentarlos y los pongo en la parte interna de sus muslos, llego a sus huevos, le cubro de pequeños besos todo su miembro duro y erecto.

Después le toca al agua fría, helada, con mi lengua recorro todo su miembro desde el capullo hasta los huevos. El desconocido se desespera, no aguanta tanta tensión. Vuelvo a tomar agua calienta y deslizo su miembro dentro de mi boca dándole lametones, bocaditos hasta hacerle llegar al clímax. A continuación mojo mi dedo índice en licor dulce y le abro la boca para que lo chupé. Hecho licor en mis pezones ; se los acerco a su boca y hago que me los chupe. Se esta muriendo de deseo mientras acaricio su pene de arriba a abajo.

Presiono con mis glúteos su zona mas sensible: su polla y la meto dentro de mi, que me penetre una y otra vez . Esta noche es especial es una fantasía con mi desconocido. hay velas alrededor de la cama, incienso, luz suave, los dos desnudos cansados por este primer asalto.

Deslizo mi mano desde su pecho hacia su pene, empiezo a acariciarle de nuevo los huevos. el pene, el capullo, no dejo ni un centímetro sin recorrer. Me bajo lentamente hacia su polla y la tomo en le boca, succionando con suavidad, hasta conseguir que este totalmente duro. Entonces le pido que se siente y me pongo frente a él pero de espaldas, me introduzco su polla dentro, despacio; ahora enrollo sus testículos con una cinta de seda, así siente la caricia de la tela y al mismo tiempo recibe pequeñas descargas eléctricas al mover la cinta de arriba abajo. Me muevo  y tiro suavemente de los extremos del lazo. Me giro, le beso, un beso largo y profundo. Le tumbo en la cama lo siguiente que hago es montarle pero antes rodeo mi culo con un cinturón dándole a él los dos extremos para que imponga el ritmo mientras me muevo. Estamos a punto, él me acerca mas y mas..............

Cada embestida es mas fuerte. es mayor y por fin el orgasmo en el ultimo tirón.








19-EL DISCRETO ENCANTO DE LA LLUVIA TORRENCIAL

autor: Joseph Einbund



Yo aguardaba al bus que me llevara a mi trabajo a la zona de carga y descarga donde debía poner a prueba cada día mi musculatura transportando heladeras pianos y otras chucherias cuando vi que se abría la puerta trasera de un bus que no me servía y salía despedido igual que una basura el cuerpo medio desnudo de una mujer como si eso fuera nada más que una rutina aprecié rápidamente la calidad del artículo y las condiciones en que se hallaba la puerta se volvió a cerrar y el bus continuó su furioso camino seguro que a cumplir su servicio de descargar gente con aún mayor celeridad y eficiencia si cabía no había más nadie a la vista así que corrí a prestarle mi ayuda lo primero que pude apreciar fue su culo y segundo que ese culo o estaba pidiendo guerra o si no me equivocaba había acabado de ganar una batalla ya que estaba todo humedecido por una sustancia que yo conocía muy bien pero que no era la mía tomando en cuenta previamente todas esas consideraciones comprendí que la calle era un lugar peligroso para andar inspeccionando artefactos culinarios por mas útiles que sean así que la ayudé a levantarse y pude apreciar inspeccionando con el tacto cosas que me llamaron poderosamente la atención que si bien se había escrachado el trasero por supuesto que yo tengo mis preferencias todavía estaba en buenas condiciones de uso y debió agarrarse como pudo de mis bolas debido a que sus piernas aun estaban flojas mientras yo la arrastraba como podía por el sobaco y las tremendas tetas hasta el banco era deplorable el estado en que había quedado la cremallera reventada y el culo también con la caída como dije no había mas nadie así que únicamente yo pude apreciar ese tremendo culo refrescándose como yegua que levanta la cola por supuesto para ayudarla debía alzarla por el sobaco pero debido a su precario desorden de vestimenta desplazada por la caída estaba medio desnuda así que al incierto equilibrio de su andar se unió ese golpe que me impedía agarrarla por el sobaco y lo único que encontré fue su teta como ubre de vaca que encontré suficientemente firme y que podía servir al caso en vez de quejarse me lo agradeció y entonces se puso a llover torrencialmente no era aquí pues momento para no compartir y al verla temblando comprendí que había llegado la hora con tan mala suerte que me sentí en la obligación de cubrirle el trasero subiéndole la cremallera, pero ella se había roto(la cremallera) y su culo debió continuar en flor observando la lluvia caer a todo esto ya mi polla había cruzado los cuarenta y cinco grados longitud sur o las nueve y cuarenta y cinco del meridiano de Greenwich con lo que únicamente buscaba hacerse útil reclamando una acción inmediata que le permitiera cumplir con su deber la lluvia arreciaba cada vez más y yo también con lo que considerando la idea la hora el día y la oportunidad dado el caso de la escasa visibilidad el escaso transito y la improbabilidad de que la lluvia cesara con lo cual la mujer de este relato estaba mojándose inútilmente su ropa y su trasero era una picardía que no se la levantara lo suficiente como para que mi cada vez mas quejosa polla no tuviera mas libertad de acción y así mientras yo me preocupaba de su falda ella lo hacía de mi pantalón por el motivo de que esta era la peor hora para preocuparse de perder el autobús de las cuatro ya que difícilmente vendría ante este difícil dilema las cosas se resolvieron satisfactoriamente sin embargo ya que al liberarse mi polla de su encierro causo una profunda y apreciativa admiración con lo cual se dió orden inmediata de despejar la zona aledaña que pudiera perturbar el paso de la polla en el cumplimiento de su misión y así la polla y el coño bendito terminaron de lo mas amigos y los dueños de ellas las besaron y babosearon abundantemente ante la felicidad del publico que se congrego para ver el espectáculo pues la lluvia había cesado hace rato y cuando el bus se detuvo agarre mis pantalones corrí con el mar de gente y tuve suerte de entrar en cambio la mujer del culo se cruzó con la puerta cerrada en el momento oportuno con lo que se comprobó que no había leído su horóscopo de hoy no debía intentar de subir a un bus así que se descalabro repetitivamente hasta que pude comprobar apenas desde mi esforzada curiosidad que había derribado a un par de piernas fornidas de un alma caritativa que seguramente conocía este relato y le tocaba continuarlo..








20.-Mi jefe no paraba de incitarme 

autor: Nicolás Ximénez



Ahora que tengo el título, supongo que no me libra nadie de seguir con un argumento medianamente perfecto. Lo difícil será contar la historia para que parezca creíble. ¡Creíble!. La última semana no han dejado de pasarme cosas "sobrenaturales", por aquello de estar más cercanas a la irrealidad que a lo real.

Todo comenzó el día que empecé a trabajar en Correos. Como lo oyes, carrito amarillo de ruedas negras, hasta los topes de cartas, revistas, cajitas, y todo aquello que no pese más de 500 gramos ni sea urgente, que para ese menester está mi compañero Ariel, con su vespa, también amarilla, cargando a una velocidad nada permitida en una ciudad como ésta. 

El segundo día, mi compañero Ariel, ¿te dije ya que se llamaba así?. Y eso que es de Pechina, imagínate si llega a nacer en Nueva York; su madre, que al parecer es muy moderna e internacional, estuvo enamorada antes de casarse, a todo prisa, con el padre de Ariel, y en recuerdo de su enamoramiento lo llamó así de por vida. A veces las madres y los padres tenían que pensar lo que hacen con los nombres porque a su hijo le han venido gastando toda sarta de bromas pesadas, marcándole totalmente una infancia difícil de niño bastante consentido.

Como no deseaba destacar entre las demás chicas, por algo odiaba las discusiones, y menos cuando hay muchas mujeres de por medio.. dicen que somos muy envidiosas entre nosotras, no se si hay mucho rigor científico en esto, pero, como no quería entrar en discusiones nada más empezar con mi nuevo trabajo, cuando me llamó por el interfono interior mi jefe de sección, para que bajara al sótano, discutí lo suficiente, pero no insistí en el tema. Bajé sin más a ver qué quería.

Al llegar me dijo, señalando toda una montaña de cartas que llegaban al techo: "clasifícalas por localidades, luego por zonas y más tarde por códigos postales". Observé atónita la pila, lo miré a él después y comenté, tímidamente, que para ese menester estaban los clasificadores de reparto; mi función era la de repartidora por la ciudad. Además, insistí, soy alérgica al polvo (alargué las letras para que se diera por enterado de mi problema de salud, no deseaba darme de baja, ya saben, el trabajo, las obligaciones... ); estos sobres tienen cantidad de él encima. Mire, le señalé el primero que apareció de cualquier modo y pisoteado. 

Se acercó a mí, demasiado, mirándome a los ojos me dijo que o hacía lo que me había encomendado o hablaría con el jefe de personal y me pondrían de patitas en la calle esa misma mañana. No se porqué pero no tenía ganas de discutir y allí estaba yo, agachándome para ir haciendo grupos para agilizar el trabajo. Cada vez que me agachaba se me veían hasta las bragas. Para colmo ese día me había dado por presumir de medias con pececitos de colores que se dirigían al mar, que en este caso era mi culo. ¿No te vas?. Pregunté. 

- Me quedo a ver el espectáculo, un poco más, sino te importa. 

- Pues me importa, protesté yo.

- Vamos, no te hagas la remilgos ahora y sigue trabajando, sentenció.

A mala uva, para provocarle y ya que no se iba, me agachaba con más saña, enseñando ese comienzo que lleva a la cima de mi trasero. Si se ponía nervioso era su problema. Yo a lo mío.

De tanto agacharme y levantarme me estaba entrando un calor sofocante. Además, allí la ventilación era bastante cutre porque partía de un aspa que colgaba del techo y la humedad propia de los sótanos del edificio, sin más ventilación que la puerta de acceso de los carros por el montacargas, que ahora, al no haber ninguno, se encontraban cerrados.

Desabroché mi camisa con parsimonia y la coloqué encima de un taquillón. Debajo llevaba una camiseta color ocre, a modo de top, pequeñísima, apenas me tapaba el sujetador dejando al aire todo mi ombligo. Seguí con mi tarea, no sin antes comprobar que su respiración había aumentado de volumen y no paraba de fumar un cigarrillo tras otro.

Estaba de cuclillas agachada, cuando se me acercó con la excusa de darme unas cuantas esparramadas por los lados, condescendiente, como si quisiera ayudar, cuando me estaba dando cuenta de cómo miraba desde arriba mi escote, mis pechos, con tanto deseo provocador e insinuante que me ponía a mil... a pesar de sentir mi cuerpo cansado de tanto trajín.

Mi piel, de tanto ir de calle en calle, tirando del carro de correos, está muy morena, apenas se me distingue el blanco de los ojos, dicen mis amigos más íntimos, los que quieren bien. A la playa me gustaba ir a bañarme y nadar hasta quedar agotada y poco más.

Endurecer los músculos, disciplina, disciplina, decía mi profesor mientras me sujetaba de la cintura enseñándome a dar los primeros pasos en este mundo de la natación, aunque ahora que recuerdo, sus manos estaban más sobre mi culo respingón y su aliento sobre mi espalda mientras decía: ¡Así!. ¡Así!. ¡Sigue así, que vas muy bien!. Menudo elemento este profesor. Jajaja. 

El caso es, como te decía, que estaba morena por todo el cuerpo y para compensar el moreno albañil de la calle, cuando iba a la piscina o la playa, me quedaba totalmente desnuda, así que tenía un moreno parejo, elegante, color miel de mil flores (porque es más oscura). Tengo que reconocer la belleza cuando la veo y yo estaba guapa.ufff. ¡Qué calor¡. Comenté. ¿No podían invertir en aire acondicionado?. Vamos, es una sugerencia. Me miró de arriba abajo. Sentí su mirada profunda. Me estaba desnudando sin más. Seguro que veía hasta mis huesos.. Vaya como me miraba. 
Me tomó de la cintura apretándome con fuerza hacia su pecho y comentó.. "Yo te voy a dar a tí calor.. mucho calor.. vas a ver". Tenía razón. La temperatura de la habitación subió a mil grados, o eso me pareció porque lo que siguió después fue abrasador. 

Mi jefe tenía una figura obesa, pesada, apenas podía conmigo, sin retumbar sus gemidos de placer por toda la habitación, pero qué duda cabe que sabía dónde había que tocar, cómo moverse, besarme toda, llevar sus manos donde más falta hacía para lograr el placer que no sólo quería para él. Sino que, como me comentaría después, necesitaba que yo participara activamente. Era muy inseguro y sabía que podía poseerme, destrozarme, pero interiormente necesitaba que yo chillara de placer compartido, que no me quedara pasiva.. Eso le sonaba a desamores de juventud y no lo soportaba.
No tenía que insistir mucho. Tanto jueguecito de miradas, de agachar y subir, me habían puesto lo suficientemente caprichosa, deseosa, que me excitaba. Me gustaba enormemente que aquél hombretón sufriera tanto por mis huesos. 
Las cartas sirvieron para un amor sin prisas. Me rogó que me subiera encima de su pecho para lamerme de cerca toda, abriéndome para él.. Pequeños, extensos, iba provocando espasmos que decían que estaba disfrutando como hacía mucho tiempo.
En agradecimiento a tanto placer colaboré en aumentar el suyo comiéndole su miembro, duro, glotona de virtudes como aquella que quería ahora para mí. Cuando ya estaba que no podía más me pidió que me la metiera toda hasta dentro y me moviera deprisa, sin pausa, quería llegar a un final magnífico. A lo lejos, creí oír el "Aleluya". ¿Sería verdad?. Al terminar me preguntó con la mirada cómo me había ido. Me desarmó ese interés. Lo besé en la boca. Perfecto jefe.. Perfecto.








21.-©Por una barra de pan



Me gustaba aquél olor  a pimentón dulce, a laurel, a ajos, a hierbabuena. Los fines de semana nos quedábamos en la tienda porque mis padres se iban de viaje al pueblo, me gustaba que se fueran. Las personas que venían estaban viciados por las costumbres de atención y su buen tacto y yo no quería despacharlos sin que se fueran pensando que allí no faltaban los Yebra.

Un día, vísperas de San Juan, la tienda se abarrotó de gente, sobre todo chiquillería que compraba coca colas, fantas, golosinas... eran muchos y no estaba dispuesta a que faltara nada o mi padre lo notaría enseguida llevándome una buena regañina. Entre gritos de los chicos y chicas, me daba toda la prisa que podía para no impacientarles por temor a que me empezaran a romper los estantes donde mi madre colocaba en perfecta armonía montañas de cajitas de todos los colores que contenían azafrán, comino o tomate seco. Entre tanto barullo, se oyó una voz, en un meloso y sonoro italiano, preguntándome si tenía "ron negrita y mucho hielo", ..."mucho hielo señorina, mucho hielo para mi"... "¿tiene usted?". Esa voz, tan melódica volvió todo del revés en un momento. Ya no me importó lo que hicieran los chicos, ni sus voces o sus prisas... sólo tenía oídos para este chico de acento italiano, pero tan rubio, de piel tan blanquísima que parecía bajado de la mismísima  Escocia hacía unos minutos.

Le atendí sin retirar mi mirada de aquellos ojos risueños, cariñosos, guasones, moviéndome como una autómata al sonido de su eco. Me pagó el importe de la compra y se fue dejando una estela, embriaguez en mi corazón alterado, por tan peculiar belleza. ¡Que hombre tan guapo! No tendrá más de 35 años. Tal vez algunos más. No sabría con exactitud su edad, su atuendo era muy juvenil haciendo juego con una voz que me recordaba al “loco de la colina” en sus mejores momentos... ya sabes, voz de matices, sinuosa, lujuriosa, haciendo hincapié en cada sílaba, recreándose en los tiempos y frecuencias inevitables y directos a tu corazón.

El resto de la tarde transcurrió igual, mucha gente con bolsas camino de la playa, chucherías y mucho hielo para pasarlo bomba. Sentía cansancio, las piernas embotadas de tantas horas de estar de pie y sudada. Tenía la sensación de que olía a esa mezcla tan humana y peculiar de una tarde de verano rodeada de mucha gente. Es inevitable supongo oler mal en estos momentos.

Estaba absorta, con un pie en la ducha que me iba a dar, con otro recogiendo a toda prisa todos los cuchillos, la madera de cortar el pollo, cerrando las cubiteras y reponiendo el agua de las bolsas de hielo cuando entró el italiano  por la puerta. Descaradamente me lo quedé mirando al tiempo que le pregunté qué deseaba. "Señorina, por favore, barras de pan, ¿le resta alguna barra de pan?", preguntó con ese acento.. ¡Ay dios, qué acento tan lindo!. En la tienda no me quedaba ninguna barra, pero, previniendo por si me animaba a irme a la playa con los amigos, había metido en el congelador de casa, muy de mañana, dos barras, lo que tendría de sobra si compartía con aquel señor una. Mientras iba cerrando la caja le comenté que tenía en casa, que si me acompañaba le daría con mucho gusto una. Dijo que si, que esperaría sin problemas. Cerré las persianas de la tienda, y nos fuimos dos calles más abajo que estaba la casa de mis padres. Abrí la puerta y pensé que lo mejor sería que esperara fuera, en la calle, mientras las ponía en una bolsa y se las daba. Pero él no debió de entender mi preocupación por el qué dirá mi vecina ni entendió de costumbres o modas porque pasó detrás mía al interior de la casa sin esperar comentario alguno de mi parte.

Encendí la luz y con un gesto le señalé el sillón donde podía sentarse a esperar un momento, sólo un momento, comenté, mientras iba camino de la cocina y tomaba la barra de pan. Me estaba poniendo muy temblona, casi que me estaba sintiendo demasiado nerviosa. La situación había que controlarla. Salí de la cocina  y el pan fue directo al suelo. Allí estaba él, encima del sillón, totalmente desnudo, excitado, viéndome llegar. Mi reacción fue la de acercarme cogiendo su pantalón, pidiéndole que se lo pusiera y se marchara, al tiempo que deseaba ese miembro fuerte, viril que me estaba provocando. No podía quitarle la vista de encima y eso me irritaba. Vamos, ¡¡vístase.¡¡. Grité. Se levantó con parsimonia, se acercó a mi y cogió la camisa, pero en vez de ponérsela la puso cuidadosamente encima de una silla girando para tomarme en un abrazo sin tiempo a protestar. Su boca se juntó con la mía, me mordió en los labios, las orejas, el cuello. Al principio mis manos intentaron disuadirle para que me dejara, pero mi pecho excitado, y la saliva de mi boca decían todo lo contrario.

Me dejé llevar. Se dio cuenta rápidamente porque sin pararse un segundo en abrazos, mordiscos suaves y caricias, me desabrochó el vestido verde manzana que llevaba puesto tirándolo contra el suelo, a la vez que me subía sobre su cintura con una mano y con la otra tiraba de mis bragas, que sin llegar a quitármelas ya me la había metido hasta dentro con tanta destreza que chillé de placer. Me estuvo cabalgando una y otra vez, cada vez más fuerte, jadeante, al tiempo que me decía frases en un italiano provocante y lujurioso dándome el estómago fuertes dolores de placer y ansias.

Cuando creí que había llegado él a un orgasmo por los gritos de placer que daba, me bajó al suelo dejándome abierta totalmente de piernas encima del sillón. Se agachó besándome toda, comiéndome toda a besos, mordiscos de placer de forma que su lengua ya formaba parte de todo mi pecho al que absorbía con verdadero ímpetu e interés. Bajó al cabo de un tiempo hacia mi monte de venus, primero, después a mis labios, boca de fuego, lava a punto de estallar, que bebió sin pudor mordiendo una y otra vez cada protuberancia, cada labio, cada recoveco. Su lengua la sentía dentro de mí una y otra vez a la vez que su nariz me frotaba mi clítoris insaciable.

Levantó la cara, me miró con éxtasis la expresión de la mía y sintiendo a la vez que veía que estaba a punto de llegar al punto más álgido donde la locura, pasión y miedo a tanto placer se mezclan sin esfuerzo, me dio media vuelta y tomándome el trasero entre sus manos me la metió hasta sentir mercurio, por sus anillos, sobre mi anillo infernal, de forma unívoca en un sentimiento mutuo de tanto placer que perdí el conocimiento.

Cuando me desperté, abierta toda de piernas en el sofá, sudada y mordida por toda mi piel, sentí que era otra persona distinta a la que se había levantada aquella mañana queriendo aprender de negocios sin acritudes. Me levanté con esfuerzo y al pasar por el espejo de la consola del mueble del comedor pude comprobar como mis pezones aún se mantenía erguidos, desafiantes, mirando al techo, doloridos, pero felices, casi sintiendo sus labios que quemaban, sus dientes que acariciaban. Al pensarlo noté como un fluido viscoso bajaba por entre mis piernas. Estaba claro que había disfrutado bastante. Me preparé un buen baño con agua muy caliente y muchas sales.. Mi dulce italiano. ¿Dónde estas?. 

autor: NICOLÁS XIMÉNEZ



22.- Un matrimonio aburrido disfruta de un verano diferente.

autor: Nicolás Ximénez

Entre ir a la montaña o la playa, aquél verano decidimos lo segundo. Estábamos en crisis sentimental. Demasiados años ya que nos conocíamos y pocas aventuras que contarnos. Al azar, entre la chica de la agencia de viajes y mis dudas, optamos por una playa al sur de España, más concreto en Almería, donde la luz, espacios naturales y belleza eran pregonados por todos los dípticos de publicidad que se encontraban en las revistas de viajes.


En aquella época ejercía de maestra de escuela en Vigo, un colegio lindante con la calle Pizarro del que recuerdo tantas historias que algún día tendré que ponerme a relatarlas para evitar el olvido. Tomamos el tren en la estación de Renfe, dejando primero el auto aparcado en la calle de Urzaiz, donde degustamos un gratificante desayuno, y al que dejamos con la premisa de no tener que tomar un taxi cuando volviéramos.. Amenazan huelga y no nos apetecía nada pensar en la vuelta a casa con esos problemas.

El viaje en tren fue de lo más aburrido. No había forma de animarnos. Cada uno en sus pensamientos, individuales, comedidos, ninguno daba su brazo a torcer, lo que prometía unas vacaciones de lo más tristes. Viendo como estaba de humor mi marido, me fui al vagón - bar y entablé conversación con un muchacho, decía llamarse Emilio, a saber si es verdad, nunca le vi su carné de identidad. Me comentaba este Emilio que en sus viajes siempre iba con lo puesto y una mochila. No necesitaba nada más. Hoy día, en todos los camping, se podían encontrar cubiertas todas las necesidades sin más. Ligero de equipaje me comentó durante todo el trayecto aventuras que, tal y como las iba desarrollando, desee hacerlas mías allí mismo. 


¡Estos jóvenes sabían vivir!. No cabe duda. Nosotros habíamos olvidado los sueños, los incentivos que mueven el mundo.. las ganas por el descubrimiento, la flor que emerge de la tierra y la adorna, la cubre y la fertiliza.. Estábamos muertos en vida. Al parar el tren en Jaén se bajó deseándonos un buen viaje con un beso en la mejilla que me pareció de lo más inocente y maravilloso. 


Animada por la larguísima charla, pasé al vagón litera, desperté a mi amor con besitos y me tumbé a su lado. Mecánicamente me echó la mano por el hombro y siguió durmiendo.. me quedé dormida yo también hasta que avisaron insistentemente que habíamos llegado a la estación de Almería, última parada.
Bajamos con todos los bultos, demasiados trastos. Recordé a Emilio y su poco equipaje dándole una vez más la razón.. ¿qué vacaciones eran esas con tanta maleta?. Ni que fuéramos al polo norte, protesté.


Pero Ramón no podía salir de viaje sin sus libros, su portátil, sus cintas grabadoras, los trajes de verano, camisas, camisetas.. argumentaba que sin sus cosas no se sentiría a sus anchas.. Mi equipaje era más reducido. Odiaba los ordenadores, así que sólo llevaba un buen libro, "Qué me querés, amor", de Manuel Rivas, imprescindible para un alma como la mía, sedienta de aventuras y cariño y dos vestidos. Si necesitaba algo más, echaría mano de las camisetas de mi marido, seguro que me las dejaba sin protestar con tal de que le dejara en paz. 

El hotel se encontraba en la localidad de San José, junto al bar Tío Pepe, espacioso, muchas vistas y aparente comodidad. Lo dejé todo encima de la cama y bajé por las escaleras que conducían a la playa. Quería sentir el agua bajo mis pies. Andar por la orilla. La visión era preciosa. Estaba anocheciendo. Las olas, suavemente rozaban la arena, la acariciaban y hablaban quedo.. me contaban que otras veces, allá a lo lejos, en la isla de Alborán, habitaron sirenas de verdad que animaban a los pescadores con sus cantos y les traían toda clase de suerte en la pesca. A cambio, los marineros no pescaban los hijos de aquellas aguas claras que estaban en vías de extinción.. Habían llegado a un mutuo acuerdo. Y así pasaron los años, los siglos... donde aún hoy se mantiene el compromiso dando lugar a una fauna y flora marítima catalogada como una de las mejores en su especie de todo el mediterráneo.

La mar cubrió mis pies descalzos, acarició con su espuma la huella de mis dedos, abrazó mis tobillos y me deslicé suavemente hacia dentro... a lo lejos, muy a lo lejos, dejé de dar pié, pero me mecían las olas, no había miedo a la noche donde un agua tan clara refleja las estrellas como guiños de niños que cantan en la escuela.. No quería salir. Me sentía cobijada, fresca mi piel, dueña de mundos desconocidos. Allá a lo lejos, se vio venir un catamarán que yo imaginé dominado por bellísimos sueños.


Nadé un poco más y salí a toda prisa porque Ramón no paraba de llamarme desde la ventana y con sus gritos iba a dar lugar a que vinieran todos los vecinos a ver qué pasaba. Subí las escaleras a toda prisa. Estaba llegando al primer piso, a la altura de la terraza del bar, cuando una voz ronca, fuerte, me saludó con un "buenas noches" que paró mi acelero en seco. ¡Perdón!. Llevo prisa. Buenas noches.
Algo de él se quedó en mi cerebro porque a la mañana siguiente, bajábamos los dos, portátil en mano, pareo y bañadores, cuando nos tendió la mano presentándose con muchísima educación, invitándonos a pasar a su apartamento. Un buen desayuno antes de bajar a la playa sería muy apropiado. Es una playa bastante espaciosa, no habrá problemas para poner las toallas cómodamente. Pasamos al interior de la casa, donde en la parte posterior había una azotea en la que él había hecho construir una bañera gigante con agua de mar.


Sentí curiosidad. Pedí acercarme a verla mejor. Efectivamente, había un decorado a base de piedra y lasca por donde corría un agua limpia, tumultuosa, formando espuma hasta cubrir del todo una bañera que invitaba al descanso.. ¡qué original!. Nunca había visto nada igual. Más tarde, cuando haya anochecido, nos dijo nuestro amable vecino,  podemos darnos un baño, si os apetece, claro.

Por un momento Ramón dejó su portátil y se aproximó a tocar el agua, que estaba a una temperatura muy  agradable al tacto, con bastante espuma,  con ojos incrédulos por el sitio y el espacio. Muy bien construida. ¿Ha sido idea suya?. Acertó a preguntar. Si. Por supuesto. Todo es decoración mía. Están invitados.

Al acabar de tomar el café, cremoso, muy cremoso, hicimos intención de bajar a la playa, pero Pedro, que así se llamaba nuestro amable anfitrión,  comentó que tenía un todo terreno, si queríamos, nos llevaría a otra playa, un poco más lejos, donde podríamos descansar sin la compañía de tanta gente, más tranquila y acogedora, si cabe, que ésta. Ah, ¿pero todavía se puede mejorar?. Esta es bellísima. Lo comprobé anoche. El agua está limpia, su arena es cálida. Se está muy bien. Añadí. 


Espera y me comentas cuando lleguemos. Compruébalo tú misma, añadió Pedro satisfecho. Tomamos el camino de la playa. Me puse en el asiento de atrás, en el centro, quería ver a ambos lados todo lo que la vista podía abarcar. Fue un gesto,  pero como un imán mis ojos se cruzaron en el espejo retrovisor con su mirada. Quedé atrapada. ¿Cómo se podían reflejar mis ojos en unos ojos tan negros?. No lo sé. Nunca lo supe, pero allí estaba yo. Mirándome en ellos. 


Llegamos hasta donde el vehículo podía acceder, donde un indicador prohibía seguir a dos ruedas para conservar el medio ambiente. Nos pusimos a caminar despacio, saboreando la brisa que llegaba al alma, olor a algas frescas, mar abierto, dunas que cobijan sueños de largo. La otra noche hizo mucho viento, comentó Pedro. Tened cuidado con las dunas, algunas os pueden enterrar.. están falsamente en alto de la misma intensidad.


"Dune.. me acordé de la película de arrakis, los hijos de Dune.. qué belleza. En cualquier momento podían aparecer de entre sus entrañas los gusanos buscadores de agua". Sentí un inmenso placer acompañado de un escalofrío. Dejé todo cerca de la orilla y me tumbé entre unos juncos de mar que hacían una ligera sombra sobre una duna. Estaba caliente la arena, suave, finísima. Sentí como me traspasaba el calor la piel, como me embriagaba en una borrachera de la que no hacía falta beber alcohol. ¿Quieres compartirlo?. Ramón me estaba acercando un cigarrillo al que le dí una calada suave, profunda.. hummmm.. sabe muy bien.. buena hierba. Rió y se fue a donde estaba Pedro. Los dos, a los pocos minutos reían a carcajadas. Quise acompañarlos pero me sentía relajada, amada por aquel espacio infinito, cielo azul, esparto, mar sereno... sonidos que me hundían en un sopor apetecible y único.

A lo lejos, a la derecha, unas pitas miraban osadas al cielo, erguidas, vigilantes de nuestros cuerpos, nuestra desnudez.  Con paso pausado me acerqué al agua. La necesitaba. Los chicos debieron sentir lo mismo porque no había puesto aún los pies en aquella agua tan transparente cuando sentí las manos de Ramón en mis hombros, acariciadoras, sugerentes. ¿Qué había pasado?. Todo estaba cambiando. Nuestros cuerpos se adueñaron de un paisaje. Vibraban al compás de las olas sobre la arena. Roca de siglos dormida en formas infinitas que no paraban de erosionar. Pedro se puso delante mía y me besó la boca al tiempo que a Ramón lo tenía detrás tomándome la espalda, pasándome unos dedos suaves, tan finos que parecían de mujer. Siempre fue muy precavido con sus manos, su piel.. cosa que agradecía por el placer que me estaban dando.

Nos quedamos los tres, fijos los cuerpos, inmóviles, entre el mar y la tierra un buen rato, sintiendo nuestros corazones, acariciándonos. De pronto Pedro, empezó a rodearme en un abrazo y me condujo hacia el agua, lo suficiente para cubrir nuestros cuerpos, sentado, me tomó sobre él acoplándose nuestros cuerpos. Ramón quiso participar de ese momento besándonos, acariciándonos, mientras sus manos, fuertes, de dedos tan suaves, me sujetaban y balanceaban al compás del canto de las sirenas imaginarias. 

Nos dejamos caer de espaldas en la arena. Sus manos seguían llevando mi movimiento, ahora mis pies se apoyaban sobre la arena dejando arriba, osado, impúdico, mis glúteos hacia la cara de Ramón que sintió al verlo deseos incontrolados de poseerlo. Me lamió la entrada al firmamento, acarició con sus manos mis pantorrillas, las caderas, metió su lengua salvajemente por entre mis muslos ya abiertos de par en par que se deslizaban arriba y abajo sin parar. Me rozó su miembro pidiendo un momento de cese del continúo movimiento para metérmela sin demora. Me deseaba. Quería formar parte de nosotros dos. Le pedí que se diera prisa, con sumo tacto y cuidado pues estaba a punto de llegar a lo más alto. Toda mojada como estaba no le fué difícil penetrar mi cuerpo hasta lo más hondo. Grité de placer. Gritamos a la vez. Pedro dijo que la podía sentir dentro de mí, cercana a la suya. Yo gritaba que se movieran al mismo compás, despacio. Besé, mordí más bien, los labios que me ofrecían, sentí abrirse mis entrañas como se debe de sentir la tierra cuando cruje sin remedio por la fuerza de un volcán y extasiada me dejé llevar por las sirenas y su canto.

Ramón se dejó caer sobre la arena. No sentía fuerzas para moverse. Pedro me servía de aposento, cama de piel y músculo bien trazado que me abrazaba sin descanso. Así dormimos un buen rato. Gozosos de haber gozado tanto. Una ligera brisa empezó a levantar la fina arena. Era la señal de la huída tierra adentro. La marea subía sin descanso dando lugar a otros seres, cangrejos, lapas..., se adueñaran de sus rocas y nosotros, con ojos de mar y luz, nos fuimos andando por entre las pitas, las chumberas hasta el todo terreno que fué vigilante de un amor de verano que nunca olvidaremos.


Quedamos a las nueve. Pedro nos hizo recordar que teníamos cena y baño en su azotea. Lo miré y rocé con mi lengua mis labios salados. Sólo faltaban tres horas. Echaría una siesta para estar en forma. Deseaba ese baño tanto como el de la mañana. Me gustaba su pelo blanco, barba blanca, que indicaba el camino hacia un cuello esbelto de un cuerpo grandote donde los músculos de antaño recordaban que había pasado por muchos gimnasios. Barriguilla poco prominente, vicios de bebida fresquita, tapeo, buen vino de la tierra que formaba con su cintura un atractivo inusual en un hombre de sus años. 

Llegó la hora. Me unté con perfume de violetas, puse un poco de canela en polvo alrededor de la entrada a mi vagina.. monte de venus, ombligo. Quería estar muy atractiva para lo que se avecinaba en un rato. Ramón no quiso desentonar, y como un verdadero dandi, se acicaló con su camiseta sport blanca que resaltaba su bronceado de piscina de ciudad, hombre que no tiene preocupaciones ni excesivos gastos.

Nos abrió la puerta vestido con una chilaba azul turquesa, descalzo, .. nos dimos un beso en la boca antes de entrar en la casa,  ya preparada  para la ocasión. Cenamos a base de marisco, muchas gambas, cigalas, y una sorpresa, navajas traídas a propósito del mar báltico aliñadas con mucho limón. Con gula, saboreando cada trago, mordisco, rechupeteándonos los dedos hasta agotar el manjar expuesto con tanto esmero y lujo de detalles. Bebimos mucho vino, para después, dejar de lado, hacia el final de la cena, donde brindamos con un champán seco, burbujeante, que aún siento en mi paladar nada más pensarlo.






23.-EN EL GIMNASIO.- autor: Nicolás Ximénez



¡Brgggrrrrrr!. ¡Que frío!. Subiré al gimnasio. Las escaleras que llevaban a la planta alta estaban un poco resbaladizas por la lluvia caída un poco antes. La gente se amontonaba en los rincones cubiertos por la bóveda de mármol de las escaleras, fumándose un cigarrillo, sintiendo pasar las horas, y el claxon de  los coches que circulaban por la gran avenida de Pablo Picasso. Al entrar me saludan con amabilidad y sin decir nada ya me están ofreciendo una silla al lado del gerente. Me conocen de otras veces y saben que lo estoy esperando. En esta ciudad es difícil que llueva. Los más antiguos del lugar dicen que no recuerdan un día como el de hoy, demasiada lluvia, demasiado viento. Ese viento que un día viene dirección levante y otras poniente. Viento.

No han pasado diez minutos de charla cuando me gritan que pase hacia el fondo, a las duchas. Paco está terminando y quiere que vea un nuevo Cd-Rom que se ha comprado llamado el Messiah. Es un impaciente, pienso, qué más dará esperar un poco más, aquí fuera no se está tan mal y nos estamos riendo mucho con los nuevos chistes de niños pijos que van al club o cómo no, los machistas de siempre... son inevitables.

Porqué el miedo a la realidad que me ahoga,

dolor que no me deja respirar,

dolor que me aprieta...

la sensación de recorrer siempre el mismo camino y nunca llegar,

sentir el vértigo a lo desconocido,

no creer en nada, y nada puede ser un todo

que me sigue haciendo gritar....

dudas...

Me decido por fin. Las duchas se encuentra al fondo de este cruce de luces y sombras, olores diversos y cuerpos sudorosos. Son los espejos que sirven de cobijo al ritmo desenfrenado de la lucha diaria. Dicen que están pensados para vencer la vergüenza de los gimnastas que se tendrán que presentar a los concursos de "mister" y "miss musculitos"... no acabo de verlo claro, la verdad. Los chavales, desde muy jóvenes empiezan a tomar, con el fin de aumentar su agresividad, productos derivados de la hormona masculina testosterona: los esteroides anabolizantes. Vivimos en un mundo en el que se cultiva lo superficial, es decir, la imagen. Así, una hora de rayos UVA, aún sabiendo que produce tipos agudos de cáncer de piel, o una musculatura que hace estallar las costuras de la camisa, son indicios bajo los que se juzga, tan precipitada como superficialmente, que quien los ostenta es un individuo rebosante de fuerza y salud. Nada tan cuestionable: los anabolizantes esteroides androgénicos tienen efectos tan perniciosos que han provocado en el culturismo un alto número de muertes súbitas. ¿Es tan importante que los músculos estén inmensamente desarrollados? Si el dictamen de la moda lo ordena así, debido a la ansia de acumular y ser el que más, las secuelas podrían no justificar estos terribles motivos de orgullo. Quizá el inconveniente más inmediato sea que, al reducir la intensidad del entrenamiento, o al interrumpirlo por completo, el alto porcentaje de fibras musculares de acción rápida aumenta la capacidad de almacenar la grasa. En un artículo periodístico, Sport, 30-09-93, podía leerse: "Practicantes de culturismo declararon ayer ante el juez que la comercialización ilegal de anabolizantes para deportistas por parte de una red organizada es una práctica habitual en gimnasios de Barcelona, según informaron fuentes judiciales".

"¿Por qué un rey conversa con un pastor?  - Preguntó el muchacho, avergonzado y admiradísimo. (Paulo Coelho)"... Al verles así, me acordé de esta frase y pensé: ¡por que son muy bellos!. Siento cierto rubor de cómo me miran y no dejo de mirarlos a ellos a su vez. Están acostumbrados, por otras veces, a verme hablar con el portero o con las chicas que esperan a su vez a sus maridos, amigos, .... Corro unas cortinas enormes de color verde oliva. Perdón. - digo- pensé que ya habías terminado. Pasa Lola, no te quedes ahí. Cierra la cortina que hace corriente. Siento cierto pudor desconocido. ¿Me ayudas?.  Seguí aquella voz que me pedía lo enjabonara. Una piel suave, sin un pelo (decían que los ciclistas se afeitaban todo el vello para evitar los roces con las ropas y no se cuantas cosas más). Cada muslo estaba marcado, cada vena señalaba días y días de mucho entrenamiento, de sacrificio, y allí estaba yo, recreando mi tiempo, mi vista, mis manos, pasándole suavemente la esponja yupy's por todo su cuerpo sin poder retirar ni un momento la vista. No quería hacer otra cosa.

Suavemente le empapaba de espuma aromática y al llegar al pubis le comenté que tenía un pelo muy suave como el de las mujeres; ¡anda ya!.. me dijo.. muchas que has tocado tú ¿eh?. Me sonrojé, ¿entonces yo qué soy?. Risas. Seguí pasando mi mano por sus nalgas, prietas, sonrosadas, un culo en forma de melocotón con una piel tan suave como la seda y sin señales o marcas de granos. Perfecto. Se giró,  me tomó la cabeza entre sus manos acercándome a su calor, su fuerza y virilidad estaban al descubierto. Me pertenecía.


Dudas...

Con mi sombra siempre de lado, caminando

con-juntando, riendo y callando.

Son tan débiles las sombras en forma de interrogación que me están

desafinando

las dudas .... de ser.


¡Tómame!. ¿Aquí?. – Puede entrar alguien. Lo tenía cerca de la comisura de mis labios, mi boca entreabierta lo besaba... con cierta timidez, no sabía si le podía hacer daño o no. Me dijo, como leyéndome el pensamiento, sigue así, vas muy bien, sigue, sigue, y seguía gimiendo tan fuerte que temí que los demás nos oyeran desde fuera. No te preocupes comentó. Nadie entrará. Los grifos eran dorados, el agua caía azul celeste y en el techo del cuarto de las duchas había pintados unos ángeles que te miraban con ojos curiosos, sin censuras. Un canto al amor puro en un gimnasio. Abrazada a su cintura, sujetaba su jadeo, su hermoso cuerpo. Descansamos un rato hablando de pequeños detalles del día. Se metió de nuevo en el plato de ducha y dejó caer una espuma blanca sobre su cabeza cubierta con un largo y muy cuidado cabello color caoba, ojos vivos, aire de no haber roto un plato nunca. Inocencia. Pensé que la gracia de sentirse en el paraíso debía empezar con una visión como ésta. El amante duchándose con voluptuosidad cubierto con ángeles que miran sin verte.. ¡que belleza!. Al cabo de una media hora, al pasar por el espejo que había enfrente de la puerta de las duchas le comenté: ¡mi alma se despereza!.

Adiós Lola, a ver cuando te apuntas con nosotros a unas clases. Adiós Manu, se despedía de nosotros, Antonio el gerente, hasta mañana.  




¿Por qué ese dolor que me ahoga?

¿por qué no puedo gozar sobre el camino más movedizo que las arenas?

 

Es libertad

 

Cada vez que me siento yo.....

Cada vez que me llega mi humanidad

Cada vez que oigo ese rumor del viento que trae ese aroma tan especial

siento cercanías

Porque siempre pedimos más

y  nunca nos dejamos en paz

.....

Aproximadamente cuando corre la bilis

dejamos de correr la pus mientras se derrota al tiempo

"Que se vaya ya ese aroma que no quiere empadronarse

y el sentir que acongoja los dolores que atrapan mis gritos"

 

ya basta... miento...








24.- NADÁBAMOS RÍO ARRIBA

.- autor: Nicolás Ximénez




Nadábamos río arriba, durante toda la mañana. Al atardecer, irresistible puesta de sol entre las hojas de los álamos blancos. Su pelo, suave y rizado, prolongaba aquellos reflejos como grandes campos de espigas. La creciente luna sólo era un pequeño punto en el horizonte infinito. Sentados, en la roca blanca, agotados, nuestros cuerpos descansaban con generosa avaricia. Rosana volvió su pequeña cabeza, perfecta, hacía mí. Quería saber dónde pasaríamos la noche. Puse mi mano sobre su hombro derecho, aproximándola al calor de mi piel. Parecía que lo estaba esperando. Con un leve movimiento giró su pecho rozándome un instante. Sus pezones marcaban el punto de mi horizonte. Me sentía. Emerge de mí la ambiciosa necesidad de mis instintos más básicos. Me reclino y ella me acompaña. No dice nada a mis gestos. No pronuncia palabras. Un dedo, sólo mi dedo anular, recorre despacio cada peca de su piel morena, tersa y suave. Falta medio trayecto. Si conseguimos llegar a la alameda antes del medio día, seremos los ganadores de este maratoniano trofeo llamado "La luz en la montaña". Hace un rato que la tengo entre mis brazos. Lo que en principio empezó con un sólo dedo, ahora es mi mano dibujando, pincelada a pincelada, los contornos de este pétalo de rosa.

Cobijo mi sombra, alargada, perdida entre la gran roca. Ella no se queja. Oigo su latido, pronunciado, profundo. Acepta. A la altura de su cintura, cierro un poco mis dedos, aprieto sus caderas, formas de mujer impaciente. Carraspeo un poco, trago el exceso de mi saliva y sigo el camino que dibuja un pie perfecto.

De vuelta, le abro un poco las piernas, sin obstáculos. Su cuerpo, como las hojas del álamo, se mueven al compás de la brisa que las empuja. Caliente. Muy suave y sedosos, mis dedos se han encontrado con el calor del sol entre sus muslos.

Están demoliendo mi carne. Excitado, levanto un trozo de su tela, sin tocar la cálida espesura. Bajó mi mano y no puedo dejar de entretenerme con el vello suave y ensortijado de su pubis, palpitaba su cuerpo, y quise seguir perdiéndome en esa selva, en ese río húmedo y cálido más abajo, los labios de su sexo, suaves y los dedos que buscaban penetrar esa suavidad, adentrarse en ese rincón dulce y oscuro que después abriría, a la par que los gemidos poblarían su boca.

Giro despacio, una y otra vez, acaricio ese don que se me ofrece cada vez más húmedo y caliente. Necesito poseerla. Aún es pronto para tomar tan preciado momento. Alargarlo es lo propio. Con mucho cuidado retiro mis dedos de sus oquedades, profundidad que me atrae tanto. Acerco mi boca, mi aliento lo siente en seguida porque se abre ante mí como la flor en la mañana. Su fragancia me dice que siga, a lo que acompaña su mano que toma mi cabeza y la acaricia. Entiendo el mensaje y le tomo con mi lengua el paladar de sus labios. Luego baja hasta meterse en las profundidades de la misteriosa tierra. Se contrae una y otra vez. Está disfrutando. Sé que le gusta. Mi pasión no podrá frenarse mucho tiempo. Su respiración me está empujando cada vez más a tomar lo que está ofreciéndome con tanto cuidado. Bajo mi bañador, lo suficiente, para dejar paso la fuerza de mi sangre que se abre paso sin resistencia entre una piel ardiente y suave.

Siento sus manos en mi espalda, y sus piernas rompen el aire para envolverme con lujuria. Se mueve una y otra vez, me empuja. Siento que tengo que acelerar el movimiento, profundo, sentirla muy adentro. Jadeamos. Grita y me habla por primera vez: Más fuerte. Sigue. No te pares. Pongo mi cara sobre su pecho, oigo su respiración y le pido una pausa. Control o estallo. No me escucha y sigue moviendo su cuerpo tan deprisa que estallo. Grito. Me sube encima. Ahora el viento mueve mucho más deprisa las hojas. Ella, absorta, sigue a la brisa. Jadeante reposa su pequeña cabeza sobre mi con una dulzura inmensa. Cansados dormimos sobre la roca. Mañana, que es ahora, se entregan los premios. A nosotros, los dos en uno, miramos el amanecer que se oculta tras los álamos. No nos importa el premio.

 







25.- LA CARTA.
Recuerdos de un amor muy intenso.

--------------------------------------------------------------------------------


Esta será la última. Amor.

Cavilando bastante, ya recuperadas todas mis dudas, decidí que lo mejor sería enviarte una botella de cristal de bohemia. Prodigio del arte de los vidrieros, donde la transparencia daría paso a la imaginación aderezada con unas gotas de rocío. De madrugada, porque es más limpia y pura. La luz, materia prima, hará sus delicias jugando con el vidrio y el agua, en un abrazo afectuoso, recompensará a tus ojos con el arco iris más bonito que jamás hayas podido contemplar. Aún hoy, han pasado ya diez anos, me sigo preguntando qué pasó con aquél recuerdo que tanto insistía en aparecer una y otra vez.

Cerré el álbum de fotos, eterno nodo de una película en blanco y negro que nunca quiero perder y con mucho mimo, giré sobre mi espalda quedándome dormido, no recuerdo cuándo ni cómo. Pero ellos, mis amigos de toda la vida, me dieron en suenos lo que ya no tendría que volver a pedir más.. confianza. Eso es. No estaba sólo.

Cobarde. Oía una y otra vez aquella canción. Sin propósito alguno su melodía inundó la estancia llevándome a ti, a aquellos recuerdos que no quería, ni deseaba, volver a sentir. Era un dolor que siempre quise olvidar. Tú, ausente de todo, ausente de mí, no te diste por aludido; no te importó este sufrimiento mío que altera todo mi ser. La música transportó mi cuerpo a aquella agua clara, arroyo que un día nos vio desnudos. Cobarde.

"Mi querido y amado Alejandro, te escribo estas líneas, ahora, después de diez anos, porque deseo recordarte los momentos vividos con tanto amor, o ?debería decir obsesión?, que nuestros encuentros forzaron. Necesito decirte que, pasado todo este tiempo, aún me quema tu piel en mi piel. Te siento y desfallezco. Tu boca, tus brazos, tus manos envuelven mi pensamiento y no te vas".

"Si. Ya sé que te fuiste, decías que para siempre. Estabas casado, tenías dos hijas pequeñas, y sobraban todas las explicaciones. Tu avión partió a las 7,00 horas hacia Barcelona; aunque lo alterado de mi ritmo cardiaco dice que eso es del todo imposible. No puedes dejar que pasen los días, los anos, sin que te vuelva a ver, sentir. Tengo metida en mi retina tu figura de hombre inglés con sombrero negro y traje de piel. !No puedo asumirlo!. Necesito pensarte aquí, a mi lado. ! Es tan fácil !. Una simple nota musical me ha traído todo tu recuerdo, me ha hecho tanto dano, que he comprendido que todo sigue igual, clavado en mi corazón, sin remedio".

"En la puerta del moderno y siempre lleno de todo tipo de gente, "Café a las siete", ?te acuerdas?, nos encontramos la segunda vez. Estaba lloviendo como hacía mucho tiempo en esta Valencia impetuosa de Otoño, y tú como siempre hacías cuando venías a verme, ibas a la exposición de la Galería de arte. Allí sabías que te encontraría. Esperabas un taxi sin atreverte a salir para no mojar tu recién estrenado, me explicarías después, sombrero negro. !Qué orgulloso te sentías con él puesto!. Me contaste que te lo había regalado una amante inglesa que tuviste hacía tan sólo unos meses. Ella, siempre enamorada de Crown , y de ti !cómo no!, buscó la sorpresa por todo Madrid. Me lo decías orgulloso de ti, de ella no tanto. Y es que, confidencia por confidencia, me dijiste que era "distinta", conscientes de vuestras diferencias insalvables. Pero yo me sentí tremendamente celoso de tus idas y venidas a la capital. Insistías que lo único atrayente para ella era tu físico tan parecido a McQueen, con ese porte tan elegante, le excitabas, y ella a ti, lo único que te producía era una cierta pelusilla por su formación física un tanto andrógina, con esos ojos tan verdes que parecían un mar bravo. Nada más. No sentías por ella nada especial. Tampoco te sentías con fuerzas para darle otra cosa". Qué bellos recuerdos. Esta carta que te escribo, que quiere ser la última, me ha recordado aquella otra que te escribí en el mismo hotel de nuestro primer encuentro... ?Te acuerdas?.. decía así: "Mi deseado Alejandro, te escribo esta nota, a toda prisa, ansioso por contarte lo que llevo dentro, quiero que me ayudes a liberar mi cuerpo y mi mente de tu eterna y constante imagen, sentimiento que no puedo dejar de sentir, y duele. Un día, lo recuerdo como si hubiese ocurrido ahora mismo, tuve la inmensa suerte de encontrarte, como un peliculón rosa, de esas que se prometen amor eterno, llegaste a mi, en la inauguración de una exposición de arte contemporáneo. Allí estabas, enfrente de un grandioso mural realizado con la técnica del óleo; representaba un muchacho, casi desnudo, que yacía sobre una cama de cabezal de hierro, rodeado de sábanas blancas y muchos cojines. Sobre sus blancas y bellas nalgas, apenas tapándole las caderas, una camiseta de seda color hueso, con muchos bolsillos, que le llegaba hasta las rodillas. Posición fetal de un bello durmiente.

Tú, mi amor, entusiasta y amante empedernido de la belleza del arte, no dejabas de mirarlo, absorto. Llevabas puesto un traje de piel color gris plata, corbata a juego, camisa blanca, sombrero negro y bastón con cabeza de tigre, al más puro estilo inglés. En la mano el catálogo de la exposición abierto por una página cualquiera. Mirabas el cuadro, luego la descripción del interior del catálogo. Me quedé mirándote largo rato. En aquella época trabajaba de reportero gráfico para un periódico nacional, por tanto aproveché para hacerte varias fotografías sin que te dieras ni cuenta.

Tomé primeros planos de tu perfil griego, labios carnosos, nariz aguileña, ojos profundos, pómulos salientes... clic, clic, clic.., mi máquina seguía disparando y tú, de tan ensimismado ni te enterabas. Magnífica obra, por cierto, que abarcaba casi 3x6 metros cuadrados de pared. Podías tocarle la piel, sentir la suave seda sobre su cuerpo, tocar su pelo y él, con los ojos cerrados, dormitaba en un profundo sueno. Me estaba enamorando de ti. Te deseaba. Veía reflejado en el visor de mi cámara lo que podría ser mi sueno hecho realidad de toda la vida. Me estaba excitando, sentía como abultaba más mi pantalón y un inmenso cosquilleo empezaba a molestar ahí, en el centro. La arena de tu playa, tostada por el sol, ha llegado hasta mi playa. La mar me trajo caricias, querencias anheladas, deseadas, mientras la luna ocupa su espacio reflejándose en el agua... Ya no aguanté más. Me acerqué despacio y, con la excusa de que estabas ocupando el primer plano del cuadro, te rogué que te hicieras a un lado. Te tomé del brazo y te arrastré hacia la pared. Sentí que allí mismo podía besarte la boca, esa boca que me estaba llamando a gritos. Mi boca se hacía agua, saliva, jugos gástricos herían lo más hondo de mis vísceras.


- Perdón. Le rogaría se alejase un momento del centro del cuadro.


- Claro que sí. No faltaría más.

Te disculpaste y alejaste hacia otro cuadro. Pisé el suelo con fuerza. No había dado resultado mi primer contacto.
- ?Cómo haré para llamar tu atención?. No dejabas de observar la exposición y no parecía existir nada más que te importara. Qué rabia, me dije. Resolví tomar algunas fotos más y llevar la tarjeta de memoria a la redacción, o encima me ganaría una buena bronca; me habían dejado media página para la inauguración de la exposición de este pintor madrileno, universalmente conocido, y no me quedaba mucho tiempo. Me despedí del gerente de la sala y salí a la calle, respirando hondo ante mi primer fracaso.


- Ismael, mira que eres terco, me dije. Te la estás jugando. Volví. No me preguntes por qué, pero entré de nuevo a la sala, te busqué y sin tapujos me acerqué pidiéndote una cita para cuando tú quisieras. Me miraste, larga mirada, era la primera vez que me veías, estaba seguro, y eso que momentos antes te había pedido que te retiraras del cuadro.. pero ni siquiera me habías mirado.. ahora lo hacías por primera vez.


- No soy de aquí, dijiste, de forma totalmente espontánea y sin cortedad alguna, dime dónde podemos quedar y allí intentaré estar.
Afirmación, a la vez duda .. de tu intento de ir.. pero sin darme seguridad, me lanzó a tomarte del brazo y llevarte hacia la calle.


- Esto..., te dije, Valencia es una ciudad muy grande, será mejor que te vengas conmigo, ahora.

No pusiste impedimentos, subimos a mi opel y nos alejamos lo más rápido que podía darle al acelerador. En Valencia, dicen que todos conducimos muy mal, sobre todo lo cuentan los visitantes que llegan con la idea de saborear nuestra luz, nuestra playa.. y será verdad, porque me salté dos semáforos y ni me pitaron, estaban acostumbrados.. todos hacemos igual.. claro.

Al llegar a la redacción, te pedí que me esperas un momento, que enseguida bajaba. Estaba loco. Sabía a ciencia cierta que el redactor jefe me pediría, como era mi obligación, terminar de insertar las fotos, porque los amigos, cuando se trata de trabajo huyen despavoridos y era viernes, así que nadie me lo haría en mi lugar. Más no hice ningún caso, ni a mis pensamientos ni a mi jefe. Subí, le di la memoria de la cámara al disenador y cuando la volcó, cogí el camino para irme escaleras abajo. Mi jefe salió pegando un grito, muy particular por su parte, al que nos tenía ya demasiado acostumbrados y me ordenó frenar el paso.


- !Ah, pero no te lo ha dicho mi compañera?


- ¿Qué tenía que decirme?. ?Se puede saber?


- Estoy bastante enfermo. He venido sólo con la condición de entregarle las fotos, pero no puedo quedarme a maquetar, ella le explicará.. Consúltele y verá como lo hace.


- Seguí bajando las escaleras.

Oí gritos, llegaban a todos los pisos. Estaba claro que Elena no me haría el favor, ni el trabajo, pero me daba totalmente igual. Me esperaban... Al día siguiente me amonestaron, claro, pero esa es otra historia. Ahora, como te iba diciendo, bajé a toda prisa y me encontré con tus ojos. No estabas dispuesto a sentir lo mismo que yo, pero una vez en la calle, camino de uno de mis lugares preferidos, la concha del Jamaica Club, ya me encargaría yo del resto.

Llegamos al primer hotel de la asidua playa, el San Jacobo, uno bastante caro, cinco estrellas de buen gusto para un encuentro que se iba gestando sobre la marcha.


-Subamos, dije. Me acerqué al gerente del hotel y le pedí discreción y la mejor habitación que tuviera a bien ofrecerme, con la mayor prontitud y hasta el día siguiente.. en principio...

Me miraste con esa mirada fría, de hombre de mundo, que cree saber de amores, púdicos e impúdicos de la vida, y nos envió a la planta quinta, habitación 519. Subimos sin más preámbulos. En el ascensor te pregunté cómo te llamabas, a lo que contestaste que Alejandro. Hasta tu nombre producía quemazón, gusto.. Todo parecía ser perfecto. Entramos a la habitación y sin darle mayor importancia te pedí que me follaras. Necesito que me hagas el amor. Lo necesito.

Nos acercamos a la cama. Mi deseo era ciego, mi amor infinito. Te tomé por los pies y empecé a besártelos uno a uno, después por los tobillos, las piernas, una y otra vez hasta llegar a las ingles. Allí me recreé sin brusquedad, te besé literalmente los huevos, tomé entre mis manos tu polla, a la que acaricié una y otra vez. Al principio, estaba pendiente de lo que hacía, me dejaste hacer, hasta que poco a poco fuiste dándome todo tu ser. Tu miembro poderoso, hermoso, todo preparado para mí. Lo tomé con mi boca, comí y bebí todo el jugo hasta hacerte gritar de tanto placer. Con tus manos sobre mi sexo, hacías de mi lo que yo te pedía. Hablábamos, decías palabras obscenas, escandalosas...


- ¿Quieres que te folle?  -Pídemelo. - Dime. - ?Quieres?.

- Me tomaste la boca, cerraste mis labios con un beso que me quemó. Abrazado a mí con fuerza me dijiste al oído que te amara. !Ámame!. !Fóllame!. Rodamos por la cama, el suelo, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en tu boca. Me tomaste por la cintura y me subiste encima de ese miembro, duro, fuerte. La penetración al principio fue muy dolorosa, llevaba muchísimo tiempo sin hacer el amor y estaba tan nervioso que no podía relajarme. Supiste sin demora desplazar mis miedos, mi incertidumbre para dejar paso al placer. Jadeábamos los dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. Me estuviste montando con tanta fuerza que todo me dolía... hasta las caderas.. Mis manos temblaban. Te besé la boca, y en el oído dije muy flojito: -!Te deseo!.


- Ahora tú, me dijiste, penétrame, lo estoy deseando. Jugué primero un poco con tu polla, te la mordí con gusto, luego metí mi lengua varias veces por el agujero de tu culo, para darle cabida a mis dedos, uno, dos, quería que sintieras el máximo de placer, y pareció dar resultado porque tu polla aumentó de tamano. Así seguí un buen rato hasta que me pediste que te la metiera entera, hasta los cojones, y así lo hice sintiendo como te atravesaba todo. Los reflejos del atardecer jugaban con las elegantes cortinas del fondo, en la pared de aquella habitación.


- ?Quieres más?. -!Pídemelo!. Así estuvimos hasta el amanecer, follando sin descanso. No recuerdo cuando, pero exhaustos, nos quedamos dormidos. Al despertar leí una nota que me decía que partías para no volver, que sólo estabas invitado para la inauguración. Quedaban apenas unas horas. Me ponías la dirección del hotel donde te hospedabas. Urgentemente escribí una nota y te la envié con un mensajero.. Quería, anhelaba, que llegara a tiempo y me respondieras. Aún no habían pasado ni tres horas y ya te echaba tanto de menos, que dolía, mucho, te deseaba tanto..

Tocaron a la puerta, eras tú. No hablamos. No hacía falta. Partías aquella misma tarde, pero quedamos en vernos en Barcelona el próximo verano, antes ninguno de los dos podíamos. Nos prometimos amor fiero para siempre... porque a los dos nos invadía un deseo incontrolado".

Ahora, humillado por volverte a insistir, sabiendo que te prometí paciencia y respeto por tu situación y olvido de nuestros encuentros en el pasado. Ya se. Tu no podías. Me siento hundido, sin fuerzas, aunque deseo, que con esta misiva y última, todo vuelva a la normalidad en mi vida y pueda buscar otro amor que llene tu vacío inmenso. Como te decía, es imposible seguir más tiempo con esta situación. Necesito verte por última vez. Te lo prometo. El viernes próximo inauguran la sala Capitol. Tienes la excusa perfecta para tu mujer, ya que estamos invitados todos los medios. Deseo que vengas. Necesito sentir otra vez tu piel sobre mi piel, tu boca en mi boca... te espero. Tuyo siempre. Ismael.

Pd.- La botella de cristal de Bohemia va envuelta con muchos recortes de periódicos y corcho. Espero que te guste. Más besos".

autor: Nicolás Ximénez







Lápiz. Maribel Cerezuela







26.- QUIEN FUERA TIERRA

Nicolás Ximénez

El estaba allí. Tal y como ella había imaginado se saludaron sin dejar de mirarse caminando hacia el auto. Hablaba. Decía que echaba de menos las largas noches de duermevela contándose las mil y una cosas que por su mente pasaban, esa sensación de conocerse desde siempre, desde hacía muchos años. Ella escuchaba. Habían estado mucho tiempo separados. Contemplaba su rostro y sonreía. Tuvo el deseo de tocarle el flequillo. Se contuvo.


........quien fuera tierra

de la calle donde pisas....


<<Es el sacerdote que se sube al minarete para llamar a la oración>> Imagínate calles estrechas, vacías, paredes blancas, puertas de madera pequeñas, como para enanitos, huele a especia, la gente lleva chilaba y pasa a tu lado despacio y mira al suelo. Sólo el ruido de las monedas de tu bolsillo, no hay prisa y no sabes, excepto por tu ropa, en que siglo estas. <De repente suena la voz de la llamada a la oración con un eco que corre por las calles pero suave, te invita solamente, te dice: ¡Alá es grande!,  quiere hablar contigo>. Me paro. Me siento en el suelo. Hace una ligera brisa que me seca el sudor. Ahora huele a tabaco, alguien fuma a mi lado. Miro hacia arriba, al cielo, el azul es blanco y la puerta de enfrente es azul, añil, alguien a mi lado me da un té con hierbabuena, está ardiendo. Miro a mi derecha, lentamente la pared blanca, la ventana enrejada de madera, la calle empedrada, y tú: ¡gracias por el té!>>

Llegamos. Te tocas los bolsillos, miras en la chaqueta. En el pantalón. En el bolso de mano. No sabes dónde has puesto las llaves. Te quedas un momento parado. Te ríes a la vez que te llamas de todo.. ¡espera!, ya se donde están. La espera del ascensor que llega al décimo piso se hace larga. Al final del pasillo el tintineo de unas llaves colgadas de la puertecita del magnifico buzón te esperan. Con cara confundida las coges. Aun no sabes como tuviste tal despiste. Cómo en tan poco tiempo habías olvidado lo que era de continuo una costumbre. Llegar a casa todos los día. coger la correspondencia, leerla en el ascensor. No recuerdas nada.


......quien fuera el agua

con la que calmas tu sed..


<Los diferentes paisajes se multiplicaban ante su ojos y le hacían brillar con una luz especial. Llevaban tres horas de tren. Tuvo sensación de hambre, o tal vez era hambre de verdad. Sentía pereza de cruzar los vagones, el acomodador le había dicho que tenía que recorrer un largo pasillo y pasar por al menos tres vagones diferentes. ¡Tenga cuidado señorita!. Hasta la una no se abrirá el vagón comedor y será mejor que se de prisa, pasados una hora nos separaremos en ese punto. Perdón. Perdón. Chocaba una y otra vez con los pasajeros que lo mismo que ella querían llegar a ese aroma tan especial. Ya olía a café. Sentía la espuma en los labios. Sí, tenía hambre y sed. Depositó el vaso en la mesa y fue a sentarse junto a ella. Quiso conversar y no supo como comenzar. Ella le comentaba que venía del Rocío, con voz muy ronca, apenas se la oía tanta felicidad acumulada por días de fiesta y abundancia de sol, ese sol que lo traía aún reflejado en su pelo corto, en su nariz quemada. Era la tierra que aún le abrazaba como cada noche de fiesta. El año que viene volveré, le decía muy segura. Volveré.>


......quien fuera el aire

que penetra por tu boca......


Pasaron un largo pasillo. Los reflejos del atardecer jugaban con las elegantes cortinas como dándome la bienvenida. ¿Quieres algo?. ¡Ven!, te muestro la casa. No lo oía. <Estaba mirando un cuadro maravilloso que colgaba de la pared blanca. Un carboncillo. Obra sin acabar. Me llamó la atención que estuviera enmarcada como quien está seguro de que no haber continuidad. Representaba a un señor de barba larga y pelo lacio que abrazaba con firmeza y tanta ternura que enternecía hasta la fibra más íntima de mi ser. Lo titulé, sin dudarlo "Paternidad" ¿Cómo una persona, por muy artista que fuese podía expresar tanto amor, tanta compenetración en aquél cuadro sin haber tenido hijos propios?.


... quien fuera espuma

para acariciar tu piel.....


<En aquél instante se hizo el cambio. La atmósfera se hizo más densa. Empezó a llover con tanta fuerza que parecía traspasarían los cristales. Sintió algo de frío. Un cierto temblor le recorrió por todo el cuerpo. Se sentó con cierto desasosiego y se puso a leer la revista que había comprado en el anden anterior. La lectura duró muy poco. No podía leer. El paisaje que se dejaba ver entre los cristales atraía con fuerza. Mejor lo veo y oigo un poco de música.>


....quien fuera el sol

para iluminar tu cara

quien fuera luna

para en tu lecho yacer....


Le miró. Con un gesto le decía que se sentase a la mesa. Había preparado varios entrantes y bebidas. Un combinado con mucha cocacola hielo y un poco de whisky para ella, un vodka con naranja para él. Querían ver la película  "City of Angels" con Nicolas Cage, Meg Ryan, Andre Braugheroco. a poco iba dejando de tener interés. 








27.- LA TÚNICA COLOR BUTANO.


(Homenaje a la canción "Burbujas de amor" de Juan Luis Guerra)

El calor era intenso y Lola llevaba una túnica de color butano, muy ligera. Al pasar cerca de la ventana que daba al balcón, la tela, con el aire, se cenía a su cuerpo, entonces tenía que apartar los ojos para ocultar la turbación que sentía. La veía desnuda, marcado su pecho bien formado, con los pezones erectos, la veo muy excitada, pensé.

Su cintura era pequeña, ombligo redondo, algo prominente, parecía indicar el principio del fin con aquella protuberancia de color negro rizado haciendo un triángulo perfecto que venía a indicar el camino de unas bien contorneadas piernas calzadas por unas sandalias de tacón de no más de cuatro centímetros, no le hacían falta, era muy esbelta, demasiado delgada para el gusto de mi padre, eso seguro. No llevaba bragas.

A ratos la miraba sintiendo que no era conveniente levantarme del asiento. De alguna forma estaba protegido por los brazos del sillón de mimbre donde me encontraba. Cuando Lola se movía levantaba una pierna, como si yo no estuviera allí mismo, cruzándola sobre la otra en postura de flor de loto sobre una butaca de verano adornada con un tapiz de tonalidades ocres y teja que la cobijaban ampliando el espacio donde se encontraba.

La miré sin prisas, su pelo de leona cordobesa, ojos que ni pintados por Julio Romero de Torres; me atreví a sonar que la acariciaba. Sentí mi propia respiración, asustándome por si ella se había dado cuenta. Avergonzado me levanté del sillón de mimbre y, como si fuese a colocar el libro en la biblioteca, me aproximé a verla más de cerca.
- zQué estás leyendo, Lola?.

- zDónde pongo "La Romana", de Alberto Moravia?. Me ha gustado bastante, una construcción muy estudiada que mantiene la intriga durante toda la trama. Gracias por dejármelo leer.

Lola levantó sus ojos color aceituna, sonrió con su boca de labios carnosos, perfectos, a juego con su piel de melocotón. Hizo un gesto de contrariedad, y me dijo que lo pusiera en la estantería segunda de la derecha. En aquel momento eché de menos la canon, estaba viendo un instante irrepetible, expresión de belleza sin igual en aquellas facciones de muchacha-. Su escote tan pronunciado me estaba poniendo nervioso. Sentí calor.

- ¿Te queda mucho?- Podíamos acercarnos al río.

- ¿Qué te parece?

- Buena idea. Dame unos minutos me pongo algo apropiado.

Así estás muy guapa. Coge tu bolso y marchémonos?.

Manu, por favor, sólo son las cinco. Enseguida estoy contigo.

Mientras se alejaba hacia el dormitorio comentó en voz alta la puesta de sol para dentro de unas horas. Hacía una tarde de verano apacible, pero demasiado calor y humedad. Sólo una brisa de viento, algo a destacar en aquella ciudad cubierta de hojas secas, papeles, botellas de plástico,.. el viento no parecía distinguir la afluencia ni la procedencia de tanta basura por las calles.

No había terminado con mis divagaciones cuando apareció por la puerta una Lola que no sabía si era un sueno o era real. Se había colocado un collar de piedrecitas de distintos tamanos, color madera, sobre su fino cuello, muy delgado y alto, para hacer las veces de botonadura de una camisa apenas sujeta con unos frunces sobre su pronunciado pecho, dejándose caer, totalmente suelta, sobre una minúscula falda de tela vaquera abierta a los lados por dos rajas descaradas que le llegaban demasiado arriba para ese naciente deseo encubierto.

Como quien le molesta algo, me saqué de un manotazo la camisa de entre el pantalón vaquero, tengo calor, dije, así estaré más fresquito, y cubrí un pudor desconocido, aunque bastante molesto, que parecía querer salir de mi pantalón ajustado. Sentí su mirada. Se detuvo en mí lo suficiente como para ruborizarme.

- Anda, vamos, o no veremos la puesta de sol. Dios mío, pensé, si apenas le cubre la falda las bragas. -?qué falda tan corta!-. No me atreví a decirla nada. Bajamos a la calle. La brisa movió la camisa de Lola. Nadie en la desierta calzada, ni debajo de su blusa. No llevaba nada. Mil aromas me vinieron, vainilla, giré la cabeza, mistela, no.. la más fuerte, canela. Me estaba mareando.

Subimos al auto. De camino hacía el río no paré de contarle los proyectos que tenía para el mes de octubre. La concesión de una beca me permitiría concluir los estudios de Bellas Artes en Venecia y quería compartirlo con ella, que parecía querer escucharme con atención. Era una buena oportunidad para dar el gran salto hacia algo más que unas exposiciones en las salas de arte de las Cajas de Ahorros. Algo más para darse a conocer internacionalmente. Lola sabía perfectamente que Manu pintaba mejor que muchísimos de los chicos de su ciudad. Incluso, dicho por los críticos de arte de los periódicos, con mucho más estilo y clase que la mayoría, muchos más experimentados y mayores que él. Sus cuadros sabían expresar aquello que la palabra no podía.

"Tengo un corazón
mutilado de esperanza y de razón
tengo un corazón
que madruga adonde quiera
¡ayayayay!"

Con el movimiento del auto, debajo de su blusa sus senos se movían libremente pues ella nunca usó sostén alguno. De su cuello escurrían gotas de sudor que rodaban hacia abajo siguiendo el surco de piel entre sus pechos redondos y duros. Llegaron a la desembocadura del río. Al bajar mi mirada se encontró con la suya; un solo movimiento rítmico y sensual, una sola respiración agitada y un mismo deseo. Lentamente, como un sujeto que es siempre suyo, un verbo que le pertenece y un predicado que anticipa el tiempo, fue despojándose de sus ropas para sentir los rayos del sol, el aire y la brisa sobre su piel morena. Necesitaba ese calor sobre sus huesos y de forma natural, como un tango bailado por una mujer hermosa, pelo muy largo, siempre moreno, ondulado, boca perfecta y ojos que llevan el ritmo con tanta gracia, se sentó en la cálida arena, sin toalla, decía que así sentía una caricia especial que fluía por su sangre hacia la cintura. Mirarla era sufrir en silencio, pero callé.

- Lola. zNos banamos?. Le propuse mojar la piel, sentir la fría corriente del río. Pero ella no quiso apuntarse. No le molestaba ese rayo de sol que a mí me picaba hasta la garganta.

"Y ese corazón
se desnuda de impaciencia ante tu voz
pobre corazón
que no atrapa su cordura"

Me alejé hacia la orilla. La dejé absorta oyendo la canción de Juan Guerra a todo volumen. Le apasionaba y no pareció importarle mi huida de ella, de su olor, su piel suave, su mirada de nina, su pecho orgulloso... El agua estaba bastante fría para ser una tarde de tanto calor, pero la necesitaba. Me ayudaría a solventar lo que me empenaba en esconder entre las piernas sin ningún éxito. Nadé, floté más bien, oliendo las algas marinas que habían sido arrastradas hacia la desembocadura del río, olía a pescadito frito del chiringuito "Los Cortes". Me entró hambre y decidí volver a su lado... Allí seguía Lola, tumbada boca abajo, con un brillo especial en la piel. Las piernas más bonitas que había visto nunca, una espalda de simetría perfecta, culo algo respingón... pensé en volver al agua cuando Lola me dijo que me acercara y por favor, le untara la espalda con crema hidratante.

- zNo puedes tú sola? (dios mío, pensé, no se da cuenta de que si la toco no podré contenerme... la deseo con mucha fuerza, la quiero para mí).

"Quisiera ser un pez
para tocar mi nariz
en tu pecera
y hacer burbujas de amor
por donde quiera
¡oh! pasar la noche en vela
mojado en ti"

No tenía excusas ante tanta insistencia inocente. Me acerqué, tomé la crema y empecé a darle ligeros masajes por los hombros, la espalda, bajé hacia la cintura... mi respiración me delataría, cada vez la notaba más agitada de la emoción que me estaba embriagando, y no precisamente del aroma a plátano de la crema. Bueno. -Ya está-. -Ahora sigue tú sola por las piernas o te quemarás. Lola me miró como quien no sabe nada del deseo que hace que dos cuerpos quieran estar juntos y me dijo:-Manu, por favor, no te hagas de rogar. Me senté mirando hacia el sur, encima de su culo, como formando parte de un juego improvisado. A Lola pareció gustarle la idea porque empezó a reírse y me comentó que si es que me quería vengar del trabajo que me había encargado aplastándola. Le dije que se callara y me dejara terminar cuanto antes. Seguí como si no la oyera reír untándole las ingles, los muslos de sus piernas, las corvas, hasta los tobillos una y otra vez...La excitación ya no se podía disimular. De pronto Lola me pide que la deje darse la vuelta, lo hago como un autómata de forma que ahora quedo encima de sus caderas. Sigue por esta parte, me dijo, y yo seguí con la crema. Abrió las piernas tanto que le podía ver la línea que separa las ingles del comienzo de su pubis, pelo negro, piel morena...

"Un pez
para bordar de corales tu cintura
y hacer siluetas de amor
bajo la luna
?oh! saciar esta locura
mojado en ti"

Ya no pude más. La tomé por los pies y empecé a darle besos uno a uno, después por los tobillos, las piernas, una y otra vez hasta llegar a las ingles. Allí me recreé sin brusquedad, le desaté el tanga por los lacitos de los lados. Lola ya no reía, sólo estaba pendiente de lo que hacía. Su piel me decía que quería más, sus piernas abiertas, sus labios rojos. Le tomé el cáliz que me ofrecía, comí y bebí todo el jugo hasta hacerla gritar ?basta!. Con unas manos temblonas me quitó el bañador y a su vez empezó a acariciarme con ansiedad dándome pequeños mordiscos por todas partes... ¿Quieres que te folle?. Pídemelo. Dime. ¿Quieres, Lola?. Lola me tomó la boca, cerró mis labios con un beso que me quemaba. Abrazada a mí con fuerza me dijo al oído que la amara. ¿Ámame!. ¿Fóllame!. Rodamos por la arena, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en su boca. La tomé por la cintura penetrándola con fuerza. Gritó de placer. Jadeábamos los dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. No estábamos solos. Las gaviotas vinieron a ver lo que estábamos haciendo. Querían saber. Nada importaba. La seguí besando mucho rato. Mis manos sujetaban su cabeza, pelo suelto, larga melena. Le besé la nariz y le dije muy quedo::  ¡¡Te quiero Lola!!.

"Y este corazón
se desnuda de impaciencia ante tu voz
pobre corazón
que no atrapa su cordura"




autor: Nicolás Ximénez






32.- EL CUADRO Y LA LLUVIA


Era un día de tormenta. Igual que hoy, el miedo no me dejaba descansar. Esos truenos que no paraban de retumbar en mis oídos, como eternos golpes sobre el metal. Y no se va. Subí a la terraza, no se fuese a hundir el techo de la habitación que daba a la buhardilla de mi vecino. O tal vez subí porque la intranquilidad me decía que tenía que buscar cobijo..., o tal vez..., pero no podía ser. Sólo lo había visto una vez, en las Galerías del Corte Inglés. Aquél día entré a los probadores con un pantalón negro de pinzas, muy elegante; al salir del probador para que la dependienta me diera su visto bueno a cómo me quedaba el pantalón de largo, me crucé con su mirada que, con un gesto algo burlón, o al menos así me lo pareció, me comentó: - ¡te quedan perfectos!. 

-¡Ah!, ¿eres tú el nuevo dependiente?. Risas.


Sus dientes blancos, perfectos, su cara de osito de peluche, ojos para no dejar de mirar, boca para besar.. ¿de dónde había salido este chico tan atractivo?. Mejor ni preguntarlo. Elvira llegó pronto. Pareció comprender las risas y el motivo. Irritada por el atrevimiento, le pedí por favor, me midiera el falso, porque me daban mucho miedo las tormentas y se avecinaba una buena con esta lluvia. 

- Tranquila, me dijo, con un brillo especial en esos ojos burlones, tan almendrados que dios le había dado, o su padre y su madre, que para el caso es lo mismo. Ágilmente me puso alfileres alrededor del falso, medida perfecta y pasé al probador, quería irme antes de que la tormenta fuese cada vez más fuerte. Reconozco que era un miedo no superado desde aquella vez, en el pueblo, que estuvo lloviendo durante toda la noche "a cántaros"; mi vecino Manuel, que así se llamaba, al subir a tapar las goteras que caían techo abajo, se resbaló y cayó sobre nuestra azotea. Murió en el acto. La visión de su cuerpo allí sangrante y sin poder hacer nada por remediarlo, se quedó grabado en mi mente. Era demasiado pequeña para comprender aquella injusticia del destino. Dejaba dos niños pequeños y una viuda muy joven.


Últimamente estoy de un sensiblero cursilón tremendo, cualquier cosa me irrita o me excita... tendré que ir más a menudo al gimnasio, pensé. Salí acelerada, tomé las escaleras del fondo y, en vez de bajar hacia la calle, que era lo lógico, subí a tomar un té con hierbabuena a la cafetería. Había estado otras veces. Muchas. Me gustaba el olor a té, a café, el ruido sin distinción de frases, ecos de voces de la gente que siempre había en aquella hora punta. 
"Un te con hierbabuena, un aroma en el recuerdo y nada en de gusto en el paladar.  Andares que investigaron otros mundos de este pequeño universo, pasos aprendidos que nunca se olvidarán.  Pero no todo lo investigado, conocido derivó en placeres encontrados, aunque sí quedó para siempre una imagen, una voz sonora, unos ojos que brillaban vivos, expresivos, gritando: ¡ basta ya!.  Letras de canciones - con temas críticos- la fábrica, el trabajo, la rueda dejó de ser madera hace tiempo para no cesar de girar.  Palabras y más palabras, frases entrecortadas, nerviosas, impregnaron nuestro recuerdo, sólo eso que no es mucho y nada más".

La nuca empezó a quemarme. Sentía una mirada fija en ella. Lo notaba. No quise levantar la cabeza hasta que se acercó el camarero con el servicio pedido. Dándole las gracias, giré hacia donde mi nuca me delataba, pero no vi nada especial. Al volver la cabeza hacia mi humeante té allí estaba él. Se había sentado enfrente y, me empezó a contar que en días de tormenta como el de hoy, él prefería la compañía de una chica guapa. - No protestes. -Escucha. - Tengo mil historias que contarte. Hablaba, hablaba. Gesticulaba con las manos; me abarcaba toda con su dulce mirada. 

Acabé participando de la conversación. Apenas recuerdo cuando, ni cual fue la palabra que encadenó mis frases con las suyas, qué alegó o afirmó, pero allí estábamos los dos, discutiendo sobre las nuevas tecnologías y la fuente de alimentación de mi ordenador, que a buen seguro, me costaría más de 60 euros, por haberme dejado la ventana abierta de par en par. Aquella tormenta no parecía tener intención de interrumpirse. Tenía la manía de tener el ordenador pegado a la pared y justo a mi derecha, había un ventanal enorme que me gustaba. Cuando llovía las gotas se agolpaban en el cristal con ese ruido tan característico que tanto me gustaba. Todo perfecto si no había rayos, truenos, todo menos eso.

Subí a la terraza, toqué a su ventana y me abrió al instante. Otra vez esa sonrisa tan suya. Sus gestos. No hacía falta que dijera ni una palabra, sentía que podía leerle el pensamiento. Me embriagaba.


-¿Estabas espiándome?.


- Qué amabilidad la tuya chica, encima de que intento que olvides tus terrores por las tormentas. Sé cuanto te asustan. Me disponía a pedirte el favor de que me acompañaras. Podíamos jugar una partidita de mus, de ajedrez, lo que sea, seguro que se pasa enseguida, anda, pasa.


-¿Pasa?. Querrás decir que baje a la calle y me acerque a tu portal. Tu buhardilla no tiene entrada a la terraza, ¿recuerdas?. Pensándolo bien. ¿no decías que tenías un dinero ahorrado?. Podías pedir permiso y hacer la ventana más baja.. nos serviría de puerta. - ¿qué te parece?. 


Ya estás inventando. - Anda, no te demores. Cerró la ventana.

No quise tomar el ascensor por si se iba la luz. En el rellano había un farol azul, me quedé parada. Recordé las luces azules del quinqué en forma de botijo de Galerías. Cómo Tomás me había abrazado, besado, ansiado en aquél rellano del cuarto piso. Giré la cabeza. Estamos locos. Sólo que en Galerías, inesperadamente nos encontramos con una alfombra que algún empleado había dejado olvidada, lo cual nos alegró ya que nos sirvió de cobijo al deseo, la gula de nuestros cuerpos, el olvido del presente hacia un larguísimo infinito...Sus manos me acariciaban seguras, firmes, justo por donde yo más deseaba sin indicárselo. 

Nuestra armonía era perfecta y nuestros deseos satisfechos en sincronía como amantes que llevan conviviendo juntos toda una vida y les ha dado tiempo de contarse mil una manías, querencias, gustos, para hacer el acto de amor más placentero. Ese pensamiento aceleró mecánicamente mi paso. En unos segundos estaba tocando a su puerta. Un poco cansada, cuatro pisos que me empeñé en subir . Manías vergonzosas de contar, pero que podían llegar a paralizarme si con la lluvia venían tormentas, truenos o relámpagos. Me recibió con una camisa de rayas manchada de restos de pintura.


-¿Qué hacías?. ¿Pintabas?


- Si. Pasemos a la buhardilla. Entra. Estaba acabando "El Apocalipsis", me presento al premio L'Oreal y me queda poco tiempo, se acaba el plazo el día 15 de mayo.


-¿Puedo verlo?


- Claro. Qué preguntas tienes. Me gusta una buena crítica y tu opinión se que será sincera y muy instructiva para mí.

Me senté a contemplar como terminaba unos trazos, sombras sobre la figura de un gran caballo alado que iba montado por un bello arcángel.  - Qué preciosidad. Es muy original. Nunca había visto nada igual, en serio. La estructura del cuadro es perfecta, siendo como es un mural tan grande, la armonía es lo más destacable del cuadro, así como el colorido. Cuanta belleza en las imágenes del mundo, las aguas, las gentes, los animales sobre la tierra, y estos caballeros del Apocalipsis... parece que me están hablando.. Qué caballos, ni que trotaran. Es maravilloso. Si no te dan el premio es que hay tongo. 

Tenía puesta una música suave y adornos de luz, mucha luz, por todas las esquinas de distinta intensidad. -¿por qué tanta luz?.


- Así doy al cuadro la sensación, en tonos y sombras, de que ocurre el gran capítulo que movió al mundo. Me ayuda a crear el entorno... Me costó varios meses prepararlo. He tenido en cuenta todos los detalles, incluso rodé una película primero del movimiento de los caballos. Si, creo que por eso te gustan tanto. Me ha costado pero el fruto lo estoy recogiendo ahora que está casi acabado.


- Uno de los arcángeles no llevaba más vestimenta que sus alas y curiosamente estaba muy excitado. Me llamó la atención ese detalle y se lo comenté. Me contó que la muerte, cuando se siente cercana excita. No sabía como explicármelo, pero así es.. por esto ha representado a este arcángel al borde del éxtasis.


Sus explicaciones, sus manos moviendo los pinceles, sus piernas debajo de aquella camisa de pintor me estaban poniendo muy excitada... sentía mi cuerpo latir deseoso de sexo, de la pasión que inundaba aquél cuadro. Fui hacia él, puse mis manos sobre sus piernas, subí lentamente hacia las ingles, lamí su piel hasta las rodillas, luego hacia su cintura... le pedí que se quitara la camisa con decisión, casi mandando.. lo deseaba ya.. no quería que se rompiera el embrujo que me estaba embriagando.


Sentí como si el mismísimo arcángel bajara del caballo, poderoso me tomó en sus brazos, pecho con mucho vello rizado, aroma a óleos, trementina.. pasión y gozo entre sus muslos. Al poco tiempo ya estábamos gritando de placer mutuo por el suelo, sin más ropa que la piel de nuestro cuerpo, sin más sentires que nuestro sentimiento...
 "su cuerpo, sin prisas, se aproximó a mi cuerpo, rompe el aire que nos separa y me cobija en un inmenso abrazo. Su boca es mi boca, tus brazos en mis brazos, sus manos me envuelven toda, acariciándome al compás de mi ritmo cardiaco. Déjame que te vaya necesitando, que mi cuerpo reclame tu piel, tu calor, olor, sabor, para formar un sólo cuerpo, una sola alma... Quiero sentir tu cuerpo en mi cuerpo y tu piel en mi piel.  Como un acordeón me despliego a tus encantos. Abriré para ti, de par en par, las piernas que sujetan la vida que da a otras vidas.  La tierra que habité la arranco con uñas y dientes, construiré nueva sabia donde brotará la leche que un día me amamantó,  de tanto placer como los dioses me han otorgado al sentir tu presencia.  Me tomarás, besarás, follarás..., a ese ritmo que sólo tú sabes hacerme sentir, esa necesidad de ti que me abre toda como una flor con cada uno de sus pétalos. Sin convicción, anulados mis sentidos, con toda la lujuria que el amor otorga a los perfectos amantes. Con ese deseo que sólo tú sabes calmar.  Tómame. Te quiero."

Con sus manos fuertes, poderosas, me tomó con fuerza, me hablaba. Decía palabras fuertes, escandalosas a los oídos de los niños.. empezó a acariciarme con ansiedad, beso a beso, pequeños mordiscos por todas partes... ¿Quieres que te folle?. Pídemelo. Dime. ¿Quieres?. Me tomó la boca, cerró mis labios con un beso que me quemaba. Abrazado a mí con fuerza me dijo al oído que le amara. ¡Ámame!.  Rodamos por el suelo, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en su boca. Me tomó por la cintura y me subió encima de su miembro, duro, fuerte, me penetró con toda su fuerza.. Sólo se oía hablar al placer, acompasados.. jadeábamos los dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. No estábamos solos. A lo lejos, en la pared del fondo, el Apocalipsis bendecía nuestro deseo.. Nada importaba. Le seguí besando mucho rato. Me estuvo montando con tanta fuerza que todo me dolía..., hasta las caderas... Mis manos sujetaban su cabeza, pelo corto, moreno. Le besé una vez más la boca y,  en el oído,  le dije muy flojito: ¡¡Te deseo¡¡


El sol dejó sus reflejos de atardecer jugando con nuestros cuerpos. ¿Quieres más?. ¡ Pídemelo.!. Así estuvimos, muy juntos hasta el amanecer, follando y follando sin descanso. No recuerdo cuando, pero exhausta me quedé dormida.  Gozamos entre el inmenso mar de luz de aquella habitación de pintor. Amor sin prisas, al tiempo que la avaricia de su cuerpo me pedía más y más. A lo lejos oí como si el arcángel alado me hablara desde aquél lugar dominado por los jinetes del Apocalipsis, que me había parecido, nos sonreían con mucho descaro.

"Han pasado muchas lunas, mareas bajas, peces en los ríos, sueños que despertaron  y todo sigue igual. La hoja amarilla fruto del álamo en otoño, la nuez del invierno, el chasquido del agua en la roca, el canto del jilguero, parece que nada ha cambiado, todo sigue igual".

Autor: Nicolás Ximénez






28.- FOLLANDO EN LA FACULTAD

JUAN M. FERRER




Lo que a continuación vais a leer, espero que ávidamente, ocurrió en el verano de 2000, durante mi penúltimo curso de carrera.

Era un caluroso día de agosto en el campus universitario de Almería, simpática ciudad del sureste español, en la cual resido actualmente. Me habían quedado para septiembre Derecho Financiero II y Derecho Procesal I, dos auténticos ladrillos, y todas las mañanas acudía a la biblioteca de la facultad para estudiar, sobre todo porque allí había aire acondicionado, lo cual ayuda bastante a la hora de concentrarse en el estudio en esas agobiantes fechas. Pero ese no era el único motivo…. En verdad he de confesar que la causa principal era una chica, dos cursos por debajo del mío, que también acudía allí para estudiar y a la cual ya le había echado el ojo desde hacía un tiempo. No sabía aún cómo se llamaba, pero me prometí a mi mismo que antes de que acabara agosto la conocería. Y, para mi dicha, eso ocurrió mucho antes de lo que yo esperaba…

Era una hembra poderosa.  No era muy alta, 1,65, cabello liso castaño que le llegaba por la cintura, ojos miel achinados, finos labios, tez clara y suave, grandes pechos (una 90 diría yo) y un prominente y duro trasero respingón. Total, un bombazo de tía. Los fines de semana trabajaba como azafata de J&B en pubs y discotecas. Era todo un espectáculo verla vestida con el traje perfectamente ajustado a su tremendo cuerpo, resaltando aún más sus deliciosas curvas.

Ese día iba acompañada por otra chica, a la cual nunca había visto antes. Parecían muy amigas. Estaban sentadas justo enfrente mía. Mª Mar tenía recogido el pelo en un moño hecho con un bolígrafo bic. “Un intelectual moño”, pensé. Ese día iba espectacularmente vestida, como casi siempre. Llevaba un body blanco ajustado, a través del cual se podía divisar un sujetador oscuro que sostenía sus enormes y bien contorneados senos, unos vaqueros bien apretados, marcando culo y unos bonitos zapatos de tacón. Podía oler su embriagador perfume, creo q era MILLENIA. Era demasiado, estaba poniéndome muy malito esa mañana…

La otra chica que la acompañaba tampoco estaba nada mal, pero mi atención estaba centrada al 200% en M. Mar. No podía evitarlo, me atraía como a un imán y me excitaba muchísimo.

Serían las 11.15 am más o menos cuando me levanté y salí fuera para fumarme un cigarrillo y liberar tensiones, tanto intelectuales como eróticas. Me percaté que, al levantarme, las 2 se miraron y la amiga le dijo algo al oído mientras me miraban y sonreían. Eso me gustó. Me senté en uno de los bancos del hall de entrada mientras le daba pausadas y hondas caladas al cigarrillo. Lo apuré hasta el final. En esto, ambas salieron de la sala de estudio y se sentaron en un banco que había frente al mío. Comenzaron a mirarme y a hablar entre ellas. Soltaban adolescentes risitas de vez en cuando. De repente, vi que Mª Mar me hacía una señal con la mano. Yo miré alrededor, entre confundido y asombrado de que me estuviera señalando; pero no había nadie. Era claro que se dirigía a mi. Se lo pregunté “¿Es a mi?” y asintió con la cabeza mientras sonreía. Hizo un ademán con su mano para que fuera a sentarme a su lado. Estaba muy nervioso. Pero no lo pensé ni un segundo más, me levanté y me dirigí hacia ellas. Me senté a su lado. “¡Hola!, ¿qué tal, descansando?” les pregunté; ellas se rieron y me contestaron que si. La chica me preguntó cuál era mi nombre. “Me llamo Juanma, ¿y vosotras?”; me contestaron. La amiga se llamaba Yolanda, Yoli para los amigos/a. Era una chica alta, 1,75 más o menos, cabello rizado castaño, ojos castaños, labios gruesos, apetecibles y sugerentes, dispuestos siempre a chupar buenas vergas.  Me preguntaron si yo hacía también Derecho y en qué curso estaba. Les contesté que 4º. Ellas hacían 2º y les había quedado el Penal de 2º para septiembre. M. Mar me preguntó cómo me fue a mi con el Penal. Le dije que muy bien, tanto el de 2º como el de 3º los aprobé a la primera, en la convocatoria de Junio. Me preguntaron que si les podía ayudar, porque a ellas no les gustaba esa asignatura y M.Mar me pidió el teléfono. Con un rápido movimiento cogió el bolígrafo que sostenía el moño y se desmelenó. Sacó un papelito y yo le disparé mi móvil. Parecía como si lo hubiesen planeado todo. Empecé a sospechar que cabía la posibilidad de que yo le atrajera un poco, cosa que nunca me lo había planteado pues nunca me percaté de que se fijara en mi, lo cual me sorprendió gratamente.

Después de esa charla volvimos a la sala y pasamos el resto de la mañana estudiando. De vez en cuando ellas me preguntaban algo o me comentaban alguna tontería. Era genial, ya habíamos entablado conversación. El primer paso estaba dado. La tarde de ese día la pasé en casa, estudiando mucho más concentrado y masturbándome pensando en cómo M. Mar era follada por un semental negro de enorme tranca. Esa noche casi no pude dormir pensando en la mañana siguiente. Era como si presintiese que algo muy bueno, fabuloso, me iba a suceder…

A la mañana siguiente, sábado, llegué muy temprano a la biblioteca de la universidad. Ella aún no había llegado. Me senté y coloqué mis cosas y me dispuse a estudiar. A la media hora escuché el sonido de unos tacones que atravesaban la sala y el suave olor a perfume, inconfundible, me anunció su llegada. Esta vez venía sola e insultantemente vestida, lo que produjo una oleada de murmullos varoniles. Era normal. La chica se había pasado esta vez. Venía con un blusita de rayas azules y blancas, pegada al cuerpo, resaltando sus pechos y una minifalda blanca, tan inmaculada que al trasluz se podía ver su tanga de color rosa y que permitían admirar sus macizos muslos. “¡Hoy va a arrasar!”, pensé, “demasiado provocativa, van a empezar a revolotearle hambrientos buitres”. Se sentó frente a mí y me saludó. Yo le correspondí en el saludo. Ella sacó sus libros y apuntes, el Código Penal y comenzó a estudiar. De vez en cuando cruzábamos miradas. Recuerdo que en una de ellas me guiñó un ojo. Yo me sonrojé.

Después de un buen rato estudiando ella me propuso ir a tomar algo a la cafetería. Salimos y en el camino charlamos un poco sobre las asignaturas. Antes de entrar en la cafetería M. Mar me dijo que tenía que ir al baño, que no podía aguantar más. Me preguntó que si quería acompañarla. Los baños estaban en el piso de arriba, justo encima de la cafetería. En ese instante mi corazón se aceleró de 0 a 1000 p/h. Casi impulsivamente, sin pensar, le dije que sí, que la acompañaba. Era la respuesta que estaba esperando, porque me sonrió, me cogió de la mano y subimos las escaleras. Nos dirigimos a los aseos de chicas. El pasillo donde se encontraban estaba vacío. Era algo normal en pleno agosto y además en sábado. El campus se queda semidesierto. “Mejor para nosotros”, pensé. Nos metimos en los baños y M. Mar cerró la puerta con cerrojo. Se dio la vuelta y nos quedamos uno frente al otro, mirándonos, ella sonreía picaronamente, sin parar. El calor incitaba al deseo, al pecado. De repente, comenzó a dar vueltas alrededor mío y a decir que yo no estaba nada mal, que tenía un buen polvo. Se quedó detrás mía y empezó a tocarme el culo con suavidad al principio, luego fuertemente y con deseo. Sus manos recorrían mi velludo pecho, mi torso, bajaban lentamente hasta llegar a mi paquete del cual sobresalía ya un duro bulto. Al llegar ahí ella soltó un gritito de satisfacción. “¿Pero qué maravilla es esta?... mmm, ¡qué bueno!”, dijo. Yo ya no pude aguantar más y me volví. Miré en la profundidad de sus ojos y puede adivinar la lascivia que de ellos se desprendía, la lujuria a la que invitaban. Así que la agarré por el culo, levantándole la minifalda y empecé a besarla salvajemente, metiéndole la lengua hasta el fondo, hasta la campanilla casi. Bajé como un loco hasta sus senos, desabroché su camisa rompiéndole los botones. No llevaba sujetador y su tetas se mostraron ante mi en todo su esplendor. Maravillosas, bien contorneadas, sus pezones estaban tiesos, turgentes. Empecé a chuparlos y  morderlos. Ella se retorcía de gusto. Le dije que me chupara la polla. Ella accedió sumisamente, sin rechistar. Además, lo estaba deseando. Desabrochó mis vaqueros y bajó mis calzoncillos burdeos. Mi gran verga pétrea salió disparada de su prisión hacia su boca, la cual engulló entera. ¡Era delicioso!. M. Mar era divina, la chupaba con gran maestría; parecía tener mucha experiencia a pesar de contar apenas con 20 añitos recién cumplidos. Adelante y atrás, sin parar, adentro y afuera, lamía en círculo mi capullo, el glande, me agarraba fuertemente los huevos y también los chupaba cual loba hambrienta. Era una zorra y eso me encantaba y al parecer a ella también. Yo la agarraba del pelo y dirigía su cabeza hacia delante y hacia atrás, a un ritmo uniformemente acelerado, frenético. Me dijo que hacía tiempo que estaba deseando tener mi tranca en su boca y que estaba muy mojada porque por fin lo había logrado. Yo le contesté que también yo tenía ganas de follarla como iba a empezar a hacer en ese preciso instante. La levanté y la puse de espaldas hacia mi, ella apoyada en los lavabos y de cara al espejo. Le quité por completo la minifalda blanca y aparté un poco el tanguita rosa que llevaba y la embestí sin piedad por su magnífico conejito rasurado. Su coño estaba muy caliente y goteaba de necesidad. Recibió mi aparato con gran satisfacción y gozo. Y empecé a montarla como un potro desbocado, sin parar. La follaba con tal deseo que creo q a veces le hacía daño, pero no le importaba porque era lo que había estado anhelando durante tiempo y yo también. Además, nos ponía muy pero que muy cachondos el poder contemplarnos frente al espejo mientras echábamos ese gran polvo. Mi gran pollón rojo y gordo la penetraba una y otra vez sin parar, mientras con el dedo índice hurgaba en el agujerito de su culo lo cual ella agradecía con gemidos de placer incontrolables. Ella gozaba sin parar, corriéndose una y otra vez. Me pidió que se la metiera por el culo. Pero antes lubrifiqué un poco su ano con agua y jabón de baño. “¡Vamos, cabrón, mi culo necesita tu polla, métemela ya!”, me dijo mientras se masturbaba y yo untaba mi dedo índice de jabón. La volví a poner de espaldadas e hice que se agachara un poco más. Era un espectáculo verla en esa posición, en pompa. Sus prietas piernas, apoyadas sobre sus tacones y su potente culo, insinuándoseme descaradamente, que parecía querer decir “¡Fóllame papi, sin parar!”. Así que me dispuse a ello sin pensármelo más veces e introduje mi roja verga en su culo, bien lubrificado. Al principio con cuidado, pero cuando todo él estaba ya dentro empecé a darle caña. Al principio gritaba un poco pero luego se abandonó al placer, al goce del roce. ¡Ooh, qué bueno!. Era un deleite, placer de dioses. Sentir cómo mis muslos chocaban contra sus nalgas. Era una sensación deliciosa. Ella se tocaba el coño por debajo con la mano derecha e introducía sus dedos, desde la uña esmaltada roja carmín hasta la última falange. Yo ya no podía más y le dije que me iba a correr. Se dio la vuelta y se metió mi roca en su garganta y allí descargué todo mi esperma, toda mi leche condensada, que se empezó a desparramar por sus labios, por su boca, por su barbilla, cayendo gotas en sus pechos. “¡Ahí tienes, zorra, toda para ti, chupa hasta la última gota, ordéñame sin reparos, vamos!”.¡¡OOHH, QUÉ BUENO, QUÉ CORRIDA!!. Fue inolvidable. La sensación de relax fue indescriptible.

Mientras nos arreglábamos alguien intentó entrar. Nos miramos sobresaltados. Cuando estuvimos listos abrimos la puerta. Era una chica que quería entrar. Nos miró sorprendida y nosotros le sonreímos. Luego, mientras bajábamos las escaleras, soltamos un par de carcajadas. Le pregunté a M. Mar si quería tomar algo para desayunar. Me dijo que no porque acababa de desayunar leche de calidad y me guiñó un ojo. Ese comentario hizo que mi autoestima se elevase considerablemente, por las nubes, como suele decirse. Yo sí fui a la cafetería a tomar algo y a recrearme en esos increíbles momentos, casi sacados de la mejor película porno, pero reales, muy reales, académicamente reales, como la vida misma…

 










29.- ©----- Original Message -----
From: Juan Manuel Ferrer




PASIÓN MEDITERRÁNEA



Recuerdo que las manecillas del reloj marcaban las 12 en punto de la mañana de uno de esos calurosos días de julio, tan típico por aquellos lares. Un día soleado, con un calor abrasador, cerca de 38 º. Las gotas de sudor producidas por los implacables rayos de sol se deslizaban lentamente por mi rostro. Pero aquel día me sentía el hombre más afortunado de la Tierra. Me encontraba junto a una hermosa mujer de curvas impactantes, sensuales, una hembra poderosa, muy atractiva, irresistible. Empecé a recorrer su cuerpo lentamente con la mirada. Cabello liso castaño claro, ojos del mismo color y boquita caramelo de fresa, de labios gruesos.

Estábamos tumbados sobre dos toallas en la arena de una cala virgen, casi inexplorada, salvaje, del Cabo de Gata, en la costa de Almería. Ella y yo solos, sin nadie que nos molestara, que pudiera perturbar la erótica magia de esos momentos. Nadja, mujer misteriosa y carismática, de bello y delicado perfil etrusco, mostraba sus senos al sol, para que se broncearan convenientemente. Yo los admiraba con deleite, observándolos complacido. Pechos suaves, redondos, perfectos, firmes, de pezones turgentes. Sus muslos jóvenes, duros y prietos. “¡Es una magdalenita dulce y apetitosa!”, pensé. De repente, como si hubiera podido leerme el pensamiento y adivinado lo que en esos momentos bullía en mi cabeza, comenzó a mirarme y a esbozar una sonrisa cómplice. Al principio me sentí un poco avergonzado. Pero luego me lancé y le guiñé un ojo, pudiendo comprobar para mi dicha que era correspondido en el gesto. Nadja llevaba puesto un sugerente tanga color blanco lo suficientemente transparente como para que al emerger su cuerpo de las cristalinas y cálidas aguas mediterráneas, cual bella sirenita en todo su esplendor, se le transparentara su sexo, su dulce conejito rasurado. “¡Es todo un espectáculo observar a esta mujer!. Soy muy afortunado de tenerla a mi lado”, pensé nuevamente.

Eran ya cerca de las 12.30 horas. El calor apretaba sin piedad. De repente, Nadja se incorporó y comenzó a beber agua de Vichy de una botellita q tenía a su lado. Unas gotitas del frío líquido cayeron sobre sus senos, mojándolos. Seguidamente cogió un bote de crema y me pidió, sonriendo, q le echara un poco sobre su espalda. Mmmm, “¡que bien!. Es mi oportunidad, tengo q aprovecharla”.

Me acerqué a ella un tanto nervioso. Cogí el bote de crema. Ella se volvió sobre sí misma y se tumbó de espaldas a mi, sobre sus magníficos senos. Yo me coloqué encima suya, a la altura de sus caderas. Me eché torpemente un poco de crema en las manos y comencé a masajearle los hombros. Suavemente, con cariño y delicadeza. Quería q se relajara, q viviese y disfrutase el momento. Mis dedos recorrían su espalda con movimientos armoniosos y sutiles, suaves y precisos. Nadja soltaba de vez en cuando alguna que otra risita cómplice y placentera así como algún suspiro de relax. Era maravilloso contemplar su suave y bronceado cuerpo y aún lo era más acariciarlo.

Yo continué masajeándole la espalda. Pero me estaba poniendo cada vez más excitado. Me encontraba arrodillado sobre su trasero. Mis partes encima de sus prietas y respingonas nalgas. “¡Mmmm, no sé si aguantaré mucho en esta postura sin empalmarme!”. Imposible, cuando pensé aquello ya era demasiado tarde y estaba totalmente empalmado; la tenía muy, muy dura.

Nadja, como era lógico, notó algo. Inclinó un poco hacia atrás la cabeza y me miró sonriendo.”¿Estás cachondo cariño?” me preguntó. Yo le dije que mucho, pues naturalmente era inútil disimular mi erección. Ella cogió la muñeca de mi mano derecha y, con un sutil gesto, hizo un ademán para que dejara de echarle crema. Yo me levanté y ella se incorporó. Frente a frente, Nadja y Alexis. Nos miramos a los ojos. En ellos se podía vislumbrar el deseo, las ganas de yacer, de disfrutar, de gozar del sexo. Mmmm, sí. Los dos cuerpos eran un auténtico volcán a punto de estallar.

Nadja se inclinó y me dió un beso en la boca. Yo ya no podía soportarlo más. La agarré por la cintura fuertemente y comencé a besarla con fruición y lujuria. Apreté su poderoso culo con mis 2 manos, mmm, q bueno. Al unísono, le mordía el cuello, lamía sus senos, mordisqueaba sus duros pezones cual cachorro salvaje. Ella gemía de gusto. Me agarró la espalda y empezó a mordisquearme el cuello y a meter su lengua en mis orejas. Su mano comenzó a bajar lentamente y se metió en mi bañador acariciando mi pene, q a esas alturas del partido ya estaba bien erecto, tocó mis huevos y los apretó mientras nos besábamos profundamente.¡Oh, qué bien,!. Parecía que el tiempo, la historia, se hubiera parado para los dos en ese preciso momento y no nos importaba nada en absoluto los ojos morbosos de quien nos pudiera estar observando. Eramos presa perfecta de ávidos voyeurs. Pero nos daba igual. Para nosotros no existía nadie más en aquellos instantes, el mundo era nuestro, de Nadja y Alexis. Parecía como si hubiéramos vuelto al paraíso.

La pasión se desbordó. Yo me quité mi bañador, pero le pedí a ella q no se quitara su tanga, me excitaba mucho. La cogí de la mano y nos dirigimos hacia unas rocas que había cerca de donde estábamos tumbados y para llegar a las cuales tuvimos que meternos en las cálidas y límpidas aguas del Mediterráneo. Nadie nos observaba. Allí Nadja sacó un pie del agua y lo subió hasta apoyarlo sobre el filo de una roca mientras con la otra mantenía el equilibrio en la arena de la orilla. Ella estaba totalmente abierta dándome la espalda. Yo comencé a lamer su conejito bien rasurado, mmm, ¡qué rico!. De vez en cuando algunas gotas de agua salpicaban nuestros cuerpos. ¡Era una sensación increíblemente placentera!. Nadja empezó a gemir de placer, empezó a gozar. Yo seguía comiendo su coñito, suave y lindo, mientras le daba palmaditas en sus muslos. Ella se mordía los labios y cerraba los ojos. Estaba en pleno éxtasis. Carpe diem. Estaba disfrutando y eso me encantaba y me excitaba muchísimo. Mi verga estaba pétrea. Así q ya no pude más, aparté un poco el tanguita y la penetré, introduciendo mi miembro en su lindo conejito y comenzamos a follar. Ella lo agradeció con una sonrisa y un casi imperceptible gritito de placer.

¡Mmmm, qué bueno, qué gozada!. La penetro con fruición y deseo, sus nalgas chocan con mis muslos y el roce con su suave piel me excita, me vuelve loco. Es el goce del roce, el placer de la carne. ¡¡NADJA ES INCREÍBLE, UNA DIVA DEL SEXO!!.

Decidimos cambiar de posición. Pero antes ella quiere chupármela. Así que se mete mi miembro en su dulce boquita y empieza a comérmelo con ansia, como si estuviera hambrienta. Me la chupa sin descanso.¡¡Ooh, qué placer!!, ¡esta mujer es maravillosa!, ¡qué hembra!. A la vez que me la chupa me agarra las pelotas, con lo cual la sensación de gusto y disfrute aumenta.¡¡Uuffff!!.¡Es única, es la mejor!.¡Cómo la chupa!.

Le pido que pare. Quiero q me haga una cubana. Introduzco mi polla entre sus senos y empieza la acción. Ella me mira y sonríe; yo le devuelvo la sonrisa junto con un beso y un guiño. ¡¡ERES MARAVILLOSA NADJA!!, grito en voz alta.

Dejamos la cubana y la cojo por las axilas, la levanto mientras yo me siento sobre la roca. Ella se sienta de espaldas a mí sobre mi verga. Y empieza a cabalgar, con su cabello al viento. Yo le agarro fuertemente sus senos, los pellizco y les pego palmaditas. Le muerdo el cuello. Ella no para de trotar y gemir de placer. El aire nos abofetea el rostro y follamos sintiéndonos libres, en plena naturaleza, sin nadie a nuestro alrededor, Mientras, las olas golpean violentamente contra las rocas y suaves gotitas de agua salpican nuestros jóvenes y calurosos cuerpos.

Nadja se da la vuelta y vuelve a sentarse encima de mi miembro, mirándome fijamente a los ojos. En su mirada se adivinan sentimientos de lujuria y lascivia, de vicio sin límites.¡FÓLLAME CARIÑO Y NO PARES!, me ordena. Yo, como si fuera su fiel esclavo, su lacayo, le prometo q no pararé hasta q ella me lo diga, reventaré si es necesario con tal de satisfacerla.

Mi pene está ya muy duro, como una piedra a punto de estallar. Yo suspiro de placer y ella grita como una potrilla desbocada, gozando como nunca lo ha hecho mientras cabalga sobre mi polla y se corre una y otra vez.

Yo ya no puedo más y me corro, toda mi leche es para ella, para mi señora. ¡¡HA SIDO EL MEJOR POLVO DE MI VIDA, QUÉ CORRIDA!!. Ella me la empieza a chupar una vez más, ¡qué gusto!.

Después de que nuestros cuerpos se hayan fundido en uno solo y que nuestro amor se haya manifestado en todo su esplendor, nos bañamos desnudos en el agua y disfrutamos de ese bello marco natural incomparable, de esa recóndita y perdida cala del Cabo de Gata de Almería, paraíso de dioses.

SPARTACUS








30.-EL DISCRETO ENCANTO DE LAS HORAS PUNTA

autor: Ángeles Arévalo

Hacía mucho, mucho calor. Cuando sudaba tanto, mi sexo olía siempre de una forma especial; aunque acabara de salir de la ducha. Olía a almizcle, a hendidura salada en la piel, una sal casi dulce brotando entre rizados pelos desde poros recónditos, zumo de mi cuerpo, una humedad íntima y penetrante que excitaba mi deseo. Me gustaba olerme cuando estaba solo en casa y el bochorno se cerraba sobre la ciudad. Hubiera querido poder abrir mi bragueta y aspirar un golpe de mi propio olor que borrara el resto de los olores humanos -excepto el de ella-, que se entretejían en la atmósfera viciada del autobús, formando una masa calculada de aire en la que dejaban sus residuos, de desodorantes o de inmundicias corporales, todos los ocupantes del vehículo anulando el mío. Mi olor perdido, indefinible y obsesivo olor a sexo, que la presencia de la mujer sin duda estimulaba a ser producido desde mis glándulas.

Ella también sudaba, aunque el aroma que desprendía su cuerpo aún dejaba ligeras evidencias en el aire de algún perfume caro y duradero. Yo tenía la polla firmemente pegada a su trasero, como todos los días, a las dos y media de la tarde, desde hacía dos meses. Justo desde que se echó encima de la región aquella ola de calor. Subía al autobús dos paradas después que yo. Siempre a esa hora punta, cuando iba tan lleno de gente que el ambiente era irrespirable y uno perdía la noción de sus propias emanaciones corporales entre las de aquel tumulto de personas cansadas, sucias y sin resuello, que volvían a casa después de una dura jornada de trabajo o de estudio.

Yo subía en la parada de la facultad, y ella un kilómetro más abajo, frente a un núcleo de edificios altos e impersonales de oficinas, tiendas exclusivas bancos y empresas contables. Podía ser una oficinista, la empleada de alguna boutique o una secretaria, quizá una ejecutiva reacia a usar su propio coche, quién sabe, podía ser cualquier cosa, hasta un ama de casa aburrida que salía por la mañanas a hacer compras o a engañar a su esposo. Nunca la había visto en mi línea de autobús hasta dos meses atrás, justo cuando comenzó el calor.

De lo que no tenía duda es de que tenía clase, esa elegancia que se resiste a desaparecer aún cuando quien la posee adopta posturas ridículas e indignas, como las de la fornicación o la evacuación de los intestinos, que no deja de hacerse patente ni cuando, esa misma persona, se deja sobar anónimamente en un rincón maloliente de un autobús urbano, rodeada de ocupantes vocingleros y vulgares, fatigados. Tenía clase. Y elegancia. Alta, de pelo suelto castaño y suave. Cada día un vestido diferente. Y un culo precioso.

Se habría paso hasta el final del autobús, donde yo aguardaba su aparición todos los días laborables. Mis ojos oteaban con impaciencia por encima de las cabezas amontonadas en los pasillos y asientos, y no suspiraba tranquilo hasta que, después de reiniciarse la marcha en la parada donde ella subía, la veía avanzar dificultosamente hasta mí, a golpe de caderas, balanceándose premeditadamente sobre sus tacones en la estrechez del pasillo congestionado de gente. En una ventanilla, al lado de la última puerta del fondo del vehículo, se colocaba delante de mí, de espaldas a mi cara, y agarraba con fuerza la barra del techo con su mano derecha mientras con la izquierda sostenía un enorme bolso cuadrado sobre su hombro. Yo comenzaba a acercarme a ella, muy lenta y morosamente los primeros días, hasta que advertí su evidente complicidad en el juego y traté de no perder el tiempo con preámbulos inútiles.

La raja de su trasero se amoldaba perfectamente a mi paquete, parecíamos hechos el uno para el otro. Yo la olía, desde su cuello manaban pequeños glóbulos rebosantes de su olor. Perfume francés mezclado con las emanaciones de su ropa algo arrugada, ajada tras una mañana agotadora, y las de su propio sudor en la canícula del mediodía.

El autobús trotaba, daba saltos y vibraba; y nuestros cuerpos se agitaban al unísono a merced del vaivén del vehículo. No podías oír ni tus propios pensamientos entre la algarabía de conversaciones, toses, murmullos y exclamaciones de los viajeros, y el ruido exterior del tráfico infernal de las horas punta.

La verosimilitud de aquel culo, su asequible corporeidad me había turbado desde el comienzo de nuestra extraña aventura. Al principio sólo fueron roces, apretones silenciosos y furtivos, tan fugaces que dejaban sobre mi sexo la sensación de un vacío inmediato tan frustrante que la misma caricia era casi dolorosa. Mi pene temblaba con pequeños latidos de voracidad, de insatisfacción, y debía aguardar a llegar a casa para masturbarme en el lavabo, aferrado al recuerdo de los tactos insuficientes que se habían producido entre mi bragueta y el culo de la bella desconocida.

Pero hasta las quimeras toman forma tangible. Lo que uno ha gustado en un sueño, por un instante, puede tomar cuerpo un día en un sinfín de repetidas sensaciones inesperadas, por un regalo del azar. Y así me ocurrió a mí.

Yo me estiraba hacia arriba, era más alto que ella, le sacaba toda la cabeza y aprovechaba mi estatura para empinarme y, después, deslizarme lenta, muy lentamente, hacia abajo por su cuerpo, rastreándola con la pelvis, como si la tela de mi pantalón poseyera papilas gustativas, sensibilidad olfativa, don de la geometría sobre su espalda y sus glúteos. Al bajar, hacia su cintura, me apostaba en ella unos instantes, me rebullía y apretaba contra la mujer. Mis testículos se aplanaban como blandos caramelos de cera, porosos y huidizos, y mi polla se estiraba hacia arriba, con grandes dificultadas, bajo mi bragueta. Ella mantenía firme el cuerpo y curvaba ligeramente la espalda, dejándose hacer como una mansa gatita, podía sentir los ronroneos de placer de su cuerpo, vibrándole por dentro, haciéndose eco y golpeándola en el costado, al otro lado de donde yo la tocaba de una forma incansable y secreta.

Su mirada permanecía fría, absorta, indiferente. A veces podía ver su perfil y nada denotaba que se sintiera ardiendo por dentro, pero, evidentemente, lo estaba. Yo lo sabía. Podía olerlo. Su ansia, su impaciencia, su indolencia complaciente de mujer ardiente pero distante. Nadia alrededor, en la masa confusa de cuerpos por el movimiento irregular y salvaje del autobús, parecía darse cuenta, excepto yo, de que estaba deseando un hombre. Tal vez a mí.

Cuando el conductor tomaba una curva a demasiada velocidad, yo la comprimía con mi peso contra el cristal de la ventana de socorro, y sus tetas se pegaban al vidrio plácidamente, igual que arcilla inestable. Mi sexo se endurecía entonces, se abultaba, la codiciaba a ella sin vestido, sin prendas interiores, sólo con su piel sudorosa, con la espalda desnuda, con la cara frente a mi cara, echándome el aliento entre los dientes y mezclándolo con mi propio aliento.

Algún día me la imaginé provechosamente ataviada con un sostén sin pezonera, con dos garbanzos de carne rosa y jugosa asomando en el centro justo de la prenda, pidiéndome, rogándome que la mamara, con las piernas muy abiertas, sus labios íntimos irregulares, de piel clara y curiosamente retorcida, mezclados con mis labios, y mi lengua tentándola apasionadamente, entre mis muelas su sabor, su olor a perfume de lujo, su coño de lujo entendiéndose con mi boca. Las bragas tiradas por el suelo de un apartamento exquisito, que quizá yo había visto por casualidad en algún anuncio televisivo, y que acudía absurdamente a mi memoria como el escenario natural donde la mujer se me entregaría. Sus axilas sin vello y sus brazos largos rodeando mi cuello. La había soñado pidiéndome locuras. Yo la complacía incesantemente. Ella y yo perdidos en el tiempo, los dos aislados en algún lugar inconcreto, encerrados entre nuestros olores y nuestros ávidos sexos. Ella se ponía a cuatro patas delante de mí y agitaba en culo. Yo la tomaba por detrás. Rápido. Fuerte. Rodábamos por el suelo, y le mordía el cuello, le dejaba la piel maltrecha con mis incisivos debajo de la nuca. Luego tocaba sus pechos, su sujetador agujereado. La chupaba hasta lo intolerable, gemía de gozo entre sus pechos acogedores y olorosos, sanos, con la piel transparente y una fina película de sudor tibio cubriéndolos.

Ese día hacía mucho calor, más que nunca, o eso parecía. Agarré los libros en la mano izquierda, apoyé mi hombro derecho contra la pared del autobús y pasé descuidadamente la mano por debajo de su axila. Ella apenas se movió, pero pude notar como sus hombros se relajaban bajo el efecto de una espiración conmocionada. Allí estaba, como yo lo había imaginado. Redondo y mórbido, pero firme, cabía en la palma de mi mano. Me acerqué más a ella desde atrás, rodeándola contra mí. Desde la acera, al parar en un semáforo, pude ver los ojos entusiasmados y sorprendidos, algo escandalizados también, de un viandante de mediana edad que se fijó accidentalmente en mi maniobra, y que me miró, entre envidioso y reprobador, y continuó su camino finalmente. La tenía en mi mano. Podía sentir su respiración suave, casi imperceptible, en las yemas de mis dedos. La tela de su blusa era fina, de tacto delicado, como de seda, y el dibujo de otro tejido, el de su sujetador, se traspasaba por ella hasta mis dedos como un mapa en relieve de unas islas remotas y exóticas. Busqué el pezón y mi dedo pulgar lo halló al momento, substancial, sensitivo, circular cual una canica pequeña y elástica. Se arrugó y endureció igual que un escarabajo que se protege de un contacto inesperado encerrándose en sí mismo, redondeando su masa hasta ser una esfera dura y mínima. Lo acaricié formando pequeños círculos con la punta del dedo y el cuello de la mujer se estiró por un instante, su pelo rozó mi nariz y mis labios, y mi pene buscó una salido urgente en el pantalón.

Una señora rezongó cerca de nosotros y, para protegernos de las miradas curiosas, puse los libros, a manera de escudo, entre sus caderas y las mías, mientras que ella hacía otro tanto con su bolso en la parte superior de su cuerpo. Alejé la mano de su seno, y pospuse tan delicioso objetivo hasta unos instantes más tarde. Con la misma mano tanteé en su falda, buscando una cremallera o algo que me facilitara un rápido acceso a su piel, a su trasero adorable. Encontré el camino después de palpar a ciegas, la cintura era elástica y fue fácil penetrar dentro de la prenda. Mirando disimuladamente a mi alrededor por si alguien advertía lo que hacía, metí la meno y encontré su culo contraído y redondo, como un melocotón partido dulcemente por la mitad, sudaba y su piel era resbaladiza. Acaricié la raja del culo hasta el coño, debajo de las bragas, con dos dedos, los saqué y los olí. Incluso allí olía a perfume, junto a ese olor femenino a sexo tibio y anhelante.

Me abrí la bragueta con precaución y saqué mi polla. Traté de colocar a la mujer, sus pies sobre mis pies para que se elevara un poco, ligeramente inclinada hacia delante para facilitarme el acceso a su coño. Ella se dejaba hacer, inmutable y aparentemente tranquila. Sólo un leve jadeo la delataba de cuando en cuando. Su cintura se doblegó, mimbreña y dócil, como la de una muñeca articulada. El constante traqueteo del autobús dificultaba enormemente mis maniobras, pero hacía a la vez más emocionante la operación pues, las trepidantes oscilaciones a que nos sometía, sustituían al meneo lógico de dos cuerpos que se acoplaban y nos evitaba, al menos a mí, el tener que agitarnos voluptuosamente. Era una fuerza motriz tan erótica como la de mi pelvis hubiera podido serlo. Cuando conseguí cogerle el truco al movimiento del vehículo, y pude ser capaz de adaptarlo a mis intenciones, incluso me sirvió de ayuda u, en un bache inesperado, el salto que dimos me hizo penetrar a la mujer con un impulso seco y definitivo. Los libros y su bolso parecían suficiente escudo protector contra los intrusos que nos rodeaban y bufaban a nuestro alrededor y, en cualquier caso, estábamos tan cerca y tan apretados unos contra otros que hubiera sido casi imposible distinguir lo que ella y yo hacíamos, de costado contra el metal del autobús, aún más calientes que el resto de los viajeros, muy juntos uno contra otro.

La tenía dentro y ella simulaba doblarse bajo un peso imaginario en sus espaldas, para hacer más fácil la postura. La marcha del autobús nos mecía, accionaba mi polla dentro de ella. No me atrevía a sacudirme por temor a salirme, después de todo el trabajo que me había costado entrar, y opté por dejarme llevar por el balanceo del coche. Pero la mujer, a quien yo mantenía agarrada por un pecho, comenzó a contorsionarse a izquierda y derecha, podía ver la tensión acumulada en su cuello, parecía que su piel estallaría en un momento de forma inesperada y, por algún intrincado mecanismo, los dos nos derrumbaríamos al unísono, como dos marionetas que penden del mismo hilo, ya roto.

Su brazo se cerró sobre mi antebrazo y yo supe que debía aumentar la presión de mi dedo sobre su pezón, irritarlo en círculos infinitos, cansinos, inagotables, para que ella sintiera una corriente de placer desde el pecho al cerebro, dimanando en finos alfileres de una sensación electrizante, humectante y hermosa.

La postura era tremendamente forzada e incómoda, casi todo el peso de la mujer pendía de mi brazo, permitiéndole así concentrarse únicamente en el esfuerzo de su satisfacción, que la tensión física de ayudarme a mantener nuestra posición hubiera disminuido.

Pude darme cuenta de que apretaba fuertemente sus piernas, la una contra la otra, contrayendo todos sus músculos para provocar el orgasmo. Su vulva se cerró sobre mi pene igual que una flor carnívora huyendo de la luz, noté la contracción de su carne envolviéndome, su culo se endureció y el sudor aumentó por su piel a consecuencia del esfuerzo. Contuvo la respiración, por segundos fue como una estatua caliente e inamovible, paralizada en un gesto de ansia desesperada, concentrada en la tarea de dejar brotar por el cuerpo su ardor, de ayudar, poniendo en ella cada uno de sus nervios, a que emergiera el placer desde su vientre, placer enmarañado, vehemente, extendiéndose por toda ella.

Luego sus hombros se aflojaron, abatidos, y su cuello se volvió débil ante mis ojos, descargado por fin del esfuerzo a que había sido sometido minutos antes. Supe que se había corrido, sin apenas necesitar más movimiento que el del autobús viejo, de mala suspensión, ruidoso, ajeno a nuestro acoplamiento y cómplice involuntario de él.

Nunca pronunciamos ni una sola palabra. Ni un murmulla, ni una frase morbosa rezongada entre dientes, ni una pequeña señal que delatara que lo que sucedía era real, que ambos existíamos el uno para el otro. Nada. Una total mudez. Como dos esclavos adversarios que se ignoran mutuamente mientras se aman para diversión de su amo.

Un hombre mayor se apeó a duras penas, al final de un grupo de viajeros, usando la puerta ante la que la mujer y yo estábamos apostados. La empujó un poco a ella que se apretó contra mí. Mis pelotas se rozaron y lastimaron contra la cremallera abierta del pantalón, y la polla se me escabulló de su envidiable y huidizo escondrijo. La restregué contra la cintura de la mujer de forma desordenada, lánguida, husmeando lentamente sobre el final de su espalda por el gusto del roce, de la caricia, del simple contacto. No esperaba mucho para mí, dos paradas más adelante la mujer se bajaría del autobús, pero me sentía satisfecho con la satisfacción de ella, con su placer. Con aquello me bastaba. Por eso decidí entretenerme explorándola con mi miembro, sin prisas, buscándola con la punta, dejándole mi olor sobre la piel como un recuerdo, un tatuaje volátil, tierno y fragante. Mi olor.

Sin embargó su mano se estiró hacia atrás y penetró entre su culo y yo. Se arregló la falda como la fue posible, remetiendo la blusa por dentro de la cintura, y, después, se dedicó a tocármela. La estiró con unos dedos sorprendentemente fríos, de tacto anfibio casi, unos dedos que provocaron en mí una sensación equívoca, una especie de escalofrío sofocado. Sus dedos atraparon mi sexo, lo arrebujaron y comprimieron, apretaba y soltaba, y volvía a apretarme con una fuerza inaudita. Su mano delicada  me amasó, me torturó refinadamente, como nunca se me hubiera ocurrido que pudiera ser tocado. Fue mi delicia. Eran unos dedos mansos y fríos, sabios.

Conseguí arrancar la polla de entre ellos justo a tiempo para atrapar mi esperma en mi propia mano. Hinqué la cabeza en su cuello y allí suspiré, le ofrecí el sonido de mi goce, mi respiración honda, contenida, al ritmo de mis espasmos de placer. La mujer se mantuvo quieta y segura, soportando mi peso desmoronado sobre su hombre. Mi aliento mojándole suavemente la oreja. Y mi mano empapada humedeció mi bolsillo.

Quise darle un beso, un beso interminable en el cuello, pero no pude.

Sin darme yo cuenta nos habíamos situado cara a las puertas automáticas del autobús, puestos en fila los dos, uno detrás del otro como deponiéndonos a bajar en la siguiente parada. Mi cuerpo apretaba con fuerza, pues me sentía agotado y flojo, pesado como un saco de arena. Empujaba a la mujer contra las puertas que, inesperadamente y para sorpresa e incredulidad mía, se abrieron de golpe.

Yo conseguí asirme a tiempo a una barra lateral y, por fortuna, no salí despedido. No así la mujer.

Traté de gritarle al conductor que, sin darse cuenta de lo ocurrido, volvió a cerrar las puertas y a reanudar su marcha como si nada hubiera pasado.

Recuerdo que, en aquella última imagen que guardo de mi bella desconocida, caída de bruces sobre una acera polvorienta, con el culo al aire, enseñando la bragas y con el pelo alborotado, sí se echaba en falta algo de su antigua elegancia.

Los pasajeros, a mi alrededor, comenzaron a lanzar improperios contra los transportes públicos y yo, abstraído de todo lo que acontecía, tuve conciencia de que se iniciaba una nueva etapa de mi vida: la de manoseador de culos en metros y autobuses. Pues nunca jamás volví a encontrarla a ella.






 

31.-la escalera burlona

                                                                         

                                              Gritaban las escaleras:       

                                   ¡oh, ¡oh¡ ¡oh¡                                                          

                    ¡ja, ja, ja,!   ¡no subiréis!

¡impediré el paso!.  Tenéis una forma que no me gusta.

¡Cuando cambies de color y de forma me lo pensaré!

¡jo, jo, jo.!

 

Reía la escalera. Se burlaba con voz en off y asustaba hasta las paredes de la casa. Me desperté empapada en un sudor frío, sintiendo un gran alivio al comprobar que sólo había sido un sueño. La camiseta, estaba pegada a mi piel dándome la sensación de una corriente de aire fría que necesitaba con urgencia quitar de mi cuerpo, de mi piel. Encaminé mis pasos indecisos por la oscura habitación hasta el baño más próximo. Me di una ducha saboreando el momento, por la sensación de paz y sosiego que me daba el agua caliente. Estuve así un buen rato, hasta que el agua empezó a dar señales de fría por la poca fuerza que le quedaba al gas butano que me estaba dando tanta vida en ese momento.

Cerré la luz detrás de mi a sabiendas de que no necesitaba encender ninguna luz más hasta llegar al dormitorio, tres habitaciones más al norte de la enorme casa que mis padres me habían dado como  herencia.

Aún estaban las sábanas con esa humedad del que ha pasado una gripe con fiebre alta. El espejo me dio el reflejo de mi cuerpo desnudo recordándome lo que acababa de pasar. Abrí el armario de madera de olivo, cogí la camisa de viscosa haciendo dibujos de ramas y hojas de otoño que al contacto con mi piel me hizo sonreír.

No hay. Efectivamente. Las sábanas de esta cama estaban en el arca que había en el salón comedor del piso inferior, pero no bajaría por nada del mundo. Estiré la manta hacia atrás, y con el secador de pelo traté de airear las sábanas. Sentí gran alivio con aquella solución. No quería enfrentar mi pensamiento con aquella escalera de caracol.

No. No bajaría hasta que el sol iluminara bien todos y cada uno de los rincones de aquella casa. Lo había visto morir con mis propios ojos, sólo unas horas antes. Unas horas que me habían parecido una eternidad.

Entre la gente, en aquél grande e inmenso escenario, cuchillo en mano; una mano de dedos suaves, largos, finos, bellísimos................

autor: M. Cerezuela