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27.- Balada de un desvelo. Susana Nicolás Román (119

Mi Ángel, mi otro yo, tan deliciosamente hermosa, ¡cómo decirte que no te adoro cuando mis ojos fulguran tu luz y mis labios murmuran tu nombre! Tú aún duermes, ajena a mis pensamientos, tú dormitas en un plácido sueño y yaces desnuda y pura en mi lecho que he cubierto de pétalos de rosa para ti. La ventana permite entrar a los débiles rayos de sol que te rozan la cara, y temen enturbiar tu paz ¡oh, diosa de nácar! Tu figura realiza leves movimientos, te ovillas y pareces tan vulnerable como una niña que tiene miedo de la oscuridad y de quedarse sola.
Tus ojos cerrados esconden el verdor de las esmeraldas, la juventud habita en su brillo y yo me siento tan viejo, adoro cuando despiertas y recoges tus piernas dobladas y esos ojos tan vivos me escuchan atentos  mientras yo te reprocho que falta azúcar en la cocina o que has vuelto a ponerte una de mis camisas. Tú, que me enseñas a respirar, eres capaz de hacerme olvidar el tiempo, los minutos se me hacen horas y luego acaban en un infinito de deleite de olores y sabores.
 Quiero crear un nuevo mundo para tí, en el que todos los días luzca un sol de fuego, en el que el viento silbe tus melodías preferidas y unas ninfas te cubran de lluvia dorada. Desearía poder regalarte el mar y traértelo gota a gota con mis manos para que tu piel blanca se rociara en sal. Duerme, amor, mientras yo me enfrento con los dragones que quieren arrebatarme a mi princesa y mientras entablo duelos con todos los príncipes que adoran las plantas de tus pies. Subiré al cielo y contaré todas las estrellas, con ellas te haré una manta con la que te meceré para dormirte y ordenaré a las sirenas que entonen su canto.
¿Cómo amarte más? Si cada mañana le grito a mis paredes tu nombre, si todo por entero te pertenezco a tí, si el alma púrpura me duele de tanto amar. Noche fría y serena, que escondes los misterios de la vida, nunca podrás igualar la magia de ésta que descansa en las simas de los sueños. Nunca desvelarás sus ilusiones y emociones porque ella ha sido bañada por el hechizo de la luna y rozada por el don de la inmortalidad. Ella suele pasear en las madrugadas cuando las calles vacías simulan pasillos de un incansable laberinto y los últimos bohemios desaparecen dejando un rastro de poema y alcohol. Le gusta bailar con las sombras mientras una leve niebla desdibuja sus contornos casi recortados por las tijeras del Creador sobre un lienzo entre  la realidad y el más allá.
Tú, que emanas vida por todos los recovecos de tu cuerpo, eres una belleza eterna ,una lágrima en un desierto para el sediento, un collage de ópalo, ámbar y oro, manchas de color repartidas descuidada y armoniosamente, un arte a toda prisa. A cualquier sitio que vaya, llevo mi presencia contigo, miro con tus ojos y mis labios llevan tu sabor a menta. ¿Qué haces ahora? ¿Me sueñas? Háblame de tí, háblame de mí, de nosotros, de lo que somos o de lo que seremos. Ansío caminar por los tortuosos caminos de tu mente y tu corazón, quisiera penetrar hasta el fondo de tu ser para saber realmente quién eres. ¿Existes? Rozo tu piel con mis dedos y me dicen que eres real, pero es demasiado frágil la línea que divide el sueño de la realidad, sólo puedo creer, creer que eres tú y eres mía. Estrella fugaz, arena dorada, luz en la noche, caricia y canción, eso eres tú; yo sólo soy un corazón que necesita de tí. ¿Te basta? Creo castillos en las nubes, imagino verdes veredas y un silencio.
Un silencio de viento que te desordena el cabello, siento tu mano en la mía y te veo mirando una estrella que sólo ves tú. Recogeré las velas de mi barco y descansaré un poco en tu orilla si me dejas, hasta que la tormenta amaine. Late, corazón, por el simple hecho de que existe, por la espera de una ilusión, por el sabor de un sueño. Late, sólo por imaginarla flotando a mi lado, mi compañera. Desborda tu pequeña cavidad creyendo que tal vez ahora esté pensando en mí, que quizá sueñe con rozarme. En tí estás todo, cielo, cenital y nocturnal en donde las estrellas en flor brillan y me hablan del mañana. En tí estás todo, cielo, en donde la luna lánguida y soñolienta despierta el ardor romántico de un murmullo. Me haces temblar, como las estrellas celestes tiritan, como tiembla la hoja antes de caer del árbol en otoño.
Bendecidos por el destino, desterrados a un desierto de arena y mirra teniendo como guía a una luna roja peregrinamos por un camino desconocido pero no tengo miedo porque estoy a tu lado, princesa. Cuando esta bóveda azul que nos cubre, se destruya; cuando no quede forma de vida sobre la tierra; cuando muera el último sueño; cuando las flores ya no nazcan y los ríos dejen de sonar; cuando la lluvia deje de alimentar el campo y las estrellas dejen de ser fuego; cuando el alma del último pájaro enjaulado deje de ser libre; cuando de todo lo que hoy estoy seguro, comience a dudar. Después de que ocurra todo eso, seguiré queriendo bailar contigo bajo la luna.

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