Poema al amor que se marchó. Miguel Álvarez- Maribel Cerezuela

LOS GATOS EN LA POESÍA Nuestro amigo Miguel canta al amor que "temporalmente" no está presente,  y yo me atrevo a decirle otra manera de expresarle su amor.



MIGUEL ÁLVAREZMARIBEL CEREZUELA

I                En esta fría tarde

donde fuerte brilla sol,
siento helarse mis entrañas,
escarcharse mi razón.
Escarchada tengo el alma,
congelado el corazón.

II           En esta árida tarde
donde el miedo me congeló,
Exaltado me alcé, a tu sombra
vigía, cuando iluminaste mi vida.
Hendiste, con tu presencia los témpanos,
que reinaban a la sombre de tu ida.

III        En esta tarde de presagios
donde el oscuro se encaramaba,
iluminó la luz de tus ojos,
de este verano su sino.
Abiertas las puertas del hado,
pasado el miedo,
tan solo nos queda,
 emprender el camino.

  
Emerge de mí tu sombra,
tu lengua en mi piel,
reptil azul sin pronunciar nombre.

Tumbado me hiciste prisionero
de rejas que no quiero ver.

Arde tu silueta en cada esquina,
recodo, atisbo, donde mi sangre,
sin ti se convierte hielo.


Contigo ardo, busco
la huella de tu cuerpo en mi cuerpo

Estrella de la noche, te has ido.
Con mis manos te construyo
el camino de vuelta.

Te espero


Entrevista a Rafael Guillén por Guillermo de Jorge

                 "Yo vengo de una época de posguerra en la que era difícil el acceso a la Universidad, y la censura de la dictadura nos impedía tener acceso a gran parte de los libros."    
 Rafael Guillén



En el V Encuentro Nacional Poético Islas Canarias, celebrado en la isla de La Gomera, fue presentada la Revista Literaria "Transparencias" , que contó con la presencia de Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura, quien apoyó y apadrinó la nueva andadura de nuestra revista.          


El encuentro Nacional Poético islas Canarias se organizó, por quinto año consecutivo, en la isla de La Gomera, último reducto del territorio pan-hispánico donde sigue existiendo el romance como un medio de transmisión  cultural. Entre las actividades que se desarrollaron, destaca por su importancia, la presentación de la Revista Literaria almeriense Transparencias, que contó con la presencia de Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura, quien apoyó y apadrinó la nueva andadura de nuestra revista. La Voz de Almería estuvo allí; y sabiendo las raíces del insigne poeta con Almería, era inevitable caer en la tentación de hacerle una entrevista, pero esta vez sin rodeos, intentando rescatar una anécdota, un recuerdo, un confidencial... con el que cerrar esta inolvidable experiencia.

Guillermo de Jorge: ¿Cómo cree que está la literatura hoy en día?

Rafael Guillén:  Yo vengo de una época de posguerra en la que era difícil el acceso a la Universidad, y la censura de la dictadura nos impedía tener acceso a gran parte de los libros; de ahí que en comparación y como consecuencia de la libertad, para mí, el momento actual sea excelente.

G.J.: ¿Qué cree usted sobre la poesía actual?

R.G.: Está bién, porque hay mucho donde elegir, ya que las instituciones propiacian la publicación. Naturalmente, esta facilidad obliga más, que en otra época a la selección.

G.J.:Termómetro de la Literatura Almeriense

R.G.: Actualmente hay magníficos poetas en Almería.

G.J.:De los recuerdos que tienes junto a Julio Alfredo Egea.. ¿Cuál destacarías?

R.G.: Se trata de un recuerdo continuado que dura más de cincuenta años.

G.J.:¿Alguna anécdota confidencial junto a Julio Alfredo Egea?

R.G.: Sí... el frío que pasé un día que me llevó a cazar jabalíes de madrugada.

G.J.:¿Qué supone, desde su punto de vista, el grupo poético almeriense de los ochenta: Domingo Nicolás, Pilar Quirosa, Miguel Naveros, Juan José Ceba..?

R.G.: Es el grupo con el que más contacto he tenido. Lamento, de veras, no haber tenido ocasión de conocer poetas más jóvenes.

G.J.: ¿Qué opina de la Revista Transparencias?

R.G.: Me parece una iniciativa digna de elogio: el que se facilite gratuitamente, y que no sólo sea el acceso a la literatura actual, sino también la posibilidad de incorporarse.

G.J.: ¿Cuál es el recuerdo que tiene de  Almería con más cariño?

R.G.: El homenaje que me rindió el pueblo de Uleila del Campo, junto con Ángel García López, porque tanto su madre como la mía, son oriundas de este bello pueblo almeriense.

G.J.: Formó en la dictadura una colección de cuadernos poéticos.. ¿Cómo fue esa andadura?

R.G.: Con dicha colección de libros de poesía, ya que las instituciones no se preocupaban lo más mínimo de ello, quisimos que, tanto para nosotros, como para otros jóvenes poetas andaluces, tuviesen un cauce de expresión y una posibilidad de ver publicados sus primeros libros.  El grupo que dirigió la colección fue el primer grupo literario de Granada, que rompió el silencio tras la muerte de Federico García Lorca, donde Julio Alfredo Egea fue uno de sus miembros. Un silencio que duró veinte años.
La colección de libros se tituló: "Veleta al Sur". Porque pretendía realizar un grio hacia el Sur, y tomar el relevo de la poesía social de Blas de Otero, Gabriel Celaya..

G.J.: ¿Siente que la Literatura actual está sometida bajo criterios comerciales o presiones similares?

R.G.: Creo que sí, que tiene numerosos condicionamientos.

G.J.:  ¿Qué destacaría, en general, de la Literatura Almeriense?

R.G.: Creo que es una poesía, que sin abandonar su condición lírica, no ha perdido contacto con la tierra y con el hombre.

G.J.: ¿Celia Viñas o Villaespesa?

R.G.: Compartí mi primer premio literario con Celia Viñas, y he participado en muchos de sus homenajes. Naturalmente, mi afecto se inclina por ella, por su obra y por sus ideas, sin que esto suponga desmérito alguno para Villaespesa.

G.J.:   ¿Lo mejor de Almería?

R.G.: Mis amigos

G.J.: ¿Lo peor de Almería?

R.G.: El viento.. (entre risas)

G.J.: ¿La poesía como salvación del hombre o el hombre como salvación de la poesía?

R.G.: Sin el hombre no existiría la poesía. En cuanto al salvamiento... creo que cada hombre debe buscar su propia manera de salir a flote.

G.J.: ¿Publicaría en una Revista como Transparencias?

R.G.: Sí. Por supuesto.

G.J.: ¿Qué opina sobre una Revista que como Transparencias decide publicar más allá de sus fronteras?

R.G.: Una revista no debe tener fronteras.

G.J.: ¿Están los premios literarios dados?

R.G.: Muchos de los importantes, sí o casi. Pero no todos, por fortuna.

G.J.: ¿Propondría a Julio Alfredo Egea a la Medalla de Oro de Andalucía?

R.G.: Por supuesto que sí ¿Dónde hay que firmar?

G.J.: ¿Se queda con los poetas de las Aulas o con los poetas de fuera de ellas?

 R.G.: El poeta debe estar en contacto con el pueblo, no hay mejor aula.

G.J.: Si uno navega por Internet e intenta enlazar a través de sus páginas web con usted.. se puede encontrar con dos páginas que llevan su mismo nombre. Una de ellas es: Rafael Guillén, el Comandante Marcos; y la otra es: Rafael Guillén, obispo. ¿Se siente, de alguna manera u otra, relacionado con estas páginas web?

R.G.: En edad, sin duda, al obispo; en espíritu y en ganas de vivir, al Comandante Marcos.


revista Transparencias. nº. 17

                                                                                                            

Armisticio de Alquimia. Guillermo de Jorge


Pido un minuto al silencio

                                                            treinta segundos



Quiero contarte al oído
mi estancia en este mundo
Quiero ponerte en el alma
                                     una bala 
                                                   y disparar;
Quiero ponerte en el alma
                                     un poema
                                                   y apretar el gatillo;
Abatir tu piel a besos
mientras que amar
sea 
el único verbo letal
que ingieras.


                                                              Treinta segundos





Fiero,
ante la enlazada arquitectura de tu cuerpo,
pacto el armisticio,
fraguo en bronce nuestra tregua
nuestras manos,
las derrotas de las noches
sobre la piel.




Poema final


ser
en el tiempo:
página blanca
desde la voz quebrada;
vuelo enlazando signos,
la búsqueda;
movimiento curvo del aire
que acaba en el mismo instante
en el que empezamos.




Publicado en la Revista Transparencias n. 17
Depósito Legal:  AL-285/2004
ISSN: 1699-3322
ISSN: 1699-3772 (INTERNET)

En la arena. Maribel Cerezuela

Ha venido hasta la playa
busca un sitio donde aparcar
la mirada de antaño,
el recuerdo de lo que otrora
le apasionaba

La tiene, la ha visto.
Su mano contonea
del hombro a la cintura
de la mujer quieta, callada.

Perfila su pecho,
dibuja su prominencia
Juega un rato. Sigue.

Siente en su ropa el agua,
del cielo gris que choca
contra la arena de la playa

Moja el agua.
Del espigón la piedra callada
a golpe de mar acompaña

La pone más dura, dibuja.
El agua borra toda huella
Aprieta. Toca. Palpa.
La lluvia moldea.

Ha pasado una hora
un año desde aquella en la arena

Mira su figura
satisfecho la abraza, la besa

Le dice muy quedo.. ¡guapa!
El año que viene
de madera.

El lastimero canto del gallo en mi aldea no global. Josefina Escobar Niebla


El lastimero canto del gallo en mi aldea no global


*

        Cuando yo era pequeña, tuve compañeras de colegio que vivían internas, ya que sus padres (papá y mamá), habían emigrado a Alemania, a trabajar…aquellas niñas eran unas privilegiadas a ojos del resto de las compañeras, ya que solían tener la caja de veinticuatro rotuladores carioca, y minifaldas un poco más mini de la cuenta, además de que todas las tardes merendaban pan con chocolate, que conseguían tras una larga cola, que hacían a la salida de clase, justo cuando las otras niñas, externas, se marchaban a sus casas.
No era una época mejor, ni peor…solo distinta; ahora se repiten patrones tan comprometidos y difíciles como la emigración.
Aquella emigración, se dibujaba en un tren abarrotado de familias cuyo único equipaje era una maleta de cuadros roída y un bocadillo de chorizo envuelto en un papel del periódico “El Caso”; de esa guisa llegaban a Alemania, gentes cuya única vida había sido el campo, los olivos, el jornal, y unos marranos.
Han pasado muchos años, desde aquella emigración que azotó buena parte del mundo rural español, ahora corren vientos muy distintos, en las últimas décadas nos volvimos engreídos, políglotas, cosmopolitas, inquietos, apátridas en nuestra tierra madre y ciudadanos de un pueblo nuevo, grande, muy  grande, que llaman “aldea global”,  ahora hacemos Máster, vamos de Erasmus, aprendemos inglés, chino, alemán…,comemos pizza, comida turca, celebramos Halloween, y estudiamos carreras del plan Bolonia, ya no somos de aquí o de allá, somos de allá y de aquí…vamos, que no nos sentimos de ningún sitio, pero somos un poco de todos los lugares.
Ser de este pueblo tan grande, pintoresco y variopinto, llamado “aldea global” puede llegar a ser muy importante, y por ello nos hemos esforzado sobremanera para que nuestros hijos, e incluso nosotros mismos, chapurreemos algo de ese inglés, poco de ese chino, y menos del susodicho alemán …, nos hemos devanado los sesos interactuando en las redes sociales y mundiales de todo el mundo mundial, hemos enviado a nuestros hijos a universidades extranjeras, de colonias de verano a sitios muy recónditos de Gran Bretaña, o de intercambio a pueblos perdidos en el norte más frio y más insólito de sitios como  Canadá….pero quizás nos hemos olvidado de algunas cosas relevantes, de algunos detalles simples, pero no por ello insoslayables, nos hemos olvidado que el sol sigue saliendo cada mañana en la ladera de nuestro pueblo, de toda la vida (si, ese cuyo nombre suena a castizo, a antiguo, pero que vio nacer a toda nuestra estirpe de antecesores), que el gallo canta al  amanecer su acostumbrado  canto, bien es cierto, que  ahora su canto  suena  lastimero y perdido, pero es  canto, al fin y al cabo, que cada mañana en ese apartado pueblo, se sigue cociendo pan recién hecho, que sabe a gloria, que cada noche las calles de ese pueblo son iluminadas con nuestra luna de toda la vida.



       No quiero pecar de nostálgica, pero sí de vocinglera, y dar un grito en imperativo puro y duro, diciendo:¡¡¡ Basta!!!, ya es suficiente, paremos un segundo, miremos a nuestro alrededor, todo, todo lo que vemos, sigue siendo nuestro, sigue mereciendo la pena, sigue necesitándonos, aquí hay agua, hay ríos, hay mares, hay mucho, mucho sol, hay tierra, tierra roja, tierra sana, hay lluvia, hay montañas, hay praderas, hay lagunas, hay pantanos, hay flores, hay gente, hay pueblos, hay aldeas, hay escuelas, hay bibliotecas, hay hospitales, hay riqueza…si, riqueza, hay intelecto, hay cultura, hay imaginación, hay creación, hay poesía, hay música,¡¡¡ Hay de todo…por dios!!!...entonces… ¿por qué no me apeo en esta parada?, ¿por qué no me quedo en esta aldea, en este pueblo, en esta ciudad?
Josefina Escobar Niebla


No me llega la inspiración. Andrés Rubia

No me llega la inspiración.
Tu adiós revira mezclado con tu perfume...
                                                                .... cerca de la puerta
Aquel poema que fuiste.

Se retuerce el aire exiguo que dejas para mi resurreción.

Un solo pulmón para respirar.

Tanto y tanto duele ahora puede,

... quizá,
             ..... que más tarde sangre.

Revira el aire sobre su propio giro atmosférico, caótico, flotante.


La vida es un "ya no te quiero"

Lento fue el veneno de la hiedra que no matará en un instante.

Marzo:

Lanza romana...
       Postcrucifixión.

Aquel poema que fuiste todavía,

                                       pues todavía,
                                       porque todavía gravitan graves de gravedad las
comas,
sinalefas,
puntos,
            hiatos y demás signos de interrogación sin los puntos suspensivos.

Punto final en una alcoba de cajones vacíos.


Los ojos empapados con sujeto sin predicado aquella tarde de abril:

Aquel poema que fuiste.
En el suelo del dormitorio duelen las escenas.
Rotos como espejos las porciones de aquellos fracturados versos:

Palabras:

Sonrisas, azucenas, caricias, felicidad.
Promesas, catorces, tú, febreros, eternidad.

He hallado en el trastero lo poco que dejas.

Y mientras con aquella escoba retiro los restos de aquel poema que fuiste.
Aprendo que debo aprender, a sufrir, a crecer, a vivir.

Escucho unos versos de Sabinna gimiendo con alaridos mi falta de inspiración.
Los tres versos siguientes son del poeta por aquel poema que fuiste:
¿Quién me ha robado el mes de abril?
Este loco se va con otra loca.
                                        Estos ojos no lloran más por ti.




Andrés Rubia (mayo 2007)

¿Qué es la vida? Miguel Álvarez Morales


Revista el Tranco I
pág. 181

primer semestre de 2007



¿Qué es la vida?
un roce
una caricia
un beso
una ilusión


¿Qué es la vida?
un idea
un penamiento
un plan
una ejecución

¿Qué es la vida?
un grito
un sollozo
una lágrima
un llorar

¿Qué es la vida?
un silencio
un murmullo
una palabra
un conversar

¿Qué es la vida?
un instante
un segundo
un minuto
una eternidad

¿Qué es la vida?
¿Qué es la vida?
¿Qué es la vida?
¡¡La vida, la vida eres tú !!


El cólera y la gripe en Almería. Maribel Cerezuela

ÍNDICE

    1. INTRODUCCIÓN
    2. EL CÓLERA
    3. PERDURACIÓN DE LA CRISIS DE SUBSISTENCIAS
    4. EL CÓLERA EN ALMERÍA EN 1855
    5. EL CÓLERA EN ALMERÍA EN 1885. Datos Estadísticos para Almería y su provincia
    6. GRÁFICO ESTADÍSTICO Y SUMAS TOTALES DE CADA UNA DE LAS INVASIONES Y DEFUNCIONES HABIDAS EN ALMERIA Y SU PROVINCIA.
    7. CRÓNICA MERIDIONAL 1910. Datos estadísticos sobre el cólera de 1885.
    8. LA GRIPE EN ALMERIA Y SU PROVINCIA EN 1918
    9. MAPA DE ALMERIA CON LA SITUACIÓN DE TODAS LAS ZONAS AFECTADAS.
    10. BIBLIOGRAFÍA.





    INTRODUCCIÓN

    Ya en la primera mitad de esta centuria, los progresos de la Medicina y la Higiene se combinan con los de la Economía y la Política para sobreañadir, a la reducción de la mortalidad epidémica, que continúa, el descenso de la mortalidad no epidémica u ordinaria. 
    Por este conducto se asiste, en los años comprendidos entre 1800 y 1850, a una crecimiento demográfico elevado. De año en año, se acumulan los excedentes y la población aumenta con rapidez. La práctica vacunatoria contra la viruela, que salva una enorme cantidad de vidas infantiles, se anota, especialmente, los mejores tantos. Pero también juegan, en forma decisiva esta vez, lo que los ingleses llaman “environmental factores”, derivados de la industrialización y de la urbanización, amén, quizá de las posibilidades de cambios en la virulencia de determinadas enfermedades infecciosas, no conectados directamente con los progresos de la Medicina y de la Economía. 
    A partir de mediados de siglo, el crecimiento se reduce por efecto, sobre todo, del descenso de la fecundidad. La creciente conservación de los hijos empieza a inducir a los padres a reducir su número. Otra vez la fórmula que utilizo en exceso, aunque no deja de encerrar un gran fondo de verdad. La experiencia actual de los países en vías de desarrollo lo está demostrando en forma categórica: la baja de la fecundidad se produce en íntima relación con la de la mortalidad infantil.
    Una población sujeta al descenso de la natalidad es una población que envejece. Menos nacimientos significan mayor acumulación de elementos en los escalones elevados de la pirámide. El envejecimiento ha sido la característica de la mayor parte de las poblaciones europeas, cuya trayectoria es clara a partir de 1900. 
    En una fecha tan avanzada como la de 1900 España registraría una natalidad bruta del 33.8 por mil, una mortalidad del 288 y una esperanza de vida al nacer inferior a los 35 años, esto es, unos niveles rebasados por las poblaciones escandinavas ciento cincuenta años antes. Al terminar el siglo XIX, la mortalidad y la fecundidad españolas  no habían consumado aún aquella ruptura con los antiguos trends, característica del moderno régimen de población. 

    1. EL CÓLERA
    Durante el siglo XIX un nuevo factor epidémico viene a tomar el relevo de la viruela y, en España, de la fiebre amarilla. Se trata del cólera, enfermedad endémica de ciertos países asiáticos que, a partir de 1830, desborda sobre Europa. Las invasiones europeas del cólera se caracterizan por una irradiación extraordinaria. En cada ocasión el mal se extiende en forma de lento pero implacable rodillo. En 1854, fueron 4.983, de un total poco superior a 9.000, las localidades españolas atacadas.
    En 1854, la enfermedad penetró, desde Marsella, a Barcelona, corriéndose de aquí a todo el litoral mediterráneo. En el interior, las andanzas de O’Donnell contribuyeron, como las de Rodil en 1834, a divulgar el cólera, desde Andalucía a Madrid.
    Las cifras tocantes al cólera de 1853-1856 (noviembre, últimas víctimas en la provincia de Huelva), pecan por defecto. Según el Ministerio de la Gobernación, los invadidos habrían ascendido a 829.189 y los muertos a 236.744, lo que revelaría una letalidad del 28%, un poco superior a la de 1833-1835. En términos relativos las pérdidas habrían afectado al 15%o del potencial humana gravando con una mitad más las defunciones de un año normal. Sin embargo, un balance mejor ajustado de las víctimas debería tener en cuenta, además, los efectos de una sobre mortalidad femenina muy acusada y de una distribución por edades bastante irregular. Por otra parte, el impacto también fue muy distinto según se tratase de unas provincias o de otras.
    En el año 1859 fueron invadidas por el cólera algunas provincias de España, particularmente las de Jaén, Málaga y Valencia, cuya invasión se repitió con mayor fuerza en el de 1860, en que afligió a las de Alicante, Almería, Cádiz, Córdoba, Cuenca, Ciudad Real, Granada, Jaén, Málaga, Murcia, Sevilla, Toledo y Valencia. En el primero de estos años, sin duda por la poca extensión de los estragos producidos, no se hizo por la Dirección de Sanidad la estadística; y sólo en el segundo se registraron los resultados, que fueron 17.202 invadidos, de los que perecieron 6.832, o sea el 29 %.
    Las noticias de la epidemia de 1865 son escasas. Las estadísticas del movimiento natural de la población distinguen 59.612 muertes de enfermedades epidémicas o contagiosas que, atribuidas al cólera, representan una mortalidad media del 3 %o. Esta cifra, que está de acuerdo con la elevación de la tasa general de mortalidad sugiere una invasión peor que la precedente, ero menos extensa y mortífera que las dos primeras. 
    En cambio, la pandemia de 1885 marcó un nuevo retroceso. En esta fecha murieron del cólera 120.254 españoles, de un total de 340.000 invadidos.
    El boletín de Estadísticas demográfico-sanitario publicó, como apéndice al tomo IV, un espléndido volumen monográfico, con datos pormenorizados acerca de las edades, sexo, actividades y localización de las víctimas. Ellos nos informan de que, como siempre,  hubo una fuerte sobremortalidad femenina, así como una concentración de óbitos en el grupo infantil que repercutiría sobre la oferta de brazos y las tasas de natalidad de las provincias afectadas, al término de unos 15 o 20 años. En cuanto a las actividades, el volumen desglosa los fallecidos en “jornaleros”, “artesanos”, “labradores”, “empleados”, “propietarios”, “rentistas”, etc. y miembros de otras profesiones categorías de contenido equívoco, difíciles de referir a las del censo general de 1887. En cambio las referencias geográficas permiten la neta delimitación de dos zonas de gran mortalidad: una, la más afectada, a ambos lados del sistema ibérico (Navarra, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Cuenca); la segunda, unida por Alicante a la anterior, en el Sudeste del país (Murcia, Albacete y, sobre todo, Granada). En definitiva, pese a las excepciones de Gerona, Barcelona y Málaga, la última epidemia colérica fue un fenómeno claramente levantino.

    EPIDEMIA COLÉRICA DE 1885: algunos ejemplos.

    GRANADA
    488.183
    10.238
    20.96
    40.13
    5.25
    ALBACETE
    222.375
    3.190
    14.34
    38.91
    3.74
    ALMERIA
    358.005
    2.566
    7.16
    26.56
    2.69
    CORDOBA
    400.452
    1.318
    3.29
    34.80
    0.94


    FUENTE: BOLETÍN DE ESTADÍSTICAS DEMOGRÁFICO-SANITARIA,

     APÉNDICE AL TOMO IV .-1888

    PERDURACIÓN DE LAS CRISIS DE SUBSISTENCIAS
    Las causas que aumentan la mortalidad son el alto precio de los alimentos, los impuestos fuertes sobre las subsistencias, las epidemias, los pantanos y otros focos de infección; las industrias insalubres; la guerra; la acumulación excesiva de población en pueblos y habitaciones reducidas; las temperaturas extraordinarias; las inundaciones, etc.
    Las causas de disminución en los nacimientos son los altos precios de las subsistencias (más influyentes aún que en la mortalidad); la guerra, que aleja de sus hogares la parte de la población más apta y vigorosa para reproducirse; los matrimonios entre consanguíneos, las revoluciones, los votos religiosos, el excesivo número de mujeres solteras o de vida dudosa, el aumento de las necesidades sociales, la acumulación de grandes masas en pueblos relativamente pequeños, etc.
    En la segunda mitad del Siglo XIX se reconoce, de manera oficial, el peso decisivo de las crisis alimenticias, tan características del antiguo régimen de población. Incluso a principios de la era del ferrocarril, una mala cosecha sigue representando, en España, un plus de defunciones y un déficit de matrimonios, esto es, de nacimientos.
    Las grandes carestías anuncian, pues, unos períodos de hambre y de adversidad demográfica. En 1812, durante la guerra de la Independencia, pero también en 1817, en 1823-25, en 1837, 1847, en 1856-57, en 1868, en 1882 y en 1887, el país se ve condenado a la reducción de su potencial humano, como resultado de la falta de recursos alimenticios.

    CORRELACIÓN ENTRE MORALIDAD Y CARESTÍA: 1858
    Saldo crecimiento vegetativo %o
    CACERES
    9.00
    BADAJOZ
    4.7
    SEGOVIA
    3.3
    BURGOS
    2.2
    JAEN
    15.1
    ALMERIA
    15.8
    FUENTE: NICOLÁS SÁNCHEZ-ALBORNOZ


    EL CÓLERA EN ALMERÍA EN 1855

    Las únicas fuentes disponibles con las que he contado son, el libro de Jordi Nadal: “La población Española, (s.XVI a s. XX)”, Ed. Ariel 1984, que en el caso concreto de Almería no hay información para el año 1855 y sí, para el 1860.
    Los datos recogidos en el Archivo del Ayuntamiento de Almería, son tan escasos que no se han aportado información estadística alguna tanto en lo que se refiere a invasiones como a defunciones en esta capital.
    Pero, se puede deducir que alrededor del 20 de septiembre de 1855 desapareció el mal. Sin embargo no hay nada que nos informe sobre cuando comenzó esta epidemia ni su duración. Sabemos, por ejemplo, que hubo un Hospital de Coléricos lo cual nos muestra la importancia cuantitativa de afectado en esta capital, así como el dato de la donación de 70 camas para los enfermos
    En cuanto a la provincia, sólo conocemos el caso de la invasión del cólera morbo-asiático en la localidad de Berja.
    EL CÓLERA EN EL AÑO 1855
    Datos recogidos del Archivo del Excmo. Ayuntamiento de Almería, LEGAJO 608, n. 3 de 20 de Septiembre, Almería. Gabriel María de Gualda, expediente sobre la celebración de un TE DEUM, en acción de gracias, por haber desaparecido el cólera.
    LEGAJO 638, 27 de julio, Almería, Orozco, sobre entrega de 70 camas para los hospitales de coléricos de esta capital.
    INTRODUCCIÓN HIGIÉNICA GENERAL,  para la preservación del cólera-morbo asiático, dedicada a los habitantes de la villa de Berja por D. Cristóbal José Espinosa Díaz, subdelegado y colaborador de El Siglo Médico.

    EL CÓLERA EN ALMERIA: DATOS ESTADÍSTICOS PARA ALMERIA Y SU PROVINCIA.

    La elaboración estadística, de este año 1885, ha sido realizada a partir de la lectura de cada uno de los días de dicho año, en el periódico de la época: LA CRÓNICA MERIDIONAL.

    Los datos recogidos aparecían con el encabezamiento de: 

     PARTE SANITARIO DE LA PROVINCIA.

    Empiezo con el pueblo de HUERCAL OVERA, ZURGENA, etc, . y acabo con el pueblo de URRACAL, por ejemplo, para el mes de agosto; esto nos indica, no que lleve un orden alfabético, sino, el orden en que iban apareciendo en el periódico y, por tanto, ocupan los puestos de 1º al último en relación al ataque de la epidemia.
    Tampoco aparecen por mayoría cuantitativa de invasiones o de defunciones.
    Situados cada uno de estos pueblos en el mapa, (ver los mapas correspondientes de las páginas siguientes, vemos la distribución zonal), según está vigente hoy día, ocupa los partidos judiciales de Almería, Huercal Overa, Berja, Canjáyar, Cuevas de Almanzora, Gergal, Purchena, Sorbas, Vélez Rubio y Vera.Es decir, abarca casi la totalidad de los pueblos que lindan la Cuenca del Almanzora, así como  los de la Cuenca del Río Andarax, además del núcleo de María y Vélez Rubio en el Norte, y, Adra, Beninar y Dalias en el Sur-Oeste.

    por maribel cerezuela

    Estudio del cólera y la gripe en Almería. Años 1855, 1885 y 1918


    El Centauro. Leopoldo Alas "Clarín"

    EL CENTAURO
    Este cuento forma parte del libro El Señor y lo demás, son cuento.

    Leopoldo Alas “Clarin”  (1892)


    Violeta Pagés, hija de un librepensador catalán, opulento industrial, se educó, si aquello fue educarse, hasta los quince años, como el diablo quiso, y de los quince años en adelante como quiso ella. Anduvo por muchos colegios extranjeros, aprendió muchas lenguas vivas, en todas las cuales sabía expresar correctamente las herejías de su señor padre, dogmas en casa. Sabía más que un bachiller y menos que una joven recatada. Era hermosísima; su cabeza parecía destacarse en una medalla antigua, como aquellas sicilianas de que nos habla el poeta de los Trofeos; su indumentaria, su figura, sus posturas, hablaban de Grecia al menos versado en las delicadezas del arte helénico; en su tocador, de gusto arqueológico, sencillo, noble, poético, Violeta parecía una pintura mural clásica, recogida en alguna excavación de las que nos descubrieron la elegancia antigua. En el Manual de arqueología de Guhl y Koner, por ejemplo, podréis ver grabados que parecen retratos de Violeta componiendo su tocado.
    Era pagana, no con el corazón, que no lo tenía, sino con el instinto imitativo, que le hacía remedar en sus ensueños las locuras de sus poetas favoritos, los modernos, los franceses, que acidaban a vueltas con sus recuerdos de cátedra, para convertirlos en creencia poética y en inspiración de su musa plástica y afectadamente sensualista. A fuerza de creerse pagana y leer libros de esta clase de caballerías, llegó Violeta a sentir, y, sobre todo, a imaginar con cierta sinceridad y fuerza, su manía seudoclásica.

    Como, al fin, era catalana, no le faltaba el necesario buen sentido para ocultar sus caprichosas ideas, algunas demasiado extravagantes, ante la mayor parte de sus relaciones sociales, que no podían servirle de público adecuado, por lo poco bachilleras que son las señoritas en España, y lo poco eruditos que son la mayor parte de los bachilleres. A mí, no sé por qué, a los pocos días de tratarme creyome digno de oír las intimidades de su locura pagana. No fue porque yo hiciera ante ella alarde de conocimientos que no poseo; más bien debió de haber sido por haber notado la sincera y callada admiración con que yo
    contemplaba a hurtadillas, siempre que podía, su hermosura soberana, los divinos pliegues de su túnica, las graciosas líneas de su cuerpo, el resplandor tranquilo e ideal de sus ojos garzos. ¡Oh, en aquella cabecita peinada por Praxiteles, había el fósforo necesario para hacer un poeta parnasiano de tercer orden; pero, qué templo el que albergaba aquellos pobres dioses falsos, recalentados y  enfermizos! ¡Qué divino molde, qué elocuente estatuaria! Violeta, como todas las mujeres de su clase, creería que por gustarme tanto su cuerpo, yo admiraba su talento, su imaginación, sus caprichos, traducidos de sus imprudentes lecturas...


    Ello fue que una noche, en un baile, después de cenar, a la hora de la fatiga voluptuosa en que las vírgenes escotadas y excitadas parece que olfatean en el ambiente perfumado los misterios nupciales con que suena la insinuante vigilia, Violeta, a solas conmigo en un rincón de un jardín, transformado en estancia palatina, me contó su secreto, que empezaba como el de cualquier romántica despreciable, diciendo:
    «Yo estoy enamorada de un imposible». Pero seguía de esta suerte:
    «Yo estoy enamorada de un Centauro.

     Este sueño de la mitología clásica es el mío; para mí todo hombre es poco fuerte, poco rápido y tiene pocos pies. Antes de saber yo de la fábula del hombre-caballo, desde muy niña sentí vagas inclinaciones absurdas y una afición loca por las cuadras, las dehesas, las ferias de ganado caballar, las carreras y todo lo que tuviera relación con el caballo. Mi padre tenía muchos, de silla y de tiro, y cuadras como palacios, y a su servicio media docena de robustos mozos, buenos jinetes y excelentes cocheros. Muy de madrugada, yo bajaba, y no levantaría un metro del suelo, a perderme entre las patas de mis bestias queridas, bosque de columnas movibles de un templo vivo de mi adoración idolátrica. No sin miedo, pero con deleite, pasaba horas enteras entre los cascos de los nobles brutos, cuyos botes, relinchos, temblores de la piel, me
    imponían una especie de pavor religioso y cierta precoz humildad femenil voluptuosa, que conocen todas las mujeres que aman al que temen. Me embriagaba el extraño perfume picante de la cuadra, que me sacaba lágrimas de los ojos y me hacía soñar, como el mijo a los espectadores del teatro persa.

    »Soñaba con carreras locas por breñales y precipicios, saltando colinas y rompiendo vallas, tendida, como las amazonas de circo, sobre la reluciente espalda de mis héroes fogosos, fuertes y sin conciencia, como yo los quería. Fui creciendo y no menguó mi afición, ni yo traté de ocultarla; los primeros hombres que empezaron a ser para mí rivales de mis caballos fueron mis lacayos y mis cocheros, los hombres de mis cuadras. Bien lo conoció alguno de ellos, pero me libraron de su malicia mis desdenes, que al ver de cerca el amor
    humano lo encontraron ridículo por pobre, por débil, por hablador y sutil. El caballo no bastaba a mis ansias, pero el hombre tampoco.

    ¡Oh, qué dicha la mía, cuando mis estudios me hicieron conocer al Centauro! Como una mística se entrega al esposo ideal, y desprecia por mezquinos y deleznables los amores terrenos, yo me entregué a mis ensueños, desprecié a mis adoradores, y día y noche vi, y aún veo, ante mis ojos, la imagen del hombre bruto, que tiene cabeza humana y brazos que me abrazan con amor, pero tiene también la crin fuerte y negra, a que se agarran mis manos crispadas por la pasión salvaje; y tiene los robustos humeantes lomos, mezcla de luz y de
    sombra, de graciosa curva, de músculo amplio y férreo, lecho de mi amor en la carrera de nuestro frenesí, que nos lleva a través de montes y valles, bosques, desiertos y playas, por el ancho mundo. En el corazón me resuenan los golpes de los terribles cascos del animal, al azotar y dominar la tierra, de que su rapidez me da el imperio; y es dulce, con voluptuosidad infinita, el contraste de su vigor de bruto, de  su energía de macho feroz, fiel en su instinto, con la suavidad apasionada de las caricias de sus manos y de los halagos de sus ojos...»

    Calló un momento Violeta, entusiasmada de veras, y hermosísima en su exaltación; mirome en silencio, miró con sonrisa de lástima burlona a un grupo de muchachos elegantes que pasaban, y siguió diciendo: «¡Qué ridículos me parecen esos buenos mozos con su frac y sus pantalones!... Son para mí espectáculo cómico, y hasta repugnante, si insisto en mirarlos; les falta la mitad de lo que yo necesito en el hombre... en el macho a quien yo he de querer y he de entregarme...  Si me quieren robar, ¿cómo me roban? ¿Cómo me llevan a la soledad, lejos de todo peligro?... En ferrocarril o en brazos... ¡Absurdo! Mi Centauro, sin dejar de estrecharme contra su pecho, vuelto el tronco humano hacia mí, galoparía al arrebatarme, y el furor de su carrera encendería más y más la pasión de nuestro amor, con el ritmo de los cascos al batir el suelo... ¡Cuántos viajes de novios hizo así mi fantasía! ¡La de tierras desconocidas que yo crucé, tendida sobre la espalda de mi Centauro volador!... ¡Qué delicia respirar el aire que corta la piel en el vertiginoso escape!... ¡Qué delicia amar entre el torbellino de las cosas que pasan y se desvanecen mientras la caricia dura!... El mundo escapa, desaparece, y el beso queda, persiste...»

    Como aquello del beso me pareció un poco fuerte, aunque fuese dicho por una señorita pagana, Violeta, que conoció en mi gesto mi extrañeza, suspendió el relato de sus locuras, y cerrando los ojos se quedó sola con su Centauro, entregándome a mí al brazo secular de su desprecio.

    Un poco avergonzado, dejé mi asiento y salí del rincón de muestra confidencia, contento con que ella, per tener cerrados los ojos, como he dicho, no contemplara mi ridícula manera de andar como el bípedo menos mitológico, como un gallo; por ejemplo.

    Pasaron algunos años y he vuelto a ver a Violeta. Está hermosa, a la griega, como siempre, aunque más gruesa que antes. Hace días me presentó a su marido, el Conde de La Pita, capitán de caballería, hombrachón como un roble, hirsuto, de inteligencia de cerrojo, brutal, grosero, jinete insigne, enamorado exclusivamente del arma, como él dice, pero equivocándose, porque al decir el arma, alude a su caballo. También se equivoca cuando jura (¡y jura bien!), que para él no hay más creencia que el espíritu de cuerpo; porque también entonces
    alude al cuerpo de su tordo, que sería su Pílades, si hubiera Pílades de cuatro patas, y si hombres como el Conde de La Pita pudieran ser Orestes. El tiempo que no pasa a caballo lo da La Pita por perdido; y, en su misantropía de animal perdido en una forma cuasi humana, declama, suspirando o relinchando, que no tiene más amigo verdadero que su tordo.

    Violeta, al preguntarle si era feliz con su marido, me contestaba ayer, disimulando un suspiro: «Sí, soy feliz... en lo que cabe... Me quiere... le quiero... Pero... el ideal no se realiza jamás en este mundo. Basta con soñarlo y acercarse a él en lo posible. Entre el Conde y su tordo... ¡Ah! Pero el ideal jamás se cumple en la tierra».

    ¡Pobre Violeta; le parece poco Centauro su marido!

    Este cuento forma parte del libro El Señor y lo demás, son cuento