Antonio García Vargas. El sistema. Los manipuladores.

EL SISTEMA

Los manipuladores (Fragmento)


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Vivimos tiempos delicados. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, de puntillas, nos están anulando el poco seso útil que nos queda. La feroz manipulación a que nos someten en lo esencial del ser, de nuestro ser, es terrible. En este mundo infeliz basado en el otro Mundo feliz de Huxley pero más a lo bestia, no cabe dormirse en demasía o corremos el riesgo de despertar despojados de la esencia de la libertad: ¡nuestra creatividad!

El poeta ha recibido el regalo de saber mirar más allá del objeto y de la palabra vana. Tenemos —aún— el don de poder escudriñar en el interior de las cosas, de constatar la vaciedad de la frase o la fealdad del hecho mezquino; también captamos la belleza y analizamos la circunstancia desde la mirada profunda que va más allá de la mera presentación o representación de la misma.

Asistimos al desolador espectáculo de la caída en picado de una civilización con pies de barro y cerebro de cálculo que sólo piensa en términos económicos que repercutan en beneficio fácil a costa de LO/QUE/SEA. Beneficio propio, claro, no del conjunto. Y no generalizo al hablar de este tipo de personas sino que me ciño a los que manejan los hilos y sus comparsas entre los que incluyo a los manipuladores poderosos, políticos de transición, autoridades y esbirros de seso estrecho y bolsillo amplio que se sirven de todo tipo de medios para convencernos de que buscan nuestra libertad, que luchan por la democracia y un mayor nivel de vida para todos, pero que en realidad nos usan como  carne de cañón del 18´ para conseguir sus fines que son la desmesura, el propio lucro y la destrucción sistemática de la capacidad individual de razonamiento. Están haciendo del sistema democrático su corral particular donde criar gallinas asilvestradas que se limiten a poner huevos a cambio del pienso diario, si acaso, a veces ni eso. Para ellos la democracia consiste en mover las aguas del río de las mentes para anular el criterio propio y así poder pescar a conveniencia, sin oposición de relieve, incluso con la aquiescencia de los subyugados. Han conseguido hacer que olvidemos —a gran parte de nosotros— que la libertad no consiste en vivir una democracia teórica y con trabas sutiles y no tan sutiles sino en tenerla de verdad; en gozar de verdadera libertad de pensamiento, de convivencia; de opciones y de respeto a los valores de cada cual para enfocar su futuro y el de su familia sin el condicionante de una estabilidad o inestabilidad prefabricada que concede o arrebata esos mínimos espacios de placer y de libertad aparente a la que nos han acostumbrado a base de pequeñas limosnas, como son la posesión ficticia de una casa, coche o piscina con rubia.
Urge vacunarse contra la manipulación pues sólo así podremos ver las cosas de acuerdo a nuestras convicciones y recobrar el perdido sentido de nuestras vidas, el pensamiento mprofundo y el libre albedrío. Debemos decidir por nosotros, sentir, amar o sufrir por lo que verdaderamente importa, no por lo que nos impongan. ¿Qué clase de libertad es esta que no parte de nuestro interior sino de aquello que nos han acostumbrado a “poseer” inducidos por el reflejo materialista de la posesión efímera y momentánea? Está visto que se puede perder todo vestigio de libertad personal en un sistema democrático que permite que el interés desmedido de unos cuantos prevalezca sobre los demás, sobre su ciudad, nación o continente, haciendo de la economía vehículo de un viaje que sólo ellos saben a dónde conduce. Está claro que ellos poseen el poder de manipularnos con sus apetecibles señuelos —o carencia de éstos— pero también está claro que lo seguirán haciendo sólo si se lo permitimos.
Creo, compañeros, que ha llegado el momento de recobrar la poesía del paisaje.
Antonio García Vargas

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