sábado, julio 16, 2016

1.- Juan Secaira Velástegui









Juan Secaira Velástegui (Quito, Ecuador, 1971). Ha publicado Obsesiones urbanas, ensayo, editorial El Tábano, 2007. El poemario Construcción del vacío, editorial Sarasvati, Nueva York, 2009, mención especial del premio de poesía Ángel Miguel Pozanco (España). El libro de poesía No es dicha (Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade), editorial El Tábano, 2012. La plaqueta de poesía Geografía de la edad, 2013. El libro de poesía Sujeto de ida, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2014. Y el poemario Ribera de cristal, Ediciones de Pandora, Tampa-Florida, 2015. Ha sido uno de los ganadores del Concurso Nacional de Poesía El Retorno, 2009 y 2011. En el 2008 se adjudicó un accésiten el concurso de poesía de la revista española Katharsis. Su poesía se encuentra en antologías nacionales e internacionales.



 
Oído de mar

El tiempo en el que
las olas se apaciguan
y el desprevenido no escucha
la réplica constante de los días.

Mi madre tiene un mundo en su oído izquierdo
permanece
cada tarde en mareos y penumbras.

Mi padre tiene a mi madre.

Nada es comprensible entre orillas y escombros
mientras
el agua silente
también
se deja ir.

(Inédito)
La función del espectro


Se aguarda el placer de la siguiente dosis
en aquel cuerpo impaciente y necio
como un animal que
encerrado en la bóveda del juicio o en la
maquinaria de un tejido angosto
olvida
bajo cada línea
detenerse
a tiempo.

(Inédito)

















Garúa y la noción de la naturaleza predomina como una unidad etérea.
Olor a añoranza
como si el tiempo se detuviera en los gritos campesinos
en la fuerza y la sabiduría de su labranza.
 
La farragosa presencia de la ley
el frenesí del tren sobre rieles rotas.
Lluvia y una desesperanza continua y solitaria
como el ceceo de un dios menor a la distancia.

No es paisaje: en la única parada de bus esperamos por un ser
que no llega cancelado en su Babel de miedo y lejanía
la piel de nuestra suerte
y el obelisco creciendo en un cielo negro y callado.
 
A esa edad la impunidad se restriega en los días: no se entiende ni se detiene
el pensamiento es una carrera para llegar a algún lugar
flores arbustos y los cuentos de la abuela.
 
Veinte años después recorro la ciudad enfermo
porque de los enfermos será el reino de la poesía
de los desposeídos realmente
de los que flameamos la fe como única pregunta.
 
Sin abuelas ya
sin arbustos
una ciudad deshabitada
una foto en la mesa
materia de la furia.
(Inédito)
De película

Vemos una película
Relatos Salvajesy dices
que somos idénticos a la pareja de la última historia.
 
La última que no es de ningún modo la última.
 
Hay resplandor también en el olvido
en la prosperidad del capricho
la disciplina del cuerpo inmóvil radica en caer
con suficiencia.
 
No se distinguen el gusto ni las plantas que crecen en elextremo de nuestro jardín.
 
Han desaparecido como tantas cosas y personas
las emociones compartidas en ningún baúl
donde guardarse por un tiempo inexistente y breve
como el sol que creíamos eterno
en noches de frío
su espera.
 
 Sanarse lentamente aprendiendo a escuchar y decir
los latidos de los otros de los que se han quedado hasta el final
del viaje
para formar el reparto
de esta película B
que es la vida.
(Inédito)
Responde
Infinitamente infiel es la memoria
depende y al depender muere en sus múltiples versiones.
 
Preguntarse es como poner los restos debajo de la alfombra del comedor.
 ¿Dónde estarán los amigos de juegos de siempres y jamases?
 ¿El verbo suspendido en la inconciencia?
 
La distancia del sentido abarca el tiempo.
 El dolor del dolor promete volar.
 
Tres meses sin tratamiento
concentrarse para hacerlo invisible.
 
Iremos mañana a la farmacia
si el cuerpo responde le diremos gracias.
 
Nadie es completamente sano solo se esconde.
 
Mi amiga más querida me enseñó a cerrar los ojos
para abrirlos de verdad.
 
Alguno que otro afán
florece cuando siento las manos
 las re-siento
en campo abierto
naciente
brioso
pulso.
(Inédito)
Huesos
Después los huesos el altavoz
los mandiles repitiendo peroratas
por años de mala comida de pésima comida y un tragaluz espía.
 
Antes: la tabla del 9
factores los símbolos químicos historia y geografía
energía desperdigada en medicamentos.
 
Síntomas
pronósticos de encuentros extraviados
sueros
nombres impronunciables
música letras
una fiesta.
 
Perder es mejor que contenerse.
 
Entonces
el automóvil se estrelló en plena vía principal de noche
de truenos
de gana de turba de pulmones de costillas de caos.
 
Una semana corre rápido: comenzar a repartir las cosas que él ya no usará
sus discos libros botellas: ahí va el ripio y el estertor
como el velocímetro que nos vuelve al
fuego.
(Inédito)




Sanatorio

Quedaron una noche junto a la bodega que guardaba remedios
y males.
Se presentaron. Consumo selecto de pastillas y líquidos inyectables.

El amor brebaje para engañar al paladar y hacernos creer que estamos sanos. El amor brebaje para engañar al paladar y hacernos creer que estamos locos. Hacernos. Creer.

El amor es una inyección y ya no duele.
El amor ni se discute ni se ataja ni arriba.

La pareja baila sin tocarse como esperpentos como fantasmas poseídos
por las drogas consumidas. Son minutos de música punk. Se mueven fuertemente y a ratos caen al suelo se levantan se pasean por la habitación sin mirarse cada uno en su propio vuelo. Suena la canción El Lobo de Sal y Mileto. Caminan por los pasillos del hospital.

Aquí no ayuda el galeno ni el administrador
menos aún tu compañero de habitación o quien limpia y resguarda.
Lidera el desorden organizado en turnos y papeleos inhumanos.
Dictadura en dolorosa pesadez y anonimato.

La máquina como galope furioso pinchazo tras pinchazo en el cerebro
se queda el rock colgado.

Nadie nos ha dicho cómo vivir.
Nadie nos ha dicho cómo morir.
Nadie nos ha dicho cómo sobrevivir.
Nadie nos ha dicho cómo amar.

En el hospital de la Santa Bendición Libérrima
es el señor director quien no está cuando lo necesitan.
Necesita y lo consigue.
Sin nunca estar.

Sin nunca estar sin nunca estar sin nunca estar
reparte bendiciones
recoge donaciones
se alista para despedir al moribundo mientras
atesora una fortuna en este mundo
hay que ver al señor director por la calle
para comprender
que está
sin nunca estar
sin nunca
sin nunca estar.

La no-historia
comienza y termina en los cuartos y pasillos del antiguo hospital
cuyo frente ha sido remodelado y pintado
resuena una vieja cisterna cada noche
aporta a la pestilencia de aquel barrio central.

Vanessa no huye
recoge sus pasos y se atreve a lanzarse a experiencias
líquidas. Ha dejado su habitación de hospital (cuatro camas cuatro convalecientes) cuando unas mujeres han pretendido convertirla en eco religioso de imploración plural uniforme y vacía.

Jota permanece en la bodega
olvidada por la nueva administración. Ha escapado de los payasos falsamente alegres y optimistas que confunden
la sanación con chistes malos y una actitud vacua
alzar los brazos y reír como estúpidos para mejorar. Odia las narices rojas. Ambos se encuentran en la bodega. Los empleados ya no se empeñan en controlarlos.

VANESSA. El alcohol es de las pocas vulgaridades…
JOTA. … que nos permitimos.
VANESSA. … de las pocas…
JOTA. … que nos quedan…
VANESSA. … después de cada sesión de terapia…
JOTA. … terapias rutinarias…
VANESSA. … face to face
JOTA. … the end.

Desde el intenso espacio
en el que nos encontramos
incluso para irnos
jamás para partir.

VANESSA. ¿Qué se siente no sentir la mitad del cuerpo?
JOTA. ¿Qué se siente sentirla?
VANESSA. Como el amor ambiguo de los padres. Como la sensación del latir de úteros extraviados en algún lugar incierto.
JOTA. Como la mujer que allá afuera decía que permanecería conmigo que me llenaría que podía confiar y creer para luego limitarse a una obsoleta presencia.
VANESSA. Siempre en tiempo potencial.
JOTA. Pretérito.
VANESSA. La realidad es un caramelo masticado al unísono.
JOTA. Una línea bárbara.
VANESSA. Conversión de los exilios.
JOTA. Simulacro de aquel día.
VANESSA. Colibrí recién nacido. El poema es la repercusión de sucesivas muertes.
JOTA. Una idea política.
VANESSA. ¿Política racional mercantil baja carroñera altiva y soberana?
JOTA. Solo política: quememos este hospital.
VANESSA. Envenenemos la comida.
JOTA. Castremos al director.
VANESSA. Hagamos una colecta.
JOTA. La realidad es un hospital.
VANESSA. No huir de uno mismo.
JOTA. Nuevas recetas.
VANESSA. O una rifa.

Desvarío tiempos
dosis para pintar el cielo
y la lluvia.
El columpio cruelmente luminoso.
El miedo no es a no estar sino a no sentir que se ha estado.

JOTA. La única guerra válida es la que se da contra uno mismo.
VANESSA. Trascendiendo en la miseria.
JOTA. Cabreados.
VANESSA. Danzando.
JOTA. Furiosos.
VANESSA. Insanos insalubres ilegítimos adoradores de banderas.
JOTA. Maradona es como dios…
VANESSA. … malévolo.
JOTA. La maldad es la parte verdadera de la pérdida del conocimiento que es vivir.
VANESSA. Fuera de experimentos y contemplaciones formales.
JOTA. En una pared.
VANESSA. En una letra.
JOTA. En una palabra.
VANESSA. Hubo.
JOTA. Uve.
VANESSA. Letras…
JOTA. … juntas…
VANESSA. … no hay. Uno es sus partes.
JOTA. Como parte policial tal vez como apunte de fracasos.
VANESSA. O parte médico en la sucesión de caídas y asfixias.
JOTA. … parte que se parte.
VANESSA. Ser parte de lo que ya no es sino solo en la imaginación que es la causa y consecuencia de algo indefinido.
JOTA. Parte de los que se comen las uñas.
VANESSA. De las que se jalan el cabello o se lo jalan a otras infelices.
JOTA. A ratos parece que el espacio fuera todo y se parte la vida en pedazos.
VANESSA. En pedazos que a nadie le importa ayudarte a rearmar.
JOTA. Mejor será abandonar la esclavitud del cuerpo para verlo desde afuera.
VANESSA. Mi abuela decía que la experiencia surge de un punto silencioso de algo que te dicta el cuerpo sin palabras como impulso heredado como si fuéramos guerreros de antaño cuando no había nada material y la naturaleza era hogar hostil y cálido a la vez. La verdadera experiencia no sucumbe con el silencio más bien nace en él y se expande hasta hacerse música.
JOTA. Música.

Silencio de hormigas escalinatas y puentes.
Silencio de dios contemplando sus ficciones amparado en su diestra. A Jota nadie lo ha visto hoy. Ha desaparecido.
Silencio de la angustia. Azar que cabe en el vicio. El vicio: incierta calidez sin discurso.
VANESSA. Solo el que está muerto no se queja. O seaSeñorita enfermera le hago una pregunta. ¿Debido a qué padecimientos he permanecido encerrada en este sanatorio? ¿Me lo podría explicar?

Desde el intenso espacio
en el que nos encontramos
incluso para irnos
jamás para
partir.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Ribera de cristal

Salimos del cine de barrio. Blanco y negro.
Del circo con la minúscula fotografía del momento
dentro del embudo de plástico para colgar las llaves.
De las librerías no de las ferias
del descubrimiento de los libros
del encanto lejos de pretensiones mediáticas.

La vida es un juego desarmable y paradójico.

Mi padre habla y se detienen las escenas en casa
sufrir y gozar elegantemente sin mucho ni poco.
Cocolón caliente café música
lo que dicte el amor.
Puentes donde alojarse
estaciones de bocas llenas.

Curar a los enfermos que golpeaban a la puerta de la casa
a la mayoría sin cobrarles
acogiéndolos como verdadero samaritano.
No por pena por la humanidad que se forjó
en la pobreza material defendiéndose solo en el estudio y el trabajo.
Buena parte de la vida se borra aunque intentes retenerla.

El héroe era papá en el Mustang descapotable en el Fiat azul en el Ford blanco automóviles cada vez más nuevos debido a la ilusión
de quien nos llevaba
de paseo cada sábado.

No aprendí a nadar derecho
nos zambullimos una ocasión en olas deletreadas
por mamá desde la orilla.
Mi padre mi hermana y yo desde el fondo del agua
maniobras y volantines.

Cómo decirle que no he olvidado y que lo voy haciendo con el tiempo.
Definir lo que se es sin serlo.

Médico como yo dijo papá. No duré sino seis experimentos de espuma flex
y dos amigos peruanos de cerveza y charla amena.

Grutas vacías. Gracias en espiral.
Maletas para irse sin irse.
Abrir los ojos al alcohol
a las páginas leídas
como alas resonando fuegos.

Llamas y clamores hubo por presencias funerales
recambios
un conejo blanco y travieso
disfrazar las calles para huir sin lograrlo
cierta venganza u odios crecidos
como fruta podrida.

Hasta los 30 años hacer lo que se te antoje. Después ya solo queda vivir en poesía. Bromea mi padre y a carcajadas regresa a su consultorio.

Dios es la risa y la lágrima.

Carreteras y boleros
helados de paila fritaditas machica pinol.
¡Oh! El fútbol en potreros jugándolo como si fuera algún torneo importante.
Centrarle a la realidad un balón medido para el gol del desempate
mete gol gana o confiarse en el arquero
que como padre nos apoyaba
en los goles en los golpes en las caídas
resbalones y demás hierbas.
Encarnaciones no apologías.
La ira en torno a nuestras distancias
que las asumimos humanas
descontrol a veces pero nunca silencios
o puñaladas por la espalda.
De frente aunque moleste y duela
hemos resuelto el caos.
Mi caos cuando llegaba ebrio con el mar en el pecho
desbrozando bosques de piedra.

Conversamos de poemas y libros
la lucidez de mi padre es una enmienda y un clamor.

A diferencia de otros poemas en este
primero muere el hijo.
Riberas de cristal.

Decir ejemplo es poco
decir manos extendidas algarabía apoyo amor
aprender de él a vivir con pasión lo propio sin demagogia ni recetas baratas.

Resplandeciente su voz quebrando el espacio tan nuestro
poderoso como la tarde en que se derrumbó el árbol
y volvimos a levantarlo para atravesar el mundo con las manos
de las manos
sin las manos.
Las manos o la exhalación que replica y nutre
en un santiamén.

El poder de no poder
escape del acto voluntario
anochece y mi padre lee el quinto tomo de Medicina.

Mi lado que responde al corazón
ha ganado su derrota.

El cuerpo parece burlarse y queda la tríada
de los nervios comprimidos
a la abatida levitación de manos juntas.

(Del libro Ribera de cristal, 2015)















Dosis
Puertas de otras manos.
Refracción de luz en la garganta.
Se acarician los perros acunados por el sol.
Los hijos inmensidad regada en mendrugos de existencia
acto repetitivo piedras
terquedad sabiendo lo que se acerca
bocanadas detrás del pulso.
No se trata del espíritu ni de la tentación la diferencia en contra o a favor
no de luchas ni sacrificios culpables
ni del rincón donde habitamos desde la infancia.
Aspiraciones buscando asumirse irrealidades sin pena.
Cada día tres veces al día cuatro veces al día
cada cinco o seis
o tres veces al día.
Actos clavados en las creencias como estacas o amuletos
el corazón sale y transita por caminos reacios.
No arrepentirse
cuestionarse increparse
lidiar con el tiempo para cuando no alcancen
tres dosis al día cinco o seis o cuatro
las horas
pasan
frecuentes
frías.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)

Líquido

No se entiende cuándo comenzó
menos el momento en que acabará
estamos en el bar con amigos
ya son quince años de farmacodependencia
la mujer a mi lado dice: ¡maaaás ha de ser!
Nadie ríe el telón sobre el supuesto protagonista
bailan y se acumula el trago
hay quien lee las manos la vela el destino
suplicando a la providencia
verdades seguras.

En el baño se van las penas para volver
es cuestión de tiempo
surge la sensación del encierro
de las paredes abriéndose
de la gente que apenas llega y ya quiere irse
o no ha llegado o se hace la desaparecida
del silencio en promoción o sofoco.
Se movía
una pecera
en la casa de aquellos años
poco se sabe.
El murmullo del río en la cabeza como acumulación
los hijos en un lugar no definido estelas o flechas
directas a la memoria que se niega a poner en funcionamiento la melancolía
mejor otra ronda
peces de colores mueren en líquido vital.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)

Padre

Padre jamás ha probado un trago
me los dejó todos a mí
girando
en la memoria de una deidad irónica.

Padre
intentó curarme
desde el principio
estoy enfermo también de poesía.

Ayer lloró
lloramos
solos
como la vez que
entre nubes
quemamos
mancos
nuestra
última
cometa.


(Del libro Ribera de cristal, 2015)








Va

El poema es contención ante la desmesura del silencio.

Tensar el arco, cavar la tumba, aguantar el cielo.

La flecha escoria la tierra húmeda.

Va el humo
al mismo incierto lugar
que la añoranza.

Reviven el círculo
trazado por la memoria.

Espada del temor
los pájaros vuelan sin alas
sus cenizas
sus decires.
 
(Del libro Sujeto de ida, 2014)







Ante el cuadro Calle 14, de Camilo Egas
En la calle 14 los ángulos prefiguran el olvido
valiente olvido cobijado en
cualquier tiempo.

La oportunidad solitaria
con el paso de los días
con la lectura del otro
en aquel diario
su espera.

Otras esquinas entrevistas con el reflejo total
de la cronología subyugada
a deseos
claroscuros.

Anhelo como un pájaro.
Gradas
llevan a la vigilia de costumbre
quizá eso sea la vida
subir para bajar
en espacios registrados 
solo 
en el desamparo del recuerdo.

Pero hay que vivir y
se aguarda sin
que importen ya
la distancia
el frío.
(Del libro Sujeto de ida, 2014)
Y unas líneas en el cuerpo
Desde la desembocadura surgida en lo tempestuoso de esa unión sin muerte.
Hilos se tejen en cascadas internas.
Liturgia de descubrimientos
despojarse como aves en la cumbre.
Con la llegada de los hijos, isla hermosa sus latidos.
En las manos llevo una brújula mordida
los hijos que perdimos
los que alumbran todavía
lenguas de lluvia
el azar anocheciendo.
El deleite
inmune
reacio
vivo.
(Del libro Sujeto de ida, 2014)



Quijotescas camisas de fuerza

Dicen tu madre está loca
ha sido capaz de vender todo y transmutar
gritando y gesticulando plegarias
mientras consume sus pastillas.

Pensar: pecado con olor a naftalina.

Me siento a su lado, leo unas palabras de Mario Arteca:
Aquí los árboles son individuales. Ninguno se vuelve cien por ciento rojo. ¿Qué parte se pone roja? Depende en exclusiva del árbol”

sonríe
su silencio cubre la habitación
pabellón, infierno blanco
dibuja un árbol en el aire
azul, dice, yo lo repito

su bata está sucia, la saliva ha dibujado el bosque
puedo contar los pocos cabellos, me contengo

ambos miramos alrededor, allí no hay ventanas

ramas deslizándose, nos tocan, contienen mi respiración

trauma, secreto
árboles, árbol, aire suspendido
puños.
(Del libro No es dicha, 2012)
Vestigios chica punk


Hierba no, maleza
en do sostenido
de chica
punk
con cara de muñeca
columpiándoseen la desazón de sus accidentalesfanáticos.

Miradas entre la lluvia.

Mientras
- La noche es un huracán.
- Una nena no sabe fumar.
- Tres tipos conversan sobre sus imposibilidades.
- La cerveza está caliente.
- Yo lamo la mesa albina.

Pinto un
grafitien la frente de aquel bar
La vida, reloj sin pila.

Leo acerca de héroes, elegidos
la eventual característica del éxito en sus hojitas de datos, logros y fantasías.

Vuelvo a mirar a la chica
punk
su valentía ojos blancos
sabe que el drama es una cueva ciega
con máscaras presuntuosas.

Estrangulomis ansias con otra cerveza
el destino pasa por la ventana
se detiene en pisadas de piedad
basuralde cada esquina
abrazos de hora incierta

cualquiera, cualquiera
que lo que tenga que llegar
llegue
y nos encuentre sin cuerda
hundidos
en la niebla del olvido.


(Del libro No es dicha, 2012)




LSD
En los próximos treinta y tres minutos serás un animal rompiéndose
dos gotas en tu lengua y tu mundo se detiene y se revuelve
solo de guitarra, cuerdas conocidas
destajadas, desafinadas.

La alfombra se abrirá y te tragará.

Volverás a tocar la hiel del infierno
tu mirada desprendida contemplará jubilosa
el trayecto de la araña, pliegues de la pared
poro a su máximo nivel, poro primera plana

la araña desde el techo hasta el candado
clama libertad.

La emulas, risa ebria
chocolate escurriéndose
de tu piel, alguien te habla
confundes presentes con futuros de
dos gotitas en la lengua.

Después de una semana siguen los síntomas
te caes
cuatro paredes te atacan
sientes el crujido
nifelicidad
ni la huida clásica

animal destajándose, abriéndose
boca del diablo
chocolate, sofá, abulia, despertar de otra realidad
dos gotas
te empalagarán
te revuelven, te perdonarán
fracturando lo poco sano.

La entrepierna de los ángeles esconde
un tumulto de sensaciones
de arañas sin filamentos.

Por nada cierras los ojos
aún así sientes los huesos romperse
la sangre calentándote los vellos

no hay drama
no hay drama
el patetismo no se alía con las tres letras
tus soledades atormentadas tampoco.

Ves a Hoffman caminando
te sonríe travieso
comparten a la distancia
algarabías
y simulaciones.
Dos gotitas
la proyección y lo inútil
en dos gotitas
de colores.
(Del libro No es dicha, 2012)
Insania


Otra vez la enfermedad. Olvidada y visitante.

Cara de obstinación, ser otro o intentarlo, frontera del objeto, máscara agujereada por el sol y la costumbre; palabra que jamás llegará porque el cuerpo ha ganado la batalla
el sopor: ancla y pertenencia de cartílagos que vuelan.

Verse. Tratarse. Enter (r) arse. Escupir para adentro. Fallar para adentro. Comerse las ganas esperando a otro que no conecta, porque carece de sangre; ocupado en taparse los oídos con lujosa y abundante pedrería.

El dolor no se elige: ni matones ni héroes. Traspasa la línea de la norma y golpea, martilla: ruido, polvo destrucción de cabellos erizados, de ombligos disponibles y matemáticamente nulos.

Otra vez la enfermedad; agua, pastillas, reposo repaso, libro ya leído, no sirve llorar, que a nadie le importa. Reírse, digna respuesta, aunque se diluya en humo.

Cada alma camina por un sendero; aprender los senderos: imposible; aprehender las almas: estéril.

Dejar que la sangre fluya, que nos empape, que colabore, llegar a destino lo más pronto, resumiendo las pisadas, quitándoles belleza e importancia.

Treparse en hilos de lluvia y subir, subir, subir.
(Del libro No es dicha, 2012)
Trip


Soy un hombre de mundo
el último y más hormigueante rincón de esta casa
me lo conozco de memoria.


(Del libro No es dicha, 2012)


Pregunta voz dulce


Mi madre me pregunta
¿Por qué eres tan enfermo?

Mi cabeza da vueltas
la jaqueca respira.

El reflejo vapulea inclemente

la puerta rechina

duele el beso
artificial.


(Del libro No es dicha, 2012)